miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cultura maya (XII)


Calendarios

De todos los logros culturales mayas el calendario podemos considerarlo el más importante. Tanto es así que para esta civilización todo sucedía en torno a su sistema calendárico, consistente en tres cuentas de tiempo diferentes que transcurren simultáneamente. El calendario sagrado (tzolkin o bucxok), el civil (haab) y la cuenta larga. Lo que hace a este calendario un sistema preciso es que se basa en una cuenta continua, cíclica, de los días a partir de una fecha cero inicial. Este día de inicio corresponde en nuestro sistema (calendario gregoriano) al 11 de agosto del 3.114 a. C., el 0.0.0.0. 04 ajau, u 8 cumkú en notación maya. Para esta fecha tan puntual no existen datos que revelen el acontecimiento que lo marca, probablemente está relacionado con la astronomía.

Los conocimientos astronómicos y matemáticos de los mayas estaban en posesión de la casta religiosa. Los sacerdotes eran quienes se encargaban de su interpretación de acuerdo con su cosmovisión religiosa, los años que iniciaban y el destino del hombre. Unos destinos que parecen ya establecidos desde los olmecas, con los que algunos estudiosos relacionan los inicios del calendario maya. Así mismo, las similitud que muestra con el calendario mexica, nos hace pensar que se utilizó en toda Mesoamérica. Sin embargo, para otros especialistas este sistema calendárico es propio de los mayas. Lo cierto es que, el conocimiento ancestral que sobre él tenían, guiaba a esta civilización y era muy poco lo que se escapaba a su influencia. Hoy conocemos que llevaban varias cuentas, independientemente de la sincronización de los días (kin), y que el tzolkin de 260 días y el haab de 365 eran las más importantes.

Tzolkin: el hecho de que la vida del hombre maya estuviera predestinado por la fecha de su nacimiento, del día del tzolkin al que correspondía, hacía de este calendario de 260 días el más utilizado. Es el más usado por todos los pueblos del mundo maya. Por él se rigen los tiempos agrícolas en las cosechas, el pronóstico de la llegada de lluvias y su duración, el periodo de cacería y pesca, el ceremonial religioso, las costumbres familiares y el destino de las personas. Existen dos teorías sobre el tiempo en que consiste el tzolkin (la cuenta de los días), mientras que algunos sugieren que está relacionado con la duración de la gestación humana, otros lo relacionan con el planeta Venus. Esta cuenta consiste en ciclos de 13 meses de veinte días cada uno. Tanto los días como los meses tenían nombres de varias deidades y se asociaba a cada uno de ellos con un glifo de manera única.

Haab: se basa en el recorrido anual de la tierra alrededor del sol. La similitud existente con el calendario gregoriano no tiene nada que ver con él. Los meses son únicamente divisiones del año solar, ninguna relación con el concepto que se tiene del calendario actual que nos regimos. Esta cuenta se utilizaba para regir el calendario religioso colectivo y marcaba el ritmo de la comunidad. Los 365 días del haab se dividían en 18 meses (winal) de 20 días cada uno y uno corto con los cinco días sobrantes (wayeb), se consideraban nefastos, vacacionales, y aunque eran fechados se excluían de los registros cronológicos. El primer día del mes se representaba con el cero. Cada uno de ellos se escribe usando un número del 0 al 19 y el nombre del winal representado con un glifo, con excepción de los wayeb, que se acompañan con los números del 0 al 4.

La rueda calendárica: la combinación de los calendarios de 260 y 365 crean un ciclo mayor de 18.980 días (el mínimo común múltiplo de las dos cuentas calendáricas). Durante este tiempo de la rueda calendárica, sus cuatro elementos, numeral-glifo de los días y numeral-glifo de los meses, no se repiten. Muchos de los monumentos mayas solamente registran la fecha de este ciclo. Ninguno de los dos calendarios mayas marcaban el año, pues no era necesario al no repetirse o coincidir cada fecha en los 52 años que marcaba la rueda calendárica.

La rueda está conformada por tres círculos que da como resultado 18.980 días, donde cada uno de los días del tzolkin coincide con uno del haab. El más pequeño de los círculos está conformado por 13 números; en el mediano son los veinte signos correspondientes a cada uno de los días del tzolkin; el más grande de los tres círculos lo componen los 365 días del calendario haab. Cada ciclo completo de la rueda calendárica son equivalentes a 52 vueltas del haab y a 73 del tzolkin, al término de ambas cuentas vuelven al mismo punto. En comparación con el calendario gregoriano podríamos decir que el "siglo maya" estaba compuesto de 18.980 días, 52 vueltas del haab, era cuando se celebraba la ceremonia del fuego nuevo.

La cuenta larga: el sistema vigesimal de los mayas también tenía nombres específicos para contar los días. Su unidad básica era el kin o día solar, pero para designar diferentes lapsos de tiempo utilizaban los siguientes múltiplos: unial = 20 kines; tun = 360 kines; katún = 7.200 kines; baktún = 144.000 kines. Para representar las notaciones de los años mayas en cuenta larga se hace con números separados por puntos. Para escribir esta fecha 3.10.10.0.5, como ejemplo, sería de la siguiente manera: 3 baktunes, 10 katunes, 10 tunes, 0 uniales y 5 kines. Para obtener el número de días habríamos de multiplicar cada uno de los números por su equivalente en días y sumar los productos obtenidos. Además de los indicados, también tenían otros términos de mayor duración de tiempo, pero raras veces utilizados: piktún = 20 baktunes; kalabtún = 20 piktunes; kinchinltún = 20 kalabtunes; y alautún = 20 kinchinltunes.

Astronomía

Los meses sinódicos de la luna, el año trópico y los ciclos de los eclipses son algunos de los periodos astronómicos conocidos en esta cultura. En el periodo sinódico de la Luna, preciso por medio de un proceso corrector, observamos la importancia que ésta tenía para el pueblo maya. Observaron el desajuste en los cálculos de su calendario lunar respecto a las fases de la luna y para corregir este desajuste, por la fracción de día que excede a los 29,5 días, contaban dos meses consecutivos de 30 días. Los estudios astronómicos de los mayas dieron como resultado cálculos exactos de los periodos, además de la Luna, del Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, de estrellas como las Pléyades, de las que creían eran originarios.

El astronómico era un campo de estudio en el que los sacerdotes poseían todos los conocimientos. La clase sacerdotal era la que conducía la vida de todos de acuerdo a sus predicciones, que el pueblo respetaba y aceptaba. Sus conocimientos les permitían predecir acontecimientos tan impactantes como los eclipses y el curso del planeta Venus, lo que utilizaban para controlar a la población relacionándolos con las deidades.

Matemáticas

El sistema de numeración de base veinte y de base cinco fue el utilizado por los mayas, al igual que otras civilizaciones de Mesoamérica. El cero como lo conocemos hoy en día fue usado por los mayas en el Preclásico, alrededor del año 36 a. C., lo que significa que este concepto se estuvo usando siglos antes en América que en el viejo mundo. El sistema de numeración maya fue ideado más pensando en la astronomía que en las matemáticas. Esto se refleja en la manera de ver que tienen con el calendario, con sus días, meses y años. Para representar gráficamente los números, del 0 al 19, idearon un sistema con tres modalidades: el sistema numérico de puntos y rayas; una numeración cefalomorfa (variantes de cabeza) y una numeración antropomorfa (mediante figuras completas). Las cantidades son agrupadas de 20 en 20, del 0 al 19, y al llegar al 20 hay que poner un punto en el siguiente nivel. De esta manera en el primer nivel se escriben las unidades y en el segundo nivel se tienen el grupo de veintenas y así sucesivamente.

