domingo, 16 de enero de 2011

Lo que no fue y pudo haber sido


Pensar en la realidad social de la actualidad en América Latina siempre deja una pregunta flotando en el aire sobre lo que pudo haber sido y no fue, de no haberse dado a lugar la conquista americana por parte de la Corona Española u otras naciones europeas que se sumaron tras los españoles a la aventura del nuevo mundo. Se puede dejar en libertad a la imaginación hasta desbocarse como potrillo por las praderas de las suposiciones y fabricar una utopía imaginaria apoyados siempre en los deseos más que en las posibles realidades que los tiempos hubieran traído para todos aquellos pueblos de entonces, que hoy lo son en parte pero que también en parte dejaron de serlo, en el proceso de mestizaje que se dio entre lo autóctono y lo foráneo, entre los nativos y los forasteros.

Con toda seguridad, ese proceso migratorio definitivo que surgió con el encuentro de los dos mundos habría sucedido poco tiempo después del 1492 de no haberse concretado en aquella fecha, es más, incluso podríamos decir que esta fecha significativa no es más que la culminación de unos encuentros que ya se habían dado a lo largo de siglos anteriores pero que a partir de ahí se inician oficialmente con la globalización. Se ha podido comprobar mediante la arqueología, al igual que genéticamente, que los encuentros entre los dos mundos surgieron mucho antes de que Colón arribara a tierras americanas, incluso en la mitología de los nahuas, olmecas, toltecas, mayas o aztecas, se encuentran deidades claramente europeas o al menos con características del viejo continente, como por ejemplo Quetzalcóatl. Por lo tanto, esas influencias extranjeras ya se comenzaron a dar desde el mismo momento en que el primer europeo pisó el nuevo continente.

Sin embargo, siempre partimos desde aquel no tan lejano 12 de octubre para subirnos al tren de las suposiciones y de las posibilidades del qué hubiera pasado de no alterarse el futuro tan traumáticamente, porque hay que entender que el encuentro significó un antes y un después en la historia de América y por ende en el futuro de sus pueblos. Para tratar de imaginar cómo serían las sociedades de hoy, sin esta influencia europea, quizás sería interesante comprobar o comparar las diferencias o similitudes existentes en la sociedad de entonces, especialmente en el contexto de los pueblos nahuas, y por extensión en México y Centroamérica, con el español.

El estilo de vida era variopinto entre los pueblos de la altiplanicie mexicana y otros lugares centroamericanos, pero si miramos en las culturas más desarrolladas, por ejemplo en la olmeca, tolteca o azteca había muchas similitudes entre las cortes nativas y las europeas. Tanto a un lado como al otro gustaban de contar con bufones, enanos y pajes para diversión de los monarcas y cortesanos, al igual que también era similar el sentido restrictivo y represor de los sacerdotes y las religiones. Sin embargo, existía una clara diferencia respecto a los monarcas americanos que compartían doble función con la de sacerdote, mientras que en las monarquías europeas, aunque tenían mucha influencia las religiones, los reyes no eran sacerdotes. Del mismo modo, también existían diferencias entre unas y otras, en la nativa se era más restrictiva con los propios que con los extraños mientras que en la foránea se castigaba a todos por igual.

En otras cuestiones mundanas, como los excesos etílicos y sexuales, para los americanos eran un claro pecado, sin embargo, para los europeos los excesos etílicos no lo eran tanto. Así mismo se daban diferencias cuando los sacerdotes europeos señalaban a alguien reo de condenación, persiguiéndolo por todas partes, al contrario que los prehispánicos, que sólo señalaban como impíos a los de su pueblo y la falta considerada peor según era de elevada su jerarquía. El cumplimiento de las propias reglas sociales, morales y religiosas, eran más un honor de raza que una clara obligación, por eso a los cohabitantes de otras tribus y especialmente a los que tenían costumbres diferentes más licenciosas ni siquiera les llamaban la atención.

A los monarcas amerindios, al contrario que a los europeos, jamás se les hubiera ocurrido pedir una dispensa religiosa o ganarse el cielo pagando con sobornos o favoritismos, así que lo que practicaban los reyes nativos era lo que los europeos sólo predicaban. La picaresca, el engaño, la envidia, el rencor, la codicia, la ambición o cualquier otra de las debilidades humanas también se daban entre las sociedades americanas, sin embargo, para los caciques aborígenes, valores como la palabra dada, el honor, la sinceridad y la obediencia a la conciencia propia era moneda corriente, mientras que para los europeos no eran más que sofismas con los que engañar mejor a sus adversarios. Por su parte, ambos pueblos coincidían en muchas actitudes, como la superstición, la adivinación, la brujería, la promiscuidad o el gusto por las fiestas y la vagancia, aún así, existían diferencias básicas, los aztecas veneraban a los viejos y los españoles no tanto. También entre los aztecas se daba la permisividad en cuestiones etílicas o sexuales, tanto a ancianos como a ancianas, mientras que para los europeos se trataba de una aberración.

Las mujeres, para los aztecas, ocupaban un papel importante en la sociedad, al contrario que para los europeos, para los que parecía que ni existieran. Aunque los aztecas también eran machistas, no existía el pudor entre ellos, ni omitieron a la mujer su participación en sus leyendas. Las mujeres aztecas luchaban, amaban y parían tanto con los aborígenes como con los extranjeros, mientras que las españolas, cuando parían niños morenos con el pelo rizado se daban por obra y gracia del espíritu santo. Por lo general las religiones eran crueles, por una parte y por otra, porque si los españoles se quejaban de los sacrificios humanos los nativos hacían lo mismo respecto a las torturas.

Se puede decir que el entendimiento entre grandes señores fue difícil, imposible, todo lo contrario de lo que sucedió con los pueblos, que las diferencias existentes entre ambas culturas se fueron superando con el tiempo y dándose un rápido sincretismo, que puso de relieve la existencia de más puntos de encuentro que de desencuentro. Algo muy distinto a lo que sucedió con los pueblos indígenas de Norteamérica y los conquistadores anglosajones, que lejos de crearse extractos criollos como en América Latina, los aborígenes norteamericanos huyeron a refugiarse en sus tierras. En definitiva y de cierto modo, este sincretismo cultural, al mismo tiempo que ha propiciado la fusión de dos pueblos, ha permitido la conservación de las costumbres de ambos lados del Atlántico.




2 comentarios:

  1. Ese tema es muy interesante. Hay un texto de Jared Diamond que se llama "Armas, gérmenes y acero" donde el autor propone que la conquista de América por los europeos fue hasta cierto punto algo inevitable en el contexto histórico de la época. Saludos, don Antonio, lo felicito por el espacio.

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  2. Gracias Jerry. Es un placer para mí que visites mi blog. Trataré de encontrar ese texto que me propones.

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