sábado, 27 de agosto de 2011

Cultura Huasteca ( I )


El lenguaje de los antiguos huastecos nos dicen que pertenecían al tronco mayense y que tenían rasgos culturales muy parecidos a los de los grupos del centro de Veracruz. La civilización huasteca nació cuando grupos de mayas emigraron hacia la región de Pánuco. Los estudios lingüísticos nos indican que hace varios miles de años existió un tronco llamado protomaya, del que derivan las lenguas mayenses y el huasteco, lo que no se tiene claro es el cuándo y el porqué se separaron, aunque se supone que se debió de dar en épocas muy tempranas, por la diferencia existente entre culturas y costumbres. Se estima que fue entre los años 1.500 y 1.200 a. C. cuando los huastecos llegaron a la región, fundiendose con otros grupos que la habitaban y que ya tenían contactos con otros grupos de la sierra de Tamaulipas. Sin embargo, no fue hasta los años 750 a 800 d, C. cuando comenzaron a tener importancia como cultura claramente definida. Más tarde se establecieron en la región algunos grupos nahuas que adoptaron las tradiciones huastecas, tanto fue así que a los habitantes de la Huasteca se les conoce por cuextécatl.

Zona geográfica

La Huasteca es la región donde se desarrolló la cultura que le da nombre, o viceversa. El vocablo huasteco deriva del náhuatl cuextécatl, cuyo significado tiene dos versiones diferentes. La que se dice que viene derivado de cuechtic o cuechtli, "caracol pequeño o caracolillo", o de guaxin, "guaje", pequeña leguminosa. Sin embargo, no fue este el nombre que en principio le otorgaron los mexicas a la región, la llamaron Tonacatlalpan, "tierra de comida". Un nombre común que daban a las tierras cálidas y húmedas, por la creencia de que estas regiones eran muy fértiles. El territorio huasteco, o el que ocuparon los antiguos pobladores de esta cultura, se localiza a lo largo de la costa del Golfo. Ocuparon el norte de Veracruz, el oriente de Hidalgo, noroeste de Puebla, sureste de San Luis Potosí y una pequeña porción de Tamaulipas. Los límites geográficos se extendían por la costa desde Tuxpan (Tabuco) hasta Pánuco (Tumilco), los ríos Huayalejo y Tamesí marcaban la línea territorial por el noroeste, Teayo por la parte suroccidental y por el occidente la referencia era Hueyapan, el occidente de Yahualica y Tamazunchale, hasta la zona costera donde la sierra baja de Micos forma una delimitación natural.

Lejos de lo que pudiera aparentar, la Huasteca es una región rica en cuanto a diversidad se refiere, se constituye por cuatro zonas ecológicas: la costa, la planicie costera, la llanura y la montaña. Las llanuras ocupan casi toda la parte norte y al sur se alternan con colinas de arenisca calcárea más dura. Son evidentes las huellas de un pasado volcánico activo que dormita en la actualidad y que dejaron escurrimientos de lava y filones de basalto. Los torrentes de agua atraviesan las montañas discurriendo alegres y con fuerza, mientras que los tranquilos ríos recorren las zonas pantanosas. Los antiguos huastecos supieron adaptarse a cada uno de los ambientes y sacarle los recursos a cada zona. El testimonio de su existencia son los abundantes montículos artificiales que se conocen popularmente en la región por el nombre de cúes.

Cronología

La cronología del territorio huasteco, que se basa en la evolución de la cerámica, nos dice que la zona estuvo ocupada desde el periodo Preclásico o Formativo y se han dividido en seis periodos principales.
Pánuco I 400 a. C. a 100 d. C.
Pánuco II 100 d. C. a 200 d. C.
Pánuco III 200 d. C. a 700 d. C.
Pánuco IV 700 d. C. a 1000 d. C.
Pánuco V 1000 d. C. a 1300 d. C.
Pánuco VI 1300 d. C. a 1521 d. C.
Al margen de estos seis periodos existen otras tres fases de ocupación anterior o prehuastecas, que por orden de tiempo se les llaman Pavón, Ponce y Aguilar.

Antecedentes históricos

Realmente es poco lo que se conoce de los primeros asentamientos huastecos pertenecientes al Preclásico y en cuanto al periodo siguiente, al Clásico, sólo la constancia de algunos asentamientos pequeños y dispersos. Por entonces se construyeron los edificios alrededor de las plazas, aunque su planificación no tenía un sentido estructural. Algunos lugares de este periodo son: Tamtzán (Tamaulipas), Huaxcamá, Tancahuitz, Cuatlamayán y Tampozoque (San Luis Potosí). El nexo existente entre los huastecos y la gran familia maya es indiscutible desde el punto de vista cultural, sin embargo, también es clara la distinción existente con todos los demás pueblos de origen maya. Los cortes estratégicos realizados por Gordon F. Ekholm o Richard S. MacNeish ponen en evidencia que, a pesar de haber estado aislada desde hace 3.000 años, la lengua huasteca pertenece a la familia maya. Según Guy Stresser-Peán, en La Huasteca: historia y cultura, se supone que fue entre los años 1.000-1.500 a. C. cuando los pueblos mayas ocuparon la costa del Golfo de México y que más tarde, probablemente obligados, tuvieron que retroceder hacia el suroeste, dejando atrás a los huastecos. Esta circunstancia no quiere decir que quedaran durante siglos en un aislamiento total, existió un contacto directo con otros pueblos civilizados del sur y con los chichimecas nómadas del norte.