Sus símbolos básicos son tres: el punto, cuyo valor es 1; la raya, equivalente a 5; y el caracol o semilla es 0. El punto no aparece más de cuatro veces, así como la raya no se aglutina más de tres. Para representar un número mayor de veinte se utilizan los mismos símbolos, pero dependiendo de la posición cambia su valor. En el primer orden, o de abajo, se escriben las unidades y en el segundo se representan los grupos de 20 elementos. En el segundo nivel cada punto valdría 20 y cada raya 100.




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domingo, 27 de noviembre de 2011

Cultura maya ( XI )


Escritura

El ocaso del periodo Clásico también significó para los mayas la decadencia generalizada de su cultura. El siglo X de nuestra era marcó una etapa decadente en la que el esplendor de siglos anteriores fue decayendo, sus señas culturales de identidad se fueron apagando hasta desaparecer en muchos aspectos, se dejaron de construir edificios públicos, el levantamiento de estelas, altares y otros monumentos, y por supuesto también este revés o retroceso cultural lo sufrió la escritura, hasta el punto de que cuatro siglos más tarde, para cuando los españoles arribaron a tierras americanas ya apenas se tenía conocimiento del sistema de escritural de los mayas. El cronista español Diego de Landa así lo expone en su obra Relación de las cosas de Yucatán, donde señala que para entonces solamente algunos individuos de la élite la sabían leer y escribir y por eso eran más connotados. Uno de ellos, Gaspar Antonio de Chi, fue quien ayudó al religioso a crear un alfabeto.

La escritura maya se desarrolló y utilizó durante todo el periodo Clásico, la etapa de mayor esplendor en esta cultura mesoamericana, y aparece principalmente en dinteles, altares y estelas, acompañando a los acontecimientos reales que sucedieron como los ascensos y muerte de gobernantes, sus hazañas militares, o señalando algún acontecimiento astronómico de importancia.

Para Diego de Landa, el apoyo de Gaspar Antonio Chi supuso una ayuda de incalculable valor, ante la dificultad del español de comprender otra forma que no fuese la fonética del alfabeto. En la escritura maya no funciona de la misma manera que en el castellano, donde las consonantes tienen nombres sílabos.

La escritura maya también es conocida como jeroglífica, por el leve parecido con la escritura del antiguo Egipto, pero si acaso el maya fuese comparable con algún otro sistema este sería el chino, por su estructura pictográfica, donde los ideogramas pueden anidarse para formar conceptos más complejos, a la vez que funcionar sólo como representaciones fonéticas. El sistema de escritura maya no es alfabética como creía Diego de Landa, ni silábica como el castellano, sino logoideográfica. Una combinación de símbolos fonéticos e ideogramas.

No se puede culpar a los conquistadores españoles de la desaparición que supuso el conocimiento de la escritura del pueblo maya pues, como ya apunto anteriormente, hacía siglos que había entrado en una fase de desaparición definitiva. Sin embargo, sí se puede censurar la actitud que tomaron los misioneros españoles respecto a este tema, que por su afán de imponer sus costumbres y religiosidad entre los indígenas ordenaron la quema de todos los libros mayas poco tiempo después de la conquista. Sin lugar a duda fue un duro golpe contra la herencia cultural que los antepasados mayas dejaron. De todas maneras, las inscripciones de símbolos escriturales en piedra aún sobreviven, en parte gracias a que la mayor parte de las ciudades mayas habían sido abandonadas siglos antes de que llegaran los conquistadores españoles.

Diferente sucede con el Posclásico, del que existen una considerable cantidad de textos, la mayoría escritos con caracteres latinos después de la conquista. En esta nueva etapa los mayas aprendieron y comenzaron a registrar su historia con el nuevo alfabeto, unas veces en lenguas mayenses y otras en castellano. Al menos no se perdió en su totalidad la historia de este pueblo, ya recogieron parte de la literatura oral de sus antepasados.

El estudio de la escritura maya marca dos versiones diferentes. Por un lado están los epigrafistas, abanderados por Costantin Rafines, que fue el primero en descifrar los glifos numerales en 1.832. Más tarde, en 1.952, fue el ruso Yuri Knórozov quien realizó un estudio descifrando la lengua maya. La otra corriente la representa el Doctor Ramón Arzápalo Marín, filólogo y mayista. El trabajo de los epigrafistas han permitido que se puedan leer las estelas y otros documentos, su desciframiento ha significado un largo y laborioso proceso. A finales del siglo XIX y principios del XX se dio un importante paso adelante en descifrar algunas partes, en su mayoría relacionadas con números, el calendario y astronomía, sin embargo, fue entre las décadas de 1.960 y 1.970 cuando se aceleraron los conocimientos, permitiendo que en la actualidad la mayoría de los textos pueden ser leídos en su idioma original.

Literatura y códices

Entre los manuscritos mayas que se conocen en la actualidad están los conocidos como Chilam Balam, de Maní, de Tizimín, de Chumayel, y otros. Aproximadamente son una veintena de manuscritos los que se conocen, con el nombre del lugar donde se encontraron. Estos textos indígenas son nativos transcritos al español después de la conquista, se basan en la tradición oral y recogen una realidad que abarca desde principio del Posclásico. Son de carácter mítico-épico y suponen una gran fuente de información para entender mejor la organización sociopolítica, la ideología y la historia de los grupos mayas prehispánicos.

El Chilam Balam, el Popol Vuh y los Anales de los Cakchiqueles son tres libros que fueron escritos en maya yucateco, quiché y cakchiquel respectivamente, pero utilizando el alfabeto latino. El Chilam Balam es el nombre de varios libros que relatan la historia de la civilización maya, escritos por autores anónimos entre los siglos XVII y XVIII, en la Península de Yucatán. Cada uno de estos libros recibe el nombre del poblado que lo escribió, por lo que existen el Chilam Balam de varias localidades. Entre los más importantes están: Maní, Tizimín, Chumayel, Kaua, Ixil, Tusik, Tekax, Nah (Teabo), Yaxkukul y el Códice Pérez. En el caso de este último cabe señalar que se trata de una recopilación fragmentaria de varios de los libros chilambalames.

El Popol Vuh es conocido también por el sobrenombre de Libro Sagrado o La Biblia de los mayas Kichés. Traducido al quiché significa "Libro del Consejo" o "Libro de la Comunidad". El Popol Vuh es una recopilación de varias leyendas de los quichés, el pueblo de la cultura maya de mayor alcance demográfico en Guatemala, y tiene un gran valor histórico y espiritual. No se conoce el autor de este libro, escrito en lengua quiché con el alfabeto latino a mediados del siglo XVI, permaneció oculto hasta 1.701, año en el que los maya quiché de la comunidad de Santo Tomás Chuwila se lo mostraron a Fray Francisco Ximénez y éste lo tradujo al idioma español.

A los Anales de los Cakchiqueles también se le conoce por otros nombres, como Anales de los Xahil, Memorial de Tecpán-Atitlán o Memorial de Sololá. Sus autores fueron miembros del linaje Xahil, entre ellos Francisco Hernández Arana Xajilá (de 1.560 hasta 1.583) y su nieto, Francisco Rojas (de 1.583 hasta 1.604). Desde su creación permaneció guardado junto al lago de Atitlán, en la ciudad de Sololá, hasta que en 1.884 se encontró en los archivos del convento de San Francisco de Guatemala y traducido posteriormente por el abad Charles Étienne Brasseur de Bourbourg en 1.855. Los Anales de los Cakchikeles cuentan la historia y la mitología de este pueblo mayense.

