domingo, 25 de abril de 2010

El duelo inconcluso


Hace ya muchos años que no acudía a una concentración ciudadana para protestar por alguna cuestión, las últimas fueron a final de la década de los años 70, contra lo que quedaba del régimen franquista, contra los últimos coletazos de la dictadura fascista que vivió este país casi medio siglo. La libertad y la democracia era lo exigido, años de convulsión social y de manifestaciones multitudinarias que acababan con la fuerza policial exhibiéndose contra los manifestantes y dispersándonos entre bolas de goma, golpes de porra y botes de humo. Durante estos años transcurridos han sucedido muchas cosas, muchos motivos y cuestiones por los que también ha valido la pena salir a las calles a protestar cívicamente, nadie puede negar que en España hoy se vive en una democracia plena, con todos sus derechos a reclamar, a manifestarse, a defenderlos y a discutirlos, porque sin discusión y respeto de distintos pareceres no existe democracia.

Sin embargo, ayer me sentí en el derecho y obligación de acudir a la llamada concentración cívica que se dio en muchas ciudades de España y en otras capitales del mundo, cuyo lema era "contra la impunidad del franquismo". Para quien no conozca la reciente historia de España, e incluso para las nuevas generaciones, les sonará a rancio, a tema para olvidar y no remover, a pasado y venganzas, pero nada de esto tiene relación con lo que se reclamaba ayer. Sí es cierto que son 35 años de democracia los que han pasado y tiempo suficiente no sólo para olvidar, pero existen duelos que no se pueden dar por conclusos hasta que la víctima recibe su digna sepultura, jamás se puede dar por acabado cuando ni siquiera se sabe dónde están los huesos de tantas víctimas desaparecidas del franquismo, es un duelo inconcluso para muchas familias españolas que no han podido honrar a sus muertos de la represión franquista, una asignatura pendiente que arrastran generaciones enteras con el dolor, no solamente de la injusticia que sufrieron sus padres, hermanos o abuelos, si no también con la pena de no poder enterrarlos dignamente como cualquier persona se merece.

Durante las últimas semanas han habido varias noticias de interés nacional que han ocupado muchas páginas y cabeceras de informativos, entre ellas las relacionadas con el juez de la audiencia nacional Baltasar Garzón, imputado en una causa abierta contra él por lo más negativo que se le puede acusar a un juez, por prevaricación. Ya escribí sobre este asunto hace varias semanas en un artículo que titulé "Jueces, honorables y prevaricadores", y aunque la convocatoria ciudadana de ayer tenía un lema bien claro, lo cierto es que el juez Garzón se ha convertido en el icono, en la esperanza de los familiares de las víctimas del franquismo. La pretensión por parte del juez Luciano Varela de apartarlo de la carrera judicial es un golpe bajo a la justicia de este país, a la democracia española que, paradójicamente, en 35 años de democracia sólo se va a juzgar a una sola persona por los crímenes del franquismo y ésta precisamente es el juez Baltasar Garzón, quien ha intentado poner justicia en este asunto histórico, porque no se nos olvide que no se trata de meter en la cárcel a los asesinos, éstos ya murieron en sus camas y sin rendir cuentas a la justicia, si no de dar dignidad a los represaliados y buscar sus huesos donde se encuentren para darle una sepultura digna.

Curioso es que quien ha trabajado por dar justicia a otras víctimas de dictaduras, como la argentina o chilena, no pueda hacerlo por sus propios paisanos y en su propio país. Vuelvo a repetir que en este país se vive en democracia, pero no se cerrarán todas las heridas históricas mientras no se enmienden las injusticias que se cometieron en el pasado, mientras que el Tribunal Supremo esté ocupado por fascistas, o al menos por jueces que juraron su cargo a la dictadura fascista de Franco, el tufo a podrido que despide pondrá en peligro esta inacabada transición democrática, para muchos modélica.

