jueves, 28 de abril de 2011

Periodos culturales mesoamericanos: Formativo o Preclásico


El periodo Formativo o preclásico mesoamericano comienza con un prolongado proceso de sedentarización que se da a partir del año 2.500 a. C., aunque la agricultura se descubrió varios miles de años antes, que fue el principal factor de sedentarismo y la base de la economía de todos los pueblos en la región. Ésta es la etapa en la que realmente se comienzan a fraguar, a dar forma a los rasgos característicos que definirán culturalmente a Mesoamérica y que se desarrollarán en toda su plenitud en el siguiente periodo, en el Clásico, que dará comienzo a partir del año 200 d. C., justo cuando se dá por concluido el Formativo.

La aparición de la cerámica es el factor que se toma como referente en este periodo, con dos enclaves arqueológicos que se distinguen en antigüedad, Puerto Marqués (en la costa del estado de Guerrero y correspondientes al siglo XXVI a. C.) y Purrón del Valle de Tehuacán (centro de México, con datación del siglo XXIV a. C.). Los vestigios hallados en estos sitios son la referencia para los investigadores, que ven en ellos el punto cero o de partida en el desarrollo tecnológico mesoamericano. Estos hallazgos también son objeto de controversia para algunos especialistas, que opinan que la aparición de los restos cerámicos son el eslabón, el enlace de un más que probable vínculo con los pueblos de la costa del Ecuador.

Además de la cerámica, aparecen otros inicios que marcan el desarrollo tecnológico en la región mesoamericana, como los primeros templos y la intensificación del culto a los muertos y una incipiente religión que se desarrolla a través de la magia; así como una organización totémica o clánica, que evoluciona hacia la reciente aparición del sacerdocio.

Cronológicamente, el Preclásico se divide en tres periodos: el Temprano (2.500 - 1.200 a. C.) fue una época en la que sólo existían grupos tribales en asentamientos permanentes junto a los campos de cultivo. En ella se generaliza el desarrollo de la cerámica y se consolida la agricultura, con el cultivo del maíz y otras hortalizas. Se inicia un proceso social de estratificación que finaliza con la aparición de las primeras sociedades marcadas por diferentes capas, en la costa del golfo de México y en el Pacífico de Guatemala. En este primer tramo del Preclásico destaca la cultura Capacha, un importante motor de la maquinaria civilizadora de Mesoamérica. Fruto de una fase recesiva en la que entraron las culturas de Occidente y la asimilación de éstas con los pueblos con los que habían tenido relaciones, en el 1.500 surgieron Tlatilco, en el valle de México, y la cultura olmeca, en el Golfo. Especializado en los recursos del lago Texcoco y la agricultura del maíz, Tlatilco se convirtió en uno de los centros sociales más importantes de la época. Algunos investigadores opinan que fueron los antepasados de los otomíes los fundadores de Tlatilco.

En el Preclásico Medio (1.200 - 400 a. C.) se producen cambios tecnológicos considerables. Evolucionan las técnicas agrícolas y se construyen canales, terrazas y otros sistemas de control de las aguas para regadío. Hacia el 700 a. C. aparecen en Tehuacán sistemas de irrigación, lo que trajo consigo el aumento productivo de la tierra y una mayor variedad de plantas cultivadas. Estos avances agrícolas permitieron el desarrollo tecnológico en otros campos, la mayor producción de productos y el fomento del intercambio o comercio de materias primas. Son los primeros pasos hacia el fortalecimiento de la unidad cultural e histórica en Mesoamérica. La ocupación o especialización en el cultivo del alimento básico permitió la dedicación de otros a otras funciones o labores secundarias, algunas relacionadas con la magia y la religión, y la elaboración de objetos suntuarios con los que comerciaban.

El preclásico Medio corresponde al periodo de mayor florecimiento y expansión de los olmecas. Es en este periodo cuando surge la característica más importante, la diferenciación social. Así mismo surge la escritura y el calendario que, según Joyce Marcus, aparecen a partir del año 600 a. C.; los primeros registros calendáricos en monumentos de piedra más antiguos en el valle de Oaxaca: el monumento 3 de San José Mogote, las lápidas de los Danzantes de Monte Albán y las Estelas 12 y 13 de este mismo sitio. El intercambio de productos tropicales de su área y el control de yacimientos minerales de Guerrero y Morelos, donde establecieron enclaves como Teopantecuanitlán y Atlihuayán. El impulso e influencia de la cultura olmeca fue tan importante que alcanzó toda el Área Maya y hasta la península de Nicoya, Costa Rica, y a sus vecinos del sureste y Oaxaca.

El tercer periodo o Preclásico Tardío (400 a. C. - 200 d. C.) lo marca la decadencia de la cultura olmeca. En esta etapa cultural, lo que eran pequeñas aldeas aumentaron de tamaño hasta convertirse en enormes y complejos centros de poder, rodeados por otros núcleos más pequeños. Estos núcleos urbanos o aldeas se estructuraron por orden de importancia y comenzaron a pagar tributo a los centros mayores, acabando por depender de ellas económicamente. Los grandes centros urbanos se ubicaban alrededor de enormes plazas, con un tipo de arquitectura que a la vez se componían de plazas y plataformas religiosas, templos monumentales formados a base de plantas superpuestas, rectangulares o circulares, que acababan con un adoratorio en su cima y a la que se accedía por grandes rampas o escalinatas.

En el desarrollo económico, el comercio tuvo también su gran importancia, especialmente entre los centros mayores, que comenzaron a disputarse el control comercial y político, lo que les llevó a enfrentamientos bélicos entre sí. De igual manera este periodo supuso un espacio temporal en el que proliferaron las esculturas religiosas, reproduciéndose en ellas episodios míticos y escenas cosmológicas, como los relieves de Izapa. Así mismo, se estima que fue en este tiempo en el que dio comienzo el desarrollo de la escritura, que se extendió por una amplia región, abarcando territorio de Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Chiapas y Guatemala.

Al final de este periodo preclásico o Formativo son los núcleos de población localizados en el valle de México los que atraen y concentran la hegemonía política y comercial. Las pequeñas aldeas que se situaban en los alrededores del lago Texcoco se transforman en grandes ciudades, como la anteriormente mencionada Tlatilco, situada en la ribera norte del lago, o Cuicuilco, en las faldas de la serranía del Ajusco. La primera de ellas mantenía fuertes relaciones culturales con Occidente, en cambio, la segunda controlaba el comercio en el Área Maya, Oaxaca y la costa del Golfo.

Con la decadencia de la cultura olmeca da comienzo un nuevo desarrollo cultural independiente, en la zona oaxaqueña, en Monte Albán, donde los zapotecos reelaboran o reciclan elementos culturales de los decadentes olmecas adquiriendo características propias. También en el altiplano guatemalteco surgen los primeros síntomas de lo que sería la cultura maya clásica, en Kaminaljuyú, aunque influenciados todavía por los vínculos con las culturas del Centro y el Golfo. Salvo en Occidente, en todas las regiones de Mesoamérica comenzaron a levantarse grandes construcciones y monumentales ciudades, la pirámide circular de Cuicuilco, la plaza central de Monte Albán y la pirámide de la Luna en Teotihuacan son algunas de ellas.

jueves, 21 de abril de 2011

Periodos culturales mesoamericanos: Lítico


La dificultad que se presenta a la hora de encontrar información sobre los primeros horizontes culturales mesoamericanos es evidente. Sobre el periodo Lítico, si no accedemos a su conocimiento por medio de las investigaciones arqueológicas, es prácticamente imposible encontrar información. Son los restos que fueron dejando los antiguos pobladores de Mesoamérica los que sirven de referencia para obtener una imagen precisa de cómo eran los indígenas que poblaron la región y de qué manera vivían. El análisis de estas huellas arqueológicas ha sido el principal o único valedor para los investigadores antropológicos en sus tesis o trabajos sobre el desarrollo cultural en la zona. Esto es así porque no fue hasta el periodo Clásico cuando algunos pueblos comenzaron a utilizar varios sistemas de escritura, y aún así, esos vestigios no son suficientes para reconstruir la historia de estos pueblos. Tampoco en el caso de los mayas, a pesar de crear el sistema de escritura más complejo o complicado de toda la región, pues sólo en los últimos tiempos se ha podido descifrar en parte su legado. Es a partir del Posclásico, especialmente después de la conquista española, cuando la historia ha quedado recogida escrituralmente en el sistema latino que conocemos.