Los códices son uno de los cimientos importantes, junto a la arqueología y las estelas, para el conocimiento de la cultura maya. Las estelas son los documentos escritos más antiguos que se tienen de los mayas prehispánicos, en los que aparecen grabados jeroglíficos y signos de calendario. En cuanto a los códices, solamente son cuatro los que se salvaron de la destrucción que llevaron a cabo los misioneros religiosos de la Conquista y que han llegado hasta nuestros días. El Códice Dresden, el Códice Madrid, el Códice París y el Códice de Grolier.

• Códice Dresden: Es el considerado más importante y el más elaborado de los cuatro existentes. Es un calendario que muestra a los dioses que influyen en cada día, detalles del calendario y el sistema numérico maya. Algunos historiadores opinan que probablemente fue escrito por escribas poco tiempo antes de que llegaran los conquistadores españoles a tierras americanas, entre los años 1.200 y 1.500, y cuya procedencia sitúan en Chichén Itzá. Este manuscrito está elaborado en papel de amate, en una tira que mide 3,54 m., que se dobla en forma de biombo y crea 39 hojas escritas en ambos lados. Se desconoce cómo llegó a Europa, fue vendido en 1.739 a la librería real de la corte de Sajonia en Dresden. Se conserva en dicha ciudad alemana en la Sächsische Landesbiblithek.

• Códice Madrid (Tro-Cortesiano): Este códice se conserva en la capital española, en el Museo de América. Sus autores son ocho escribas mayas diferentes y su contenido es principalmente adivinatorio, habla sobre horóscopos y tablas astrológicas. Los expertos opinan que se confeccionó en el siglo XV, probablemente en las tierras bajas del sureste mexicano y Guatemala. El papel amate es el utilizado para su elaboración, en una tira de 6,82 m. y doblada en forma de biombo que forman 56 hojas pintadas por ambos lados. Sus 112 páginas se separan en dos secciones, conocidas como el Códice Troano y el Códice Cortesano. Los historiadores opinan que fue enviado al rey de España, Carlos I, por Hernán Cortés junto al Quinto Real. El conquistador extremeño describe en su primera carta de relación: "más dos libros de los que acá tienen los indios".

• Códice París (Peresiano): Este códice se encuentra actualmente en el Fonds Mexicain de la Biblioteca Nacional de Francia, antiguamente Biblioteca Imperial de París, donde fue descubierto en una esquina polvorienta de su chimenea. Al igual que los otros dos anteriores también está elaborado en una tira de papel de amate, de una longitud que ronda los 145 cm. De la misma manera que el Dresden y el Madrid, el códice de París se dobla en forma de biombo, que compone 12 hojas, en donde dos de las cuales se han perdido completamente todos los detalles. La fecha de creación la sitúan los historiadores entre los siglos XIII y XIV, y lo relacionan con la pintura de Tulum y Mayapán. Bruce Love señala, en "El Códice de París: Manual para un sacerdote Maya", que su contenido se refiere a temática o cuestiones rituales, que corresponden a sus dioses, rituales, ceremonias y profecías. Un calendario de ceremonias y un zodiaco dividido en 364 días.

• Códice de Grolier: Sobre este códice existen muchas discrepancias entre los estudiosos, unos opinan sobre él que se trata de una falsificación y otros en contra lo consideran un cuarto códice maya. Es el único de los cuatro que se conserva en tierras americanas, actualmente se halla en un museo de México. A pesar que la datación por radiocarbono del documento ha calculado que pertenece al siglo XII se duda de su autenticidad, por el simple hecho de estar escrito solo por el anverso de sus páginas. El Códice de Grolier fue encontrado en 1.965 en una cueva de la Sierra de Chiapas. El doctor José Sáenz fue quien se lo mostró al mayista Michel Coe en el Club Grolier de Nueva York, de ahí el nombre por el que se conoce el documento. En realidad se trata de un fragmento de 11 páginas de lo que parece haber sido un libro de 20. Cada página mide 18 cm. de alto por 12,5 de ancho. Una de las voces discordantes sobre su autenticidad es la de la doctora Laura Elena Sotelo, especialista en códices mayas del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, que ha estudiado el documento y sostiene que: "las evidencias apuntan a que está hecho en 1.960, aunque aún existen controversias al respecto".





viernes, 25 de noviembre de 2011

Cultura maya ( X )


Pintura

Son relativamente pocos los ejemplos pictóricos mayas que han llegado hasta nuestros días, quizás por eso esta expresión artística quedó un poco a la sombra de otras como la arquitectura y la escultura, que acaparan más protagonismo. La pintura artística la utilizaban los mayas para decorar sus muros, cerámicas y manuscritos, y de la misma manera que para los otros pueblos mesoamericanos tenía un carácter simbólico. Sus dibujos eran planos y, aunque no poseían la rotundidad que dan las tres dimensiones, estaban llenos de energía y movimiento. En las obras pictóricas mayas el empleo de los colores y un tipo determinado de caracteres figurativos, además de ayudar a la expresión artística, añadía un mensaje simbólico.

La gama de colores utilizada por los mayas era amplia y variada. Se conocen varios tonos de rojo, naranja brillante, púrpura opaco, varios tonos de amarillo, marrón oscuro, azul Prusia y azul cerúleo, distintos verdes y negro. Cada color tenía un simbolismo determinado, así como el azul con líneas ondulantes representaba al mar, las plumas se pintaban de verde, las caras de blanco, los techos amarillos semejando a la paja que se usaba, etc. Si bien, este simbolismo no era inflexible. Entre sus figuras, la mujer y los niños apenas tienen protagonismo. Los personajes pequeños representan a personas alejadas, de menor rango social o esclavos.

La técnica al fresco es la utilizada en sus murales, con dos tipos de pinturas que en ocasiones se mezclaban. Una con líquido aglutinante más viscoso y otra tan clara que era casi como agua, cuyos pigmentos naturales los obtenían reduciendo a polvo los minerales y vegetales. Primero trazaban un bosquejo preliminar, generalmente en rojo, después rellenaban las figuras con el color determinado y por último volvían a pintar los bordes.

Las pinturas de Bonampak son sin duda el conjunto pictórico más importante y más bello del Área Maya. Los murales del templo, cuyas paredes están todas prácticamente cubiertas de pinturas, muestran composiciones de un estilo realista lleno de movimiento y de vida, consideradas como una de las obras maestras del arte antiguo universal.

Además de la belleza que provoca su colorido, la amplitud, la variedad de las escenas y el dinamismo de los personajes, las pinturas de Bonampak nos ofrecen una información valiosísima para el conocimiento de la vida de los mayas del Clásico. Las composiciones muestran escenas diferentes, con variedad de personajes ataviados y adornados: gobernantes, guerreros, sacerdotes, músicos, bailarines, esclavos, etc.

Cerámica

El arte cerámico maya es muy variado, tanto en objetos como en calidad de los mismos. La temática representada en sus decoraciones son figuras geométricas mayoritariamente, aunque también representaban animales. Sus decoraciones incluyen textos escritos en maya, que describen escenas de nobles, imágenes de gobernantes, episodios militares, seres sobrenaturales, etc. En ellas se muestran las costumbres de la vida cotidiana, teniendo en cuenta sus perjuicios religiosos. Sus paredes eran muy delgadas, formas simétricas, tintes de base caliza con paredes pulimentadas, de muchos colores y excelente terminación de acuarela. Sus piezas se cocían a 800 grados de temperatura en hornos abiertos.

Fundamentalmente existen dos tipos de objetos, los de uso diario como platos, jarros y ollas, con diferente decorado y terminación, y por otro lado los decorativos, es el caso de las estatuillas y adornos de barro que en ocasiones son policromados, pero siempre con algún tipo de adorno. Entre éstas destacan las llamadas de Jaina, por haber sido encontradas enterradas en la arena de dicha isla. Representan a una gran variedad de personajes de la sociedad maya y están bellamente realizadas y policromadas.