Por otro lado y también referente al origen histórico de los huastecos, en su Historia general de las cosas de Nueva España, Sahagún dice: "tómase de la provincia que llaman Cuextlan, donde los que están poblados se llaman cuexteca, si son muchos, y cuando uno, toueyo, el cual nombre quiere decir nuestro prójimo. A los mismos llamaban panteca o panoteca, que quiere decir hombres del lugar pasadero, los cuales son así llamados porque viven en la provincia de Pánuco, que propiamente se llama Pantlan o Panotlan, quasi Panoayan, que quiere decir lugar por donde pasan, que es a orillas o riberas de la mar, y dicen que la causa porque le pusieron el nombre Panoayan es que dizque los primeros pobladores que vinieron a poblar esta tierra de México, que se llama ahora India Occidental, llegaron a aquel puerto con navíos con que pasaron aquella mar".
Es muy probable que el cronista haga referencia en esta relación a la llamada migración de Pánuco, que tuvo lugar en las postrimerías del Clásico y que llegó hasta Tamoanchan, para más tarde regresar al lugar de donde habían venido, según cuentan los relatos.

Los huastecos vieron cómo durante el posclásico las influencias de otras culturas externas, principalmente de los pueblos del Centro de México, se dejaban notar al tiempo que se estrechaban lazos, especialmente con Tula. La clara influencia de la arquitectura tolteca en sitios como Tepetzintla, Tamuín y Castillo de Teayo lo ponen de relieve. Las relaciones con otros pueblos llevaron a los huastecos mantener contactos esporádicos con pueblos de la región del Mississippi, del suroeste de los Estados Unidos. Algunos de los centros huastecos como Tabuco, Tanhuijo, Cacahuatengo o Metlatoyuca, crecieron y se convirtieron en poblaciones mayores, sin embargo, a pesar de este crecimiento ninguno de ellos llegó a constituirse como un verdadero Estado.

El concepto que otros pueblos tenían de los huastecos era el de un pueblo primitivo, de poco refinamiento. Algunas de sus costumbres y ritos les hacían mostrarse como un pueblo bárbaro a los ojos de los mexicas, como era el hecho de andar completamente desnudos y usar solamente la pintura corporal como adorno. Una característica propia de los huastecos era la de llevar un tatuaje en zigzag en el rostro y las mismas líneas pintadas en el cuerpo. Se limaban los dientes y se los coloreaban de rojo o de amarillo a lo que sumaban los colgantes mechones de pelo, el septum nasal y lóbulos perforados y ensanchados, con un tubito de caña del que sobresalían plumas de guacamaya, sin duda una imagen extravagante donde las haya. Por su parte, las mujeres huastecas tampoco quedaban atrás en cuanto a extravagancia, acostumbraban a adornarse con esmeraldas y a entrelazar sus cabellos con hilos de plumas retorcidas, con el que formaban un tocado.

Hay que imaginarse la impresión que podrían causar a sus enemigos ataviados para la guerra si esta era la guisa cotidiana. Ya lo contaba Tezozomoc de los guerreros haustecos, cuando los describía en la lucha contra los guerreros de Moctezuma I, de los que decía iban ataviados con gorros cónicos, orejeras y narigueras de oro, tocados de plumas y espejos atados a la parte trasera del maxtlatl, además de los listones que portaban a la cintura, de piel y rematados con caracoles para asustar al enemigo con su sonido. A esta estampa pintoresca y terrorífica había que sumarle la fama de aguerridos en la batalla y la costumbre de cortar la cabeza a sus enemigos y momificarla, cosa normal que para los mexicas les parecieran salvajes.

Aún así, con esta imagen intimidatoria y a pesar de revelarse constantemente contra los opresores, no pudieron evitar las ocupaciones, invasiones y conquistas que se dieron durante el Posclásico en la región, debido a los conflictos originados en la Cuenca de México, que provocaron la huida de los otomies y nahuas. También los datos históricos nos revelan a otros grupos que invadieron el territorio, como los nonoalcas, olmecas-xicalancas, chichimecas, tlaxcaltecas y mexicas, para los que la riqueza y fertilidad fueron razones suficientes para enfrentarse en largas y sangrientas batallas con el fin de conquistarlos y someterlos a tributos. De los toltecas se dice que incluso llegaron a ocupar una parte de la costa huasteca durante un corto periodo de tiempo antes de emigrar hacia Tula. Por su parte, los mexicas levantaron campamentos militares tratando de evitar alzamientos en contra de su ocupación. La llegada de los españoles no supuso un cambio llamativo para los huastecos, se podría decir que la situación no fue muy diferente, las penalidades continuaron y muchos de ellos fueron vendidos como esclavos en las Antillas.


sábado, 20 de agosto de 2011

Cultura totonaca ( V )


