domingo, 11 de septiembre de 2011

Cultura Zapoteca ( II )


Monte Albán

La ciudad de Monte Albán se fundó hacia el año 500 d. C., hacia el final del periodo Formativo, coincidiendo con el surgimiento de una nueva cultura en el Valle de Oaxaca, que tuvo como seña de identidad cultural más relevante una cerámica gris que más tarde representaría a la cultura zapoteca. La procedencia del nombre de Monte Albán le viene de la época hispánica. Se cree que fue renombrada de esta manera en el siglo XVI, en honor al terrateniente español de apellido "Montalbán". Sin embargo, no es este el único nombre que recibió a lo largo de su historia. Los zapotecos la llamaban Dani Baá, "Montaña Sagrada", y los mixtecos Yucucúi, "Cerro Verde".

La montaña sagrada de los zapotecos fue una ciudad con población pluriétnica, como lo fueron las grandes ciudades mesoamericanas, que a lo largo de toda su historia mantuvo vínculos con otras culturas de la región. Durante la primera etapa de Monte Albán se evidencian las influencias teotihuacanas, que quedó reflejado en sus expresiones culturales como la cerámica y sus monumentos, arquitectónicos y escultóricos. Todo parece indicar que fueron unas relaciones pacíficas entre los dos pueblos, una época de paz, quizás debido a que la capital zapoteca no ofrecía peligro ninguno de competencia política y económica. Por aquellos años Monte Albán se mostraba como un centro aislado, tradicional, e incapaz de competir con Teotihuacan.

Aquella ausencia de enfrentamientos bélicos trajo consigo una reorganización profunda en el Valle de Oaxaca, de la que surgieron cinco tipos de asentamientos jerarquizados que llegan a tener responsabilidades administrativas y monumentos tallados al mismo estilo que en Monte Albán, aunque sin celebraciones ceremoniales ni de élite. Algunas de estas comunidades, Huijazoo, Lambityeco, Cerro de las Campanas, Yagul o Mitla, llegaron a tener varios miles de habitantes y la etapa se caracterizó por la construcción de monumentales edificios de piedra, por el uso del calendario y la escritura.

Dani Baá nunca llegó a ser una metrópoli importante desde el punto de vista económico como lo fueron otras capitales mesoamericanas, quizás porque tampoco nació con esas inquietudes, más bien las de ser una capital política, destinada a coordinar las actividades de las otras comunidades menores, de su organización política, económica y militar. No obstante, la ciudad creció rápidamente y llegó a contar con 150.000 habitantes, convirtiéndose en la ciudad dominante y el gran centro religioso de los zapotecos. Monte Albán no fue sólo un centro ceremonial, la ciudad tenía templos, palacios, mercados, tumbas con ofrendas suntuosas, sistemas de almacenamiento y drenaje, y dos canchas de juego de pelota. Fue una ciudad viva, dinámica, en la que habitaban artesanos, comerciantes, sacerdotes y gobernantes; sus edificios estaban recubiertos de estuco con el color rojo predominando. Las casas del pueblo se distribuían en las laderas, fuera del conjunto central, y se componían además de las viviendas de una pequeña huerta, pozo y espacio para taller artesano.

La piedra angular del dominio de Monte Albán estaba en su cultura, en las innovaciones que llevaron adelante en la astronomía, el calendario, la escritura o la religión. De esta segunda fase data el edificio llamado de Los Danzantes, construido con elevados muros, revestidos de grandes losas y con figuras en movimiento, grandes y verticales, pequeñas y horizontales. En este edificio se encuentra una clara influencia olmeca, de La Venta, así como una cerámica de notable elaboración y original y que parece tener una procedencia exterior o al menos la influencia que la originó.

No es coincidencia que justamente cuando comenzó a decaer San José Mogote se diera el nacimiento de Monte Albán, que a la par que iba menguando el número de habitantes de la primera ciudad se fuera incrementando en la segunda. Los estudios que Kenny Flannery llevó a cabo junto con sus colaboradores a partir de 1.966 en San José Mogote, dejan abierta la posibilidad que los primeros habitantes de Monte Albán, sus fundadores, llegaran del anterior lugar buscando un sitio elevado para construir su gran plaza desde dominaran los valles.

Monte Albán III fue la etapa de mayor esplendor de la cultura zapoteca, en la que destaca su magnífica cerámica, a la que se le atribuye la clara influencia maya del Petén, Guatemala, en sus técnicas de fabricación y sus bellas formas. La época coincide con el desarrollo del sistema de escritura glífica en estelas e inscripciones en las lápidas que forman los edificios monumentales. Tampoco es coincidencia que el mayor esplendor de los zapotecos coincida en tiempo con las culturas clásicas Teotihuacana y maya, desde el siglo III d. C. al siglo IX d. C., es la prueba evidente de la influencia cultural mesoamericana. Para esta época ya tiene bien definida su personalidad la cultura zapoteca, a ella corresponde el máximo poderío económico y político, la mayoría de los edificios de la ciudad, y se caracteriza por la construcción de amplias tumbas subterráneas, con fachadas de piedra y pinturas murales interiores, representando sacerdotes y deidades.

Durante la tercera fase se dio un cambio importante que significó el surgimiento de lo que se conoce como estilo zapoteca. Esto sucedió con la llegada de un grupo procedente de la zona de Chiapas, que acabaría por fusionarse con el grupo original. El fruto de esta fusión se mezcló con la ya existente influencia teotihuacana y es lo que provocó el resultado conocido.

Al final del cuarto periodo, alrededor del año 800 d. C., los grandes centros urbanos fueron abandonándose paulatinamente. Se desconoce el motivo por el que dejaron de funcionar, muchas voces apuntan a diferentes causas que van desde sequías prolongadas, epidemias, hasta posibles problemas sociopolíticos. Del siglo X al XV, Monte Albán entra en decadencia y los zapotecos abandonan su capital coincidiendo con la llegada de los mixtecos a Oaxaca, que la ocupan y comienza a convertirse en el gran cementerio mixteco. Los antiguos habitantes de Monte Albán establecen su capital política en Zaachila y en Mitla fundan su santuario junto con la residencia de la clase sacerdotal.

Al igual que en otras regiones mesoamericanas, a partir del 1.200 d. C. comienza una nueva etapa, el Posclásico, que afianza el dominio de los mixtecos en Oaxaca. Para el V periodo Monte Albán se había transformado en un majestuoso cementerio; Yagul, Zaachila y Mitla fueron las ciudades-estado que más florecieron en los valles centrales, especialmente esta última, que se convirtió en el claro ejemplo de la nueva arquitectura con sus palacios, y una novedosa cerámica policroma, junto a otros objetos de filiación mixteca, hacen su aparición en la región.


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