Lapidaria y arte con plumas

El arte con plumas era muy valorado en la civilización maya. Una manifestación artística muy apreciada dentro y fuera de las fronteras del área mayense. Se utilizaban en penachos y otros adornos, especialmente las de quetzal.

Otro arte importante de los mayas eran sus objetos lapidarios ornamentales de piedras duras como cristal de roca, obsidiana, pedernal, concha y especialmente el jade, que se labraban con gran habilidad y buen gusto. El hecho de haberlos encontrados en lugares tan distantes del Área Maya como Teotihuacan o Panamá, hace pensar que estas joyas eran artículos de comercio bien valoradas. Pero además de estos minerales, estos objetos también se realizaron en otros materiales como el hueso, la madera y el hule. Algunos trabajos elaborados en oro, cobre y turquesas, pertenecientes a la última etapa del desarrollo cultural y que en principio se le otorgaban a la creación maya, parece que no fue así, que eran importados de Centroamérica.









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domingo, 20 de noviembre de 2011

Cultura maya (IX)


Escultura

El arte maya, como ocurre con todas las expresiones artísticas de todos los pueblos, es el reflejo de su estilo de vida y su cultura. Una de estas expresiones más relevantes es la escultura, en la que destacaron notablemente. Entre las técnicas que aplicaron se encuentran los grabados en alto y bajo relieve; incisión; bulto redondo; y modelado con estuco o barro. Los diversos materiales con los que elaboraron sus bellísimas obras escultóricas van desde la piedra caliza, andesita, arenisca o jade, hasta otros materiales como el barro, el estuco y la madera.

La talla de los mayas es extraordinaria y se recogen en innumerables trabajos, de entre los que destacan estelas, paneles de estuco en los muros interiores de los edificios, hermosas fachadas de templos y palacios, dinteles en las puertas o frisos de las canchas de juego de pelota, columnas, tableros, jambas, escaleras, lápidas y estatuillas, entre otros. La característica más destacada que posee la escultura maya es el equilibrio que logra entre el naturalismo y el estilismo, donde la figura humana es uno de sus fuertes. La contextura de sus representaciones es redonda y fuerte, pronunciada nariz, pómulos salientes y labios gruesos (el superior más saliente que el inferior).

El carácter perecedero de la madera es el motivo principal por lo que son pocas las piezas que han llegado hasta nuestros días en un estado óptimo de conservación. Lo que no resta al pensamiento la posibilidad de que este material fuese utilizado mucho más de lo que pudiera pensarse en un principio. Los especialistas creen que la madera pudiera haber llegado a significar un elemento muy importante en el desarrollo de la escultura maya, principalmente en etapas o periodos más antiguos, de lo contrario no se explica que, de repente, apareciera ya en piedra, perfectamente concebido y terminado, un sistema calendárico tan complicado como el maya. Razonamientos como este es lo que lleva a la conclusión de que todas estas inscripciones debieron de realizarse antes sobre un material más maleable.

Un ejemplo de que la técnica sobre la madera alcanzó cierta perfección la tenemos en los ejemplares conservados en Tikal, que se encuentran entre los mejores en este tipo de esculturas. En cuanto al trabajo en estuco podemos admirarlo en diferentes ciudades, pero es en Palenque donde su esplendor es máximo, donde se encuentran los mejores ejemplos de este arte.

El material estrella de los mayas es sin duda la piedra, al menos es en este soporte donde quedaron plasmadas la mayoría de las representaciones artísticas que llegaron hasta nuestros días. Su proceso de elaboración no marcaba un lugar determinado, se trabajaba tanto en las canteras como en las mismas obras arquitectónicas en marcha. Lo primero que se nos viene al pensamiento cuando se observan las fabulosas obras de arte maya es la calidad de los maestros escultores que elaboraron las esculturas y las técnicas o las herramientas empleadas para producirlas. Los instrumentos utilizados eran, de piedras duras como el basalto y la diorita, pinceles y martillos.

El primer paso que se daba en la realización de las esculturas en piedra era el de alisar el material. Después era el carbón el que se usaba para dibujar los relieves. El tercer paso consistía en tallar las principales líneas de la figura, que se tallaban por medio de dos cortes diagonales sobre la superficie de la piedra, de tal modo que quedase una zona notablemente rehundida. Por último se marcaban las líneas secundarias de la figura, para lo que se realizaban incisiones más o menos profundas, los detalles se indicaban con hendiduras superficiales.

La imagen que muestran las actuales ciudades mayas dictan mucho que desear de lo que fueron en la antigüedad. Los antiguos mayas no veían sus edificios con el color ocre de la piedra tal y como se muestran en la actualidad. Para los mayas los colores tenían mucho significado y para tal desempeño estaban los maestros pintores que entraban en acción inmediatamente después de que los escultores dieran por terminada su labor. Los pintores seguían un patrón muy estricto respecto al simbolismo de los colores, pero con una gran flexibilidad en cuanto al respecto de las líneas marcadas por el escultor.

Al destacar el trabajo del relieve siempre tendríamos que hacerlo a la par de la glífica, pues los dos siguieron una evolución totalmente semejante. La mayoría de los relieves tuvieron como sentido su utilización en las ilustraciones jeroglíficas de las estelas. La mayoría de ellas pertenecen al periodo Clásico. Estas piezas monolíticas más o menos verticales, tienen representadas, bajo la técnica del relieve, una o varias figuras junto a una multitud de signos calendáricos referentes a la fecha de la erección de la estela, que se elaboraban para conmemorar algún hecho significativo, la figura de un gobernante o el paso de un periodo de tiempo de su cuenta calendárica.

Ya sabemos que la religión impregnaba todo el mundo maya, también en sus expresiones artísticas, entre las que no pasan desapersibidos los altares, aunque sean menos comunes. La mayoría de ellos los encontramos en el área del Petén y especialmente en la región del Río Motagua. Estas piezas consisten en una roca de gran tamaño trabajada en forma de un prisma rectangular o cilíndrico, con diversas figuras representadas en sus lados, en bajorrelieve o en altorrelieve tan profundo que llega a ser una escultura casi extinta.

La calidad de sus relieves ha colocado a los dinteles en un lugar preferente del arte maya. Esculpidos y grabados también en su parte inferior, con la intención de que fueran vistos y admirados al cruzar el umbral. Son abundantes en la región del río Usamacinta y, aunque son pocos los que se conservan realizados en madera, se supone que llegaron a ser muy abundantes en otros días de mayor esplendor.

Para finalizar este breve recorrido por el apartado escultórico de los mayas, lo haré mencionando otra especialidad de la que existen una multitud de ejemplares. Los tableros esculpidos y colocados tanto en el interior como en el exterior de los templos. Destacan especialmente los de los diversos templos de Palenque, como es el caso del Tablero de la Cruz Foliada.


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martes, 15 de noviembre de 2011

Cultura maya ( VIII )


Dentro de la arquitectura maya casi siempre encontraremos varias características que son generalizadas entre los diferentes estilos regionales. Una de ellas son las plataformas pétreas que configuraban la base de casi todos los edificios, que dependiendo de su importancia variaban en altura. Desde un metro en las terrazas o estructuras menores hasta 45 cuando se trataba de grandes construcciones como templos y pirámides. Otra distinción son las rampas escalonadas al menos por un lado, construidas de un corte y un exterior de estuco relleno de gravilla bien compacta. También el arco era un especto que se repetía con frecuencia, aunque no se puede decir que fuese una herramienta efectiva para incrementar el espacio interior, más bien se podría decir que a menudo se utilizaba para imitar la apariencia de la cabaña simple maya. Sin embargo, en sitios como el Templo de la Cruz, en Palenque, los arcos o las bóvedas arqueadas sí tienen una funcionalidad práctica en la construcción de la sauna o pinbal.

Pirámides, templos, palacios, torres y observatorios, canchas de juego de pelota, arcos de triunfo, baños de vapor, avenidas, murallas, acueductos, puentes, chultunes y depósitos eran las construcciones más importantes de los mayas, y por encima de todas ellas destacaba la pirámide y el templo. Hasta no hace demasiado tiempo, al igual que en otras regiones mesoamericanas, se creía que la importancia de la base piramidal recaía en ser el soporte del templo, que para los mayas era la representación simbólica del cosmos. Sin embargo, ese pensamiento respecto a las plataformas piramidales ha cambiado. En la actualidad se cree que tienen una relación muy directa con los antepasados, tanto es así que algunos arqueólogos consideran que algunas pirámides mayas son auténticas necrópolis, por el descubrimiento de su uso extensivo como tumbas.

Los templos ocupaban el lugar más destacado, el más alto de todos los edificios, supuestamente por estar más cerca del cielo. Por lo general no contaban con más de tres cuartos pequeños donde se practicaban algunos rituales, una cresta en el techo y un gran muro superficial que probablemente sirvieron de propaganda. Al ser las estructuras más altas, que en ocasiones excedían la altura de la selva, las crestas eran decoradas con la imagen del gobernante para que se vieran desde lejos. Como ocurre en El Mirador, a más de 60 metros de altura y con ricos decorados.

Las plataformas ceremoniales son base de piedra caliza de no más de cuatro metros de altura, construidas en forma de plataforma de cimientos que en ocasiones se realzaban con figuras talladas, donde se realizaban ritos religiosos y ceremonias públicas. Es muy probable que también se colocara sobre la paltaforma, el tzompantli, una estaca de madera donde se clavaban las cabezas de las víctimas sacrificadas.

En los palacios se hospedaba la élite de la sociedad. Estos edificios se ubicaban en el centro de las ciudades, eran grandes y estaban ricamente decorados. A esas conclusiones llegan los estudios realizados sobre ellos, que cuentan con varias estancias y por lo general un patio interior, con una altura propia de una residencia y decorados a la altura de sus habitantes. También se generaliza entre los arqueólogos que los palacios son hogar de varias tumbas. Sus estimaciones se basan en algunos ejemplos como Copán, donde se ha descubierto la tumba de uno de sus gobernantes, y en Tikal, donde la acrópolis norte parece haber sido el sitio de numerosos entierros a finales del Preclásico y principio del Clásico.

A los observatorios mayas también se les conoce como grupos E, debido al primero en descubrirse, en la ciudad de Uaxactún. No es casual que en la parte occidental de la plaza se sitúe siempre una pirámide templo con una estela, que encara a otros tres templos más pequeños en el lado opuesto. La precisa posición del sol por entre los templos más pequeños durante los solsticios y equinoccios, usando a la estela como referencia, los convierte en observatorios.

Aunque para los mayas el juego de pelota estaba tan integrado que se entendía como un estilo de vida, lo cierto es que su origen es mucho más antiguo. Este juego ritual se originó hacia el año 2.500 a. C., en la región del Golfo de México. Algunos especialistas afirman que las colosales cabezas olmecas, que portan una especie de casco, pudieran haber sido representaciones de jugadores. El juego de pelota tuvo un papel, además de ritual, político y probablemente económico. Las canchas mayas donde se desarrollaba el juego estaban rodeadas por dos lados con dos grandes rampas escalonadas, tenía forma de I mayúscula y, salvo en las más pequeñas, se les puede encontrar en todas las ciudades mayas. Su simbolismo enfrenta al bien y al mal, a la luz y a la oscuridad, y tiene en la pelota a los astros y a las fuerzas de la creación en pleno movimiento.

Para entender los diferentes estilos arquitectónicos regionales de los mayas lo mejor es remitirnos a las estimaciones de George F. Andrews, que los divide en nueve diferentes.

Sudoriental: La particularidad de este estilo son los muros muy anchos y cuartos estrechos, los falsos arcos escalonados y las fachadas cubiertas con esculturas pétreas y estuco. Sus monumentos destacan por la cantidad y la calidad en el labrado e inscripciones jeroglíficas. Queda representado en Copán (Honduras), Tazumal y San Andrés (El Salvador).
Petén Central: Las características de sus pirámides marcan una inclinación muy pronunciada. Las cresterías de sus templos son huecos y sus cuartos traseros con altas. Los palacios son de dos plantas y sus muros anchos, con cuartos estrechos y falsos arcos bajos. El ejemplo más claro lo encontramos en Tikal (Guatemala).
Usumacinta: La diferencia de este estilo, en contra de lo generalizado, es que sus bases son elevaciones naturales, no existen plataformas piramidales bajo sus templos. Sus muros son anchos y sus cuartos angostos. Los arcos son altos y falsos, sus cresterías de doble muro con nichos. La referencia de este estilo podemos encontrarlo en Yaxchilán (México).
Noroccidental: En sus edificios destaca la elegancia de sus esculturas en estuco y piedra. Son construcciones pequeñas con amplios cuartos y sus arcos altos falsos. Los espacios huecos en los muros son anchos, lo que permite buena ventilación y luminosidad en sus interiores. Dos ejemplos son Palenque y Comalcalco (México).
Río Bec: Destacan las torres paralelas en sus edificios, las esquinas redondeadas y simbólicas escaleras, con una inclinación tan elevada que las hace inútiles. La entrada a sus templos son simples hendiduras y en sus decoraciones hallamos diseños geométricos y máscaras de forma animal. Lo encontramos en Becán, Xpuhil y Chicanná (México).
Chenes: Sus características son compartidas con Río Bec y Puuc. Las fachadas de sus edificios son de tres partes y las máscaras de animales predominan en las puertas. Las estatuas descansan sobre piedras salientes en las molduras, las cresterías de un muro y máscaras de Chaac. El ejemplo lo hallamos en Hochob y El Tabasqueño (México).
Puuc: Los burdos acabados, los estrechos huecos entre muros y las columnas formando múltiples puertas distinguen a este estilo temprano del Formativo. Como es el caso de Kabáh (México). Sin embargo, para el Clásico, se refinan los acabados y se incluyen dibujos geométricos en la parte alta de sus edificios. Así como máscaras de Chacc en esquinas y puertas. Destacan sus edificios alargados, más que altos, y los palacios con abundantes cuartos. Sayil y Uxmal (México) son sus ejemplos más representativos.
Planicies noroccidentales: Aquí encontramos dos estilos arquitectónicos. El Maya Chichén, que comparte semejanzas con el Puuc del Clásico, y el Maya Tolteca. En este último encontramos pirámides-templo, patios con columnas, patios-galerías y plataformas de Venus. En sus diseños decorativos destacan serpientes, águilas, jaguares, Chac Mool y motivos florales. Chichén Itzá (México) es lo más representativo.
Costa oriental: En este estilo se recogen pequeños sitios arqueológicos, nichos y perfiles humanos en las cornisas de las esquinas y figuras del Dios Descendente. Tulum (México) es el ejemplo.


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lunes, 14 de noviembre de 2011

Cultura maya ( VII )


El arte de los mayas está considerado como sublime, por encima de todas las expresiones artísticas de otros pueblos mesoamericanos. Su excelente manufactura se haya en cada uno de los formatos que utilizaron para desarrollar su arte, especialmente el correspondiente al Clásico, entre los años 200 y 900 de nuestra era. De entre los tallados y relieves en estuco destacan los de Palenque y el estatuario de Copán; las estelas más grandes y de mayor calidad las encontramos en Quiriguá, y de San Bartolo (Petén) y Bonampak los murales más antiguos. La mayor parte de expresiones artísticas que la arqueología ha recuperado son piezas de alfarería funeraria y cerámica de uso cotidiano y ritual. Sin embargo, el arte y la cultura maya se produjo y se interpretó de muchas y diferentes maneras o formatos, con una notabilísima calidad en todos sus campos desarrollados: arquitectura, arte con plumas, cerámica, escultura, literatura, música, pintura, matemáticas, astronomía o teatro, entre otras.