Los últimos movimientos al respecto son la expulsión del caso como acusación del partido fascista y copartícipe de los crímenes del franquismo Falange Española de las JONS, por medio de una sutileza legal, una manera de ocultar lo que es una evidencia, que los asesinos y corruptos de este país estén juzgando al juez que implanta verdadera justicia en él. La España al revés por culpa del Tribunal Supremo le está haciendo un flaco favor a la justicia, pocos somos los españoles que creemos en ella, su imagen está deteriorada y es lo peor que le puede ocurrir a una democracia. Falange ejercía la acusación particular y, la presión pública y mediática, ha obligado a Luciano Varela a quitarse de encima esta losa que lo señala como defensor de los asesinos fascistas, cuando estos partidos no deberían de estar legalizados. La operación del juez Varela, quien trata por todos los medios de apartar e inhabilitar al juez Garzón, es una operación de maquillaje según las asociaciones de la memoria histórica. Tanto Falange como Manos Limpias, la otra acusación sindical ultraderechista, no cumplían los requisitos legales porque no se ceñían a los hechos e incurrían en valoraciones ajenas al proceso, por eso Varela dio una serie de indicaciones a los querellantes para que subsanasen los defectos que presentaban sus escritos de acusación y lo acomodasen a la legalidad en el plazo de una audiencia. Según la interpretación de Varela, el plazo para la presentación de ese escrito se cumplió y esa es la razón por la que los expulsa.

En cambio, sí permite que manos Limpias continúe con la acusación contra el juez Garzón, quien ha dado un cambio de rumbo en su defensa recusando al juez Varela, por pasar de ser juez imparcial a ejercer una labor próxima a la asesoría o al consejo jurídico para Manos Limpias y Falange. Según fuentes judiciales, la maniobra de Varela es inaudita, al orientar a ambos colectivos sobre los errores que contenían sus escritos de acusación, emplazándoles a corregirlos. La defensa de Garzón considera que la decisión de Varela no se encuentra amparada en ningún precepto de la normativa procesal y al adoptarla, el instructor, vulneró de forma clara y decisiva su neutralidad e imparcialidad, algo que ya venimos viendo los ciudadanos desde hace mucho tiempo y sin entender de normas y protocolos jurídicos.

Los crímenes contra la humanidad no prescriben, no se pueden quedar impunes, por encima de amnistías nacionales forzadas, Amnistía Internacional considera que un magistrado no puede ser juzgado por buscar la verdad, la justicia y la reparación para más de 100.000 personas desaparecidas durante la Guerra Civil española y la posterior dictadura franquista. La Ley de Amnistía de 1977 es la escusa para perseguir al único juez que ha intentado dar respuesta a víctimas de desaparición forzada y sus familias. Si esto se produce creará precedente en todo el mundo y será un mensaje para los jueces que se atrevan a intentarlo, por tratar de conseguir justicia, verdad y reparación para las víctimas. Las leyes de Amnistía en un país no pueden entrar en contradicción con las normas internacionales de derechos humanos, las que dicen claramente que el crimen de desaparición forzada no es amnistiable, es imprescriptible, y que entorpecer su investigación es un delito.
Motivos todos ellos suficientes como para acudir tantos años después a una concentración ciudadana, para reclamar nuestros derechos, los de la humanidad.

domingo, 18 de abril de 2010

Al otro lado del feminicidio


Hace un par de meses nos sobrecogía la noticia del asesinato de 13 adolescentes mientras celebraban una fiesta en el número 1.310 de la calle Viñas del Portal, en Ciudad Juárez. Eran alrededor de 60 los jóvenes que se divertían ajenos al siniestro futuro que les esperaba a algunos de ellos. Sobre la media noche un grupo de sicarios encapuchados llegaban montados en siete camionetas al lugar de diversión y sin mediar palabra la emprendieron a tiros contra sus víctimas inocentes, dejando un reguero de sangre sin razón, sin motivo aparente. Sólo una sospecha, que después del suceso ha permitido sacar conclusiones de cuales fueron las razones en las que se fundamentaron los asesinos para cometer tan horrible crimen. Al parecer, según algunos medios informativos, la causa bien pudiera estar en una de las jóvenes que se divertía en el lugar aquella noche de autos, de la que se cree fue testigo de otro crimen atroz un tiempo atrás y posiblemente esa fue la culpa que marcó a todas las víctimas, la eliminación de un testigo.

Desgraciadamente esta noticia se quedó obsoleta, antigua, y no sólo por la lejanía en el tiempo, aunque el suceso tiene las hechuras de las que se recuerdan siempre, si no porque en Ciudad Juárez la violencia se ha convertido en un hecho tan cotidiano que los acontecimientos trágicos de este calibre se sobreponen a una velocidad endiablada. El narcotráfico en el país mexicano tiene en jaque al mismísimo gobierno, a la mismísima sociedad, nadie está libre y a salvo de ser víctimas de sicarios que se esmeran en que cada crimen sea más llamativo, más espectacular, que cause mayor impresión entre la sociedad, y que ha creado una corriente de opinión por su resonancia mediática calificada de "guerra fallida" contra el narcotráfico.

