jueves, 21 de abril de 2011

Periodos culturales mesoamericanos: Lítico


La dificultad que se presenta a la hora de encontrar información sobre los primeros horizontes culturales mesoamericanos es evidente. Sobre el periodo Lítico, si no accedemos a su conocimiento por medio de las investigaciones arqueológicas, es prácticamente imposible encontrar información. Son los restos que fueron dejando los antiguos pobladores de Mesoamérica los que sirven de referencia para obtener una imagen precisa de cómo eran los indígenas que poblaron la región y de qué manera vivían. El análisis de estas huellas arqueológicas ha sido el principal o único valedor para los investigadores antropológicos en sus tesis o trabajos sobre el desarrollo cultural en la zona. Esto es así porque no fue hasta el periodo Clásico cuando algunos pueblos comenzaron a utilizar varios sistemas de escritura, y aún así, esos vestigios no son suficientes para reconstruir la historia de estos pueblos. Tampoco en el caso de los mayas, a pesar de crear el sistema de escritura más complejo o complicado de toda la región, pues sólo en los últimos tiempos se ha podido descifrar en parte su legado. Es a partir del Posclásico, especialmente después de la conquista española, cuando la historia ha quedado recogida escrituralmente en el sistema latino que conocemos.

La historia antigua mesoamericana se ha dividido especialmente en seis partes, aunque quizás no sea ésta la forma más adecuada sí es la tradicional, la que ha prevalecido por encima de otras divisiones culturales. La falta de consenso en este punto de encuentro radica en el criterio unánime que se debe de seguir para este reparto de etapas o periodos. La división tradicional del horizonte cultural mesoamericano queda de la siguiente manera: Periodo Arqueolítico: 33.000-12.000 a. C.; Periodo Cenolítico: 12.000-5.000 a. C.; Periodo Protoneolítico: 5.000-2.500 a. C.; Preclásico o Formativo: 2.500 a. C. - 200 d. C.; Clásico: 200-900 d. C.; Posclásico: 900-1521 d. C.

En cada periodo existen unas carastericticas diferentes que son las que las identifican y distinguen. No obstante, las fechas varían según qué región, y aunque en algunas de ellas estos rasgos aparecen más temprano y en otras más tarde, las fechas límites abarcan a todas las subáreas culturales. La etapa Lítica mesoamericana corresponde al tiempo transcurrido entre la llegada de los primeros pobladores a la región y el desarrollo de las culturas sedentarias (31.000-2.500 a. C.). Como decía anteriormente, es por medio arqueológico por el que nos regimos y en este primer periodo existen dos fechas significativas que marcan el principio y el final. Esta etapa comienza arqueológicamente en el año 31.000 a. C. aproximadamente, fecha que se estima correspondiente a la datación de los restos de Chimalhuacan (Estado de México), los indicios más antiguos de la actividad humana encontrados en territorio mexicano. La segunda fecha que da fin a esta etapa cultural corresponde a las muestras de cerámica más antigua encontradas, en Puerto Ángel (Estado de Guerrero). Para muchos investigadores de la historia precolombina de México, estos hallazgos son considerados la muestra que marca la separación entre las culturas agrícolas de Mesoamérica y las nómadas de Aridoamérica.

Arqueolítico: El periodo Arqueolítico corresponde al tiempo transcurrido entre los años 33.000-12.000 a. C. En este largo periodo encontramos la expresión más primitiva del ser humano en Mesoamérica, la elaboración de piezas grandes de piedra mediante percusión. Así como otros de menor tamaño que daban forma a base de golpes, unos contra otros, muestra de ellos son las lascas, navajas, raspadores, raederas y artefactos denticulados encontrados. Por el contrario, llama la atención la ausencia total de puntas de proyectil de piedra, aunque se estima que pudieran haberlas fabricado de hueso y madera. La predilección por materiales como el sílex, la obsidiana, el pedernal y el basalto no siempre prevalecían y eran las materias primas locales las que usualmente se empleaban.

