domingo, 17 de junio de 2012

Cultura tolteca ( VII )



Religión, vestimenta y adornos

Aunque la religiosidad de los toltecas era politeísta, por encima de sus deidades reconocían a un ser divino llamado con el nombre de Tloque Nahuaque. Esta divinidad creadora tenía la particularidad de ser doble, "el señor y la señora de nuestra carne o de nuestro sustento", como se traduce Tonacatecuhtli o Tonacacíhuatl, también Ometecuhtli y Omecíhuatl, a quien se le atribuía la creación, la fuerza inicial de todas las cosas y de todas las obras de la naturaleza, y que adoraban ofreciéndole flores y resinas aromáticas. Sobre Ometecuhtli recae el honor de ser el creador de los 13 cielos, donde moraban él y los demás dioses.

Una morada divina que no parecía muy concurrida, ateniéndonos a lo que las muestras arqueológicas nos han representado, más bien escasas, pues son solo cinco las deidades reconocidas hasta ahora y algunas de ellas son adoptadas. De todas estas representaciones aparecidas es Quetzalcóatl quien se lleva la palma, en sus diferentes manifestaciones, principalmente como Tlahuizcalpantecuhtli (el lucero del alba). Las otras son de Tláloc (dios de la lluvia) e Itzpapálotl (dios de la mariposa), y de las diosas Centeocíhuatl (diosa del maíz) y Xochipilli (diosa del amor y de las flores). Lo extraño entre lo descubierto arqueológicamente es la ausencia de representaciones de Tezcatlipoca, un personaje tan importante en la historia y mitología tolteca, pues se muestra como el enemigo de Quetzalcóatl, quien lo derrotó y expulsó de Tula.


Quetzalcóatl, actualmente es quizá la deidad o personaje mitológico más conocido de toda Mesoamérica, sin embargo, para los toltecas era una deidad extraña, aunque su rito venía de muy lejos en el tiempo, de las culturas clásicas mesoamericanas. Considerado como el dios del agua que fecunda la tierra y relacionado específicamente con Ce-Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, quien lo impuso durante su reinado. En cambio, Tezcatlipoca era deidad de los toltecas-chichimecas, protector de los cazadores y hechiceros, relacionado con el cielo nocturno, favorable y al mismo tiempo maligno. Las apariencias, resultantes de la infinidad de mitos y leyendas nacidas en torno a estos dos personajes mitológicos o deidades, parecen prevenir de un conflicto entablado, fruto de una lucha entre dos grupos sacerdotales con distintas perspectivas. Los seguidores de Tezcatlipoca exigían la práctica de sacrificios humanos mientras que los de Quetzalcóatl los repudiaban.

En las últimas fases de Tula, las que se creen notoriamente favorables a las castas o grupos militares, son proclives un tipo de representaciones de animales totémicos relacionados con los grupos militares que, aunque no se puede asegurar con rotundidad que fuesen los grupos dominantes, sí se tiene la certeza de que el papel que desempeñaron en la sociedad tolteca fue muy importante, que disfrutaron de gran poder social y político. Se estima también que fue en esta época tolteca  cuando comenzaron a surgir los grupos llamados "caballeros", águilas y jaguares que más tarde se popularizaron entre los mexicas de Tenochtitlan.


De igual manera, las representaciones en piedra, las esculturas, nos muestran la indumentaria que usaban los hombres: que por lo general iban ataviados de un braguero o máxtlatl, acompañados, en algunos casos, de un delantal sujetado por un cinturón. Entre la clase noble, caciques y mandatarios, se estilaba un tipo de diademas de piel que adornaban con piedras preciosas y algunos señores se servían de una especie de bastón adornados con plumas. También en la cabeza aparecen yelmos o cascos que representan cabezas de animales adornados de plumas, así como vendas frontales cuya función era la de sujetar los tocados. Entre la clase militar, los guerreros usaban casco, sandalias, cinturones y escudos en forma de círculo adornados con plumas. Los comerciantes gustaban de cayados y abanicos.





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