En la entrada anterior del blog, Muerte en Femenino, escribía sobre los homicidios de Ciudad Juárez, de las mujeres muertas, asesinadas y violadas, como un feminicidio, que sitúa a la mujer como víctima por el sólo hecho de serlo. Es un tema que ante cualquier persona medianamente decente no queda indiferente, y sin quitarle un ápice al contenido, también me parece injusto que no se hable tanto de "los hombres muertos de Juárez", porque también los hay, jóvenes, inocentes y pobres como ellas. Uno se pierde en esta vorágine de noticias siniestras y no atina a entender si todas las víctimas están relacionadas con el narcotráfico o no, si la sociedad mexicana es tan violenta como a veces parece dar la impresión, pero lo único cierto es que para entender la situación y no crearse opiniones erróneas lo mejor es informarse y no dejarse seducir con lo que precisamente pretende los asesinos, que nos confundamos.

Que hoy vuelva sobre este tema, o al opuesto, al que se sitúa al otro lado del feminicidio, es entre comillas obligado por un comentario que me envió mi estimado amigo Alejandro Monzón, de México, siempre influyente en estos temas y en muchos más, por su conocimiento y sabiduría. Alejandro me decía en su comentario que es injusto que no se hable de los chicos jóvenes, que al igual que las mujeres, mueren asesinados en Ciudad Juárez, y que en culpa importante es responsabilidad de los políticos mexicanos por su actitud ante el problema del narcotráfico. Esta opinión me creó una casi obligación de interesarme más a fondo sobre el problema que me apuntaba y sinceramente me ha sorprendido.

Desde luego que sí, si da la sensación de guerra fallida contra el narcotráfico es por la actitud de los políticos, del gobierno, por la falta de políticas inteligentes para contrarrestar a las acciones de los asesinos. Como ejemplo pondré la opinión de Raymundo Riva Palacio, en su artículo "Las malditas percepciones", publicado en el diario El País, dice que: "Calderón debe entender que en las guerras, la campaña militar y policial sin la política no va a ningún lado". Dice que la percepción en la política es fundamental y el primer paso para atajar el problema de fondo. También pone como ejemplo lo ocurrido en la ciudad de Nueva York cuando la percepción era de muy peligrosa, contrataron al jefe de policía de Boston, William Bratton, y lo primero que hizo fue aplicar tolerancia cero en el metro neoyorquino. El que en adelante se metiera sin pagar iba a la cárcel, mandó pintar todos los andenes donde había graffitis, colocó jardineras en Times Square, el corazón de la ciudad, y en donde había una oficina de reclutamiento puso una subestación de policía. Aquello proyecto una percepción de seguridad, aunque el índice delictivo no bajó, y dio la sensación de más confianza entre los ciudadanos. El número de delitos bajó con el paso de los años porque la percepción positiva de la gente permitió al gobierno realizar políticas de fondo que se necesitaban para combatir el problema.

Volviendo al número de víctimas de un sexo y otro en Ciudad Juárez, y sin ánimo de enfrentamiento o suspicacias entre machismo y feminismo, porque tan rechazable me resulta un término como otro, tengo que agradecer a Alejandro su opinión porque gracias a eso he podido comprobar que las cifras de hombres jóvenes casi triplica a las de mujeres en Ciudad Juárez. Según el Observatorio de Seguridad y Convivencia del Municipio de Juárez, en el año 2009 se cometieron 2,657 homicidios, resulta un porcentaje de 189 por cada 100.000 habitantes, teniendo en cuenta que Ciudad Juárez tiene 1.407,848 habitantes censados. Los datos registrados sobre asesinatos de hombres son de 2,494, 354 por cada 100,000; las mujeres asesinadas son 163, 23 de cada 100,000. También refleja que del 1 de enero al 28 de octubre del 2009 el 72% de estos asesinatos eran hombres de 15 a 49 años de edad, entre los que la mitad, 35%, eran de 20 a 29 años.

