sábado, 22 de octubre de 2011

Cultura maya ( I )


Los mayas no se constituyen como un grupo homogéneo, sino como un grupo étnico con ámplia variedad de lenguas, costumbres y realidades históricas, que comparten una misma cultura. Digo "no se constituyen" porque los mayas nunca desaparecieron, sí lo hicieron sus estados políticos, el modelo de civilización, los descendientes de los antiguos mayas viven en la actualidad en los territorios originales que lo hicieron sus antepasados, con las mismas costumbres y sustentados en la misma concepción ancestral del mundo y de la vida.

En más de 3.000 años de la historia de la civilización maya, hasta la Conquista española que se consumó en 1.697, con la toma de Tayasal, se hablaron cientos de dialectos que generaron las 44 lenguas mayenses que se hablan actualmente. La historia de este pueblo los convierte en una de las culturas más importantes, no sólo de Mesoamérica sino de toda la etapa precolombina del continente americano, con un legado científico y astronómico universal. Obras literarias mayas, como el Rabinal Achí, el Popol Vuh o los diversos libros del Chilam Balam, son también parte de esa herencia que nos dejaron, en la que queda ilustrada la vida de este pueblo mesoamericano. La información registrada en las inscripciones de estos libros, cuya traducción nos van revelando nuevos datos, junto a pinturas como las de Bonampak nos muestran que los gobernantes mayas no eran los sacerdotes pacíficos de una sociedad idílica, como creían los arqueólogos de la primera mitad del siglo XX, al contrario, eran militares que dirigían las guerras y conquistas entre dinastías reales y distintos centros de poder.

Los primeros desarrollos culturales de Área Maya se dieron en la zona sur, así lo indica la primera cerámica que se produjo en la ciudad de Cuello (Belice), cuya influencia parece ser derivada de las tradiciones sudamericanas, o los primeros ejemplos de escritura jeroglífica y un estilo propio de escultura. Este pueblo no sólo ha conservado sus costumbres y creencias ancestrales, también han llegado hasta nuestros días sus crónicas históricas, además de en sus libros, en altares, estelas, dinteles y otros monumentos, que por los progresos obtenidos en los últimos treinta años de estudio nos han revelado muchos de los misterios que guardaba esta civilización.

Historia

Es a partir del periodo Formativo o Preclásico cuando la cultura maya comienza a definirse con los asentamientos sedentarios que provocaron la agricultura, así como con el surgimiento de la cerámica. Sin embargo, algunos miles de años antes, durante el Lítico, los antepasados de estos grupos sedentarios ya deambulaban por la región recolectando frutos silvestres y cazando animales salvajes, componentes todos de sus dietas de supervivencia. Los hallazgos de objetos líticos, con una antigüedad de 9.000 años, asociados con animales que ya desaparecieron así lo indican. Las muestras de este periodo que permiten considerar la existencia de grupos humanos en el Área Maya fueron encontradas en cuatro lugares principalmente: Los Tapiales, en el Altiplano Occidental de Guatemala; la Cueva de Santa Marta en Chiapas; la Cueva de Loltún, en la planicie yucateca; y en algunos sitios de la selva tropical de Belice.

El Arcaico fue el periodo transitorio o puente entre los grupos nómadas y los sedentarios, que comenzaron a domesticar las primeras plantas típicas en la agricultura mesoamericana: frijol, calabaza, maíz. Por otro lado, los asentados en la costa se fueron especializando en la recolección de moluscos, como lo demuestran los montones de conchas encontradas y que se conocen con el nombre de "concheros".

Aquellos primeros asentamientos del Formativo o también llamado "Periodo agrícola" dejaron la prueba de su existencia en distintas huellas en forma de elementos de diferentes formas, desde las plataformas bajas que seguramente formaron parte de las casas que construyeron con materiales perecederos a los restos de cerámica anteriormente mencionada que se halló en Cuello; enterramientos, hogares, pruebas evidentes que, además de en la ciudad beliceña, salieron a la luz en otros sitios como Maní y la Cueva de Loltún en Yucatán, Altamira en Chiapas o en la costa guatemalteca del Pacífico, en Ocós y Salinas la Blanca. A mediados de este periodo la influencia olmeca se dejó sentir fuertemente en todo el área, especialmente en la cerámica, pero de igual modo en la escultura monumental. Es en el tercio final del Preclásico cuando comienzan a asentarse en lugares que más tarde serían de gran esplendor, ciudades de Guatemala como Tikal, Uaxactún y Esibal.

Son tiempos de cambio social, político y religioso, los grupos crecen en número de individuos y la sociedad comienza a definirse en diferentes estratos, a jerarquizarse, como así lo muestran la construcción de grandes estructuras monumentales como las de Lamanai o El Mirador, En Belice y Guatemala respectivamente. Otras ciudades que comenzaron a desarrollarse en esta zona sur del Área Maya fueron: Kaminaljuyú, Abaj Takalik y El Mirador (Guatemala), Izapa y Chiapa de Corzo (Chiapas) y Chalchuapa (El Salvador). Los rituales y las formas de religiosidad que prevalecerán en el futuro comienzan a fraguarse también en este periodo cultural.

Entre los años 100-250 d. C., en lo que pasó a llamarse el Protoclásico y que no está del todo definido por los especialistas, el declive se hizo patente en todos los centros importantes de la zona sur y algunos de las tierras bajas. Algunas teorías culpan de esta decadencia a la incipiente colonización de los teotihuacanos, que aprovecharon esta circunstancia para hacerse con el control del monopolio del comercio de cacao, jade y obsidiana en la superárea cultural. Por el contrario, en lugares como Noh, Holmul o Barton Ramie, la población aumentó y se inició la producción en serie de objetos de cerámica que se haría característica de la zona, con soportes mamiformes en forma de cuencos y fuentes engobadas, la cerámica Usultán, la policromada y otras más.

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