sábado, 8 de septiembre de 2012

Nota de redacción

Desde el día 2 de agosto del 2008 que comenzó la aventura de El Mirador Impaciente han pasado cuatro fructíferos años por estas páginas, que se han visto encabezadas por titulares de 298 temas diversos. No es una despedida, para los amigos y seguidores, que son muchos y me constan, este es un hasta luego. Un punto y aparte, o seguido, que abre una nueva etapa en otro de mis blog y cierra periodo en éste. En el cuaderno de opinión, que no es nuevo, trataré semanalmente de exponer mis puntos de vista sobre lo que acontece en el mundo o lo que me parece más curioso o interesante, sin una temática determinada. ¡Cúbreme la espalda! será nuestro punto de encuentro cada semana, fórmula que espero me permita continuar comunicándome con ustedes y dar forma en privado a varias ideas novelescas que necesitan una dedicación especial. Gracias por todo el tiempo de fidelidad en este sitio y, ya de entrada, bienvenidos al nuevo lugar de encuentro, a ¡Cúbreme la espalda!

sábado, 18 de agosto de 2012

Cultura mexica ( XI )




Cerámica

La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mitos, sin embargo, aunque en muchos textos referentes a esta cultura no se recoge su desarrollo ceramista también lo hubo como prácticamente en todas las culturas mesoamericanas, en mayor o menor medida. Porque del mismo modo que en otras culturas la cerámica ha servido como base para estudiar el desarrollo cultural, en la mexica asimismo encontramos esa posibilidad o línea de investigación arqueológica buscando correspondencias temporales y estadísticas. Como ejemplo pondré las 539 vasijas representadas en los códices del grupo Borgia, de los que ya en 1.966 Nicholson apuntaba la necesidad de analizar la riqueza de variedades cerámicas para situarlos con mayor certidumbre en tiempo y el espacio .

El arte ceramista, como los de tejer o construir sus casas, formaba parte del acervo cultural de este pueblo, no todos eran profesionales en estos campos pero sí cada uno hacían sus vasijas de barro para uso común. Existe una gran variedad de formas que van desde ánforas con asas o sin ellas; de formas cilíndricas o troncocónicas; con figuras humanas o de animales; hasta platos, tazas, vasos, escudillas, braceros o cucharas para el copal, entre otras. Las piezas de alfarería destinadas para el uso domestico acostumbraban a decorarlas con formas geométricas mientras que las utilizadas en el culto religioso se ornamentaban con símbolos. En las ornamentaciones se utilizaban los colores amarillo, rojizo, blanco, rojo oscuro, rosa y negro. Entre los diferentes tipos era famosa la cerámica roja y negra. Una pieza necesaria en resaltar era el cumal, vasijas de gran tamaño con tres patas que se utilizaba para cocinar. Entre sus piezas de cerámica fina las había tan buena como la porcelana.

Literatura

Si culturalmente los mexicas sorprenden en sus producciones culturales en el caso de la literatura sobresalen. La creación literaria parece que fue una de sus aficiones favoritas, lo que hace  llamativa a esta cultura y especialmente entre sus gobernantes, que los presentan como dirigentes cultos. De todos ellos el más destacado fue Nezahualcóyotl, el rey poeta de Tetzcoco. También lo fueron los señores de Tlacopan Tetlepanquetzanitzin y Totoqui-huatzin; Chalchiuhtlatonac, rey de Chalco; los señores de Huejotzingo Tochihuitzin, Monencauhtzin y Xayacamachan; o el señor de Azcapotzalco Oquitzin, entre otros.

En el caso de la poesía sí es de agradecer a los frailes misioneros, que gracias a la labor que realizaron de consignar por escrito se conservó una producción literaria muy abundante. La importante colección de poemas que ha llegado hasta nuestros días, escritos en náhuatl, son referentes a diversos temas que van desde los cantos guerreros, cantos floridos, episodios heroicos y otros más.

A fray Bernardino de Sahagún se le atribuye la obra más importante de recopilación en sus obras Códices Matritenses y el Códice Florentino. Manuscritos en los que se conservan un conjunto de poemas y cantares muy importante  que tienen como temática lo histórico y lo religioso. Pero además existen otras colecciones muy importantes como la recopilación realizada por fray Andrés de Olmos, elaborada en una época muy temprana de la Conquista, en 1.528, sobre un conjunto de huehuetlatolli o discursos que se pronunciaban en ocasiones de solemnidad; Romances de los Señores de la Nueva España, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Texas; y otra variedad de obras escritas en náhuatl o castellano que narran los mitos más importantes. Aunque de todas ellas, por su mayor contenido y por la calidad de sus obras, la colección de mayor importancia de poesía de la época prehispánica se conoce con el nombre de Cantares Mexicanos, que se conserva en la Biblioteca Nacional de México.

Los mexicas denominaban a la poesía flor y canto (in xóchitl, in cuícatl), cuyo significado metafórico era la representación de lo bello, efímero y sutil de la vida. Los poetas se apoyaban en las metáforas y difrasismos para sus creaciones, que generalmente se interpretaban con música y danza. Al margen de la poesía, la prosa existía conocida como tlatolli y a la más destacada de este apartado se le llamaba huehuetlatolli, que contenía los relatos de las cosas antiguas, con función didáctica.

Códices

El mecanismo de destrucción que pusieron en marcha los conquistadores, tratando de instaurar sus creencias religiosas en detrimento de las establecidas, comenzó por todo lo que estuviera relacionado con la religión, algo difícil de separar con lo mundano en la cultura mexica pues todo estaba impregnado de ella. El hecho es que los códices, como manuscritos sagrados que eran, no fueron muchos los que lograron escapar de la destrucción. Sin embargo, algunos de ellos fueron reproducidos en los primeros años de la época virreinal aunque, eso sí, siguiendo los patrones y modelos prehispánicos. La influencia europea se dejó marcar en todos los aspectos de la civilización azteca y por supuesto también en la elaboración de los nuevos códices que más tarde realizaron los indígenas, pero ya no fue lo mismo. A estos manuscritos se les conoce con el nombre de Códices techaloyian.

La mayoría de los códices mesoamericanos, también los mexicas, se elaboraban con un papel especial que fabricaban con la corteza de árbol conocido como papel amatl. Aquellos artistas de la élite cultural recibían el nombre de tlacuilos y seguían las técnicas de diferentes tradiciones mesoamericanas. Así, por ejemplo, las pequeñas huellas de pie pintadas representaban los caminos andados y las palabras que hablaban los personajes las simbolizaban con volutas. Los códices recogen todo tipo de temática, representaban dioses, personajes de la nobleza, guerreros, animales, plantas y cualquier hecho en la vida real. Verdaderas obras de arte que se realizaban con tintas variadas, con las que conseguían vivas y hermosas policromías.

Entre los códices que llegaron hasta nuestros días de carácter calendárico y ritual, de procedencia mexica o pertenecientes a la cultura náhuatl, están: los del grupo Borgia (Borgia, Cospi, Vaticano A y Fejérvary Mayer); el Códice Borbónico y el Tonalámatl; el grupo Magliabechianus (Tudela, Magliabecchi, Ixtlixóchitl y Veitia); el Códice Humboldt; el Telleriano Remensis y el Códice Ríos. Además existen otros de diferente contenido, como el Códice Mendocino y la Matrícula de Tributos, que contienen información sobre la tributación; y algunos con información histórica de origen mexica: Azcatitlan, Sigüenza y Osuna. Los también históricos Xólotl, Tlotzin y Quinatzin son de origen tetzcocano.

