sábado, 6 de agosto de 2011

Cultura totonaca ( II )


Orden político y social

Para el conocimiento de la historia de los pueblos y sus costumbres muchas veces es necesario analizar fuentes de diferente procedencia, las que en numerosas ocasiones nos suelen dar datos tangenciales. Es la circunstancia que nos encontramos cuando nos adentramos en el mundo totonaca, que no tuvieron historiadores ni cronistas de la talla de Sahagún. Lo más cercano que poseemos respecto a la época prehispánica son los datos que nos dejaron autores como Jerónimo de Aguilar o Bernal Díaz del Castillo, referentes al periodo más temprano de la llegada de los europeos, cuyas experiencias fueron escritas muchos años después. Sin embargo, estos datos nos dejan una perspectiva un tanto engañosa, pues la óptica con la que se describe es la de los propios españoles, no de la realidad indígena. De todas maneras, existen autores muy interesantes para este periodo.

En su Historia Eclesiástica Indiana, Fray Jerónimo de Mendieta incluye información recogida sobre los conflictos entre totonacas y aztecas, que nos dan una idea de cuales eran las razones que llevaron a los primeros para aliarse con los españoles en contra de los segundos. También tenemos las narraciones de Fray Bartolomé de las Casas en Apologética Historia Sumaria, en la que incluye las experiencias contadas de un joven paje de Cortés que se quedó a vivir en Cempoala. Igualmente, es interesantísimo el Juicio de Idolatría contra el cacique don Juan de Matlatlán, realizado por Fray Andrés de Olmos, en el que recoge datos sobre parentescos y rituales.

A pesar de ser el primer pueblo de importancia que se alió con los españoles, nadie se ocupó de recoger información social y política de los totonacas, solamente fragmentaria e incompleta. Aún así, está claro que se trataba de una sociedad estratificada con evidente diferencia social y con relaciones políticas basadas en el parentesco. Así lo expresa Bernal: "Cacique gordo de Cempoala ofreció a Cortés su sobrina como medio para ratificar la alianza política establecida"; también Olmos dice: "el cacique de Matlatán es acusado de estar casado con sus primas o parientas".

La sociedad totonaca quedaba constituida por la nobleza y el sacerdocio, que en momentos determinados se conjugaban, lo que nos permite imaginar una sociedad teocrática. Un escalafón por debajo se encontraban los guerreros, sobre todo al final del periodo Clásico, a estos le seguirían los comerciantes y artesanos. La mayoría de la población eran campesinos que tenían sus casas alrededor de los centros ceremoniales, mientras que los gobernantes y sacerdotes residían dentro de la zona cercana al recinto ceremonial.

En cuanto a las costumbres que tuvieron estos pueblos, nos sirven de referencia las innumerables piezas de cerámica en las que quedaron representadas esas costumbres y formas de vida. Por estas piezas cerámicas sabemos por ejemplo que los sacerdotes usaban una especie de sotana larga adornada con caracoles. De igual manera conocemos que los hombres vestían el maxtlatl o taparrabo, muy extendido y común por muchos pueblos de Mesoamérica; las mujeres utilizaban el quechquémitl, una prenda típica en forma de capa triangular, así como camisa sin mangas y huipil. Ambos usaban calzado y se adornaban con plumas y joyas.

Organización económica y comercial

Para tener una visión de conjunto del Totonacapan la información más notable a la que podemos acceder son las Relaciones Geográficas, redactadas entre 1.579 y 1.581, las que por sus características nos acercan a las cuestiones y costumbres políticas, sociales y económicas. Lo más notable quizás sea la ausencia de mercados y las estrategias económicas que tendían al autoabastecimiento de la mayor cantidad de productos. Esta característica implicaría el disloque de la economía, la sociedad y la política, pues estaban obligados a entregar tributo en cantidades fijas de bienes, cualesquiera que hubiera sido el resultado de la cosecha. Por motivos relacionados con este tributo, muchos jefes étnicos fueron rehenes y cruelmente sacrificados en las insurrecciones que surgieron para liberarse del yugo al que los tenía sometidos la Triple Alianza.

Los distintos ambientes naturales del Totonacapan permitían tener acceso a productos de distintos pisos ecológicos. Era la sal (Mendizábal, 1.944), aparentemente, el único producto de importación, que se obtenía mediante intercambio con Tepeaca, Tehuacan o Campeche, en este último caso a través del actual Puerto de Veracruz, el punto central de confluencia de una antigua ruta prehispánica de sal. Estas condiciones específicas del territorio fue la causa de la conquista mexica, pues el Valle de México era sumamente sensible a los cambios climáticos y el control del Totonacapan aseguraba una fuente permanente de abastecimientos alimenticios. Prueba de ello (como apunta Mendieta, 1.945) es la hambruna que sufrió el Valle de México a principios de siglo XVI, antes de la llegada de Cortés.

Al igual que otros muchos pueblos mesoamericanos, los totonacas eran principalmente agricultores. El maíz, chile y frijol eran sus cosechas más importantes, entre otras plantas, como el cultivo de la orquídea, de donde se extrae la vainilla, el producto estrella que comercializaban con otras regiones. El uso principal de la vainilla se daba para aromatizar el cacao, disuelto en agua, que se reservaba como bebida sólo para las clases nobles. Las relaciones comerciales con los mayas fueron buenas, a ellos les compraban las mantas de algodón que luego vendían a los mexicas.

En cuanto a las relaciones de intercambio, las Relaciones Geográficas muestran dos circuitos económicos en el área: el primero de origen prehispánico y el segundo colonial. El sistema prehispánico estaba basado fundamentalmente en la circulación de la sal, algodón y textiles, alfarería, maíz, frijol, chile y amole (jabón de la tierra); también era importante la cría de guajolotes o totolos. Zacatlán era un centro comercial de tradición prehispánica cuyas rutas llegaban hasta Tlaxcala y México. Es muy probable que hubiese existido un sistema de tributo en favor de las clases nobles, con el que les permitiría sostenerse particularmente y construir y mantener los edificios ceremoniales, además de los elementos para la realización de sus rituales religiosos.




1 comentario: