domingo, 15 de julio de 2012

Cultura mexica ( I )


Junto con los mayas, el de los mexicas es el tema más estudiado en la historiografía mesoamericana. Sin embargo, a diferencia de la cultura de sus vecinos del sur, esta del Altiplano Central nos dejó más datos en los que recrearnos arqueológicamente. No solo porque la cultura mexica condesó, más que ninguna otra, una rica y compleja tradición religiosa, política, cosmológica, astronómica, filosófica y artística, heredada de un largo cúmulo de sabiduría y experiencia que atesoraron durante siglos, sino porque todo ese saber aún estaba latente, vivo, cuando la Conquista Española comenzó. Esta circunstancia permitió que se conservaran fuentes documentales y arqueológicas que, junto a los testimonios recogidos por muchos supervivientes tras la Conquista de México en las crónicas, ha permitido que conozcamos más y mejor a este pueblo.

El pueblo mexica es conocido tradicionalmente también como azteca, no obstante habría que subrayar una necesaria aclaración, el Imperio Azteca fue el fruto de la unión de varios pueblos, en la que los mexicas fueron determinantes hasta conseguir el poderío que los convirtió en uno de los Estados más extensos que conoció Mesoamérica. Según la mitología de los mexicas, aztecas o tenochcas, como también se les conoce,  fue el último de los grupos nahuatlacos en llegar a la cuenca de México, procedentes de un lugar mítico conocido por Chicomóztoc, "lugar de las siete cuevas", sitio relacionado con Aztlán, de donde procede el gentilicio azteca. La mítica Aztlán es uno de los grandes enigmas mesoamericanos, un lugar desconocido que no pone de acuerdo a estudiosos en situar su punto geográfico. En lo que sí parece haber consenso entre los investigadores es que el etnónimo azteca es el resultado posterior de la popularización que de él hicieron los investigadores muy posteriores a su tiempo, pues, apoyados en las crónicas que en todo momento los nombran como mexicanos o los de México, los mexicas no se llamaban así mismo como aztecas.

Situación geográfica

El territorio que dominaron los mexicas se extendió mucho más allá de los límites que marcaban el pequeño islote ubicado al occidente del Lago de Texcoco, en el que se asentaron tras su largo peregrinar desde Aztlán y donde fundaron su capital Mexico-Tenochtitlan. El dominio mexica ocupó un territorio amplio dentro de la actual República Mexicana en su parte centro y sur, que se extendía desde el poniente del Valle de Toluca y abarcaba casi todos los estados de Veracruz, Puebla, Hidalgo, México y Morelos; gran parte de los estados de Oaxaca, Guerrero y la costa de Chiapas hasta la frontera con Guatemala. Sin embargo, dentro de toda esta extensión territorial quedaron fuera de su dominio varios territorios que se resistieron a su sometimiento, estos fueron: los señoríos de Meztitlán en Hidalgo, Teotitlán y Tututepec en Oaxaca, purépechas en Michoacán, Yopitzingo en Guerrero y Tlaxcala.

La Cuenca de México se localiza en la parte meridional del Altiplano Central, en la República Mexicana, cuya superficie ocupa más de 7.800 kilómetros cuadrados. La cuenca endorreica está limitada por cadenas de altas montañas en forma de anfiteatro: la Sierra Nevada al sur, al norte las bajas serranías de Pachuca y Tezontlalpan y la Sierra de las Cruces al poniente.

Nada tiene que ver el paisaje de hoy con aquél existente anterior a la llegada de los conquistadores españoles. Cuando los mexicas llegaron a la Cuenca fluía un gran número de arroyos y manantiales que alimentaban los cinco lagos, todos distintos en dimensiones así como en la calidad de sus aguas. De la misma manera, el paisaje cambiaba con las temporadas secas o lluviosas. En la primera, de septiembre a mayo, los lagos mermaban su profundidad de tres a un metro, mientras que en la época de lluvias los lagos se constituían en uno solo. El sistema lacustre lo integraban los lagos: Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Los dos últimos recibían el agua de los deshielos y de los manantiales cercanos, eran idóneos para el cultivo en chinampas. El Tetzcoco, el más grande de los cinco y cuyas aguas eran salobres por los materiales erosionados de la Sierra Nevada, estaba separado de los otros dos anteriores por la península de Santa Catarina. Su situación tres metros más bajo hacía que se vertieran en él sus aguas en épocas lluviosas, a través de un estrecho entre el Cerro de la Estrella y Coyoacán. Al norte y a mayor altitud se situaban las aguas dulces de los lagos Zumpango y Xaltocan.

En esta geografía lacustre, entre sus riberas pantanosas y sus aguas someras, la vegetación característica se componía principalmente de tulares, carrizos, ahuejotes y lirios; entre los que proliferaban un gran número de moluscos, peces, anfibios y aves. Más arriba, entre los 2.270 y los 2.275 metros por encima del nivel del mar, la zona de somonte ofrecía unas tierras fértiles propicias para agricultura extensiva y el desarrollo de bosques de fresnos y encinos, así como de otros vegetales xerofíticos, donde abundaba la caza mayor.

No cabe duda de que, los primeros pobladores mexicas que eligieron aquellas tierras de la Cuenca, no solo lo hicieron por la profecía que les anunciaba el dios de la tribu Huitzilopochtli, un islote donde un águila y una serpiente luchaban sobre un nopal, sino también porque vieron allí un lugar ideal, donde la fertilidad de sus tierras en cada uno de sus ecosistemas se les ofrecía como un sitio sumamente atractivo para el poblamiento humano.





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