Textiles y plumaria

Las vestimentas de los mexicas, hasta la fundación de Tenochtitlan, se elaboraban exclusivamente con la fibra del ixtle o del maguey. Así lo recoge la historia de la peregrinación desde Aztlán. Pero a partir de su asentamiento en el islote del lago Texcoco y empezar a obtener de los pueblos conquistados el algodón, los nobles comenzaron a cubrirse con mejores vestimentas y este tejido fue imponiéndose.

En el vestir de los mexicas, al igual que en todas las culturas a lo largo de la historia, existían adornos o detalles que diferenciaban el rango que ostentaba cada uno y para ello se valían de la plumaria, una de las expresiones más originales y características de esta cultura. El arte con plumas ocupaba un reconocido referente y sus especialistas, los amantecas, eran muy apreciados, entre los que destacaban los de Tlatelolco, Texcoco y Huaxtepec. Aún se conservan varios ejemplares de aquellos diseños entre los que destacan el escudo del dios de la lluvia y por encima de todos ellos el penacho o corona de Moctezuma II, que se conserva en el Museo Etnográfico de Viena. Las plumas se obtenían  mediante técnicas muy refinadas para no dañar el plumaje del ave, que se cazaban o criaban en cautividad para estos fines. Las verdes del quetzal, las rojas del tlauquecholli y las azules turquesas del xiuhtótotl eran las más apreciadas y valoradas.

Música

El sonido musical de los mexicas resultó más complicado conservarlo. Aún así y al contrario de como se creía, que su música era solamente pentatónica, sus características estructurales eran melódicas, rítmicas, prosódicas, tímbricas, y además variaban dependiendo de la región y la lengua autóctona. A la par que los estudios arqueomusicológicos van avanzando, también se descubre que el panorama musical mexica o azteca es mucho más complejo de lo que pensaban los clásicos apenas varias décadas atrás. De todas maneras, tendremos que imaginarnos que no existía la escala musical y que por lo tanto sus sonidos eran tonalidades que dependían del habla tradicional de cada región, teniendo en cuenta que la mayoría de las lenguas que se hablaban entonces eran tonales.



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miércoles, 15 de agosto de 2012

Cultura mexica ( X )



Escultura

Para definir el arte escultórico azteca podríamos quedarnos con las palabras de José Alcina Franch en su obra Los aztecas, en donde dice que el realismo en las formas y el simbolismo en la temática son los recursos fundamentales utilizados por este pueblo en sus expresiones escultóricas. Y que además, su enérgica y variada producción especialmente en estatuas de gran tamaño con contenido fundamentalmente religioso, es el secreto de la fama del arte de esta cultura. Desde luego que son muy acertadas y evidenciales las palabras de Alcina Franch, no obstante, la escultura azteca o mexica no queda limitada a este tipo de representaciones, solo se resalta que la escultura monumental es la más sobresaliente en este apartado.

Fue notable el desarrollo que alcanzaron los talleres escultóricos mexicas, existentes en las principales capitales, en Tenochtitlan, Texcoco y Calixtlahuaca. Donde los materiales más utilizados fueron la madera, el cristal de roca y hasta obsidiana, aunque el material preferido fue la roca volcánica. En cuanto a las representaciones también es llamativa la variedad temática de sus obras que elaboraron con gracia y maestría. Las imágenes de hombres y mujeres que expresan los ideales tanto de edad como de belleza son los elementos más representados en esculturas y figurillas, y que identifican al periodo Posclásico Tardío. Para los mexicas la etapa juvenil adulta era considerada el momento de plenitud que garantizaba la fortaleza en la guerra y la edad de mayor actividad sexual. Esta manera de pensar quedó plasmada en sus obras y representan el paradigma social tan necesario para la supremacía imperial. Junto a estos temas también fueron recurrentes los animales e incluso las plantas, aunque estas no fueron tan frecuentes.

Algunas de sus obras entre las más destacadas son la de la diosa lunar Coyolxauhqui, encontrada en 1.978 en las excavaciones realizadas en las cercanías de la catedral metropolitana. Asimismo destacan otras esculturas como la espléndida Cabeza del Caballero Águila en piedra y la de la diosa Coatlicue, una de las más clásicas de la estética mexica. Pero quizás la más famosa de todas las esculturas mexicas sea la del llamado Calendario Azteca. En esta escultura del sol se representa de modo circular con una serie de anillos concéntricos, trabajada en relieve en cuyo centro predomina la imagen del astro rey representado en el dios Tonatiuh. La gran escultura fue hallada en 1.790 en las ruinas del Templo Mayor, también se le conoce como la Piedra del Sol. Entre las creencias recogidas en la Conquista, los mexicas pensaban que el universo ya se había creado y destruido cuatro veces y que este mundo era la quinta reencarnación, el quinto sol, pues cada universo sucesivo era generado por un sol.

Como se a de suponer, de los trabajos realizados en madera apenas quedan representaciones por su condición de material perecedero. No obstante y por la mismas crónicas, sabemos que se elaboraron en este formato, además de esculturas y adornos tallados, instrumentos musicales que tenían su uso en rituales y en la guerra. Los teponaztle o tambores horizontales tenían un agujero en la parte baja y un corte en forma de H en la parte superior, generalmente eran representados con relieves de figuras humanas o de animales.

Pintura

Sobre la pintura mexica, especialmente la muralista, se conoce de su calidad y de la costumbre de adornar las paredes de los templos con este arte pictórico. Sin embargo, este condicionante hizo que corrieran la misma suerte de los edificios que acogían las pinturas, la destrucción de los edificios las arrastró con ellos. No son muchos los ejemplos que quedan en la actualidad donde poder admirar las pinturas artísticas de los mexicas, pero entre ellas destacan un fragmento de un fresco en Malinalco, en un edificio contiguo al templo monolítico, en el que se puede observar la escenificación del dios Cazador y el guerrero Mixcóatl.

Otros de los ejemplos conservados son los encontrados en 1.964, en un adoratorio situado al norte del Templo Mayor. En sus paredes quedaron plasmadas varias representaciones de grandes rostros del dios Tláloc. En el arte mexica la pintura estaba estrechamente integrada con la arquitectura y la escultura, tanto la mayoría de los edificios como las esculturas estaban pintadas, independientemente del simbolismo que cada color tenía. Entre la gama cromática utilizada predominaba el rojo, pero también el amarillo, el azul y el negro, entre otros colores. Al margen de los soportes mencionados la pintura igualmente fue utilizada por los mexicas en otros elementos como en la cerámica o en los códices.

Orfebrería

Al contrario de lo que sucedió en otras culturas mesoamericanas, como la tarasca o mixteca, los mexicas no fueron muy dados a trabajar los metales, este material estaba considerado como un artículo de lujo y no fue muy popular, más bien exclusivo de las clases nobles. Entre los metales más utilizados estaban el oro y el cobre, no trabajado por mexicas sino por artesanos tepanecas, así como por purépechas y mixtecos traídos a Tenochtitlan desde sus regiones expresamente para tal finalidad.

Tampoco en este apartado orfebre quedan muchas piezas donde recrearnos, y aquí lo digo alto y claro, por culpa de los conquistadores españoles, que al igual que en la mayoría de los conquistadores en otros episodios de la historia universal pudo más el ansia de poder que el valor cultural, una condición que no parece ser exclusiva de ningún pueblo sino de la naturaleza humana. La mayoría de las obras de arte en esta expresión fueron fundidas y solo algunas escaparon de la destrucción. Paradójicamente, algunas de esas piezas que sobrevivieron al desvalijo  fueron enviadas por el propio Moctezuma II al emperador español Carlos V. En cuanto a las técnicas utilizadas, Sahagún nos dejó escrito que trabajaban el laminado o martillado, la técnica de la "cera perdida" y el repujado para las piezas decorativas.