Todas las expresiones artísticas mayas tienen su distintivo de estilo propio, aunque esto no quiere decir que estuvieron faltos o exentos de influencias externas. En sus épocas más tempranas fueron los olmecas los que marcaron esa influencia en el desarrollo de su estilo; durante el Clásico fue la teotihuacana la que se hizo notar en algunas ciudades importantes como Kaminaljuyú y Tikal; para el Posclásico fue la tolteca, la que dejó su impronta en algunas ciudades del norte, especialmente en Chichén Itzá.

Arquitectura


En la arquitectura de los mayas encontramos que cada región desarrolló unas características propias, con diversas singularidades en cada región del área, sin embargo, existen unas pautas determinadas que son compartidas por todos los estilos particulares. Lo que comenzaron como centros del poder religioso, comercial y político o burocrático, acabaron por convertirse en fabulosas ciudades. El Mirador es la más representativa de las ciudades mayas pertenecientes al Formativo, en el Clásico destaca Tikal y para el Posclásico quedaron Chichén Itzá y Uxmal.

Las características arquitectónicas propias de cada región del Área Maya las encontramos tanto en su diseño, materiales empleados o procesos de construcción que se llevaron a cabo. Sus diseños parecen un tanto descuidados en toda la geografía de Yucatán y Guatemala, como si de una manera naturalista se fuesen adaptando al terreno en el que se alzaban sus ciudades, una característica compartida con el resto de Mesoamérica. Mientras que por el norte de la Península de Yucatán las ciudades se expandían sobre las planicies de piedra calcárea otras elevaban sus torres y templos a grandes alturas sobre las colinas del río Usamacinta, siempre y en ambos casos conservando el orden obligado en su creación o desarrollo.

No todas las ciudades mayas contaban con monumentales pirámides que permitieran el contacto con los dioses del inframundo y supramundo, las cuevas, ya fueran naturales o artificiales, eran un elemento básico para el contacto con sus dioses. Un ejemplo de ello es la ciudad de Cancuén, que aunque tiene el Palacio más grande no cuenta con pirámide, pero sí está rodeada de montañas donde las cuevas naturales son frecuentes. Así mismo, la disponibilidad de recursos naturales, como los cenotes, y algunos puntos determinados en la observación astronómica eran condiciones fundamentales a la hora de decidir el sitio donde se creaban los centros ceremoniales. Su desarrollo comenzaba con la creación de grandes plataformas, las bases de los principales edificios gubernamentales y religiosos (templos piramidales, palacios, acrópolis reales y canchas para el desarrollo del juego de pelota), que iban creando a su vez enormes plazas. El Mirador y Tikal fueron más grandes que las ciudades del centro de México o el valle de Oaxaca.

La importancia de la construcción hacía de ella que fuese más o menos privada o pública, dependiendo del nivel sagrado o gubernamental del edificio, que iban ganando privacidad a medida que se alejaban del centro de rituales. También la nobleza iba menguando según se alejaban sus construcciones del centro religioso, estructuras más pequeñas y santuarios individuales. En el extrarradio se situaban las viviendas más humildes de las capas más bajas de la sociedad. Al contrario que otras grandes ciudades mesoamericanas como Teotihuacan, rigurosamente construida sobre dos ejes perpendiculares, las grandes ciudades mayas crecían adaptándose al terreno, aunque sin perder la orientación de acuerdo a la interpretación que los mayas tenían de las órbitas de las estrellas.

Sorprende conocer cuando se observan las grandes edificaciones que la materia principal para su construcción era la fuerza humana, que no usaban herramientas de metal y otros elementos tan básicos y fundamentales para hoy como la polea e incluso la rueda. Entre los materiales empleados predomina la piedra caliza, salvo en lugares como Comalcalco que no cuenta con canteras de piedra en el entorno y en su lugar emplearon ladrillos de barro cocido. Todo indica que era tomada de canteras locales y que se trabajaba recién extraída, aprovechando su humedad natural que la hacía relativamente blanda, para lo que se utilizaban herramientas también de piedra. La piedra se utilizaba de distintas maneras, además de su forma estructural, para la unión de los bloques y acabados de repello se formaba una mezcla de piedra caliza aplastada, quemada y batida, que ofrecía unas propiedades muy parecidas al cemento. Sin embargo, la cada vez más depurada técnica en la extracción de las piedras hizo que los bloques fueran encajando mejor entre sí, lo que provocó que el uso de la mezcla fuese quedando reducida al empleo en techos de columnas y vigas. En cuanto a las casas más comunes, aunque también se utilizaba la piedra en ocasiones, por lo general los materiales utilizados eran en su mayoría perecederos, madera, caña, adobe y paja.


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jueves, 10 de noviembre de 2011

Cultura maya ( VI )


Religión

La sociedad maya estaba fuertemente influenciada por la religión, todo se movía en torno a las creencias religiosas, su organización social y económica, sus costumbres, ciencias y supersticiones, todo quedaba unido con un sentimiento de comunión con lo divino. Los mayas creían que el alma era inmortal y había un premio o castigo para la actitud de cada uno. La religión que profesaban era politeísta y se fundamentaba en una filosofía naturalista en la que las principales fuerzas de la naturaleza, los fenómenos atmosféricos y los cuerpos celestes eran divinizados.

La dualidad de la fe maya partía del principio que tanto el bien como el mal se catalogaban como divinos, siempre en lucha pero siempre unidos, inseparables. Elementos naturales como el rayo, la lluvia o el maíz estaban considerados como dioses benignos, porque aportaban cosas positivas. En cambio, entre los malignos, los negativos, se incluían el hambre, la miseria, los huracanes, la sequía o la guerra. Todos los destinos de la humanidad estaban condicionados a la lucha entre el bien y el mal. Por encima de todos los dioses estaba Hunab Kú, que significa "un solo dios". Era el dios creador, del mundo y de la humanidad a partir del maíz. Hunab Kú estaba considerado el padre de todos los dioses y nunca estuvo representado bajo algún aspecto o concepto, aunque siempre presente en todo.

El mundo maya estaba concebido por niveles y la línea de la tierra era el que diferenciaba entre el cosmos y el inframundo. Esta concepción del mundo estaba representada por la ceiba sagrada o Yaxché, cuyas ramas se elevan a los cielos y las raíces al inframundo. Los niveles del cosmos se dividían en trece, uno sobre otro, y cada nivel o cielo estaba presidido por trece dioses, llamados Oxlahuntikú. Hacia el inframundo, de la tierra hacia abajo, eran nueve los niveles que presidían los Bolontikú. El último era el infierno, llamado Mitnal, el reino de Ah Puch o señor de la muerte.

Toda civilización tiene su lado oscuro, su parte negativa, y entre el llamativo esplendor de esta cultura destacan sus rituales por encima de otros aspectos más positivos. De entre la religión maya podemos escoger aspectos para todos los gustos, desde los que actualmente son atraídos por sus creencias naturalistas y que ven en ellas un ejemplo de respeto por la naturaleza, a los que por encima de todo sobreponen sus macabros rituales. En sus ritos asistían al aire libre abajo y al frente de las pirámides-templos a solicitar a sus dioses la benevolencia, la generosidad en los dones de la vida, de la salud y el sustento. Esta manera de expresión no se diferencia mucho de la que actualmente realizamos en cualquier parte del mundo civilizado. Sin embargo, en el apartado de las ofrendas los mayas muestran su lado más cruel, más siniestro, y al mismo tiempo el más vulnerable y el más fanático.

