martes, 26 de julio de 2011

Cultura olmeca ( VII )



Arquitectura

La falta de piedra en la región olmeca quizás fue el condicionante para que la arquitectura que desarrollaron fuera más bien pobre, del tipo monumental, en la que los edificios se construían en bases de materiales poco duraderos o perecederos, tales como el lodo, troncos de madera y paja o lajas superpuestas. Aún así, la arquitectura olmeca fue la que marcó la forma de los centros ceremoniales que fueron creando las diferentes culturas que se desarrollaron en Mesoamérica. Todo parece indicar que fue San Lorenzo-Tenochtitlan y más tarde La Venta, las que fijaron la línea a seguir en cuanto a la arquitectura religiosa.

Estos alineamientos arquitectónicos se tornaron básicos en la creación de los primeros centros ceremoniales que se construyeron a lo largo y ancho de todo el territorio mesoamericano, convirtiéndose hasta la llegada de los conquistadores españoles en el centro de las comunidades, que se expandían alrededor de estos puntos de referencia sociales, políticos y religiosos. Las ciudades sagradas se planificaban sobre el terreno como grandes espacios abiertos rodeados de plataformas y basamentos que se trazaban sobre dos ejes dirigidos a los puntos cardinales; piramidales, como en los edificios C1 y D1 de La Venta, o de planta rectangular. La plaza central se conformaba por las propias construcciones que se edificaban a su alrededor, combinándose con otras de menor altura, escaleras y empalizadas que se integraban con grandes columnas de basalto sobre el suelo. Esas mismas columnas monolíticas que se alzaban próximas entre sí, daban forma en el centro de las plazas a receptáculos sagrados totalmente cerrados que incluían un diseño abstracto y que imaginativamente se les han llevado a llamar grandes máscaras de jaguar, construidas por mosaicos de lajas de serpentina verde.

Es muy probable que existieran otros centros ceremoniales además de los que se han estudiado hasta la actualidad. San Lorenzo-Technotitlan, La Venta, Tres Zapotes y Cerro de las Mesas son los más conocidos, pero como apuntaba anteriormente, el tipo de materiales utilizados para sus construcciones no permitieron que llegaran hasta nuestros días de una manera más visible.

Un edificio típico se construía normalmente con postes de madera, paredes de carrizo repelladas con lodo, techos de palma y piso de tierra apisonada, con subestructura o sin ella. La construcción de los basamentos eran sencillos montículos de tierra compacta, a veces de arcilla y otras de arena de la propia zona; también se daban los casos en los que las subestructuras se recubrían de piedras.

La diferencia de pobladores o habitantes en estas ciudades religiosas olmecas respecto a otras mayas, desde unos pocos miles los primeros a cercanos a los 100.000 los segundos, como es el caso de algunas ciudades del Yucatán, deja a la imaginación el porqué los centros ceremoniales no son tan vistosos, tan llamativos e impresionantes como lo pueden ser los mayas. Lo que de arqueología nos deja la época olmeca son montículos de tierra cubiertos por hierbas, sin fachadas y tabiques de mampostería y casi con toda seguridad finalizados con cobertizos de troncos cubiertos de palma.

Las investigaciones continuadas nos van descubriendo nuevos datos respecto a los grandes centros olmecas desarrollados en La Venta, San Lorenzo y Laguna de los Cerros, y los centros menores tales como Tres Zapotes, de los que ya se saben que no eran meros sitios religiosos despoblados dedicados a las deidades, si no que en ellos existía vida dinámica, artesanos, campesinos, religiosos y dirigentes; incluyen tanto edificios públicos y religiosos como residencias de la élite y casas comunes. La mayoría de los 200 montículos que se encuentran en San Lorenzo, y se supone que aún quedan algunos por descubrir, son plataformas que sirvieron de base a las viviendas de la época. Sus elevaciones rara vez superan el metro de altura y por lo general de planta rectangular; con frecuencia observamos dos montículos en ángulo recto o tres delimitando un patio, lo que nos recuerda el paralelismo con la situación clásica maya.

La Venta, sus edificios, eran simples construcciones de barro recubiertas de piedras pulidas y tierras compactas coloreadas. Su elemento principal era una rara pirámide que dominaba un conjunto arquitectónico, orientado de norte a sur y limitado en el extremo opuesto por una pirámide escalonada. La construcción del edificio se hizo con barro, su diámetro es de 130 metros y su altura de 30. La forma en la que fue concebida se asemeja más a un cono truncado que a otra cosa, con diez depresiones simétricamente repartidas en sus diez lomos que se van alternando en sus costados. Esta forma tan especial para los arqueólogos tiene, según ellos, su inspiración en los abundantes conos erosionados que se encuentran en la región de Los Tuxtlas.

De los 10 complejos arquitectónicos, entre los que se han definido La Venta, el A es el grupo más pequeño y el considerado ceremonial del sitio. La combinación simétrica de plataformas bajas, escaleras y unas extrañas empalizadas formadas por grandes columnas verticales de basalto muy cercanas unas de otras, formaban plazas que cerraban las dos grandes masas principales.

El conjunto urbano que se localiza en Tres Zapotes se extiende por un espacio aproximado a los 3 kilómetros, a lo largo de la ribera del arroyo de Hueyapan. En este sitio arqueológico, considerado centro menor, son varios montículos los que se localizan formando varias plataformas sin el aspecto geométrico rectangular. Uno de ellos, el denominado C, tiene una relativa importancia por encima de los demás, no deja de ser una plataforma de tierra, sin embargo, el hecho de que su frente aparece recubierto con piedra cortada y con escalinatas de piedra plana, hace suponer que fue uno de los lugares donde se inició la técnica de la piedra, que resultó ser tan importante para las épocas posteriores en Mesoamérica.

El descubrimiento de Llano del Jícaro, una cantera de basalto olmeca, se lo debemos al arqueólogo Alfonso Medellín Zenil, en 1.960, quien también localizaría un taller en el mismo lugar. La cantera de Los Tuxtlas se encuentra a tan sólo 7 kilómetros del centro olmeca de Laguna de los Cerros. En 1.991 se fueron sumando datos en cuanto al proceso de manufacturas de monumento en el propio Llano del Jícaro, al encontrarse un gran altar sin terminar, lo que demostraría que los monumentos eran conformados en su forma básica en la misma cantera. Son muchos interrogantes los que se van aclarando, no obstante, aún quedan otros muchos por resolver, como el transporte de estas enormes piedras para altares y cabezas colosales desde Los Tuxtlas, a través de ríos y pantanos hasta San Lorenzo y La Venta.



(fuente de información: Los pueblos mesoamericanos, Rosa Mayra Ávila Aldapa)

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