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lunes, 13 de agosto de 2012

Cultura mexica ( IX )



Arte

El arte mexica o azteca reúne una variedad de manifestaciones realmente sorprendentes: arquitectura, escultura, talla en madera, mosaicos, pintura, orfebrería, literatura, plumaria, textiles, música, danza... Muchas de estas expresiones, al contrario de lo que sucediera con otros pueblos y que ya he anotado en otras ocasiones, se conservaron por el hecho de que estaban vivas a la llegada de los conquistadores y quedaron recogidas por los cronistas de la época. Con esto no quiero decir que gracias a los españoles se conservó parte importante de la cultura mexica, todo lo contrario, es muy probable que se perdiera para siempre con la imposición de la nueva cultura mucho más de lo que quedó. Sin embargo, en comparación con otros pueblos mesoamericanos de los que solo quedaron las huellas arqueológicas de grandes civilizaciones y muchos misterios por aclarar, la cultura azteca no desapareció del todo, aún se conserva en gran medida y forma parte de las costumbres de los actuales ciudadanos de la República Mexicana.

Sí los mexicas, o su cultura, es la síntesis de lo heredado como legado de otros pueblos de la superárea cultural, del mismo modo que sucede con las manifestaciones artísticas en otras etapas y pueblos en Mesoamérica, en las de los mexicas todas estuvieron impregnadas de religión. Aunque no podemos referirnos al de los mexicas como a un arte profano en un sentido estricto sí podemos hablar de él como elaborado con influencias profundamente religiosas. Tanto es así que muchos estudiosos llegaron a plantearse que las obras artísticas de los mexicas tenían una intención propagandística cuando se realizaron, al buscar los gobernantes una justificación de su poder difundiendo la cosmovisión. Pero algunos detalles hicieron tomar en consideración esta posibilidad al descubrir que muchas de esas representaciones artísticas se crearon pensando en que nunca fuesen vistas por las personas, como, por ejemplo, sucede con los relieves en la base de la escultura monumental de Coatlicue o el relieve que representa a la Coyolxauhqui, enterrado después de terminado. O el hecho de que  muchos de los símbolos incluidos en los relieves o pinturas estuvieran en un lenguaje esotérico, permitiendo de esa manera que solo fuesen entendidos por los sacerdotes o por aquellos que estaban capacitados para ello, no por la mayoría de los ciudadanos.

Arquitectura

De la misma manera que en otros campos artísticos el legado mexica se conservó hasta nuestros días, en otros apartados como la arquitectura sucedió todo lo contrario. La gran capital mesoamericana se convirtió en la sede principal de la Colonia y con ello la antigua Tenochtitlan pagó un precio arquitectónico muy alto. Las principales dependencias políticas, administrativas y religiosas de la Colonia ocuparon el centro de la capital mexica, planificadas en torno a una inmensa plaza que contenía 78 edificios de carácter público. No cabe duda que, como recogen las crónicas de la época, los españoles tuvieron que quedar sorprendidos ante la monumentalidad de la capital azteca. Al entrar en la ciudad por sus calzadas, al ver sus calles con muros corridos que dibujaban interminables perspectivas en el horizonte, interrumpidas solo por los accesos de entrada. La arquitectura mexica debió de intimidar ante tanta belleza, con sus diseños geométricos adornados con relieves, esculturas, y con todos sus muros recubiertos de estuco pulido y pintado.

La gran plaza central de México-Tenochtitlan estaba delimitada por un Coateplanti, que en náhuatl quiere decir "muro de serpientes". Coateplanti es un motivo arquitectónico de carácter ornamental formado con esculturas de serpientes que rodeaban muchos edificios de las culturas mesoamericanas y que probablemente estuviera dedicado a Quetzalcóatl. El recinto central contaba con cuatro entradas, situadas en relación a los puntos cardinales. A las cuatro puertas llegaban tres inmensas calzadas que sobre las aguas del lago unían la plaza con tierra firme. No solo se trataban de accesos al centro capitalino sin más, las calzadas tenían un gran contenido simbólico y estratégico que unían a la capital con el resto del Imperio. La calzada de Ixtapalapa se orientaba hacia el sur y una bifurcación la unía con Coyoacan; hacia el oeste la de Tabuca; y Tepeyac conectaba con el norte.

Para entonces Tenochtitlan y Tlatelolco ya estaban unidas en una sola extensión urbana que sobrepasaba los 13,5 kilómetros cuadrados y albergaba a un número aproximado de 300.000 habitantes. Después de dos siglos ganándole terreno al lago, la gran ciudad se trazaba sobre una red de canales y amplias calzadas que la dividían en cuadrantes urbanos, que a su vez demarcaban las cuatro unidades administrativas de la ciudad: Moyotlan, Teopan, Atzacoalco y Cuepopan. Los cuadrantes se dividían en barrios, en los que se construían templos, escuelas, plazas, viviendas y pequeños espacios para el cultivo en chinampas.

Dentro de la Gran Plaza el complejo del Templo Mayor destacaba por encima de todo lo demás, que incluía en el mismo edificio piramidal los templos gemelos dedicados a Tlaloc y Huitzlopochtli. Entre las demás 78 edificaciones construidas dentro del recinto se encontraban los templos dedicados a Quetzalcóatl-Ehecatl, Tezcatlipoca y Xipe Totec, juegos de pelota, altares, tzompantlis, el calmecac (un conjunto de templos y palacios dedicados a la administración pública), estructuras dedicadas a salas de guerreros y órdenes militares, baños, y otras construcciones menores.

El Templo Mayor constituye una síntesis de la historia mexica. Construido durante 200 años con patrón claramente mesoamericano, con superposiciones de basamentos y templos hasta un total de siete etapas, concluyendo la edificación en 1.487. En su interior se guardaban una gran cantidad y variedad de ofrendas que identificaban la expansión del Imperio Mexica en Mesoamérica durante el Posclásico Tardío.

Entre la arquitectura mexica habría que destacar, además de sus construcciones públicas y residenciales, las obras de ingeniería para superar las dificultades que presentaba su emplazamiento, como son las calzadas, canales, puentes, y otras estructuras como el Acueducto de Chapultepec, que aprovisionaba de agua potable a la gran ciudad.

Casas del pueblo: Las casas de las familias campesinas se levantaban en las zonas más alejadas de la ciudad, construidas en chinampas y sus muros de carrizo repellado con lodo que se encalaban en ocasiones. Los techos eran a dos aguas y por lo general un muro dividía el habitáculo en dos, cocina y dormitorio. En los barrios, en zonas más adentradas en la ciudad, era común que las casas fueran compartidas por varias familias, que tenían como espacios comunes el patio y la cocina, generalmente en construcción separada.

Casas de la nobleza: Entre las casas de los nobles se distinguía su jerarquía social por la altura, cuanto más alta era su casa más elevado su rango. Las casas de la nobleza se acercaban más al centro urbano y se construían sobre basamentos para hacerlas más altas que las de los plebeyos, se colocaban insignias y techos puntiagudos para diferenciarlas de las clases más bajas. La distribución interior contaba con amplios patios y muchos aposentos con las paredes y techos adornados, con cantera labrada, maderas preciosas, telas de algodón hermosamente diseñadas y pinturas.


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miércoles, 8 de agosto de 2012

Cultura mexica ( VIII )



Calendario

El calendario mexica, de la misma manera que otros muchos elementos de su cultura, es parte de la herencia de otros pueblos que les precedieron. Es a los olmecas a quienes se les atribuye, pero también otros pueblos mesoamericanos hicieron uso de él, como los mayas, zapotecas o toltecas, de quienes los mexicas tomaron el testigo muy probablemente. Esa es al menos la opinión generalizada entre los expertos, que fue la cultura madre la creadora del sistema calendarico, Sin embargo, otras voces como la del historiador mexicano Alfonso Rivas Salmón, dudan que fuesen los olmecas los que lo crearon. Su tesis se apoya en que la región que habitaron los olmecas está prácticamente todo el año cubierto de nubes, lo que supondría un impedimento para la observación astronómica. Este detalle le lleva a sostener que el calendario fue creado en alguna región más al norte de México, en zonas desérticas, y que los olmecas lo trasladaron al sur donde tanto ellos como los mayas lo perfeccionaron.