Esta tasa de asesinatos es 23 veces superior a la que la Organización Mundial de la Salud califica de epidemia, que la sitúa en el 8. Sin embargo, la violencia en México no es la peor, la resonancia mediática que tiene el país se debe a su importancia y vecindad con EE UU. En Venezuela la tasa de homicidios supera el 48 por cada 100,000 habitantes, mientras en México es de 10; también es superado en homicidios por Colombia, Brasil, República Dominicana, Guatemala, Jamaica, Honduras, El Salvador, Ecuador, Perú, Haití, Paraguay y Belice. En Guatemala o El Salvador ocurren masacres como las ocurridas en Juárez frecuentemente, sin embargo, sobre los zetas mexicanos se está tejiendo una leyenda que los hace presentes y dominando el tráfico de drogas desde Alaska hasta Argentina.




domingo, 11 de abril de 2010

Muerte en femenino


De lo que sí estoy seguro es de que estábamos en la estación veraniega, cuando tuve la primera evidencia del maltrato hacia la mujer como víctima de género, no así de la edad que tenía, pero podría apostar que no había pasado los siete años de edad, por lo tanto corría la década de los 60 a mediados, quizás algo más. Recuerdo aquel día ir de la mano de mi madre a la compra, no era como hoy, no existían supermercados en el pueblo ni nada que se le pareciera, para no haber no había ni dinero con que comprar. Tampoco plazas de abastos, todo lo más eran algunas pequeñas tiendas, colmados, donde se encontraba de casi de todo, desde pasamanería, bacalao salado y juguetes, hasta cuadernos; varias carnecerías y un solo puesto de pescado fresco, donde no siempre se vendía y cuando se ofrecía no eran más de los dedos de una mano las variedades de especies que se podían contar extendidas sobre las viejas cajas de tablas de madera medio cubiertas con paños blancos, para evitar que las moscas jugaran al "aquí te pillo aquí te mato" sin ruborizarse ante la clientela que contaba cada céntimo de peseta para calcular a cuantas sardinas o boquerones tocaban para cada miembro de la familia.

Esperábamos el turno en "Casa Lorencito", era donde el pescado, y las mujeres departían en confianza pues casi todas se conocían de toda la vida, como una gran familia, cuando llegó Isabelita y miró el pescado que había a la venta aquel día. Preguntó a cómo estaba el precio de los boquerones y sin más se despidió con un -¡Luego más tarde me paso, ahora hay mucha cola! Mientras que Isabelita estuvo presente las clientas enmudecieron, sólo después de irse comenzaron a soltar improperios contra quien se suponía le había puesto el ojo morado a la mujer. -¡La pobre! -¡Hay que ver la vida que le está dando el malasangre! -¡Tenía que reventar como un triquitraque el malnacido!

Como niño que era mi curiosidad no tenía límite ni sentido de la discreción, la que me empujó a preguntarle a mi madre -¿Mamá, quién le ha pegado a esa mujer en el ojo? A lo que mi madre me respondió -Nadie, se ha caído sola. Entiendo que mi madre solucionó discretamente tener que explicarle a un niño delante de más mujeres malhumoradas que el marido de aquella señora la maltrataba cada vez que le venía en ganas.
Si digo que era en verano es por recordar que jugaba con mi prima Quiteria en los escalones que daban al patio de la casa de mi abuela Angelita, cuando ésta y dos de sus hijas, mi madre y mi madrina Manoli, comentaban que la pobre Isabelita iba aquella mañana otra vez con el ojo morado por alguna paliza del marido, que por otro lado no era nada de extraño en él, actuar así de ruin contra su esposa.

Aquella conversación provocó en mí una curiosidad por saber cuál era el motivo por el que el marido le pegaba palizas a su mujer, y en cuanto tuve oportunidad le hice a mi padre una pregunta casi obligada, -¿por qué le pegan los maridos a sus mujeres? Y la respuesta de mi padre fue contundente, -a las mujeres no se les pone la mano encima. Eso no lo hacen los hombres con vergüenza. Me sobraron las razones, estaba claro que mi padre puso por encima de todo que nunca existen razones para pegar a una mujer. No cabe duda que no todos tuvieron la suerte de tener un padre respetuoso y pacífico como lo tuve yo, que siempre me enseñó a ser tolerante y respetuoso con los demás, pobre y con mínimos estudios básicos, lo que demuestra que la pobreza y el analfabetismo no son sinónimos de estos males que muchas veces se achacan a las clases sociales marginales, si no que va con los principios y los valores inculcados desde la infancia.