Arquitectura

Si tuviésemos que elegir los elementos que con más consistencia identificaran a la arquitectura totonaca estos seguramente serían tableros con nichos y cornisas voladas, aunque existen otros detalles o formas de desarrollar la arquitectura que igualmente se podrían elegir como distintivos propios de la cultura arquitectónica de este pueblo mesoamericano, tales como los únicos intentos que se llevaron a cabo en toda la superárea de utilizar un colado para techar espacios interiores. La piedra y el mortero de cal eran los materiales que la constituían y en cuanto a colores: las cornisas y el interior de los nichos se solían pintar en azul turquesa y los taludes en distintos tonos de rojo. Entre los elementos decorativos se han hallado labrados que relatan victorias militares de la ciudad, y también es frecuente encontrar columnas de piedra arenisca, entre las que se encuentran varios troncos de cedro apoyando una cimbra de madera, por la que caminaban los pobladores. Para evitar que el mortero se adhiriera a la madera, entre la mezcla y la madera colocaban una franja de fragmentos de vasijas rotas sobre la que distribuían la carga. Así mismo, acostumbraban a colocar enramados entre la mezcla con el fin de aligerar el peso del techo; con el tiempo la grava de piedra arenisca fue sustituyendo a la piedra pómez de río, el motivo no fue otro que las superficies lisas y porosas que le daban estabilidad estructural al techo de mortero. Esta fue una técnica muy utilizada en la arquitectura totonaca, con la que se levantaron muchos edificios. Existen dos influencias claras en la construcción de los edificios de esta cultura, en el periodo Clásico fue la de El Pital, para más tarde concederle el relevo a la teotihuacana.

Con la técnica del "embarro" , tan simple como las paredes de carrizo recubiertas de lodo y una fino revestimiento de cal, comenzaron a surgir las primeras ciudades totonacas. Sus habitaciones se techaban con palma tejida y se levantaban sobre tierra apisonada o endurecida con el fuego. La piedra tallada también era utilizada en algunas escaleras, pero para tener una referencia clara sobre las construcciones totonacas es importante saber que, en El Tajín, el único edificio de piedra de la ciudad estaba construido sobre sillares de arenisca de grano muy fino; la piedra estaba colocada formando dos muros verticales paralelos, dos plataformas de tierra apisonada que dejaban un estrecho corredor en el que se desarrollaba el juego de pelota. En el Tajín Chico, tanto los pórticos como los techos de los cuartos de los últimos edificios se cerraron con cubiertas de mortero de cal. La únicas fuentes de iluminación y ventilación eran las puertas, los cuartos de los totonacas no tenían ventanas.

La revolución que significó la utilización de las columnas de mampostería supuso que los interiores se fueran ampliando al mismo tiempo que los nichos desapareciendo de los tableros, así como las cornisas se apoyaron sobre filas de columnas construidas con pequeños tambores de piedra arenisca. De igual modo, los interiores fueron superándose en altura gracias a los techos de mortero con acceso a los pisos superiores por escaleras interiores o por las fachadas. Al mismo tiempo que los edificios de piedra comenzaron a sumar protagonismo los espacios para el juego de pelota se fueron multiplicando y los nichos y las cornisas voladas se volvieron características de El Tajín. Sin duda fueron desafiantes a las leyes de la gravedad los arquitectos de El Tajín, usando morteros de magnífico soporte o desempeño, hasta se cree probable que usaran chapopote o asfalto con el fin de impermeabilizar los cimientos de los edificios. El protagonismo de la piedra fue reemplazando al barro, como sucedió en la reconstrucción de muchos edificios de Morgadal Grande, y los muros aplanados de mortero de arena y cal se pintaron con hermosos murales.

Por muy desafiante y atrevido a la resistencia que en principio pudiera aparentar los techos de cal y arena, la inexistencia de maderas que ayudaran a soportar la estructura los volvían vulnerables con el paso del tiempo y las apariciones de fisuras, por lo que se tenía que ampliar el número de columnas y resellar las grietas que iban apareciendo para evitar el calado de el agua de lluvia. El número de columnas existentes era determinante en el grosor del techo, que iba en aumento con el paso de los años debido a las reformas que se iban sucediendo. Para el año 1.300 las ciudades totonacas estaban prácticamente destruidas, las endebles construcciones se derrumbaban, la arena de los morteros se caía y la cal se había disuelto.

Los lugares de mayor importancia en la arquitectura totonaca son El Tajín y Cempoala. La ciudad de El Tajín, que se encuentra a 30 Km. de la costa del Golfo y a 200 Km. del puerto de Veracruz, recibió su nombre del dios totonaco de la lluvia y el trueno. La zona arqueológica se divide en dos secciones: El Tajín Grande, que es plana y se localiza al sur, y El Tajín Chico, localizado en la parte norte y presenta pequeñas columnas.

El Tajín Grande es el que recoge el edificio de mayor relevancia de toda la arquitectura totonaca, la Pirámide de los Nichos, nombre que le viene dado por los 365 nichos que posee repartidos entre los siete cuerpos del basamento piramidal, 364, y el de la entrada del templo. La coincidencia con el número de días del calendario anual alimentó la creencia de que pudieran haber servido para contar los días. La escalinata de la pirámide tiene una anchura de diez metros, limitada por transversales de caracol marino y símbolos relacionados con la creación y con el dios Quetzalcóatl.

El Templo de las Columnas y sus anexos es otro conjunto importante que acoge la sección sur. En ellas, en sus columnas, se pueden apreciar las figuras labradas que aún hoy se conservan y que representan las conquistas de el señor Trece Conejo, gobernante de El Tajín. En este templo se construyó un techo colado, la original solución arquitectónica totonaca de la que todavía se conservan algunos restos. Sin embargo, su originalidad no parece que la hiciera satisfactoria, pues acabaron por derrumbarse por su propio peso. También, en El Tajín Grande se encuentra otro monumento que tiene una base rectangular de 16 m. de frontal por 12.5 de fondo, y dos cuerpos, el primero formado por talud y tableros con nichos; dos juegos de pelota en la misma plaza, uno al norte y otro algo más pequeño al sur. Son 17 las canchas de juegos de pelota que se han localizado, algunos de ellos presentan relieves relacionados con el juego en sí y con aspectos rituales totonacas.