La historia antigua mesoamericana se ha dividido especialmente en seis partes, aunque quizás no sea ésta la forma más adecuada sí es la tradicional, la que ha prevalecido por encima de otras divisiones culturales. La falta de consenso en este punto de encuentro radica en el criterio unánime que se debe de seguir para este reparto de etapas o periodos. La división tradicional del horizonte cultural mesoamericano queda de la siguiente manera: Periodo Arqueolítico: 33.000-12.000 a. C.; Periodo Cenolítico: 12.000-5.000 a. C.; Periodo Protoneolítico: 5.000-2.500 a. C.; Preclásico o Formativo: 2.500 a. C. - 200 d. C.; Clásico: 200-900 d. C.; Posclásico: 900-1521 d. C.

En cada periodo existen unas carastericticas diferentes que son las que las identifican y distinguen. No obstante, las fechas varían según qué región, y aunque en algunas de ellas estos rasgos aparecen más temprano y en otras más tarde, las fechas límites abarcan a todas las subáreas culturales. La etapa Lítica mesoamericana corresponde al tiempo transcurrido entre la llegada de los primeros pobladores a la región y el desarrollo de las culturas sedentarias (31.000-2.500 a. C.). Como decía anteriormente, es por medio arqueológico por el que nos regimos y en este primer periodo existen dos fechas significativas que marcan el principio y el final. Esta etapa comienza arqueológicamente en el año 31.000 a. C. aproximadamente, fecha que se estima correspondiente a la datación de los restos de Chimalhuacan (Estado de México), los indicios más antiguos de la actividad humana encontrados en territorio mexicano. La segunda fecha que da fin a esta etapa cultural corresponde a las muestras de cerámica más antigua encontradas, en Puerto Ángel (Estado de Guerrero). Para muchos investigadores de la historia precolombina de México, estos hallazgos son considerados la muestra que marca la separación entre las culturas agrícolas de Mesoamérica y las nómadas de Aridoamérica.

Arqueolítico: El periodo Arqueolítico corresponde al tiempo transcurrido entre los años 33.000-12.000 a. C. En este largo periodo encontramos la expresión más primitiva del ser humano en Mesoamérica, la elaboración de piezas grandes de piedra mediante percusión. Así como otros de menor tamaño que daban forma a base de golpes, unos contra otros, muestra de ellos son las lascas, navajas, raspadores, raederas y artefactos denticulados encontrados. Por el contrario, llama la atención la ausencia total de puntas de proyectil de piedra, aunque se estima que pudieran haberlas fabricado de hueso y madera. La predilección por materiales como el sílex, la obsidiana, el pedernal y el basalto no siempre prevalecían y eran las materias primas locales las que usualmente se empleaban.

Los mesoamericanos del Arqueolítico preferían la recolección de frutos silvestres y raíces por encima de la cacería, aunque sin eliminarla de sus actividades y modo de subsistencia. En cuestión social tampoco parece que sus relaciones fuesen sólidas y estables; los grupos serían de un número reducido, pequeños núcleos familiares o domésticos. Los sitios más destacados encontrados son Tlapacoya, en las orillas del Lago Chalco y datado con fecha de 24.000 a. C.; Caulapan, en Puebla, 21.000 a. C.; Cueva del Diablo en Tamaulipas 9.000 a. C.; Y sin fechar la Cueva de Chimalacatlán en Morelos y Teopisca en Chiapas.

Cenolítico: El Cenolítico mesoamericano (12.000-5.000 a. C.) se divide en dos etapas: Cenolítico inferior, 12.000-7.000a. C., y Cenolítico superior, 7.000-5.000 a. C. En este periodo aparecen nuevas características culturales más complejas que en el anterior, entre ellas es la punta de proyectil la más significativa. Tanto en la etapa inferior como en la superior aparecen dos tipos de puntas: en la primera con acanaladuras (Colvis y Folsom) y foliaceas (Lerma) en la segunda. La precisión de una contra otra continúa siendo la manera de elaborar las piezas pero por este tiempo comienzan a darse los percutores blandos como la madera, el hueso y asta, y por lo tanto con resultados de características diferentes. También comienza a utilizarse la técnica por presión con piezas de madera previamente preparada o asta de venado.

En esta etapa se supone que comienza los primeros indicios de la agricultura, prueba de ello es la aparición de los primeros implementos de molienda, muelas y morteros. El tipo de materia prima es la misma al periodo anterior pero se le van sumando otras fibras de origen vegetal, con las que se elaboran redes de carga, bolsas y cordeles. La caza se convierte en la principal ocupación de subsistencia, especialmente animales pequeños como venado, barrendo o conejo, y continúan con la recolección de aguacates, frijol, calabaza, algunas especies de acacias, pencas de maguey, numerosos frutos de cactáceas y el maíz o teosintle. Hacia el 7.000 a. C. comienzan a realizarse los primeros cultivos.