El calendario de los mexicas, que bien podríamos llamarlo calendario mesoamericano, porque como digo anteriormente se estima que lo emplearon todas las etnias y culturas de Mesoamérica, es una de las dos versiones de como se le conoce, mientras que para los mayas era llamado haab para los pueblos de habla náhuatl se le nombraba xiupohualli. Este sistema de medición de tiempo se basa en la interrelación de un año sagrado o religioso de 260 días con el año natural o civil de 365 días. La combinación de ambos dan como resultado ciclos de 52 años y se le conocen por el nombre de xiuhmopilli (atadura de años o fuegos nuevos); dos de estos ciclos suman 104 años y forman un huehuetiliztli (ancianidad). Los ciclos de 52 años también se organizan a su vez en grupos de 20 que forman ciclos superiores de 5.200 años y se les conoce por el nombre de "soles".

Xiupohualli: El xiupohualli o calendario civil contaba con 365 días, que se dividían en 18 meztli o meses de 20 días cada uno. Por su parte las semanas estaban compuestas por cinco días. La suma de estos 18 meses nos dan un resultado de 360 días, los otro cinco para completar el año eran considerados días vacíos o nemontemi, en los que los mexicas no ejercían ninguna actividad, eran jornadas dedicadas al ayuno y la abstinencia.

Tonalpohualli: El calendario sagrado, religioso o místico, cuya traducción al náhuatl significa "cuenta de los días" comprende un año de 260 días. Su estructura es muy parecida a como la entendían los mayas, para no confundir a cada uno de sus días se le asignaba una fecha por la combinación de uno de los 20 signos de los días y un número de 1 a 13 que representaban por puntos. Este ciclo de 260 días se componía de 20 semanas de 13 días cada una, que a su vez cada una de las jornadas se dividían en 13 horas diurnas y 9 nocturnas. Los sacerdotes registraban este calendario en el tonalamatl (libro de los días), un códice de piel en el que se leían horóscopos y de donde se extraían los días fastos y nefastos del ciclo.

El también conocido como calendario solar azteca se divide en varias secciones o anillos:
Disco Central: El centro del disco lo ocupa una representación del dios Tonatiúh, el Sol, y una leyenda en cada uno de los cuatro rectángulos que lo rodean, relacionados con los cuatro soles.
Primer anillo: El primer anillo, de adentro hacia fuera, contiene los veinte signos que representan a los días del mes mexica.
Segundo anillo: El segundo anillo se divide entre 8 fragmentos y varias figuras que simbolizan a los rayos del sol, representados en forma de V.
Tercer anillo: Este tercer anillo de divide en dos bandas. La más pequeña y superior recoge la fecha de terminación del calendario, adornada por motivos florales y las colas de dos serpientes. En la parte inferior se muestran los cuerpos de dos serpientes de fuego con escamas conformadas por trece segmentos iguales y el signo Tlachinolli (planta que se asemeja a una serpiente), con diez círculos pequeños y un doble marco. En la banda inferior de este anillo se observan las cabezas de las dos serpientes sobrepuestas, de cuyas fauces salen los rostros de Quetzalcóatl, personificado como Tonatiúh, el Sol, y de Tezcatlipoca, Señor de la Noche. Cada serpiente tiene patas con garras y un penacho con siete círculos cortados por la mitad, el símbolo de la Constelación de las Pléyades.
Cuarto anillo: El cuarto anillo o exterior muestra representadas las estrellas sobre el cielo nocturno en forma de ciento cincuenta y ocho círculos pequeños.

Se a de suponer que la creación del calendario mexica o mexicano estuvo basado en la observación, seguramente de varias generaciones mirando al cielo, y en la comprobación de que 52 años después los astros volvían a ocupar la misma posición que en las primeras observaciones. El sistema de tiempo mesoamericano se basa en los ciclos de la Tierra y Venus alrededor del Sol y de la Luna alrededor de la Tiera. En 8 años de la Tierra Venus da 13 vueltas alrededor del Sol y la Luna 100 alrededor de la Tierra. Durante este ciclo de 8 años terrestres, llamado sinódico Venus/Tierra, los dos planetas se alinean con respecto al sol en 5 ocasiones.


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sábado, 4 de agosto de 2012

Cultura mexica ( VII )



Religión

Las creencias religiosas de los aztecas son la síntesis de otras creencias de diferentes culturas mesoamericanas. Sus elementos son la herencia común con otros pueblos del México antiguo, cuyo origen está en la religiosidad de otras culturas anteriores, de los olmecas, los mayas, y en las de pueblos que florecieron en la Costa del Golfo, Oaxaca y otras regiones mesoamericanas. Una religiosidad compleja que veneraba a gran variedad de dioses. La religión azteca implicaba la existencia misma, la creación del universo y la situación del ser humano respecto a lo divino, ligada estrechamente a la agricultura y la lluvia.

Alfredo López Austin nos describía la concepción mesoamericana como una fuerza que se componía de dos partes, una visible y otra integrada de dos fuerzas a la vez. De las dos fuerzas que integraban una parte, una era luminosa, caliente y seca, y la otra oscura, húmeda y fría. Esta creencia sintetizaba un escenario cosmogónico, en el que la parte luminosa simbolizaba la bóveda celeste y la parte oscura representaba al inframundo. En la primera habitaba el sol y de ella provenía la lluvia, lo que se entendía como la parte masculina, paterna y fecunda. Por el contrario, la segunda se relacionaba con la parte femenina, materna y receptora de la lluvia fecundadora, el sitio natural de la concepción humana.

Las dos materias eran las encargadas de integrar a los dioses de formas variadas, incluso de alojarlos dentro de los humanos de forma intensa, con los que mantenían una comunicación constante. Es así como un cuerpo mundano podía convertirse en el dios mismo al ser habitado. La sólida élite sacerdotal era la encargada de mantener la comunicación constante entre los humanos y los dioses, las fuerzas que lo impregnaban todo  lo habitado en la tierra y creadoras de equilibrio en el orden micro y macrocósmico. Sus celebraciones religiosas tenían como fin garantizar la continuidad de los ciclos y equilibrar la voluntad creadora. Apoyadas en la creencia de que las fuerzas del bien estaban en una constante y eterna batalla contra el mal, lo que les iba agotando hasta necesitar revitalizarse. En un principio las ofrendas se componían de flores y frutos, acorde con la propia naturaleza, pero a partir del Posclásico fueron reemplazadas por sacrificios humanos. Una tradición heredada de los toltecas que les condujo a pensar que los dioses se alimentaban de corazones y sangre humana, y que de esta manera darían continuidad a la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la tierra.

La creencia para los mexicas de que la sangre humana era el alimento de Tonatiuh (Dios Sol) fue a partir de la reforma de Tlacaélel ("el que anima el espíritu"), personaje de importante relevancia en la cultura mexica, guerrero, pensador, economista, estadista y reformador religioso. Arraigó tanto la creencia de que la sangre y el corazón humano eran el alimento necesario para la renovación y reciclaje de las fuerzas vitales que, además de la ofrenda a los dioses, la élite política, religiosa y militar practicaban la antropofagia ritual con las victimas de los sacrificios.