Para la construcción de El Tajín Chico se aprovecharon pequeñas colinas naturales que se nivelaron de forma artificial con relleno. El grupo de edificios que acoge corresponden al periodo Posclásico y entre ellos destaca la Plataforma A, un pedestal que sostiene una pequeña plataforma truncada en el centro de cuatro apartamentos de dos habitaciones cada uno. Este área habitacional, que pudiera haber sido destinada a las actividades de gobierno, estaba dividida en tres sectores o áreas. En el Área I se encuentra el Complejo de las Columnas o Palacio del Gobernador; el Área II reúne edificios que posiblemente tuvieron un uso político, religioso y comercial, y es aquí donde se encuentran un mayor número de canchas de juego de pelota. Respecto al tercer área, Jürgen K. Brüggemann dijo: "El Área III, fuera del centro propiamente, está poblada por complejos domésticos y casas-habitación, talleres y terrazas para la agricultura intensiva. Esta zona está subdividida por lo menos en cuatro o cinco barrios que pueden identificarse en el concepto de calpulli de la sociedad azteca, más al sur se abre el terreno hacia una planicie dedicada a la agricultura extensiva de maíz y frijol, principalmente".

La zona de Cempoala se encuentra a 32 Km. al noroeste de Veracruz y a pesar de las maravillas que de ella hablaban los cronistas, lo cierto es que las noticias es lo que más queda, lo que menos son ejemplos arquitectónicos, aunque también es verdad que quedan aún numerosos patios por excavar. Aunque se han descubierto asentamientos pertenecientes al preclásico, su época de mayor desarrollo fue durante el Posclásico, bajo la dominación azteca. La realidad de Cempoala son once grupos de ruinas que se les da el nombre de "sistemas" y cubren un área de 30 hectáreas. Existen varios basamentos piramidales con la sensación óptica de estar inclinados hacia atrás y basamentos circulares o combinaciones de rectángulos y círculos. Curiosamente, hasta ahora, en la parte explorada no se ha encontrado ninguna cancha de juego de pelota. La posición que ocupan los edificios está de acuerdo con la costumbre mesoamericana. El Templo Mayor, que incluye la Gran Pirámide, Las Chimeneas y otros edificios menores, es el conjunto a destacar. La historia cuenta que a la llegada de los españoles, estos quedaron fascinados creyendo que estaba construida con plata, por el estuco pulido que cubría la superficie de los edificios y que brillaba a la luz del sol.



martes, 16 de agosto de 2011

Cultura totonaca ( IV )

Pintura

La pintura no es la expresión artística más conocida de la cultura totonaca, no obstante, esta característica no le resta importancia a este apartado artístico. Es a finales del periodo Clásico cuando aparece la pintura mural en el desarrollo cultural totonaca, que tiene su máximo exponente en los tableros de la Gran Pirámide de Las Higueras, localizada a un kilómetro de la costa en el municipio de Vega de la Torre, Veracruz. Estos murales, que se encuentran en el edificio conocido como Edificio de las Pinturas o Edificio 1, se estima que datan de entre el 600 y 900 d. C. y en distintas fases. Son 29 las superposiciones de pinturas encontradas en las que se utilizaron diversos colores: rojo, azul, amarillo, ocre, siena, blanco, verde, morado, naranja y rosado. Las figuras representadas, delineadas en negro, son personajes de diferentes clases sociales, sacerdotes, mujeres, esclavos, aunque los religiosos son los más abundantes y en diferentes actitudes: con grandes tocados y joyas o como divinos sembradores de maíz, representados formando procesiones. La creencia está en que este templo estuvo dedicado a Venus-Quetzalcóatl. Uno de los pocos murales que se conservan en la zona se encuentra en el pórtico del edificio 1, sus figuras simbólicas están dispuestas en secciones horizontales y fueron pintadas sobre fondos de color rojo, azul o verde.

Cerámica

Al contrario que en la pintura, la cerámica totonaca fue prolífica. La producción de los maestros ceramistas fue muy numerosa y de reconocida calidad artística, nos dejaron magníficas piezas consideradas de lo más representativo de la cultura totonaca. Las figuritas sonrientes son de una belleza verdaderamente impresionante y muestran el refinamiento logrado por esta cultura mesoamericana. Su elaboración, hecha parcial o totalmente en moldes, suelen medir entre 15 y 20 cm de alto y corresponden al periodo denominado Remojadas Superior; las características especiales de algunas de estas estatuillas es que servían también como silbatos.

Lo original de estas figuras de cerámica es que no tienen comparación con ninguna otra cultura o expresión artística de Mesoamérica; son únicas sus expresiones sonrientes y jocosas, con una acentuada deformación craneana, ojos alargados, mejillas abultadas y dientes limados. Sus forma de representarlas son diferentes, algunas aparecen decoradas con tocados, orejeras, collares y brazaletes, o con sus rostros pintados en blanco, crema y negro. Las caritas sonrientes también tienen su proporción de sarcasmo o ironía mordaz, son las que representan a la muerte, como la Muerte Sonriente o la representación de Mictlantecuhtli (el descarnado dios del inframundo) y la Calavera Sonriente. También la influencia teotihuacana se encuentra reflejada en el arte ceramista totonaca, es el caso de la escultura de barro del dios Huehuetéotl (dios del fuego).