Por otro lado, los sacrificios humanos eran una práctica muy generalizada entre todos los pueblos mesoamericanos. En el Popol Vuh podemos encontrar la explicación o la razón por la que la vida era parte importante en el catálogo de ofrendas a los dioses. El libro quiché relata cómo los dioses crearon el mundo, que serviría como hábitat para el hombre, que tiene como misión alimentar y venerar a los dioses. Del mismo modo que los hombres se alimentan del maíz, un alimento sobrenatural creado por los dioses, los seres sobrenaturales deben de alimentarse de un alimento sobrenatural: la energía cósmica que se encontraba en la sangre y el corazón de los sacrificados. Otras versiones más técnicas al respecto, como la de Marvin Harris, argumentan que los sacrificios humanos en Mesoamérica se deben a la necesidad proteínica, sin embargo, aunque el canibalismo también se practicó en la superárea nunca fue cotidiano y extensivo a toda la población

Se practicaban los flechamientos y arrojaban a los niños, doncellas y piezas de oro al Cenote Sagrado de Chichén Itzá, con el fin de que Chaac, el dios de la lluvia, fuese generoso y les reportara a cambio regar sus cosechas. También eran distintas las variantes del autosacrificio, como la de sacarse sangre de distintas partes del cuerpo con punzones de hueso o maguey que se ofrecían en tiras de papel. Entre los sacrificios humanos también estaba la decapitación o la extirpación del corazón de prisioneros de guerra, esclavos o personas escogidas por su nacimiento. De igual modo, el sacrificio de animales era otra modalidad de ofrenda.

Pero no todo lo relacionado con los rituales eran sacrificios crueles y sanguinarios, a los mayas también les gustaba bailar y les ofrecían a sus dioses alegres y vistosas danzas. Tanto los hombres como las mujeres tenían sus bailes particulares, aunque rara vez lo hacían juntos. Entre estas danzas destaca la conocida como el baile de Holcan Okot, en la que participaban por un gran número de guerreros que se movían con absoluta precisión invocando la ayuda y protección de Kukupakat. El tzolkin era el calendario que establecía las fiestas con fechas fijas y que los sacerdotes organizaban ornamentando los templos y presentando las ofrendas que, además de los sacrificios y las danzas, consistían en dramatizaciones, procesiones y juegos de pelota, abstinencia sexual, el uso de hongos alucinógenos o bebidas fermentadas como el balché, entre otras.

Así mismo, concebido como un ritual, el juego de pelota representaba los orígenes del universo. Un rito de iniciación, muerte y renacimiento que legitimaba la acción militar y el poder político. El enfrentamiento entre jugadores representa el encuentro entre los gemelos y los dioses del inframundo. El objetivo del juego consistía en hacer pasar la pelota de caucho por un delgado anillo que se colocaba en las paredes de la cancha, golpeándola con la cintura, las rodillas, los hombros y los codos. Su desarrollo no tenía un tiempo fijo reglamentado, podía durar día y noche, y aunque existe una leyenda que asegura que los perdedores eran sacrificados, lo cierto es que no hay fuentes históricas que lo acrediten. Algunos historiadores creen que el jugador sacrificado era en realidad un prisionero de guerra obligado a jugar. Débil, cansado y con heridas, no ofrecía rivalidad, por lo que es fácil creer que perdía y era sacrificado. Un rito de fertilidad que lo transportaba al paraíso.

Para los mayas la muerte es el comienzo de un proceso en el que el alma emprende un camino a Xibalbá, al reino de Ah Puch, al inframundo, donde tendrá que atravesar un río ayudado del perro xoloitcuintle, y terminara en el sur (para los mayas asociado al color amarillo). Sin embargo, para las almas afortunadas de los guerreros muertos en combate existía un paraíso en el cielo donde acompañaban al sol.

Para los mayas no importaba tanto el nivel social que tuvo el difunto en vida, lo importante frente a la muerte era la manera de dejar este mundo. Aunque existían distintos tipos de muerte sagrada, como las embarazadas muertas en el primer parto, los ahogados o suicidas, los guerreros, víctimas de la lepra o sacrificados, al final todas las almas terminaban en el inframundo. Los mayas creían en la reencarnación del alma en otro cuerpo de la misma especie. Entre sus creencias estaba la de que el alma que llegaba al inframundo se reencarnaba en un nuevo individuo. Otra de sus costumbres relativas a la muerte era la de guardar los cráneos de sus antepasados y hacerles ofrendas de alimentos.

martes, 8 de noviembre de 2011

Cultura maya ( V )


Economía y comercio

Para los mayas, al igual que para la mayoría de los pueblos mesoamericanos, el motor más importante de su economía era la agricultura y principalmente el cultivo del maíz. Este básico pilar económico de igual manera pudo ser una de las razones fundamentales de su decadencia. Las especulaciones siempre son múltiples cuando se desconoce un motivo seguro que muestre con claridad la caída de una civilización, siempre conjeturas que también pueden ser aciertos.

Lo cierto, es que el sistema de agricultura que utilizaban los mayas da pie a creer que con toda probabilidad fue "pan para hoy y hambre para mañana". Me explico, se le extrajo a la tierra, a la naturaleza, más de lo que se le podía exigir y esto, junto a otros condicionantes, terminó por convertirse en un problema de subsistencia. El sistema de roza y quema, que consiste en derribar los árboles de la selva y quemarlos junto a la maleza, dejaba la tierra preparada para la siembra. Sin embargo, la falta de nutrientes hacía que las producciones fuesen a menos cada año, lo que les obligaba cada cierto periodo de tiempo a abandonar el terreno y trasladarse a otro. Esto ocasionó un gran deterioro en el entorno natural que, probablemente, de haber tenido conocimiento del abono y la rotación de siembras el resultado hubiese sido diferente. Es importante recordar que la selva fue el ecosistema natural en el que los mayas vivieron y obtuvieron su alimento.

Los estudios sobre este tema también han demostrado que el roza y quema, con el riego y las terrazas, se alternaban con otras técnicas de cultivo intensivo, como es el uso de camellones en lugares cercanos a los ríos y que proporcionaban cosechas mucho más abundantes. Además del maíz, el frijol y diversas variedades de calabaza, batata o camote, cacao, algodón y agave eran otros de los cultivos agrícolas que cosechaban. A lo que hay que sumarle la recolección de hierbas comestibles y frutos silvestres de la región como jícama, chayote, zapotáceas, papaya, aguacate y guayaba, entre otros; la caza del jaguar y el venado que les proporcionaba pieles para la elaboración de elementos del vestir como capas y sandalias; las plumas de las aves que significaban un aporte económico en el comercio con otros pueblos de Mesoamérica que apreciaban su belleza ornamental y que no existían en otras regiones como el Altiplano Central en Teotihuacan; y la pesca.

El comercio era otro de los pilares fundamentales en la economía del Área Maya, que si bien proveía grandes productos también estaba limitada en otros. Los p'polom o grandes mercados en las urbes que se desarrollaron durante el Clásico dan fe de la importancia que tenía el apartado comercial. Pero el comercio no sólo se limitaba a los p'polom o tianguis (como se les llamaba en náhuatl). Entre los mayas se abrieron redes, largos y exhaustivos caminos que recorrían los pequeños comerciantes para llevar la mercancía exclusiva de ciertas zonas casa por casa como el jade del Valle de Motagua, la obsidiana de El Chayal e Ixtepeque, las plumas del quetzal de los bosque nubosos, algodón del noroeste, las conchas y el pescado de las costas, la sal del norte y del río Chixoy en Alta Verapaz, el cacao de Tabasco o el pedernal de la zona Puuc.