La organización social no sufre cambios sustantivos en los grupos humanos pero se intuyen las primeras organizaciones a bandas; no se estiman cambios evolutivos ni tampoco en número de integrantes. Los sitios arqueológicos más importantes del periodo Cenolítico son: la Cueva del Diablo en Tamaulipas; San Bartolo Atepehuacan en Morelos; Cueva Espantosa en Nuevo León; Cueva del Tecolote en Puebla e Ixtapan de la Sal, Tlapacoya y Tepexpan en el Estado de México.

Protoneolítico: El Protoneolítico corresponde con el periodo entre los años 5.000 y 2.500 a. C. En esta etapa la caza de grandes mamíferos del Pleistoceno como el mamut, bisonte, milodón, mastodonte o el caballo americano, entre otros, toma protagonismo sin abandonar la recolección de frutos silvestres. Sus armas seguían siendo rudimentarias y primitivas pero los cambios se hacen visibles con la confirmación del conocimiento del fuego, la utilización de las pieles de los animales que cazaban para vestirse, la domesticación del perro y el uso del atlatl o lanzadera.

La agricultura se ha iniciado y con ella también la evolución en el desarrollo organizativo; la aparición de pequeñas aldeas permanentes y estratificación social incipiente. Aumenta la población y los asentamientos comienzan a darse en distintas regiones. El seguimiento y estudio de algunas regiones sobre el desarrollo de la agricultura ha dado como resultado: el Valle de Tehuacán en Puebla; Sierra de Tamaulipas y Sierra Madre de Tamaulipas; el suroeste de Tamaulipas; el Valle de Oaxaca y el sur de la Cuenca de México.






sábado, 9 de abril de 2011

Mesoamérica: territorios y rasgos culturales comunes


Las cincos regiones culturales que señaló Kirchhoff dentro del amplio territorio que denominó Mesoamérica delimitan unos rasgos propios, pero a la vez se unen en un contexto homogéneo que abarca un conjunto de pueblos con señales de identidad compartidas. La gran área cultural mesoamericana, para comprenderla mejor y diferenciarla arqueológicamente, quedaron divididas de la siguiente manera:

1. La Costa del Golfo está situada en el oriente de México, en su costa atlántica, entre el norte de Tabasco, sur, centro y norte de Veracruz y norte de Puebla.

2. La región Oaxaqueña se enmarca sobre la sierra Madre del Sur, ocupa las partes altas, valles y partes bajas de Oaxaca y los límites con Guerrero y Puebla.

3. La Maya delimita Mesoamérica por el sur, se extiende por los estados mexicanos de Campeche, Quintana Roo, Chiapas y el sur de Tabasco; los países de Guatemala y Belice, parte de Honduras, El Salvador, la costa del Pacífico nicaragüense y la península de Nicoya en Costa Rica.

4. La región Occidente de México ocupa los estados mexicanos de Michoacán, Guanajuato, Nayarit, Jalisco, Colima, Sinaloa y norte de Guerrero.

5. Altiplano Central se sitúa entre el estado de México, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Morelos, y Distrito Federal.

Paul Kirchhoff tomó como referencia el siglo XVI porque fue en este siglo en el que más constancias culturales escritas quedaron. De esa época extrajo abundante información cultural que le sirvió de apoyo para definir a la gran área geográficamente y clasificar su parte étnica y lingüística. Además de toda esta información, también les fueron de gran ayuda los descubrimientos en las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo para delimitar estas zonas o áreas culturales. Cuando en 1943 presentó ante la Sociedad Mexicana de Antropología sus estudios de distribución de elementos culturales en el México prehispánico, Kirchhoff expuso a Mesoamérica como un territorio cuyos habitantes estaban relacionados entre sí, hasta la llegada de los españoles, por una tradición cultural que compartían.

Estos elementos culturales compartidos que identificaban a los mesoamericanos fueron clasificados en el contexto y utilización que manifestaba la sociedad.

Agricultura: El cultivo del cacao y la molienda del maíz cocido con cenizas o cal; los cultivos de chile, frijol y calabaza; el uso del bastón plantador llamado coa; el cultivo de maguey para obtener aguamiel, arrope, pulque, papel y textiles; la construcción de chinampas en las zonas lacustres; el sistema de roza en los cultivos y el cultivo de chía para obtener bebidas y aceite para elaborar pinturas.

