viernes, 20 de julio de 2012

El Posclásico cultural del Centro de México (Era postolteca)



Era Postolteca

Después de la caída de Tula, al igual que ocurriera con Teotihuacan, existió un vacío de poder en México Central. Tuvieron que pasar más de dos siglos hasta que otro pueblo, el mexica, se hiciera con el control en la región. Sin embargo, esto no quiere decir que no afloraron intentos durante ese tiempo e incluso hubo señoríos que llegaron a tener un poder muy importante, aunque siempre por determinados sectores. Los estudios arqueológicos realizados en el norte del valle han revelado que esta zona sufrió una disminución de población durante ese interregno, pero también la aparición de otros centros de tamaño mediano a las orillas del lago Tetzcoco. De estos sitios, Culhuacán es el más importante y estuvo considerado como una especie de Estado sucesor de los toltecas. Culhuacán, que significa "Lugar de los que tienen abuelos" o "Lugar de los que tienen antepasados", fue una fortificación de las tradiciones antiguas y capital de los culhuas, que, derivado del náhuatl colli, viene a significar "abuelo".

En aquél contexto particular y bastante complejo del Altiplano Central, entre los siglos XIV al XVI y antes de que llegaran los mexicas a la región, varios centros políticos importantes se fueron desarrollando al tiempo que luchaban entre sí para hacerse con el control e imponerse sobre los demás. Además de Culhuacán, algunos de aquellos centros fueron: Azcapotzalco, Tetzcoco, Chollollan, Xaltocan, Tlaxcallan, Huejotzingo, Chalco, Xochimilco, Cuitláhuac, Mixquic, Coyohuacan, Tlacopan, Coatlichan, Huexotla, Acolman, Cuauhtitlan y otros.

El vacío de poder dejado por los toltecas permitió la aparición de nuevos aspirantes a ocupar el puesto de supremacía. Aquellos pueblos procedentes del norte que irrumpieron en la región al final del periodo Clásico, conocidos genéricamente como chichimecas, se habían fusionado con los pueblos ya existentes y se transformaron en poderosos, dispuestos a hacerse con el control. Las pretensiones de Culhuacán de recoger el testigo heredero de legitimidad y continuidad tolteca no resultaron fáciles, aquella pretensión de liderato era desafiada a medida que nuevas tribus seminómadas chichimecas llegaban al Valle de México, que escogieron como capital una ciudad ya existente, Tenayuca.

Tenayuca se hizo fuerte bajo el gobierno de Xólotl, que llevaba el mismo nombre que el dios de la Estrella Vespertina. También por su legendario jefe a esos invasores se les conoce por los chichimecas de Xólotl, que tras someter al Valle de México emprendió varias campañas en diferentes direcciones y sus conquistas le proporcionaron un dominio que llegaba a 150 km. por el norte de Tenayuca, y por el este casi alcanzaba la Costa del Golfo. La capital de los chichimecas de Xólotl, aunque ya estaba poblada desde la época Clásica, fue tras la caída de Tula cuando más creció su población y su papel se hizo más importante. Sobre estos grupos asentados en Tenayuca, los documentos existentes los describen como nómadas puros, que se vestían con pieles y vivían en cuevas, aunque también cuentan de ellos que no tardaron en adaptarse a la vida de la nueva capital y que cuando llegaron ya adoraban a algunos dioses antiguos.

Así mismo, otro grupo de emigrantes otomíes eran considerados como aspirantes al poder. Se establecieron en Xaltocan, al norte de la ciudad de México, e hicieron de ella su capital. Al contrario que los chichimecas, los otomíes hablaban su propio idioma y eran algo más civilizados, con una sociedad jerarquizada que contaba con nobles y sacerdotes. Pero ninguno de los dos grupos más importantes entre los recién llegados, los chichimecas de Xólotl o los otomíes, consiguieron arrebatar la influencia que ejercía Culhuacán tanto cultural como política. La relativa gloria de Tenayuca y Xaltocan resultó efímera, que a la larga fue oscurecida por la de otros dos grupos que durante esa época llegaron al Valle de México, los tepanecas y los acolhuas.

El primer asentamiento de los acolhuas lo eligieron al oriente del lago Tetzcoco, en la que sería su primera capital Coatlichan, para más tarde trasladarla a Tetzcoco. No fue hasta casi un siglo tras la caída de Tula,durante el reinado de Huetzin, de 1.253 a 1.274, cuando los acolhuas dieron su primer golpe de fuerza e intentaron crear un pequeño imperio, eso vino tras tomar Culhuacan y aliarse con  Tochintecuhtli, que traducido del náhuatl viene a significar Señor Conejo, gobernante de Tenayuca que había heredado el trono de los primeros reyes chichimecas. La alianza de estos dos mandatarios dio como fruto el dominio del valle central y hasta Tulancingo por el noreste, pero su intento imperialista no superó en vida a los dos aliados.

Por su parte, los tepanecas también eligieron su asentamiento en las orillas del lago Tetzcoco, aunque por su orilla occidental, en la que sería su capital Azcapotzalco. El señorío tepaneca no tuvo en un principio un papel importante en la política de la región, sin embargo, a partir del año 1.300 su capital Azcapotzalco le fue robando protagonismo a Tenayuca y, sirviéndose del modelo de los toltecas, para mediados del siglo XIV habían formado una nueva alianza que les proporcionó el reparto del dominio en el valle. Aquella nueva alianza de tres, además de Azcapotzalco, la componían los culhuas de Culhuacán y el reino de Coatlinchan, capital de los acolhuas. El segundo siglo de la era postolteca se iba consumiendo y los tepanecas continuaban su carrera vertiginosa, al tiempo que preparaban el camino para los que quedaban por llegar, la última de las tribus chichimecas que salieron de las Siete Cuevas legendarias, los mexicas.

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