La alfarería totonaca también tiene su característica especial que la identifica con dibujos de paneles de dioses y símbolos en colores rojo y café sobre crema o naranja. Las vasijas de Tecalí con ornamentación zoomorfa son una muestra representativa de la cerámica totonaca

Escultura

Según algunos eruditos, la cultura totonaca hubiera resultado de la concurrencia de aportes mayas y teotihuacanos, caracterizada, entre otras expresiones artísticas, por sus magníficos relieves decorativos de las divinidades de la lluvia y las aguas, a las que se ofrecían sacrificios humanos. Un elemento decorativo que se encontrará con frecuencia es la greca en cadena llamada "jícara humeante, o vaho de los dioses "Xicalli Coyutli. En la ciudad de El Tajín se hayan 17 juegos de pelota y elementos únicos de dudosa interpretación como las "hachas, yugos y palmas", objetos de uso ritual probablemente relacionado con el juego de pelota.

La piedra y el barro son los materiales principales que utilizaron los totonacas para la realización de sus esculturas, yugos, hachas, palmas, candados y rieles, que constituyen un testimonio evidente en la destreza técnica y de la creatividad de sus maestros.

Los yugos reciben este nombre por su forma en herradura, han sido interpretados como representaciones en piedra de los gruesos cinturones que formaban la principal protección de los jugadores de pelota. Muchos de estos yugos están decorados con bellas ornamentaciones, especialmente de animales, cuyos cuerpos se adaptan a la forma de la herradura, abierta o cerrada. Objetos parecidos, aunque lisos, se han encontrado en El Salvador y Guatemala.

De igual modo, las hachas son representaciones de objetos rituales usados por los jugadores de pelota; se asemejan a la forma del filo de un hacha, redondeado por sus bordes, delgadas y convexas mayoritariamente, y así mismo decoradas con humanos o animales.

Las palmas son las reproducciones en piedra de las pecheras protectoras que utilizaban los jugadores en el juego de pelota sujetas a sus gruesos cinturones o yugos, sus formas recuerdan vagamente a las de las hojas de palma; sus esculpidas decoraciones abarcan un amplio abanico de formas y motivos diferentes, muestran figuras geométricas, figuras humanas o partes del cuerpo humano, escenas de sacrificio, músicos, flechas, aves y reptiles. La piedra volcánica dura y quebradiza es también la elegida para la elaboración de estas representaciones, que miden 2,5 cm de alto, aunque las hay de dimensiones mucho mayores.

Aunque son más excasas las piezas encontradas llamadas rieles y candados, al igual que los yugos, hachas y palmas, son representaciones de los objetos o piezas de lo que se supone estaban formadas las vestimentas o atavíos propios de los jugadores para el desarrollo del juego de pelota. El uso de los rieles estaba en las manos, para el golpeo de la pelota; generalmente, se representan con la parte superior curva, con una cresta lisa al centro y dos dentadas en las orillas. Los candados tienen forma semicircular, con el cuerpo aplanado, y su uso al igual que los rieles estaban en las manos.

Las esculturas también nos sirven de referencia para conocer qué tipo de vestimenta usaban los totonacas. Las piezas encontradas entre el río Cazones y Papaloapan visten prendas al estilo taparrabos sostenidos por una faja o ceñidor, joyas tipo collares, brazaletes, narigueras y orejeras muy elaboradas. Las figuras femeninas tardías aparecen ataviadas con enredos y quexquémitl decorados y huipiles con motivos geométricos. Las representaciones masculinas casi todas llevan un fleco sobre la frente, en cuanto al peinado de las mujeres llevaban el pelo largo y suelto sobre los hombros. Bernal Díaz del Castillo dice que los atuendos de los totonacas eran muy diferentes de los usados por los indígenas del altiplano, que las clases altas eran las únicas que podían usar el algodón y los demás vestían prendas tejidas con fibras de henequén.

sábado, 13 de agosto de 2011

Cultura totonaca ( III )


Cosmología y religión

Según Elio Masferrer Kan: "Los totonacos asumen el origen del mundo en el mundo del Quinto Sol, donde se relata que se juntaron 400 dioses y encendieron una hoguera; de los dos hermanos convocados uno se animó a arrojarse al fuego y de él nació Chichiní (Sol); el otro hermano que había titubeado se arrojó entonces a la hoguera, pero ésta ya se había apagado y sólo quedaban cenizas; también fue enviado al cielo, sería P'apa (Luna). Ambos hermanos siempre pelean, los dos son hombres; P'apa o Manoel visita a las mujeres cada 28 días. El eclipse de sol o de luna es parte de esa lucha cosmológica, y se transforma también en un indicador étnico".

La religiosidad de los totonacas era politeísta, animista en un principio, compartía muchos puntos en común con las creencias religiosas de otros pueblos mesoamericanos. Adoraban a las fuerzas de la naturaleza, como Tláloc (lluvia), Chihuacoatl (viento), Xipe-Tótec (fertilidad), Xochipilli (flores), Mictlantecuhtli (señor de los muertos), Yacatecuhtli (señor de los mercaderes), y otros como Quetzalcóatl, Xochiquetzal, Xilonen, Huehuetéotl, muchos de ellos introducidos en la época de conquistas y sometimiento mexicas. Los rituales que ofrecían a sus dioses incluían danzas, música, pantomimas y juegos como el de la pelota. La Danza del Volador es uno de sus rituales más conocidos, actualmente se practica en muchas partes de México y Guatemala. Sobre esta danza, de la que quedaron muy impresionados los conquistadores españoles por la destreza que implica su realización, existen varias teorías y todas con carácter religioso. Algunos opinan que está relacionada con el sol y el águila, animal considerado sagrado para los totonacas; otros, por el contrario, sostienen que está relacionada con la fertilidad y con los puntos cardinales, pues son cinco los participantes que representan a Norte, Sur, Este, Oeste y Centro.