Para muchos, el problema que me trae a reflexionar, el maltrato doméstico, o de género, quizás no tenga mucha concordancia con los asesinatos y desapariciones de Ciudad Juárez, en el estado mexicano de Chihuahua, donde la vida de las mujeres parece no tener mucho valor, pero para mi punto de vista todo entra en el mismo saco, las mujeres son víctimas por el sólo hecho de pertenecer al sexo femenino, otra cuestión es la de si la actitud del victimario es más o menos deleznable por pertenecer a la misma familia de la víctima.
Tan asesinos son unos como otros y la misma hombría los mide, ninguna, pero para lo que sucede en Ciudad Juárez ya no existen calificativos, ni la rabia e impotencia permite encontrar definiciones con que catalogar este feminicidio que no parece tener fin, todo lo contrario, el problema se agranda y se expande como la mala hierba.

Desde que fue encontrada la primera víctima, la niña Alma Chavira Farel, en enero de 1993, son más del millar el número que se estima han sido víctimas en estos diecisiete años, entre asesinatos y homicidios de mujeres ocurridos en Ciudad Juárez, por lo general mujeres jóvenes y pobres, desde los 10 a los 35 años de edad, torturadas, violadas y mutiladas antes de matarlas. Siempre son violadas, acompañadas por un sadismo fuera de lugar, algunas aparecen con las uñas arrancadas, desfiguradas, descuartizadas. Las cifras más recientes al respecto son las de 388, las niñas y mujeres asesinadas en el transcurso del pasado año, en 2009. Los lugares que tienen el siniestro honor en la mayoría de los cuerpos encontrados son Lote Bravo, Granjas Santa Elena, colonia La nueva Hermila, las faldas del Cerro del Cristo y el Puente Libre que une a Juárez con El Paso, Texas.

Sin embargo, esta patología social parece que comenzó en este punto de la frontera mexicana con Estados Unidos, pero que su exportación como mal se extiende a pasos agigantados por otros estados de México, donde ya hay varios de ellos donde las cifras se multiplican superando a las de Ciudad Juárez. En México, el 67% de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia, donde el mayor problema sigue siendo la impunidad. De todas las mujeres asesinadas no existe ningún responsable, ningún acusado por una sola víctima, siempre el silencio cómplice de las autoridades. Solamente una sentencia en contra del Estado mexicano, en el juicio celebrado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la que se condena a México por ser responsable, por la falta de una investigación adecuada, de la muerte de tres jóvenes, Esmeralda Herrera Monreal, de 15 años; Claudia Ivette González, de 19, y Laura Berenice Ramos, de 17. Tres chicas que desaparecieron en el año 2001 en Ciudad Juárez, cuyas familias trataron de averiguar sobre su paradero y fueron a la policía para obtener información sobre las investigaciones al respecto, donde encontraron como respuesta: "Señora, vaya y búsquela usted. Pregunte a ver qué le dicen, y según lo que usted investigue, pues viene y nos lo dice".

Pero como resaltaba anteriormente, el mal se extiende y no sólo por tierras mexicanas, porque si sobrecogen las cifras de homicidios y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, agárrense, porque en Guatemala, sólo en el 2009, fueron asesinadas 847 mujeres, y en los últimos diez años son 5.027 el número de mujeres guatemaltecas que han muerto de manera violenta, y no se trata de violencia doméstica a puerta cerrada, si no de mujeres que fueron asesinadas y torturadas en lugares públicos. El triangulo de la violencia, como describe las Naciones Unidas a la zona entre Guatemala, El Salvador y Honduras, tiene la tasa más alta de feminicidios de toda la región. El primer puesto referente a los asesinatos de mujeres, en los últimos años, recaía sobre Guatemala, pero ahora es Honduras el que recibe el indecoroso reconocimiento, seguido de El Salvador y Guatemala, que ha pasado al tercer puesto, y no porque hayan mermado los asesinatos, si no porque ha sido superada por sus otros dos vecinos.