Los mesoamericanos del Arqueolítico preferían la recolección de frutos silvestres y raíces por encima de la cacería, aunque sin eliminarla de sus actividades y modo de subsistencia. En cuestión social tampoco parece que sus relaciones fuesen sólidas y estables; los grupos serían de un número reducido, pequeños núcleos familiares o domésticos. Los sitios más destacados encontrados son Tlapacoya, en las orillas del Lago Chalco y datado con fecha de 24.000 a. C.; Caulapan, en Puebla, 21.000 a. C.; Cueva del Diablo en Tamaulipas 9.000 a. C.; Y sin fechar la Cueva de Chimalacatlán en Morelos y Teopisca en Chiapas.

Cenolítico: El Cenolítico mesoamericano (12.000-5.000 a. C.) se divide en dos etapas: Cenolítico inferior, 12.000-7.000a. C., y Cenolítico superior, 7.000-5.000 a. C. En este periodo aparecen nuevas características culturales más complejas que en el anterior, entre ellas es la punta de proyectil la más significativa. Tanto en la etapa inferior como en la superior aparecen dos tipos de puntas: en la primera con acanaladuras (Colvis y Folsom) y foliaceas (Lerma) en la segunda. La precisión de una contra otra continúa siendo la manera de elaborar las piezas pero por este tiempo comienzan a darse los percutores blandos como la madera, el hueso y asta, y por lo tanto con resultados de características diferentes. También comienza a utilizarse la técnica por presión con piezas de madera previamente preparada o asta de venado.

En esta etapa se supone que comienza los primeros indicios de la agricultura, prueba de ello es la aparición de los primeros implementos de molienda, muelas y morteros. El tipo de materia prima es la misma al periodo anterior pero se le van sumando otras fibras de origen vegetal, con las que se elaboran redes de carga, bolsas y cordeles. La caza se convierte en la principal ocupación de subsistencia, especialmente animales pequeños como venado, barrendo o conejo, y continúan con la recolección de aguacates, frijol, calabaza, algunas especies de acacias, pencas de maguey, numerosos frutos de cactáceas y el maíz o teosintle. Hacia el 7.000 a. C. comienzan a realizarse los primeros cultivos.

La organización social no sufre cambios sustantivos en los grupos humanos pero se intuyen las primeras organizaciones a bandas; no se estiman cambios evolutivos ni tampoco en número de integrantes. Los sitios arqueológicos más importantes del periodo Cenolítico son: la Cueva del Diablo en Tamaulipas; San Bartolo Atepehuacan en Morelos; Cueva Espantosa en Nuevo León; Cueva del Tecolote en Puebla e Ixtapan de la Sal, Tlapacoya y Tepexpan en el Estado de México.

Protoneolítico: El Protoneolítico corresponde con el periodo entre los años 5.000 y 2.500 a. C. En esta etapa la caza de grandes mamíferos del Pleistoceno como el mamut, bisonte, milodón, mastodonte o el caballo americano, entre otros, toma protagonismo sin abandonar la recolección de frutos silvestres. Sus armas seguían siendo rudimentarias y primitivas pero los cambios se hacen visibles con la confirmación del conocimiento del fuego, la utilización de las pieles de los animales que cazaban para vestirse, la domesticación del perro y el uso del atlatl o lanzadera.

La agricultura se ha iniciado y con ella también la evolución en el desarrollo organizativo; la aparición de pequeñas aldeas permanentes y estratificación social incipiente. Aumenta la población y los asentamientos comienzan a darse en distintas regiones. El seguimiento y estudio de algunas regiones sobre el desarrollo de la agricultura ha dado como resultado: el Valle de Tehuacán en Puebla; Sierra de Tamaulipas y Sierra Madre de Tamaulipas; el suroeste de Tamaulipas; el Valle de Oaxaca y el sur de la Cuenca de México.






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