lunes, 13 de agosto de 2012

Cultura mexica ( IX )



Arte

El arte mexica o azteca reúne una variedad de manifestaciones realmente sorprendentes: arquitectura, escultura, talla en madera, mosaicos, pintura, orfebrería, literatura, plumaria, textiles, música, danza... Muchas de estas expresiones, al contrario de lo que sucediera con otros pueblos y que ya he anotado en otras ocasiones, se conservaron por el hecho de que estaban vivas a la llegada de los conquistadores y quedaron recogidas por los cronistas de la época. Con esto no quiero decir que gracias a los españoles se conservó parte importante de la cultura mexica, todo lo contrario, es muy probable que se perdiera para siempre con la imposición de la nueva cultura mucho más de lo que quedó. Sin embargo, en comparación con otros pueblos mesoamericanos de los que solo quedaron las huellas arqueológicas de grandes civilizaciones y muchos misterios por aclarar, la cultura azteca no desapareció del todo, aún se conserva en gran medida y forma parte de las costumbres de los actuales ciudadanos de la República Mexicana.

Sí los mexicas, o su cultura, es la síntesis de lo heredado como legado de otros pueblos de la superárea cultural, del mismo modo que sucede con las manifestaciones artísticas en otras etapas y pueblos en Mesoamérica, en las de los mexicas todas estuvieron impregnadas de religión. Aunque no podemos referirnos al de los mexicas como a un arte profano en un sentido estricto sí podemos hablar de él como elaborado con influencias profundamente religiosas. Tanto es así que muchos estudiosos llegaron a plantearse que las obras artísticas de los mexicas tenían una intención propagandística cuando se realizaron, al buscar los gobernantes una justificación de su poder difundiendo la cosmovisión. Pero algunos detalles hicieron tomar en consideración esta posibilidad al descubrir que muchas de esas representaciones artísticas se crearon pensando en que nunca fuesen vistas por las personas, como, por ejemplo, sucede con los relieves en la base de la escultura monumental de Coatlicue o el relieve que representa a la Coyolxauhqui, enterrado después de terminado. O el hecho de que  muchos de los símbolos incluidos en los relieves o pinturas estuvieran en un lenguaje esotérico, permitiendo de esa manera que solo fuesen entendidos por los sacerdotes o por aquellos que estaban capacitados para ello, no por la mayoría de los ciudadanos.

Arquitectura

De la misma manera que en otros campos artísticos el legado mexica se conservó hasta nuestros días, en otros apartados como la arquitectura sucedió todo lo contrario. La gran capital mesoamericana se convirtió en la sede principal de la Colonia y con ello la antigua Tenochtitlan pagó un precio arquitectónico muy alto. Las principales dependencias políticas, administrativas y religiosas de la Colonia ocuparon el centro de la capital mexica, planificadas en torno a una inmensa plaza que contenía 78 edificios de carácter público. No cabe duda que, como recogen las crónicas de la época, los españoles tuvieron que quedar sorprendidos ante la monumentalidad de la capital azteca. Al entrar en la ciudad por sus calzadas, al ver sus calles con muros corridos que dibujaban interminables perspectivas en el horizonte, interrumpidas solo por los accesos de entrada. La arquitectura mexica debió de intimidar ante tanta belleza, con sus diseños geométricos adornados con relieves, esculturas, y con todos sus muros recubiertos de estuco pulido y pintado.

La gran plaza central de México-Tenochtitlan estaba delimitada por un Coateplanti, que en náhuatl quiere decir "muro de serpientes". Coateplanti es un motivo arquitectónico de carácter ornamental formado con esculturas de serpientes que rodeaban muchos edificios de las culturas mesoamericanas y que probablemente estuviera dedicado a Quetzalcóatl. El recinto central contaba con cuatro entradas, situadas en relación a los puntos cardinales. A las cuatro puertas llegaban tres inmensas calzadas que sobre las aguas del lago unían la plaza con tierra firme. No solo se trataban de accesos al centro capitalino sin más, las calzadas tenían un gran contenido simbólico y estratégico que unían a la capital con el resto del Imperio. La calzada de Ixtapalapa se orientaba hacia el sur y una bifurcación la unía con Coyoacan; hacia el oeste la de Tabuca; y Tepeyac conectaba con el norte.

Para entonces Tenochtitlan y Tlatelolco ya estaban unidas en una sola extensión urbana que sobrepasaba los 13,5 kilómetros cuadrados y albergaba a un número aproximado de 300.000 habitantes. Después de dos siglos ganándole terreno al lago, la gran ciudad se trazaba sobre una red de canales y amplias calzadas que la dividían en cuadrantes urbanos, que a su vez demarcaban las cuatro unidades administrativas de la ciudad: Moyotlan, Teopan, Atzacoalco y Cuepopan. Los cuadrantes se dividían en barrios, en los que se construían templos, escuelas, plazas, viviendas y pequeños espacios para el cultivo en chinampas.

Dentro de la Gran Plaza el complejo del Templo Mayor destacaba por encima de todo lo demás, que incluía en el mismo edificio piramidal los templos gemelos dedicados a Tlaloc y Huitzlopochtli. Entre las demás 78 edificaciones construidas dentro del recinto se encontraban los templos dedicados a Quetzalcóatl-Ehecatl, Tezcatlipoca y Xipe Totec, juegos de pelota, altares, tzompantlis, el calmecac (un conjunto de templos y palacios dedicados a la administración pública), estructuras dedicadas a salas de guerreros y órdenes militares, baños, y otras construcciones menores.

El Templo Mayor constituye una síntesis de la historia mexica. Construido durante 200 años con patrón claramente mesoamericano, con superposiciones de basamentos y templos hasta un total de siete etapas, concluyendo la edificación en 1.487. En su interior se guardaban una gran cantidad y variedad de ofrendas que identificaban la expansión del Imperio Mexica en Mesoamérica durante el Posclásico Tardío.

Entre la arquitectura mexica habría que destacar, además de sus construcciones públicas y residenciales, las obras de ingeniería para superar las dificultades que presentaba su emplazamiento, como son las calzadas, canales, puentes, y otras estructuras como el Acueducto de Chapultepec, que aprovisionaba de agua potable a la gran ciudad.

Casas del pueblo: Las casas de las familias campesinas se levantaban en las zonas más alejadas de la ciudad, construidas en chinampas y sus muros de carrizo repellado con lodo que se encalaban en ocasiones. Los techos eran a dos aguas y por lo general un muro dividía el habitáculo en dos, cocina y dormitorio. En los barrios, en zonas más adentradas en la ciudad, era común que las casas fueran compartidas por varias familias, que tenían como espacios comunes el patio y la cocina, generalmente en construcción separada.

Casas de la nobleza: Entre las casas de los nobles se distinguía su jerarquía social por la altura, cuanto más alta era su casa más elevado su rango. Las casas de la nobleza se acercaban más al centro urbano y se construían sobre basamentos para hacerlas más altas que las de los plebeyos, se colocaban insignias y techos puntiagudos para diferenciarlas de las clases más bajas. La distribución interior contaba con amplios patios y muchos aposentos con las paredes y techos adornados, con cantera labrada, maderas preciosas, telas de algodón hermosamente diseñadas y pinturas.


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