Lengua

La lengua que hablaban los totonacas actualmente la conocemos por idioma totonaco y, lejos de lo que pudieran pensar de que se extinguió, queda la satisfacción de que aún hoy existen alrededor de 200 mil personas que lo hablan, posiblemente la mayoría sean descendientes directos de los nativos que se aliaron con Cortés. El idioma totonaco es una macro-lengua perteneciente a la familia totonaco-tepehua. El habla de los totonacos está compuesta por cuatro dialectos: Totonaco de Misantla, que se habla en Yecuatla, Atexquilapan (Naolinco) y Misantla; Totonaco de Papantla, hablado en Papantla, El Tajín, El Carbón y El Escolín; Totonaco de la Sierra en Zapotitlán y Coatepec y el Totonaco Septentrional en Apapantilla y Patla-Chicontla.

Sus aproximadamente 200 mil hablantes convierten a esta lengua en una de las más amplias de cuantas se hablan en México. Las primeras investigaciones sobre el idioma totonaco lo ubicaban como parte de las lenguas mayenses y las lenguas mixe-zoque, en el contexto de la hipótesis macro-maya. La teoría fue presentada por Norman McQuown (1.942) y examinada por L. Campbell y T. Kaufmann, que consideraron que no estaban de acuerdo con la tesis de McQuown. Posteriormente, Campbell realizó unas nuevas investigaciones y aceptó un posible parentesco muy lejano. De las cuatro variantes que componen el idioma totonaco, la misanteca es la que más expuesta está a su desaparición.

Arte

El arte de los totonacas es inconfundible, crearon un estilo arquitectónico propio que se distinguió de otras culturas mesoamericanas. Sin embargo, no se puede pasar por alto la clara influencia de la arquitectura teotihuacana, especialmente durante el periodo Clásico. Un ejemplo de esta influencia se puede comprobar en El Tajín, en el que se adopta el uso del talud y del tablero, característico de Teotihuacan.

El arte totonaca tuvo otros campos de desarrollo donde consiguieron una expresión significativa de relevante valor. El barro fue uno de sus materiales de expresión preferidos y mostraron por él una especial predilección, como muestran las delicadas figuras de cerámica que reflejan las más diversas expresiones. En su legado nos dejaron el rasgo de la alegría en la escultura, que nos brinda su misterioso encanto con la sonrisa, con los labios entreabiertos y mostrando los dientes. También nos dejaron "yugos" espléndidos, ornamentados con serpientes, pavos, coyotes, monos, cocodrilos y escolopendras. Así mismo la pintura totonaca también fue significativa, tiene su máximo exponente en los murales de la Gran Pirámide de Las Higueras.


sábado, 6 de agosto de 2011

Cultura totonaca ( II )


Orden político y social

Para el conocimiento de la historia de los pueblos y sus costumbres muchas veces es necesario analizar fuentes de diferente procedencia, las que en numerosas ocasiones nos suelen dar datos tangenciales. Es la circunstancia que nos encontramos cuando nos adentramos en el mundo totonaca, que no tuvieron historiadores ni cronistas de la talla de Sahagún. Lo más cercano que poseemos respecto a la época prehispánica son los datos que nos dejaron autores como Jerónimo de Aguilar o Bernal Díaz del Castillo, referentes al periodo más temprano de la llegada de los europeos, cuyas experiencias fueron escritas muchos años después. Sin embargo, estos datos nos dejan una perspectiva un tanto engañosa, pues la óptica con la que se describe es la de los propios españoles, no de la realidad indígena. De todas maneras, existen autores muy interesantes para este periodo.

En su Historia Eclesiástica Indiana, Fray Jerónimo de Mendieta incluye información recogida sobre los conflictos entre totonacas y aztecas, que nos dan una idea de cuales eran las razones que llevaron a los primeros para aliarse con los españoles en contra de los segundos. También tenemos las narraciones de Fray Bartolomé de las Casas en Apologética Historia Sumaria, en la que incluye las experiencias contadas de un joven paje de Cortés que se quedó a vivir en Cempoala. Igualmente, es interesantísimo el Juicio de Idolatría contra el cacique don Juan de Matlatlán, realizado por Fray Andrés de Olmos, en el que recoge datos sobre parentescos y rituales.

A pesar de ser el primer pueblo de importancia que se alió con los españoles, nadie se ocupó de recoger información social y política de los totonacas, solamente fragmentaria e incompleta. Aún así, está claro que se trataba de una sociedad estratificada con evidente diferencia social y con relaciones políticas basadas en el parentesco. Así lo expresa Bernal: "Cacique gordo de Cempoala ofreció a Cortés su sobrina como medio para ratificar la alianza política establecida"; también Olmos dice: "el cacique de Matlatán es acusado de estar casado con sus primas o parientas".

La sociedad totonaca quedaba constituida por la nobleza y el sacerdocio, que en momentos determinados se conjugaban, lo que nos permite imaginar una sociedad teocrática. Un escalafón por debajo se encontraban los guerreros, sobre todo al final del periodo Clásico, a estos le seguirían los comerciantes y artesanos. La mayoría de la población eran campesinos que tenían sus casas alrededor de los centros ceremoniales, mientras que los gobernantes y sacerdotes residían dentro de la zona cercana al recinto ceremonial.