Unas víctimas que por lo general eran esclavos y prisioneros de guerra, aunque también podían ser nobles, como los que eran sacrificados en las fiestas bajo la creencia de que estaba habitado por Xipe Tótec. Tanto la muerte por sacrifico como en la batalla estaba considerada un honor, al igual que las mujeres cuando morían durante el parto. Se entiende que el número de sacrificios aumentaban a la par que los desastres ocurrían, se trataba de contentar a los dioses. Por tal motivo surgieron las guerras floridas, con la única intención de tomar la mayor cantidad de prisioneros posibles para el sacrificio. Como tal honor cualquier excusa era buena para contentar a los dioses y hasta en el juego de pelota, también heredado de los mayas, pero que los mexicas lo impregnaron de una característica propia, sacrificaban al capitán del equipo perdedor por propio deseo de las deidades.

Algunos de sus dioses eran:
- Huitzilopochtli, el dios de la guerra y el más importante para los Aztecas
- Coyolxahuqui, era la diosa de la luna y la que, según la mitología azteca, fue asesinada por su hermano el dios del sol.
- Tláloc, el dios de la lluvia.
- Huehueteoti o dios viejo, dios de fuego.
- Tlazolteotl o devoradora de inmundicias, la diosa que encendía el amor lujurioso.
- Xipe Tótec, era el dios fecundador, al que llamaban “Nuestro Señor desollado”.
- Chalchiuhtlicue, también llamada “la de fadellin de jade”.
- Xochipilli o príncipe de las flores.
- Tezcatlipoca o espejo que ahuma.
- Quetzalcóatl o serpiente emplumada, dios inventor de la escritura y el calendario, asociado con el planeta Venus y la resurrección.


Quetzalcóatl era un dios antiguo, adoptado por los mexicas. Mientras que para algunos era el creador del hombre para otros representaba al dios civilizador identificado con Prometeo en la mitología griega. Quetzalcóatl o La Serpiente Emplumada también se representaba con otras formas, como el dios del viento Ehécatl, o como dios del agua y dios de la fertilidad. A él se le atribuyen la introducción de la cultura, la agricultura, el calendario; es considerado el patrón de los oficios y de las artes. Quetzalcóatl es un dios pacífico y civilizador que estaba en contra de los sacrificios, contra lo que se opuso y por lo que le costaría emigrar hacia el este, no sin antes prometer que algún día regresaría. Un dato importantísimo para entender y comprender cómo y porqué la conquista española se dio de tal manera. La historia mitológica de Quetzalcóatl, hijo de la diosa virgen Coatlicue y hermano gemelo del dios Xólotl, cuenta que se dejó seducir por Tezcatlipoca y que arrepentido se tiró a sí mismo a una pira funeraria. Tras su muerte se convirtió en Venus, el lucero de la mañana, vinculado desde entonces con la divinidad Tlahuizcalpantecuhtli.


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lunes, 30 de julio de 2012

Cultura mexica ( VI )



Expansión territorial

 Si hubiese que definir de alguna manera a los mexicas esta sería la de un pueblo guerrero y con ello todo lo que el término conlleva o requiere. La violencia es así también un condimento esencial de la definición, que los mexicas no dudaron en utilizar como parte de su belicismo en las conquistas. Una característica que llevaron más allá del propio enfrentamiento en el campo de batalla y que pasó a formar parte de su sociedad, de su idiosincrasia, que los dibuja en su perfil como una de las culturas más violentas de Mesoamérica. Característica por otra parte compartida con las tribus bárbaras del norte.

 No habían pasado más de 20 años desde que llegaron al Valle de México cuando comenzaron la meteórica expansión territorial más rápida conocida en la historia de la Mesoamérica precolombina. No cabe duda que los ingredientes fueron los adecuados, los propios de un pueblo guerrero, los necesarios para la consecución del éxito imperialista. Su organización militar, el valor de sus soldados en las batallas y la habilidad de sus gobernantes fueron los componentes básicos para sus triunfos.

La historia de los mexicas tiene marcados en su cronología decisiones importantísimas que influyeron en el devenir de los  acontecimientos futuros, entre los que destaca la derrota de Azcapotzalco, resultado de una decisión de valor, de un pueblo guerrero como tal. Lejos de amedrentarse y someterse a Maxtla, señor de los tepanecas, cuando éste asesinó a su gobernante Chimalpopoca, reaccionaron de la manera más digna e inesperada para sus enemigos y dieron la vuelta a la situación. Sin embargo, no se dejaron llevar por el orgullo irresponsable de enfrentarse a los tepanecas guiados solo por la ira, lo hicieron pero inteligentemente. Las experiencias anteriores que habían tenido en los enfrentamientos con Azcapotzalco en los últimos 50 años, en los que siempre salieron derrotados, les aconsejaban no tropezar en la misma piedra y se apoyaron en la Triple Alianza, lo que les sirvió para salir victoriosos por primera y definitiva vez.

Basta con imaginar la fama que se iban ganando los mexicas, en conquistas tan sonada como aquella, en la que derrotaron al señorío más poderoso en el valle, como para entender que a muchos de los altépetl no les interesaban medirse militarmente al grupo dominante de la región. Esto propició que muchos de los señoríos, divididos entre sí, accedieran pacíficamente al sometimiento de los mexicas, a sus ansias expansionistas, y aceptaran pagar tributo como vasallos antes de enfrentarse a los riesgos terribles de la guerra. Esto sucedió entre la mayoría de los señoríos circundantes de México-Tenochtitlan, aceptaron pagar tributos a cambio de conservar la administración a cargo de la nobleza local que rendiría cuentas ante los gobernantes de la capital.

Evidentemente, el acceso a muchos productos que la población mexica demandaba, especialmente entre la nobleza, era uno de los motivos principales por lo que comenzó la expansión por el control del territorio. Esa perspectiva situaba al comercio en un lugar privilegiado en la carrera expansionista. Por ello no todo quedó bajo control de las administraciones locales sometidas, sino que escogieron determinados puntos estratégicos ventajosamente situados, en los que establecieron fortalezas y guarniciones para vigilar a los territorios dominados y la seguridad de las rutas comerciales. Algunos de estos lugares fueron Zozolan en frontera con los mixtecas, Xoconochco con los totonacas y Oztoman en los límites de los purépechas. Tres de los territorios que nunca pudieron controlar.


No podemos ignorar a los comerciantes y relegarlos solo a su condición profesional. Los pochteca, al margen de lo pura mente comercial, eran la avanzadilla de la posterior conquista, ejercían de servicio de espías para el Imperio. Analizaban al enemigo en su territorio, en sus ciudades, y traspasaban los informes a los militares para tiempo después llegar los ejércitos y consumar la invasión. Rara vez dejaban la conquista sin terminar del todo, por mucha resistencia que encontrasen, aún así siempre quedaba la vía diplomática, la de anexar el territorio por medio de matrimonios acordados, aunque no era la solución más corriente.

La expansión y los tributos pagados por los altépetl hizo de la capital de los mexicas la más populosa, rica e importante del territorio mesoamericano y hacia ella llegaban productos de todos los lugares del Imperio: amaranto, chía, mantas, telas, copal, liquidámbar, sal, trajes militares y una lista interminable de productos, e incluso soldados, hombres enviados por los territorios conquistados para servir al Imperio en la guerra.






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viernes, 27 de julio de 2012

Cultura mexica ( V )



Economía y comercio

Hemos de suponer que al principio no fue fácil la supervivencia para los mexicas en el islote, en Tenochtitlan. La porción de tierra donde se asentaron no ofrecía de todo lo que se pudiese necesitar para desarrollarse como sociedad, como lo hicieron en no mucho tiempo. Rodeados de agua y alejados de las sierras se dedicaron a la explotación de los recursos lacustres, la caza, la pesca y la recolección de los productos que la laguna les ofrecía. Entre las aves acuáticas perennes estaban diferentes clases de patos, grullas, chichicuilotes, y otras que acudían cada año como los pelícanos, a los que los mexicas creían las gobernantes de todas ellas. Entre los peces se inclinaban por el amilotl y el xohuilin, aunque no despreciaban cualquier otro bicho viviente que pudiera servir de alimento como las ranas, renacuajos, camaroncillos, ajalotes, y diferentes sabandijas.

