miércoles, 21 de diciembre de 2011

Cultura Aztatlán


El área de Sinaloa es la más noroccidental de Mesoamérica, en ella florecieron un gran número de culturas prehispánicas que llegaron a alcanzar un alto grado de desarrollo. Sin embargo, son pocos los estudios arqueológicos que se han realizado sobre los numerosos sitios con restos en las sierras bajas de la vertiente oeste de la Sierra Madre Occidental. Los mejores investigados son cuatro: Chametla, Culiacán, Guasave (en la costa) y Tacuichamoná (en la región de la sierra). Algunos de estos lugares estuvieron ocupados desde el periodo Clásico, pero fue en el Postclásico cuando alcanzaron su mayor esplendor. Muchos arqueólogos afirman que las culturas prehispánicas de Sinaloa fueron una extensión de las nayaristas, y que la planicie sinaloense fue un corredor de comunicación por donde circularon influencias culturales en distintas direcciones, entre Mesoamérica y los grupos del norte.

A esta región se le denomina Aztatlán y a su arqueología se le conoce especialmente por los trabajos arqueológicos que realizaron Elizabeth T. Kelly y Gordon F. Ekholm. Tras los estudios llevados a cabo, cada uno de los tres lugares de la costa presentaron unos estratos arqueológicos distintos, con estilos locales muy marcados, pero que en momentos determinados muestran unas conexiones evidentes entre sí. De distinta manera es lo que se extrae en relación con las regiones vecinas, especialmente con el sudoeste de los Estados Unidos, que son mínimas o prácticamente nulas. Las influencias exteriores más importantes fueron recibidas desde el Altiplano Central, especialmente en la época del complejo Aztatlán y de culturas del tipo tolteca, Mazapa y Cholulteca.

Chametla

El sitio de Chametla se localiza cerca de la desembocadura del río Baluarte y su antigüedad data del año 300 d. C. En este poblado del sur del estado de Sinaloa se han encontrado indicios de que fue habitado por un grupo humano muy numeroso, que vivía de la pesca y de la agricultura principalmente. Fabricaban objetos de cerámica y construyeron un cementerio donde además de enterrar a sus muertos levantaron pequeñas construcciones que emplearon como adoratorios. Las terrazas construidas a lo largo del cauce del río, donde cultivaban maíz, chile, calabaza y algodón, demuestran que los conocimientos de sus pobladores estaban bien desarrollados.

Los restos arqueológicos encontrados en el sitio de Chametla son más antiguos que los del complejo Aztatlán. Los estudios concluyen en una posible contemporaneidad de la fase más antigua de Chametla con los últimos periodos de Teotihuacan. La cerámica de esta época se caracteriza por ser de tipo policromo. En cambio, la etapa media presenta una mayor riqueza, además del policromo en negro y rojo sobre crema y a veces blanco y naranja, se realizan otros grabados con borde festonado, blanco sobre marrón o este último color muy pulido. En el periodo tardío se observan mezcladas las influencias del complejo Aztatlán y del complejo El Taste-Mazatlán. En el primer caso, a las características anteriores se le añaden los vasos con borde decorados en rojo o con pintura en negro sobre marrón. En el segundo caso las influencias son las propias de la policromía del estilo de El Taste y de Mazatlán, y por una decoración con borde rojo, además de una multitud de estilos particulares relacionados con los anteriores.

Culiacán

Los vestigios descubiertos en el sitio de Culiacán revelan existencia humana desde el año 900 d. C. hasta la llegada de los conquistadores españoles. El área ocupada por estos asentamientos se localiza entre los ríos Mocorito y San Lorenzo. Las viviendas de aquellos pobladores se construían con materiales perecederos como lodo, varas y paja. Eran agricultores, cazaban y pescaban. Sus vestimentas eran de gamuza y de algodón, y se adornaban con objetos de metal, turquesa y concha. Sus armas: el arco y la flecha, la lanza, la macana y el escudo. El nivel de desarrollo cultural de este pueblo lo encontramos en su rica alfarería, una actividad productiva que no sólo estuvo ligada a la vida, también con la muerte, pues para enterrar a sus muertos los colocaban dentro de grandes ollas de barro.

En el yacimiento de Culiacán se ha encontrado una influencia clara proveniente del complejo de Aztatlán. La cerámica de este sitio en el periodo Antiguo I presenta, además de las típicas de Aztatlán, otras características, con borde pintado en rojo o de tipo policromo, grabado o inciso, con borde en rojo y negro, etc. En el periodo Antiguo II son las incisiones las que predominan por encima de cualquier otro tipo de decoración. En el periodo Medio es la cerámica parda, y el comienzo de la cerámica estriada, la que predomina en detrimento de la de tipo de decoración incisa, cuya producción comienza a disminuir. Para el último periodo de Culiacán, el Reciente, el tipo de cerámica predominante es la estriada.

Guasave

Complejo Aztatlán se le llama al lugar donde más vestigios de esta cultura se han encontrado, que se caracteriza por la belleza de sus formas y la policromía de sus vasijas y otros objetos de cerámica. El complejo, el más septentrional de toda la zona, se difundió por la planicie sinaloense al sur de Guasave y los territorios que hoy forman el estado de Nayarit, entre los años 700 y 1.300 d. C. El núcleo central del complejo Aztatlán lo sitúan los arqueólogos en Guasave, o al menos es aquí donde se han encontrado los mejores restos, entre ellos un conjunto de enterramientos, formando paquetes o bultos en el interior de ollas, que contenía gran cantidad de ofrendas, algunas de una gran belleza, como vasijas trípodes de barro, recipientes de ónix y de alabastro, pipas de barro, malacates, silbatos y hachas ranuradas.

Las construcciones que se hallaron de esta época son los montículos que se levantaban con fines defensivos o con carácter religioso. Las casas probablemente se construirían de barro y los cimientos de piedra. En el complejo Aztatlán llama la atención el contraste existente, en cuanto a calidad se refiere, entre la brillantez de su cerámica y la pobreza en el trabajo en piedra. Las muestras de este arte que se han encontrado se limitan a puntas de obsidiana, hachas y otros objetos de pobre factura.

Tacuichamoná

Este yacimiento arqueológico se localiza en las montañas bajas del mismo nombre, cercanas a la costa occidente de la Sierra madre Occidental, cerca del río Piaxtla. La descripción se la debemos a Sauer y Brand, quienes hicieron un reconocimiento de superficie, sin que se hayan realizado trabajos posteriores o excavaciones formales. A este lugar se le ha considerado marginal de la cultura Aztatlán por no poseer cerámica decorada con la calidad de los otros sitios de la costa de Sinaloa. Sin embargo, y aunque tosca, había un tipo de recipientes policromos en rojo, guinda y negro. Además de las pipas, objetos típicos de esta cultura, que se decoraban con punciones, cuyas depresiones están llenas de pintura blanca, semejantes a las que se encuentran en Durango.


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