lunes, 5 de diciembre de 2011

Subáreas culturales mesoamericanas: Occidente de México


A pesar de ser una de las zonas mesoamericanas menos conocida, el Occidente de México comprende una extensa región que abarca casi en su totalidad los actuales estados de Nayarit, Colima, Jalisco, Sinaloa, Michoacán, y partes de otros como Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro. Además, algunos investigadores también incluyen al estado de Guerrero dentro de esta subárea mesoamericana, que tiene rasgos culturales distintos a los del resto. No debemos olvidar y tener en cuenta que su arqueología es difícil de encasillar dentro de los marcos de clasificación existentes.

El paisaje de Occidente es muy variado, encuadrado por las laderas de la Sierra Madre Occidental, una parte de la Sierra Madre del sur y la cuenca media y baja del río Lerma. En su espacio geográfico se encuentran sierras, valles y barrancas, montañas y mesetas, ríos, lagos, marismas y esteros; costas y altiplano; bosques tropicales y de altura; pastizales, nopaleras. Tierras ricas y pobres que varían entre el clima frío de la montaña en el oriente de Michoacán y el tropical de las costas de Jalisco y Nayarit.

Hasta no hace mucho tiempo, a esta región se le consideraba como una zona marginal a la gran superárea, una especie de puente entre las culturas mesoamericanas y Oasisamérica, motivado por la ausencia de arquitectura monumental (al margen de las tumbas de Tiro), uno de los rasgos característicos más importantes de Mesoamérica. Una creencia que ha cambiado en los últimos años debido al descubrimiento de nuevas zonas arqueológicas de cierta importancia, que nos han revelado que también en estas culturas occidentales se levantaron centros ceremoniales, aunque de menores dimensiones que en otras áreas.

De la misma manera que en los apartados climáticos y geográficos, el Occidente de México es una región muy variada en cuanto a sus influencias culturales. Una diversidad que le es propicia, además de por las relaciones con pueblos de la propia subárea y con otras de Mesoamérica, por los grupos nómadas del Norte de México y con el suroeste de los Estados Unidos. Aparte de todas estas influencias más o menos cercanas, hay que tener en cuenta un rasgo característico de la cerámica capacha, que muestra cierto parecido con las del llamado estilo Tlatilco y la trascendente semejanza con los materiales de la región andina de Sudamérica. Una similitud que constituye una nueva evidencia de la existente comunicación entre esas dos regiones del continente americano en épocas más tempranas. Un tiempo en el que el Occidente de México recibía influencias de culturas sudamericanas por vía marítima a través del Pacífico y que más tarde penetraron en el interior.

El hecho de que no se hayan encontrado grandes obras monumentales o de arquitectura de gran tamaño que indicaran mucha mano de obra, como sucede con el Área Maya u otros sitios como Teotihuacan y Monte Albán, no significa que su población fuese menor. El patrón de asentamiento fue disperso y sin grandes concentraciones humanas, eso quiere decir que no existieron grandes ciudades. Se asentaron junto a los recursos que necesitaban y conformaron unidades político-sociales que controlaban territorios no muy amplios. La población fue abundante si consideramos la suma de todas las unidades menores.

Las referencias más antiguas que se tienen en cuanto a los primeros asentamientos en el Occidente de México son evidencias de vida agrícola, de Puerto Marqués, entre el 2.400 y 140 a. C., en el estado de Guerrero. El Complejo Matanchén de Nayarit, en el 2.000 a. C., también muestra el sedentarismo existente orientado a la recolección de moluscos. En el periodo Formativo, 1.400 a. C., surge en la costa de Colima el Complejo Capacha, caracterizado por sus cerámicas con formas básicas de tecomates y jarras con asa estribo, que tienen conexión directa con culturas de la costa de Ecuador y Perú.

La marginalidad que se le atribuía a esta área se sustentaba en que se trataba de una zona que había recibido más de lo que recibió, como de un área carente de raíces propias y de un desarrollo cultural tardío. Pero como mencionaba anteriormente, este concepto era fruto del desconocimiento. Los primeros pueblos que habitaron la región de habla auto-azteca, como los coras, huicholes y tepehuanos, se fueron incorporando muy gradualmente a la esfera de la civilización mesoamericana y los cambios que se dieron en el resto de la superárea tampoco fueron tan significativos en Occidente. Esto propició que culturas del Preclásico como la de Colima, Jalisco y Nayarit o la de las Tumbas de Tiro sobrevivieron hasta bien entrado el periodo Clásico. De todas las culturas de Occidente, de sus sociedades humanas, sin duda la purépecha o tarasca fue la más relevante, que llegó a rivalizar con el poderío de los mexicas en el siglo XV.




Creative Commons License
This work is licensed under a
Creative Commons Attribution-NoDerivs 2.5 License

2 comentarios:

  1. Estimado amigo gracias por este gran trabajo sobre los pueblos originales de México y Centroamerica, te envio este enlace a un interesante video sobre los nuevos sitios arqueologicos incorporados por el Instituto Nacional de Antropología E Historia. Un fuerte abrazo. http://www.youtube.com/watch?v=fD9KFcnK-lA

    ResponderEliminar
  2. Gracias Alejandro!! Es siempre un placer recibir aportaciones y comentarios tuyos. Un fuerte abrazo también para ti.

    ResponderEliminar