Sin embargo, aunque la tierra prometida les daba para alimentarse a duras penas, como digo anteriormente, no era lo suficiente para cubrir las necesidades de la población. La explotación de estos recursos les permitía comerciar con los otros pueblos de la ribera de la laguna, intercambiándolos por productos agrícolas y materias primas que no hallaban en el islote, tales como piedra, madera o cal, tan necesarias para vivir y la construcción de sus edificios y de las chinampas, con las que fueron ganándole terreno a las aguas de poco fondo y desarrollando una agricultura auto-suficiente, que terminó por convertirse en la base de la economía mexica. El cultivo sobre las chinampas o islas artificiales es una de las características aztecas a resaltar. Construidas con cañas, ramas y barro, y ancladas con palos, sobre las bandejas flotantes se cultivaban chile, frijol, calabazas, ají tomates y otras especies, junto a grandes cantidades de maíz que fue la base de su alimentación. Además conocían las técnicas del barbecho y la irrigación mediante diques y acequias, lo que les permitió transformar la laguna en unas tierras fértiles que nutrían con abonos vegetales y animales.

El hecho de que las ciudades-estados del Centro de México dependieran en gran medida del tributo que les otorgaban otros pueblos conquistados y sometidos, permite pensar que otro de los soportes importantes en la economía de los aztecas fue la guerra de conquistas. El crecimiento de la población en el Valle de México, que se calcula alrededor de un millón y medio en 1.519, fue lo que impulsó a los mexicas a conquistar otros pueblos al tiempo que desarrollaban el comercio con otros lugares, vecinos y también más alejados. Esta expansión les permitió acceder a otros productos demandados por la población, eran el caso del cacao, algodón, caucho, miel, plumas, metales y piedras preciosas.

Las zonas chinamperas de la Cuenca, Xochimilco y Chalco, fueron las primeras en ser conquistadas, lo que les aseguró prácticamente el abastecimiento de alimentación. Conquistada la Cuenca le siguió el Valle de Morelos, con lo que el algodón, además de otros productos, comenzaron a hacer su aparición en las ciudades-estados de la Triple Alianza en forma de tributo. Al control de estos territorios se les fueron sumando otros hacia el sur y algunas regiones de Guerrero, como Teopancuacuilco y Cuetzallan. Los tributos y las riquezas que se obtenían por esta vía fue la base para que los aztecas ampliaran su imperio hasta llegar a convertirse en el más extenso de toda la Mesoamérica precolombina.

Los calpixque eran los funcionarios especiales encargados de recaudar y transportar las mercancías tributadas, que la mayoría de las ciudades sometidas pagaban una o dos veces por año. Esto dependía de los productos demandados para abastecer el imperio.

No obstante, el tributo no era la única manera de acceder a otros productos demandados por la población, para ello estaban los comerciantes, los pochtecas, en su orden social y legal. Ellos se encargaban de localizar los productos en los confines del imperio y enviarlos a Tenochtitlan. La experiencia de estos comerciantes determinaba el valor de los artículos al intercambiarlos por otros.

El cacao fue la semilla que sirvió como referencia de valor, como primera moneda, a la que le siguieron otras como el polvo de oro en canutillos, las mantas o las hachas de cobre en forma de T. Se cree que, al igual que en el imperio incaico, los aztecas celebraban ferias de comercio, donde los pochtecas hacían el trueque entre sus productos para conseguir los artículos de lujo traídos desde otras ciudades y naciones. Así mismo se considera que para su época de esplendor, Tenochtitlan poseía el mercado más grande del mundo que se ubicaba en la plaza central de Tlatelolco, donde se comercializaba cualquier producto imaginable, desde esclavos y prisioneros de guerra hasta frutas, cacao o plumas de aves exóticas.

El mercadeo o comercio azteca se realizaba a dos niveles bien diferenciados. Mientras uno, a nivel exterior, servía o tenía como propósito abastecer a la nobleza de productos exóticos de lujo, como ropa, plumas, maderas, pescado u otros frutos, el otro de menor escala tenía como sentido el abastecimiento interno a nivel local. El cacao, además de los nutrientes que aportaba como alimento, tenía la virtud de servir de compensación en el equilibrio entre el valor de los productos. Así por ejemplo: una manta equivalía a un par de sandalias y diez semillas de cacao.





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miércoles, 25 de julio de 2012

Cultura mexica ( IV )



Sociedad

Cuenta la tradición que, tras la muerte del caudillo Tenoch, los mexicas decidieron imitar la organización política y social de los pueblos vecinos con linaje tolteca. Para ello se dirigieron al señor de Culhuacán y le pidieron que les diera un huey tlatoani, un rey que los relacionara directamente con los toltecas. De esta manera Acamapichtli, que quiere decir "el que empuña la caña", fue nombrado primer rey de México - Tenochtitlan.

El tlatoani era el que atesoraba el máximo poder entre la sociedad azteca, dividida en veinte clanes que recibían el nombre de calpullis. Cada clan se constituía por un grupo de personas vinculadas por parentesco (artesanos, agricultores, servidores públicos) que constaban con tierras propias, un templo y un jefe (calpullec). Las clases sociales se dividían en tres grupos: nobles (pipiltin), los plebeyos (macehualtin) y los esclavos (tlatlacohtin). El grupo de la nobleza estaba compuesto por descendientes directos de las familias nobles, sacerdotes y los guerreros que por propio derecho se habían ganado entrar entre los privilegiados por sus gestas heróicas. Los plebeyos recibían una herencia directa por haber nacido entre ese grupo intermedio, se les otorgaba un terreno vitalicio donde levantaban su casa.

Así mismo, entre el grupo de la gente común existía una clase más baja (tlalmaitl) a los que no se les permitía tener propiedades y las tierras que labraban eran arrendadas. Los de la clase más baja, los esclavos, recibían un trato similar al de un criado contratado. Algunos mantenían el estado de esclavitud por un tiempo definido, hasta que pagaran sus deudas o condena, realizaban trabajos de agricultores, transportistas, en el comercio o el servicio público. También los hijos de los más pobres podían ser vendidos como esclavos por un periodo que solía estar de acorde con el precio. Los esclavos podían recuperar su libertad definitivamente si escapaban y llegaban al palacio real antes de que sus amos los atraparan. Los esclavos prisioneros de guerra podían ser sacrificados a Huitzlopochtli.

Costumbres cotidianas

 La religión azteca no escapaba a ninguna de las costumbres cotidianas de la sociedad y por supuesto también estaba vinculada con la educación que recibían los menores, que además de la asignatura religiosa aprendían escritura, lectura, historia y música. La formación educativa era obligatoria, un detalle muy importante que apaga un poco el fuego de la guerra y la violencia que etiqueta, quizás injustamente, a todo lo relacionado con el Imperio Azteca. Sin embargo, lo que por un lado favorece en cuanto a sensibilidad con la educación, por otro lado le resta simpatías cuando comprobamos que, como propio reflejo de las injusticias sociales entre los diferentes grupos o castas, la educación estaba marcada por los mismos patrones de privilegio, era de diferente calidad dependiendo de quienes la recibían.