En cuanto a las costumbres que tuvieron estos pueblos, nos sirven de referencia las innumerables piezas de cerámica en las que quedaron representadas esas costumbres y formas de vida. Por estas piezas cerámicas sabemos por ejemplo que los sacerdotes usaban una especie de sotana larga adornada con caracoles. De igual manera conocemos que los hombres vestían el maxtlatl o taparrabo, muy extendido y común por muchos pueblos de Mesoamérica; las mujeres utilizaban el quechquémitl, una prenda típica en forma de capa triangular, así como camisa sin mangas y huipil. Ambos usaban calzado y se adornaban con plumas y joyas.

Organización económica y comercial

Para tener una visión de conjunto del Totonacapan la información más notable a la que podemos acceder son las Relaciones Geográficas, redactadas entre 1.579 y 1.581, las que por sus características nos acercan a las cuestiones y costumbres políticas, sociales y económicas. Lo más notable quizás sea la ausencia de mercados y las estrategias económicas que tendían al autoabastecimiento de la mayor cantidad de productos. Esta característica implicaría el disloque de la economía, la sociedad y la política, pues estaban obligados a entregar tributo en cantidades fijas de bienes, cualesquiera que hubiera sido el resultado de la cosecha. Por motivos relacionados con este tributo, muchos jefes étnicos fueron rehenes y cruelmente sacrificados en las insurrecciones que surgieron para liberarse del yugo al que los tenía sometidos la Triple Alianza.

Los distintos ambientes naturales del Totonacapan permitían tener acceso a productos de distintos pisos ecológicos. Era la sal (Mendizábal, 1.944), aparentemente, el único producto de importación, que se obtenía mediante intercambio con Tepeaca, Tehuacan o Campeche, en este último caso a través del actual Puerto de Veracruz, el punto central de confluencia de una antigua ruta prehispánica de sal. Estas condiciones específicas del territorio fue la causa de la conquista mexica, pues el Valle de México era sumamente sensible a los cambios climáticos y el control del Totonacapan aseguraba una fuente permanente de abastecimientos alimenticios. Prueba de ello (como apunta Mendieta, 1.945) es la hambruna que sufrió el Valle de México a principios de siglo XVI, antes de la llegada de Cortés.

Al igual que otros muchos pueblos mesoamericanos, los totonacas eran principalmente agricultores. El maíz, chile y frijol eran sus cosechas más importantes, entre otras plantas, como el cultivo de la orquídea, de donde se extrae la vainilla, el producto estrella que comercializaban con otras regiones. El uso principal de la vainilla se daba para aromatizar el cacao, disuelto en agua, que se reservaba como bebida sólo para las clases nobles. Las relaciones comerciales con los mayas fueron buenas, a ellos les compraban las mantas de algodón que luego vendían a los mexicas.

En cuanto a las relaciones de intercambio, las Relaciones Geográficas muestran dos circuitos económicos en el área: el primero de origen prehispánico y el segundo colonial. El sistema prehispánico estaba basado fundamentalmente en la circulación de la sal, algodón y textiles, alfarería, maíz, frijol, chile y amole (jabón de la tierra); también era importante la cría de guajolotes o totolos. Zacatlán era un centro comercial de tradición prehispánica cuyas rutas llegaban hasta Tlaxcala y México. Es muy probable que hubiese existido un sistema de tributo en favor de las clases nobles, con el que les permitiría sostenerse particularmente y construir y mantener los edificios ceremoniales, además de los elementos para la realización de sus rituales religiosos.




martes, 2 de agosto de 2011

Cultura totonaca ( I )


Los totonacas eran un pueblo indígena de la subárea Costa del Golfo; una confederación de ciudades que a partir de 1.450 cayeron bajo el dominio de los mexicas. La cultura totonaca destacó especialmente en tres apartados: la cerámica, la escultura en piedra y la arquitectura monumental, con una concepción urbanística de las ciudades muy avanzada. Todavía existen muchas dudas y misterios por resolver respecto a esta cultura, al igual que de otras mesoamericanas, como es el significado de la palabra que les da nombre, totonaca, la que algunas voces la traducen como "tres corazones" en referencia a los tres centros que la animaron culturalmente: El Tajín, Papantla y Cempoala.

Sobre el origen de este pueblo no existe una versión que con rotundidad atribuya o aclare su procedencia, son contradictorias las diferentes versiones que se encuentran al respecto. Por un lado está la que dejó escrita Torquemada en su Monarquía Indiana, en la que apunta que salieron de Chicomoztoc o Siete Cuevas y que antes de extenderse por la serranía, hasta llegar a Cempoala, pasaron por Teotihuacan para después dirigirse hacia Atenamitie, la actual Zacatlán. Si bien Torquemada no aclara el origen de su versión, es probable que la recogiera de Zacatlán, cuando fue guardián de dicho convento por el año 1.600. En las Relaciones Geográficas también podemos encontrar varias versiones; en Tlacolula los informadores dicen "aver salido de la mar, que fueron quatro, de los cuales salieron muchos indios desta lengua totonaque y poblaron treze pueblos". En San Esteban, sujeto de Tetela, los informadores nahuas dicen que la nación totonaca tiene este nombre "porque vinieron de hacia donde sale el sol".

En los anales de este pueblo existe una fecha relevante en 1.519, la que hizo cambiar el devenir de la historia para toda Mesoamérica. En ese año, 30 pueblos totonacas se reunieron en la ciudad de Cempoala y allí sellaron la alianza que establecieron con Hernán Cortés para la aventura de la conquista de Tenochtitlan. Unos acuerdos que no los dejaron bien parados, o bien recompensados, ellos pensaron que si se unían a los españoles quedarían liberados del yugo, pero no fue así, fueron sometidos al Imperio Español y a continuación evangelizados y en parte aculturizados por las autoridades virreinales primero y mexicanas después.

