sábado, 25 de febrero de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan VII)



Pirámide de la Luna

En el extremo septentrional del eje central de Teotihuacan la pirámide de la Luna se alza imponente, algo más pequeña que la del Sol, pero la elevación del terreno donde fue construida la aupa hasta poner sus cimas al mismo nivel. Sus medidas están entre los 150 metros de oriente a poniente y los 130 de norte a sur, con una amplia escalinata que sube sus cinco cuerpos hasta completar los 35 metros de altura, más los 10 del templo. Su fachada principal queda complementada por un basamento adosado que comienza desde la Plaza de la Luna, donde una serie de doce plataformas o pirámides secundarias casi rigurosamente simétricas, las mismas que se sitúan frente a la pirámide del Sol, fueron construidas posteriormente a la pirámide en una época en la que el patrón del talud-tablero ya estaba firmemente establecido.

Palacio de Quetzalpapálotl

El Palacio de Quetzalpapálotl, o de las Mariposas, toma su nombre de las criaturas de gran contenido simbólico, mitad pájaros mitad mariposas, que adornan en relieve las piedras de los 12 pilares cuadrangulares que componen el patio donde está enclavado. Detrás de una plataforma situada en el lado occidental de la plaza de la Luna. De todas las construcciones levantadas en su época, en el periodo Teotihuacan III, es la que mejor se conserva. Su estructura primaria no fue la que conocemos en la actualidad, fue levantado sobre otra edificación que recibe el nombre de Templo del Jaguar, por el felino que aparece representado en su pintura mural.

Templo de Quetzalcóatl

La Calzada de los Muertos continúa imponente su trazado, provocando una sensación abrumadora cuando se transita por ella. La misma sensación que debieron sentir los aztecas cuando decidieron asignar Teotihuacan a su mitología con el nombre de "Lugar de nacimiento de los dioses". En el extremo opuesto a la pirámide de la Luna, el Templo de Quetzalcóal se levanta orgulloso, como uno de los ejemplos más ricos e interesantes de la arquitectura teotihuacana. Perteneciente al periodo Teotihuacan II, fue construido alrededor del año 200 d. C. y comparte características con el Palacio de Quetzalpapálotl, su fachada se construyó sobre otra ya existente. Se localiza en el gran patio hundido conocido como La Ciudadela, al sur de la pirámide del Sol y en su mismo lado. Del templo original queda su fachada occidental, única entre los monumentos del México antiguo.

Separados entre sí por un talud muy corto, 6 tableros de piedras finamente cortadas dan forma a la pirámide de Quetzalcóatl, con una enorme escalera cuyas barandillas se decoran con colosales cabezas de serpiente esculpidas que se van alternando en el centro de los tableros con otras de una divinidad relacionada con la lluvia y el maíz, Tláloc. Un hermoso ejemplo de armonía entre la arquitectura y la escultura, donde cada cabeza de serpiente se prolonga hacia los lados con su cuerpo cubierto de plumas, que remata con la cola de serpiente de cascabel después de pasar ondulando por entre conchas marinas.

La Ciudadela

El patio o plaza que recibe el nombre de La Ciudadela consiste en un espacio de forma cuadrada, con unas medidas de 400 metros de lado. La plaza queda coronada por una serie de pequeñas pirámides que a modo de fortaleza dejan hacia el sur a la pirámide de Quetzalcóatl, en la que también se realza un protagonismo compartido a modo de recordatorio del dios Tláloc. La Ciudadela recoge entre sus 160.000 metros cuadrados tres grandes espacios habitacionales y 18 basamentos piramidales, entre ellos el de Quetzalcóatl.

Juego de pelota

El juego de pelota o Tlachtli tenía un carácter religioso entre los pueblos prehispánicos de Mesoamérica. El juego consistía en el enfrentamiento de dos equipos que tenían como razón principal la de meter una pelota de caucho que rondaba los tres kilogramos de peso por entre un anillo que se encontraba en la pared o talud. Las normas del juego no permitían que los jugadores pudiesen tocar la pelota con las manos, los pies o la cabeza, sólo la podían tocar con los hombros, la espalda o las caderas. Ganaba el juego el equipo que conseguía pasar la pelota por el anillo.

Las canchas del Tlachtli estaban muy extendidas por entre las culturas mesoamericanas con un patrón generalizado, una característica que no se da en Teotihuacan, pero no por eso, aunque algunos autores son muy reacios a aceptarlo, dejaba de ser una práctica muy arraigada. Se supone que, en Teotihuacan, el juego se desarrollaba en los cinco recintos que forman las escalinatas transversales de la Calzada de los Muertos.

Se sabe con seguridad que eran conocedores del juego, así como que lo practicaban, la prueba de ello es la representación por dos veces en el fresco del Paraíso de Tláloc. Sin embargo, la ausencia de canchas tradicionales alimentan diferentes teorías, entre las que se encuentra la posibilidad de que desarrollaran otra modalidad de juego, la que consistía en utilizar unos bastones de madera para golpear la pelota con el fin de hacerla llegar a la meta contraria. Lo que sí se tiene claro es de la utilización de marcadores de resultados, la prueba palpable es el que se descubrió en La Ventilla.



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3 comentarios:

  1. hola caballero, añares que no estaba,por acá,estaba perdiendo mi tiempo por ahí,volví y ahora estoy ocupada viviendo!!!!gracias por este post, impresionante información!
    veo que no sigues mi blog,no importa,yo abrebaré acá GRACIAS
    un abrazo
    lidia-la escriba


    blog actualizado,aún estoy

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  2. Hola Antonio. Felicidades por el blog, muy interesante. Una observación sobre la primera ilustración, se trata de Chichén y no de Teotihuacan. Un saludo.

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    1. Gracias Luis Fernando. También por la observación... ¡Saludos!

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