Del mismo modo que en la mayoría de las culturas la mujer quedaba relegada a un segundo plano en la sociedad, siempre detrás del hombre, y como es fácil de entender a edades más tempranas las diferencias debían de ser las mismas. En la sociedad azteca las niñas tenían su sitio en el hogar, aprendían las labores domésticas de sus madres preparándose para en el futuro servir a sus maridos, en matrimonios polígamos, aunque también es verdad que la monogamia prevalecía por encima de la modalidad anterior. Sin embargo, tener la suerte de haber nacido en el seno de una familia noble la situación era diferente para la niña, que podía aprender en una especie de monasterio hasta el momento del matrimonio. Los chicos recibían más privilegios que las chicas, pero también entre ellos existían diferencias educativas. Mientras que los plebeyos acudían al tipo de escuela telpochcalli e iban a dormir a casa, los hijos de la nobleza recibían educación en el calmecac, un internado reservado solo para los de su clase donde se quedaban a dormir.

En cuanto a la sexualidad, únicamente eran dos las formas permitidas. Una de ellas era la que tenía lugar dentro del matrimonio, la otra era la de los solteros que iban a la guerra, a los que se les permitía el acto sexual con unas sacerdotisas dedicadas a la prostitución. Aquellas mujeres se presentaban maquilladas, adornadas y perfumadas ante el hombre de turno, a los que les proporcionaban alucinógenos y afrodisíacos que estimulaban el apetito sexual.

Sistema judicial, tribunales y leyes

Tenochtitlan y Tetzcoco fueron las sedes que acogieron los principales tribunales judiciales del imperio, eran allí donde se dirimían los pleitos territoriales o criminales que no tenían solución en los tribunales locales. Cada uno de los altépetl o señoríos bajo dominio azteca tenían su propio tribunal judicial menor. El sistema que impartía justicia entre los aztecas estaba bien jerarquizado y entre sus tribunales los había: desde los jueces que eran elegidos para un lapso de un año y cuya competencia se limitaba a los casos menores, hasta los compuestos por tres jueces con cargos vitalicios y que se encargaban de los de mayor envergadura. Sin olvidarnos de los tribunales de comercio encargados de los litigios surgidos en los tianguis o mercados. Las resoluciones dictadas por estos tribunales siempre podían ser reclamados ante el tribunal del rey. La justicia que se administraba en Tetzcoco siempre se hacía en el palacio real, con tres salas dedicadas a tales funciones y con un total de doce jueces por designación del monarca. El procedimiento era oral y en ocasiones se documentaba mediante jeroglíficos.

Ni que decir tiene que, como se intuye, las leyes eran muy severas y también en ellas, a la hora de administrarlas, las castas o grupos sociales influían. Cada delito requería un castigo que dependiendo si era plebeyo o noble la resolución judicial cambiaba. El castigo era mayor en caso de tratarse de gente importante. Por su puesto que la pena de muerte existía y como se a de suponer estaba entre los castigos, que normalmente correspondían con los delitos de: asesinato, traición, aborto, incesto, violación, robo con fractura y adulterio. En este último caso se procedía a la lapidación, aunque la mujer era estrangulada previamente. La embriaguez también estaba recogida en el código penal, solo se les permitía y dependiendo las circunstancias a ancianos y guerreros profesionales, el castigo para tal infracción variaba desde el rapado de la cabeza, si era la primera vez que se cometía la falta, o la muerte si era reincidente. Los guerreros podían conmutar la pena de muerte con un destierro permanente en zona fronteriza.

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lunes, 23 de julio de 2012

Cultura mexica ( III )



Tras el gobierno de Ahuitzotl, entre 1.502 y 1.520, los mexicas eligieron a Moctezuma II, el gran estadista y estratega, el gran líder que supo poner control entre los sacerdotes y el pensamiento mágico azteca. A punto de finalizar el Quinto Sol y la aparición de un Sexto Sol con el que se esperaba el regreso de Quetzalcóatl. Una fecha con demasiado significado religioso que influyó sobremanera en la ya mítica personalidad del rey mexica, que dejó a un lado las cuestiones mundanas para dedicarse en cuerpo y alma a las del espíritu. El descuido o apatía por las cuestionas de gobierno provocaron algunas rebeliones entre los pueblos sometidos, como fueron los casos de los señoríos de Cholula y Tlaxcala, que dejaron de pagar tributo a un imperio que continuaba en todo su esplendor, pero con un gobernante atrapado por la desidia y la abulia e inmerso en la mítica espera de la llegada del fin del mundo que anunciaba el Quinto Sol.

Era evidente que Moctezuma II no abandonaría el trono, no pensaba hacerlo, como le solicitaban algunos de los jefes de otros pueblos y otros personajes más allegados. Como su propia hermana, una reputada sacerdotisa, que ante su insistencia de retirada la mandó desterrar a Cuauhnahuac. La llegada de los conquistadores españoles no le hizo más que confirmar sus convicciones. Todo coincidía con las predicciones que Quetzalcóatl dejó en su partida, la llegada del año 1-Caña y los seres barbudos con cuatro patas. La llegada de los conquistadores españoles significó doble lectura según para quién, mientras que para Moctezuma II no eran más que señales de confirmación, para su antecesor en el gobierno, Ahuitzotl, las muestras ya eran la de un peligro inminente que no tuvieron  respuesta como tal. Al contrario, el gobernante azteca salió a recibir a los españoles a la carretera de Ixtapalapa, donde el único rechazo que tuvieron los extranjeros fue por parte de los consejeros a lo que el propio Moctezuma II se opuso, y tomándolo como una ofensa personal prohibió que sufrieran daño alguno.

La situación política y social se tornó problemáticamente compleja. Moctezuma II, aunque continuó siendo sacerdote, dejó el trono obligado ante las revueltas que se sucedían en plena guerra con los españoles, al tiempo que estos formaban alianzas con los tlaxcaltecas y los cholulas. El consejo eligió a su sucesor Cuauhtemoc. Fue el último rey azteca, un gran guerrero pero que no estaba muy instruido en asuntos religiosos y que no era un auténtico tlatoani, sino un cacique de un pueblo vecino, señor de Tlatelolco, que fue elevado en el cargo por las circunstancias de crisis. Tras su nombramiento se puso al frente del ejército y salió al encuentro de los invasores, repeliéndolos hasta más allá del lago Tetzcoco. Solo cinco años se mantuvo en el cargo de gobernante, de 1.520 a 1.525.

Mientras tanto, Moctezuma II continuaba empeñado en su defensa de los españoles, lo que le hizo perder aún más apoyos en el consejo elector que le consideró traidor. Moctezuma II murió lapidado, apedreado por su pueblo cuando frente a palacio intentaba convencerlos para que aceptaran a los españoles como consejeros divinos. Los conquistadores se reagruparon y junto a los rebeldes entraron en Tenochtitlan sin encontrar apenas resistencia. El ejército azteca se desmoronó. Los sacerdotes huyeron y los militares de alto rango dejaron de aceptar las órdenes de Cuauhtemoc, que fue hecho prisionero y ejecutado por Hernán Cortés y su tropa el 28 de febrero de 1.525. Quetzalcóatl, el esperado, no regresó. Sin embargo, con el Sexto Sol el Imperio Azteca entró en una nueva era y México pasó a ser la sede central de la Nueva España.

Organización política

No podríamos afirmar con toda rotundidad el tipo de organización política por el que se regían a los mexicas anterior al episodio que los enfrentó a los tepanecas para derrotarlos definitivamente, aunque algunos conocimientos sí parece que existen como para deducir que hasta la derrota de Azcapotzalco fue una etapa menos compleja y más democrática a la hora de elegir a los gobernantes. Según las fuentes, sus mandatarios eran elegidos por un grupo de sacerdotes conocido como teomamaque, en la que los calpultin tenían una mayor participación y mayor poder de decisión. Los representantes de los siete calpultin en que se dividían los mexicas eran los encargados de tomar las decisiones más importantes que se dieron durante la etapa de peregrinación que vivieron, encabezados por los teomamaque, que a su vez se encargaban de transportar los envoltorios de las reliquias de sus dioses.