Arquitectura: Sus principales construcciones fueron las bases de templos ceremoniales en forma de pirámides escalonadas, orientados generalmente según los puntos cardinales y siempre situados en un gran espacio abierto; el uso de estuco en pisos y muros policromados o decorados con pinturas muralistas; el empedramiento de caminos y calzadas; puentes colgantes; hornos subterráneos; baños de vapor o las canchas para el juego de pelota en forma de I.

Escritura: De entre las diferentes formas de escritura que desarrollaron los pueblos mesoamericanos sobresale la jeroglífica; sus códices o libros pintados en forma de biombo, donde recogían los hechos religiosos o rituales por medio de dibujos pintados; los anales históricos, mapas y sistemas numéricos de valor relativo, dependiendo de la colocación del número.

Tecnología: Balsas con flotadores de calabaza, buriles, malacates, aventador de cestería, metales, pulimentos de obsidiana, plomadas, puntas de proyectil, pulidoras, telares de cintura o tubos de cobre para horadar piedras son algunos de los instrumentos o herramientas que utilizaban comúnmente.

Cerámica: En este apartado se emplearon diferentes técnicas y colores en un repertorio extenso de piezas o utensilios, entre sus formas compartidas encontramos platos y tazas, ollas, cajetes, tazas con soportes de botón, vasos trípodes, sahumerios y otros más.

Vestimenta: los vestidos o indumentarias que cubrían los cuerpos de los mesoamericanos prehispánicos se elaboraban con telas de algodón, mezcladas con plumas entretejidas o pieles de conejo; huipiles, quechquémitl, máxtlatl, turbantes, túnicas, penachos, capas; sandalias con taloneras. Sus adornos se fabricaban con distintos materiales, barro, jade, obsidiana, piedras y metales preciosos, en forma de orejeras, bezotes, pectorales, collares, brazaletes, etc.

Guerra: Entre sus prácticas guerreras estaban las llamadas floridas (xochiyaoyotl), consistentes en obtener víctimas para sus sacrificios rituales; la existencia de caballeros tigre y caballeros águila entre sus órdenes; sus armas eran macanas, escudos, rodelas, balines de barro para las cerbatanas, palos con pedernal u obsidiana incrustado en los bordes, picas, trofeos de cabeza, entretejidos con dos manijas y algunas más.

Religión, cosmogonía y cosmovisión: Entre las creencias religiosas compartidas estaban la existencia de varios ultramundos, varias creaciones y destrucciones del mundo, y la existencia de trece o nueve cielos, la tierra y nueve inframundos. Los dioses que compartían los mesoamericanos estaban presididas por una pareja creadora o dios dual, y a sus deidades iban destinadas las fiestas y rituales que se celebraban por todos los pueblos y al finalizar ciertos periodos. Usaban los nombres calendáricos para las personas y la práctica del lavado de los muertos, así como beberse el agua de haber lavado a sus difuntos. También en los sacrificios compartían la extracción de la sangre de la lengua, orejas, piernas y órganos sexuales con una espina de maguey. El juego del volador. El uso de los calendarios: el solar de 365 días; el adivinatorio de 260 días; el ciclo de 52 años; el número 13 usado como ritual y el uso del papel y hule ritualmente.

Además de estos rasgos comunes, tenían compartidos otros usos y costumbres, como los mercados especializados o subdivididos, la doble función de los mercaderes que al mismo tiempo eran espías y la crianza de diferentes animales domésticos, como el perro, el guajolote y las abejas.

viernes, 8 de abril de 2011

Mesoamérica: la aparición del hombre


Aquel año, 1492, tan significativo para las civilizaciones americanas, lo supuso también para las sociedades europeas, no solo para la española, que ya lo fue especialmente. Además del descubrimiento de las nuevas tierras, por aquellas fechas se ponía fin a tiempos de luchas encarnizadas por el control de la península ibérica. Ese mismo año acababa la reconquista y eran expulsados los últimos moriscos españoles, los musulmanes del reino nazarí de Granada. La religión católica se hacía fuerte en el viejo continente y las plazas se sembraban de barbarie, de empalamientos, descuartizamientos e incineraciones de personas vivas, todo en el nombre de Dios. Esa oleada religiosa que siniestramente sobrevolaba Europa también tuvo su influencia en América y ha durado hasta nuestros días. Tanto fue así que, hasta fueron ignoradas las culturas nativas, e incluso, en el siglo XVII, se llegó a confundir a los indígenas americanos con los descendientes de los israelitas, de las siete tribus perdidas de Israel, que según James Usseher y basándose en la biblia, abandonaron las tierras en el año 721 a. C. Hoy nos puede resultar descabellada, ridícula, pero lo cierto es que esta teoría se fue sosteniendo en la cultura europea hasta comienzos del siglo XX, ignorando los conocimientos de las civilizaciones mesoamericanas y creyendo que América había sido poblada alrededor del año 500 a. C.