Zona Geográfica

El Totonacapan es el nombre que recibe el área geográfica que habitaron los totonacas, en el área central de Veracruz. El sufijo nahuatl -pan (sobre) refiere "lugar" o "tierra". Su localización quedaba delineada al sur desde la cuenca del río Papaloapan, al oeste a los municipios de Acatlán estado de Oaxaca, Chalchicomula estado de Puebla, el Valle de Perote, las sierras de Puebla y Papantla y las tierras bajas del río Cazones. Sus centros fueron sitios como: Alvarado, Nahutla, Córdoba, Papaloapan, El Tajín, isla de Sacrificios, Cempoala, Quiahuiztlán, Las Higueras, El Zapotal, Remojadas, y algunos más que todavía no fueron explorados.

Ubicación cronológica

Aunque el punto más importante en la historia de los totonacas se sitúe en el siglo XVI, por la relevancia decisiva que tuvieron en la alianza con Hernán Cortés y que a la postre acabó con el Imperio Azteca, sus principios como pueblo se remontan algunos siglos atrás, hasta el periodo Formativo o Preclásico tardío. Tampoco la arqueología ha podido hasta ahora aclarar la fecha en la que se desarrollaron cada uno de los centros más importantes y que nos servirían para hacernos una ubicación cronológica en la historia. Aún así, aunque no se pueda determinar con exactitud, sí nos podemos acercar aproximadamente en los siguientes periodos:

Remojadas 700 a. C. a 400 a. C.
El Tajín 400 a. C. a 800 d. C.
Totonacas 800 d. C. a 1.521 d. C.
Cempoala 1.100 d. C. a 1.521 d. C.

Algunos investigadores estiman que fue para el 1.500 a. C cuando comenzó una tradición con expresiones artísticas muy particulares y que se le ha llegado a llamar "cultura de Remojadas", a la que sitúan derivada del tronco que denomina la tradición costeña, que tiene su raíz originaria en la arqueología de los olmecas. Los primeros grupos totonacas que habitaron la región, en el periodo Preclásico, empezaron por organizarse en pequeñas aldeas rurales compuestas de chozas construidas sobre plataformas. Luego, sobre estos tipos de basamentos comenzaron a levantar templos y otras instalaciones como las canchas para el juego de pelota, para ir convirtiéndose en centros ceremoniales.

Para el periodo siguiente, el Clásico, los centros ceremoniales ya habían evolucionado a una mayor complejidad. Las plataformas o basamentos continuaban presentes aunque piramidales y de uno o varios cuerpos; los materiales que utilizaron para su construcción fueron el lodo, adobe y cantos rodados. El Tajín podemos considerarlo el centro ceremonial totonaca más importante, perteneciente también al Clásico; sin embargo, las excavaciones arqueológicas nos revelan que fue otro pueblo, otros pobladores los que comenzaron a construirlo, pues comenzó a construirse en el siglo I y no fue hasta el siglo V cuando los totonacas llegaron a la región. Esto nos hace imaginar que los totonacas ocuparon Tajín sometiendo al pueblo originario que construyó la ciudad. De este pueblo, supuesto, ocupado y sometido no se tienen referencias de ningún tipo, idioma, costumbres, religión, ni siquiera si el centro pudo haber sido abandonado y el motivo que lo provocó.

Es muy probable que con el nombre de Tajín no fuera como lo llamaban los antiguos pobladores, se supone que fueron los totonacas quienes comenzaron a nombrarlo de esta manera y que significa "trueno" en lengua totonaca. La procedencia de los totonacas se estima relacionada con los huastecos, de algún tronco, que al separarse de ellos y ser influidos por los olmecas y toltecas dieron creación a un cultura y lengua independiente.

Las escrituras que nos dejaron los cronistas del siglo XVII nos dicen que el pueblo Totonaca tuvo nueve reinados durante ocho siglos. De estas mismas fuentes conocemos que pudieron pertenecer al imperio de Tula y que fue a partir de 1.450, durante el reinado de Moctezuma I (1.440-1.469) cuando fueron conquistados por los nahuas de la Triple Alianza.

Con toda probabilidad, el desembarco de Hernán Cortés en Veracruz fue el detonante que eligió la providencia para el desarrollo de la conquista de lo que fue a llamarse la Nueva España, o quizás era un indicio de que el conquistador español ya tenía muy estudiada la alianza con los totonacas, para entonces El Tajín ya estaba abandonado y era Cempoala el sitio más importante, donde según cuenta la historia fue informado el español de la existencia del poderoso Estado mexica. Independientemente de que Cortés conociera o no la existencia de los aztecas y su poderío, lo cierto es que el ofrecimiento de los totonacas a los españoles fue al mismo tiempo una petición de clemencia por liberarse del yugo opresor al que los tenían sometidos los mexicas. Los totonacas aportaron 13.000 guerreros a los 500 españoles armados hasta los dientes que disponía el conquistador español a sus órdenes. Juntos consiguieron derrotar al enemigo, no así los totonacas quedaron libres de opresión, pues antes de acabar la empresa, siendo todavía huéspedes, los españoles ya comenzaron la destrucción de sus ídolos y la implantación de los nuevos, con la construcción de la primera capilla cristiana que se levantó en tierras americanas.