El arte, como mercancía, habría que colocarlo en un apartado especial. Las piezas artísticas se convirtieron en apreciados objetos entre los nobles y algunas, como la cerámica policromada de Chamá y Nebaj, en el altiplano guatemalteco, consiguieron una distinción importante. La prueba son los lugares tan distantes en los que se han encontrado estas piezas arqueológicas. El gremio de los comerciantes adquirió un prestigio entre la nobleza, por encima de otros grupos, que en ocasiones fueron reclutados como espías al servicio del rey.

Para la manera nuestra de vivir en la actualidad nos resultaría extraño, complicado, desarrollar el comercio sin una moneda, tal y como estamos acostumbrados. El truque era la forma generalizada de intercambio y solo el cacao tenía el valor suficiente para considerarse pieza monetaria. Un ejemplo de su valor, aunque sin precio exacto, podría ser el del conejo, que costaba 10 semillas.

El entramado de las extensas redes de carreteras y caminos hay que destacarlo por su diversidad y complejidad. El método de construcción de las carreteras y caminos se llevaba a cabo mediante un proceso laborioso en cuatro pasos, que comenzaba por podar el camino, alisar la tierra con unas gigantescas moles de piedra, cubrir con arena calcárea para impedir que la maleza lo invadiera de nuevo y por último se cubría con un estuco.

Pero no solo por tierra se marcaban las rutas comerciales, también el transporte marítimo tuvo su importancia. Las primeras embarcaciones estaban pensadas para navegar por agua dulce, pero a partir de diferenciar entre la proa y la popa comenzaron por costear la Península de Yucatán. Fueron los faros los que les ayudaron a controlar las distancias y así salir de la peligrosa barrera coralina. Aquellas embarcaciones llegaron a tener capacidad para cuarenta personas, incluyendo sus mercancías. Se tienen evidencias que arribaron por las costas de Honduras y que incluso llegaron hasta aguas panameñas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cultura maya ( IV )


La civilización maya, que para muchos había sido el paradigma a seguir, resultó no ser tan justa y equilibrada en cuanto a la diferencia de clases, según nos van revelando cada día más los descubrimientos arqueológicos. No está claro del todo pero los indicios hacen suponer que sus formas de gobierno se basaban en una jerarquía teocrática, en la que los sacerdotes disfrutaban del poder político y social. La maya era una sociedad altamente estratificada en la que los nobles, sacerdotes y guerreros se repartían el poder, mientras que los artesanos, comerciantes y agricultores quedaban relegados a un segundo plano sin mucho que opinar en cuanto a los destinos de la sociedad. Al margen de todos quedaban los esclavos, en su mayoría prisioneros de guerra. Los agricultores eran el grupo más pobre, sin embargo, los artesanos que trabajaban los metales, las piedras semipreciosas, las plumas y la madera estaban un escalón por encima. El lujo correspondía a la clase noble o almehen, que exhibían todo su poderío en las ceremonias y las guerras, en ellas se ataviaban con sus mejores galas, con abundantes piedras verdes en pulseras, collares, anillos y pectorales.

Además del poder, los almehen poseían las mejores tierras, y se desempeñaban como altos mandos militares y sacerdotes o comerciantes. De entre los almehen era elegido el que llamaban halac uinic ("hombre verdadero"), que recibía el deber de dirigir los destinos del territorio. El nombramiento no sólo llevaba responsabilidad, los halac uinic vivían en la capital y disfrutaban de los mejores productos de la tierra, así como de los tributos de los pueblos sometidos. Los asentamientos o poblaciones menores eran regidas por otro tipo de gobernantes nombrados por el halac uinic y se encargaban de las funciones administrativas; ejercían de jefes guerreros y compartían mando con un nacom.

En las aldeas mayas existían distintos tipos de viviendas. En las unifamiliares habitaban los padres y los hijos, además de algún miembro adoptado, joven o viejo, de la familia o fuera de ella. En las viviendas multifamiliares eran todos miembros pertenecientes a la misma familia, con lazos sanguíneos comunes y de elevada posición social. La nobleza y los sacerdotes vivían en el centro de las ciudades, en las pirámides y centros ceremoniales.

También la calidad de los materiales con los que estaban construidas las viviendas estaba en relación con el nivel social de sus moradores, que variaban entre los muros y techos de madera y palma o materiales más resistentes como la piedra y el estuco. Las viviendas de los agricultores eran las más pobres, chozas o palapas que se expandían alrededor de las ciudades. En las casas comunes los materiales eran renovables como la palma chit, la madera, los bajareques, el estuco para las paredes y el guano para los techos. No eran viviendas ventiladas, carecían de ventanas porque, además de para dormir, sus habitaciones estaban pensadas para guardar las pertenencias mientras se ausentaban o iban al trabajo.

Las estructuras de los espacios habitacionales se dividían por tres separaciones: dormitorios, cocina y bodega. A estos espacios se le podían añadir otras estructuras como taller y baños saunas. Los mayas dormían generalmente en dos tipos de lechos distintos: en unas plataformas bajas adosadas a los muros sobre las que colocaban colchones rellenos de algodón y sobre tapetes en el suelo.

El tipo de vestimenta más común estaba pensado para la dedicación a la agricultura, la mayoría de los mayas eran agricultores, aunque era el nivel social el que marcaba el atuendo, o viceversa. El tipo de vestimenta mostraba claramente la diferencia existente entre grupos sociales, mientras que la mayoría de la gente vestía con prendas sencillas, los pertenecientes a la nobleza rozaban lo absurdo por lo prepotente de sus atavíos. La mayoría de los hombres mayas vestían con una especie de calzón llamado patí y las mujeres con el huipil y su manto. Los atavíos de los nobles se distinguían por ricos y complicados bordados con plumas y gemas, pectorales y cinturones con incrustaciones de nácar y piedras. Entre su repertorio también se estilaban faldas, chaquetas de piel de jaguar o algodón, capas largas y cortas, y un sin fin de adornos en forma de brazaletes, anillos y collares de jade, cuarzo y oro, con diseños geométricos. Los nobles y sacerdotes también usaban sandalias de cuero y llamativos tocados de plumas, sombreros, penachos, turbantes, diademas y gorros cónicos; orejeras, narigueras y un besote incrustado bajo el labio inferior, en la barbilla.

Todo este derroche de lujo y suntuosidad podemos comprobarlo en las pinturas de Bonampak, y no sólo en las ceremonias, de igual manera acudían a la guerra vestidos con toda la parafernalia, a lo que añadían sus armas y escudos también bellamente adornados.

No se puede decir que la mujer quedara excluida totalmente de los cargos importantes de las sociedades mayas, aunque sí es verdad que su participación estaba limitada. Por una parte conocemos la existencia de mujeres que fueron gobernantes, pero por otro, en las cuestiones religiosas, quedaban al margen de las ceremonias religiosas donde se efectuaban sacrificios humanos. Sin embargo, sí participaban en los autosacrificios, al menos hasta el final del Clásico. En cuanto a la economía sí se puede decir que su papel era ciertamente relevante. La mujer maya tenía un importante protagonismo en la economía familiar, además de criar animales para el consumo propio y de elaborar las comidas y bebidas para las fiestas religiosas, fabricaban cerámica y tejían el algodón para confeccionar las vestimentas. Tampoco parece que fueran dueñas de sus destinos en lo referente al amor, o en el matrimonio (kamnicté), pues estos se constituían mediante arreglo de los padres y, por encima de los sentimientos de los desposados, era el interés económico o la alianza lo que primaba. El marido, por su parte, pasaba a vivir en casa del suegro y a acatar sus órdenes por un periodo variable que podía llegar hasta el lustro.