lunes, 26 de septiembre de 2011

Cultura zapoteca ( V )


Arquitectura

La arquitectura zapoteca tiene como máximo exponente a su mítica capital, Monte Albán. Hay que pasar por sus construcciones para entender el arte arquitectónico de este pueblo oaxaqueño, un majestuoso complejo que se levanta alrededor de una gran plaza, que a su vez se divide en plazas, plataformas y edificios, y que ocupa una superficie de aproximadamente 300 metros de largo por 200 metros de ancho, sobre un eje central que divide el espacio abierto de norte a sur. Probablemente, el conjunto arquitectónico más equilibrado de la América prehispánica. Asentada sobre un cerro aplanado artificialmente y construida en varias etapas. Dos de sus edificios más importantes pertenecen a la primera de ellas, Los Danzantes y el Edificio J.

Aunque la construcción de Los Danzantes data de la primera de las etapas de Monte Albán, uno de los más antiguos de la zona, también en la tercera tuvo sus modificaciones. El nombre que recibe este magnífico ejemplo arquitectónico se debe a las figuras en relieve que aparecen en algunas de las lápidas del edificio. Los seres humanos representados en estas piedras, con escritura y glifos calendáricos a sus lados, se muestran en actitud dinámica, en plena práctica del juego de pelota, y evidencian una clara influencia olmeca.

El tablero, que se conoce por el nombre de doble escapulario, constituye uno de los elementos arquitectónicos más importantes del centro y deriva del tablero teotihuacano, aunque con señas propias de identidad. Su forma de C o E, acostada y alargada, crea una peculiar silueta que se refuerza por un sencillo remetimiento de paños y adorna con alguna deidad rematando la parte superior. Son dos cámaras las que normalmente componen sus templos, algunas son abiertas y otras ligeramente cerradas por muros o puertas divididas por columnas, siempre seguidas una de otra. Las columnas son un elemento muy utilizado en la arquitectura, principalmente como soporte en los pórticos de acceso a los templos.

El Edificio J se ha venido a llamar como el primer observatorio astronómico mesoamericano, aunque también se cree que pudiera ser un edificio dedicado a la conmemoración de las conquistas. La existencia de glifos de lugares, invertidos en sus paredes en bajorrelieve, interiores y exteriores, aviva la creencia de esta hipótesis. La planta del montículo es de forma pentagonal, separada de los tres edificios centrales que asemejan la forma de una punta de flecha, en cuya base se encuentra la escalinata que da acceso. En el interior, un pasadizo abovedado con aberturas en la parte superior sugiere que desde ahí se observaban las estrellas para su estudio.

Otros edificios del complejo, como el G, H, I o P, no reúnen unas características especiales a destacar. Sin embargo, El Palacio lo hace por su número de habitaciones, 13, dispuestas alrededor de un patio central, las que se piensan fueron habitadas por nobles o sacerdotes.

El edificio Plataforma Sur, con una escalinata que da a la misma plaza y desde donde se domina toda ella, con varias estelas que muestran esculpidos a varios personajes, gobernantes o guerreros, en las esquinas de la base piramidal, es el que cierra por el lado sur.

El Montículo M y el Sistema IV comparten los mismos elementos y composición arquitectónica, son los que ponen límite por el noroeste. El primero de ellos se levanta sobre una base piramidal con escalinata y patio central, con otra base en forma de pirámide y escalinatas en el exterior; del antiguo templo sólo quedan los restos de cuatro columnas que formaban parte de su fachada como testigo de lo que fue, así como las lápidas con danzantes de su lateral. En el Sistema IV, en el exterior y hacia el norte, se halla una enorme estela con glifos; en su parte media central un patio acoge un adoratorio.

La escalinata de la Plataforma Norte se desliza hacia la plaza flanqueada por dos gruesas alfardas. En su parte superior una estela y en los laterales son altares los que contienen lápidas con relieves de personajes y glifos. Los escalones daban a un vestíbulo, hoy derruido, en su parte superior con acceso a un patio central con adoratorio, del que sólo se conservan la base de varias columnas. Por el costado este y oeste son los edificios A y B los que ponen cerco, ambas construcciones se creen que pudieron ser las viviendas de los gobernantes y sus familias.

No se puede obviar la cancha del juego de pelota, ni la importancia que para los zapotecos tenía. En forma de una gran I mayúscula, se sitúa a la izquierda de la entrada a la gran plaza, con unos pequeños nichos en las esquinas noroeste y sureste. El disco de piedra queda en el centro del rectángulo enmarcado por dos taludes que aún conservan en la parte superior los cimientos de lo que en su día pudieron ser templos. En uno de los cuatro edificios cercanos, situados en la parte oriental de la plaza, se encuentra el elemento singular del conjunto, la escalera de entrada al túnel que conecta con los edificios centrales de la plaza, por el que los religiosos acudían a sus ceremonias religiosas sin ser vistos por la multitud.

Por último, la arquitectura funeraria zapoteca conserva una serie de tumbas y enterramientos que dicen mucho de la importancia que este pueblo daba a la muerte. Todas las tumbas se construyeron subterráneas y en piedra, con escaleras y figuras modeladas en estuco. Cuentan de una o dos cámaras por lo general y destacan por su belleza y rica decoración. Son más de 200 las tumbas que se han descubierto hasta ahora en el área monumental y las laderas de la montaña.

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