La Triple Alianza con Tetzcoco y Tlacopán fue cambiando el sistema político y adaptándose a las nuevas exigencias de gobierno. En cada una de estas ciudades gobernaba un tlatoani, pero Tenochtitlan fue ganando peso específico entre los aliados y con el paso del tiempo los mexicas fueron ganando poder de decisión, tanto es así que algunos estudiosos aseguran que Tetzcoco y Tlacopán pasaron a estar sometidas de facto a las órdenes del tlatoani de Tenochtitlan. Los mexicas, a la cabeza de la alianza tuvieron la posibilidad de imponer su hegemonía y lo hicieron sobre una gran cantidad de pueblos con culturas diferentes, que se conocían por tlatocáyotl y se organizaban por pequeños reinos o señoríos.

Los tlatoanis eran la autoridad suprema y recibían su designación hereditariamente. A estos les seguían en rango los nobles o calpultin, que a su vez muchos de ellos tenían relaciones de parentesco con los tlatoanis.  El resto de la sociedad mexica estaba compuesta por guerreros, sacerdotes y plebeyos.


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sábado, 21 de julio de 2012

Cultura mexica ( II )



Desarrollo histórico

Cuando comenzamos en la historiografía de los mexicas los primeros datos que encontramos en el capítulo de la peregrinación es su lugar de procedencia, el mítico Aztlán. Un lugar que no se ha podido localizar con precisión, y según qué autores lo sitúan en un punto geográfico o en otro. Hay algunos como Javier Clavijero que lo ubican al norte del Altiplano Central y hasta en Alta California; Wigberto Jiménez Moreno se atreve a ubicarlo en dirección Occidente, en Nayarit, en la isla de Mexcaltitlán. También los hay quienes lo definen como un lugar mítico, arquetípico, llamado también Chicomóztoc y del que dicen venir otros muchos pueblos que habitaron el Altiplano Central.

Sin embargo, las referencias culturales que llevaban los mexicas no coincidían con ninguno de los puntos geográficos  posibles, no compartían afinidades o coincidencias ni con los huastecos y su zona selvática ni con el árido territorio chichimeca. Algunos autores como Javier Tapia Rodríguez duda de que una tribu belicosa y poco amigable como la de los mexicas, hubiera podido pasar libremente por territorio de los chichimecas, con todo el historial de enfrentamiento que estos tuvieron con sus vecinos. No obstante, sí existe una referencia histórica anterior a 1.215, a su entrada en escena, cuando no eran más que un grupo de nómadas cazadores con fama de problemáticos que luchaban por hacerse con un lugar donde asentarse cerca del lago Tetzcoco, donde según la leyenda habían visto la señal que le enviaron los dioses, la de un águila luchando con una serpiente sobre un nopal, en un islote de dicho lago. Esta referencia primaria es la que tenían los tarascos como recuerdo, sobre el año 1.100 en Patzcuaro, de donde tuvieron que expulsarlos hacia el Valle de México. Por otro lado, tanto para tlahuicas, culhuas y tlaxcaltecas, la única referencia que tenían sobre la procedencia de los mexicas es que venían del infierno, del noroeste, de las antiguas y ancestrales tierras de las regiones del frío y la noche eterna.

Tras varias décadas merodeando por la región, en 1.256 consiguieron asentarse en el Valle de México, en Chapultepec, el monte de los saltamontes, de donde también fueron expulsados por sus vecinos del señorío de Culhuacán, dueños del territorio. Corría el año 1.325 cuando por fin consiguieron asentarse en el lago Tetzcoco, tras dos años planeando su ataque definitivo al lugar prometido por sus dioses y aunque todavía no eran los dueños del islote fundaron la ciudad de Tenochtitlan, la que sería la capital del Imperio Azteca y actual ciudad de México, capital de la República Mexicana. Durante los siguientes 50 años estuvieron sometidos a los tepanecas, al señorío de Azcapotzalco, los vencedores de todos los enfrentamientos que habían tenido con los mexicas hasta entonces. Transcurría el tiempo entre los años 1.376 y 1.427 y los tepanecas mantenían sus criterios en el valle, aunque el empuje y ansia imperialista mexica les fue haciendo ganar terreno poco a poco.

Acamapichtli, Huitizilihuitl y Chimalpopoca fueron los tres reyes mexicas siguientes en los que durante su reinado existieron relativas buenas relaciones con los tepanecas, pero a pesar del recelo de Azcapotzalco sobre el poder que iban acumulando sus belicosos vecinos, los mexicas se pusieron entre la disyuntiva de seguir o no con la buenas relaciones o continuar expandiéndose ellos mismos por sí solos. Sin embargo, antes de decidirse Chimalpopoca fue asesinado por Maxtla, el señor tepaneca, que creyó que asesinando al jefe mexica su pueblo se acobardaría y sería más fácil vencerlos. Pero no fue así, lejos de amedrentarse el consejo mexica eligió a un nuevo gobernante, un nuevo rey o tlatoani llamado Itzcóatl, que sucedió a Chimalpopoca desde 1.427 hasta 1.440.

Itzcóatl nombró a Tlacaelel como su cihuacóatl, su segundo de abordo. Gran sacerdote reformador que se encargó de pactar con otros pueblos vecinos también sometidos por Maxtla, fundaron la alianza con los señoríos de Tlacopan y Tetzcoco y juntos comenzaron las revueltas contra los tepanecas. Unos meses más tarde, a comienzos de 1.428 caía derrotado Maxtla y con él daban fin al señorío de Azcapotzalco. Había nacido lo que pasó a llamarse la Triple Alianza, que dio lugar al Imperio Azteca.

Aunque el reinado de Itzcóatl fue considerado fructífero, el verdadero empuje azteca coincidió con su sucesor, Moctezuma I, que reinó entre 1.440 y 1.469.  Durante su gobierno los aztecas fueron extendiéndose y dominando a los pueblos vecinos, sometiéndolos a pagar tributo y a seguir sus costumbres. A la muerte de Moctezuma I el trono mexica fue ocupado pos Axayácatl, que, aunque siguió sumando conquistas y expandiendo poder, tuvo un tropiezo contra los tarascos a quienes no consiguieron dominar nunca, quizás por los malos recuerdos que tenían de ellos de su paso por Patzcuaro más de cuatro siglos atrás. En 1.481 le tocó el turno a Tizoc, que dirigió los designios mexicas por solo cuatro años. No resultó Tizoc ser un rey al gusto de su pueblo, que tras pensar en deponerlo y no encontrar la formula adecuada tiraron por la tremenda dándole muerte y nombrando a un sucesor. Tizoc comenzó su mandato preocupándose más por la administración y educación de los territorios ya conquistados que por nuevas conquistas. Un método bien aceptado por los sacerdotes en un principio, pero las cuentas no cuadraban, los costes eran demasiados altos para mantener dicha fórmula y a eso se le sumó la creciente falta de respeto de los sometidos, cada vez más resistentes a pagar tributo, lo que supuso el fin del efímero mandatario.

Ahuitzotl fue el elegido. Reinó entre 1.486 y 1.502 y no defraudó, cumplió con las expectativas que se tenían sobre sus dotes de mando. Durante su corto mandato dio muestras de su perfil guerrero y no dudó nunca en situarse al frente de la batalla. Con él al frente los aztecas consiguieron el control de prácticamente todo el centro y el sur de México hasta Guatemala, y desde la costa del Pacífico hasta el Golfo de México. A Ahuitzotl se le atribuyen, además de buen guerrero, buenas dotes diplomáticas y el ser un gran líder religioso, he incluso buen economista y comerciante en el trato con los pueblos vencidos.



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