Sin embargo, y por suerte, una vez más la ciencia derrumba las teorías religiosas y pone a cada cosa en su lugar. Durante el siglo pasado se han ido revelando datos, hechos y evidencias arqueológicas de que América fue poblada mucho tiempo atrás. Hoy se extienden varias teorías sobre la procedencia de los primeros pobladores. El convencimiento de que los primeros habitantes humanos del continente americano venían de Asia y que cruzaron por el estrecho de Bering es una de ellas. Aquellos primeros hombres en llegar al continente americano lo hicieron entre 40.000 o 30.000 años atrás. Por aquella época la Tierra sufrió una serie de cambios en el clima llamados glaciaciones, formándose grandes capas de hielo en las zonas polares que provocaron el descenso del nivel de las aguas. Por estos datos se entiende que el nivel en el Estrecho de Bering bajó por entonces unos 50 metros aproximadamente, dejando una llanura al descubierto que unía a los dos continentes. La distancia actual entre el cabo Dezhnev, en Siberia, y el cabo Príncipe de Gales, en Alaska, es sólo de 80 kilómetros y la profundidad de las aguas no llega a los 40 metros.

Otros especialistas en este tema estiman que lo que sucedió no fue que quedara al descubierto esta franja de tierra sino que lo que se formó fue un puente de hielo sólido que permitió ese paso, la migración de los primeros pobladores nómadas en busca de nuevas tierras y alimento. Otras teorías sostienen que los primeros pobladores americanos podrían haber llegado procedentes de Melanesia y Polinesia. Así lo asegura Paúl Rivet, quien puso de manifiesto la semejanza existente entre costumbres y objetos propios de las regiones malayaspolinésicas y sudamericanas, como la hamaca, la flauta, el átlatl o lanzadera, la cerbatana, la trompeta de concha y algunos vocablos de raíz común. Para mi punto de vista ambas teorías son compatibles si analizamos las culturas del Norte y las provenientes del Sur, y que acaban por encontrarse en la tierra intermedia centroamericana.

Es muy probable que aquellas primeras migraciones se dieran en pequeños grupos que caminaron abriendo nuevas y diversas rutas, a lo largo de la costa del Pacífico y por tierra adentro, que les llevaron hasta el Golfo de México y más tarde a Centroamérica. Se calcula que fue hace 22 mil años cuando llegaron los primeros grupos humanos a tierras mexicanas, quizás demasiado tiempo para algunos el dedicado en recorrer Norteamérica hasta llegar a la región mesoamericana, pero tendremos que tener en cuenta que estos grupos nómadas se desplazaban en función de la necesidad de alimento. No fue una aventura con el fin de conquistar el territorio como podríamos entenderlo hoy, sino que el fin que los movía era otro bien distinto, la supervivencia en un territorio inhóspito y lleno de peligros.


El establecimiento de sus campamentos se establecería por un tiempo determinado, el que les permitiera la obtención de alimento, la recolección de frutos silvestres y raíces, y la caza de animales. Un mundo prehistórico donde seguramente existía conocimiento del fuego, de otra manera no se entiende que sobrevivieran en las zonas árticas. Aquellos campamentos estarían situados donde existieran cuevas para guarecerse del frío y las fieras salvajes, o quizás fueran chozas, dependiendo de lo que les ofreciera el terreno y la climatología. Sus agrupaciones eran formadas por familias nucleares y la propiedad comunal, así como los animales cazados compartidos. El líder civil y religioso del grupo salía elegido de entre los más fuertes y practicaban el culto de enterrar a sus muertos. Esta forma de vivir de los primeros mesoamericanos, en la llamada etapa lítica, donde las armas que usaban en la cacería y los instrumentos utilizados para la vida diaria eran de piedra, hasta que posteriormente aparecieron otros de hueso, duró muchos años, así hasta el 2.500 a. C.