domingo, 4 de abril de 2010

Dios avergonzado


La primavera entró sin llamar y se ha instalado por estas tierras que llora y festeja la crucifixión de Jesús como si las dos cosas fueran una sola, una fiesta pagana en el nombre de Dios que muestra la idiosincrasia de este pueblo mío, nuestro, que para muchos tiene un pelín a regusto cínico, esquizofrénico, y para otros un agrio sabor a racismo. Para unos porque se contradicen las dos emociones que salen juntas y cogidas de la mano a pasear en la Semana Santa andaluza, con el dolor por el crucificado y con la alegría de recibir a la primavera con los brazos abiertos, ésta especialmente después de un invierno lluvioso como no se recordaba, también para otros muchos que nos visitan queda el rechazo que les producen los capirotes, los nazarenos al estilo del Ku-klux-klan, claro que habría que recordarles que la tradición viene de la inquisición, era de esta guisa cómo iban los penitentes a morir en el nombre de Dios, aunque no sabe uno por cual de las dos posibilidades se sentiría Dios más avergonzado, si por el ku-klux-klan o por la "santa inquisición".

A este servidor de ustedes no le preocupa mucho lo que Dios pensaría al respecto, está claro que el altísimo dejó de tomar en cuenta tanta perversión y abuso como se lleva a cabo aquí abajo y en su nombre, me preocupa más mi conciencia y el dolor por las víctimas que producen "los gobernantes de Dios" que la indiferencia que muestra el rey del cielo por los abusos de sus ministros eclasiásticos. Uno, siempre respetuosamente, trata de dejar a un lado en lo que no cree y dedicarme a lo mío, que son otras cuestiones mundanas y mortales, pero que el casillero de mis sentimientos donde se guardan las creencias religiosas esté vacío no quita que en el del respeto reine la tolerancia por el que sí tiene creencias en ese sentido. Por eso quizás a mí no me parezca tanta contradicción que en Semana Santa los andaluces salgamos a la calle en masa, con nuestros mejores ropajes, como una fiesta que es. Las calles se visten de colorido, de alegría, de paseo y de tristeza pasajera, de representación teatral, de pasos engalanados mostrando pasajes de la crucifixión del hijo de Dios, con el chirriar del suelo por la cera derramada de los cirios quemados y oliendo a agua de colonia de marca, a incienso y a azahar de los naranjos en flor sembrados en las aceras de la ciudad cordobesa.

No soy muy amigo de las aglomeraciones, así que siempre trato de rodear los tumultos al paso de las hermandades con sus tronos y buscar otras alternativas para pasear. Ayer por la tarde fui a visitar a mi amigo Placido, a su bar de la Plaza de la Corredera, estaba feliz, claro que por estos días hay pocos hosteleros de Córdoba que no estén contentos con la avalancha de turistas que visitan la ciudad. Me senté en su terraza, al solecito y a la suave brisa que corría, y me tomé un cafecito que me supo a gloria, malos días los escogidos por el Mesías para morir en la cruz, en unos días así sólo se puede pensar en disfrutar de la vida.

No me pregunten porqué, a veces nos viene a la memoria asuntos o personas que nada tienen que ver con lo que uno está haciendo en ese preciso momento, talvez sería porque Curro, como le llamábamos, era cliente asiduo del bar y aunque hacía muchos meses que no lo veía, desde que se trasladó a la nueva residencia, lo eché en falta. A la primera oportunidad que tuve, cuando Placido pasó con bandeja en mano cerca de donde yo estaba sentado, le pregunté por él. -¿Y Curro, hace tiempo que no le veo, cómo le va?- le pregunté mientras trataba de esquivar los rayos de sol que salían por detrás de su cabeza como un aura, como si fuese el mismísimo Mesías. -¿Curro? Murió hace unos meses- me respondió sin parar de realizar su trabajo y mostrando la sensación de haber superado su pérdida hace ya algún tiempo. No lo esperaba, no es que uno piense que los hay inmortales, no, sólo que de las buenas personas nos cuesta mucho más aceptar su perdida, que se fueron para siempre.

Curro había nacido en el año 1933, tendría por tanto 77 años, una edad para no sorprenderse, pero uno se había hecho cómplice de sus deseos y me quedé con la sensación de que la vida no fue justa con él, ni la vida ni Dios, soy de los que piensan que de esta vida nadie nos vamos sin rendir cuentas, pero se ve que en el caso de Curro no fue así. Cuando comenzó a visitar el bar de Placido sería por el 2003, aproximadamente, cuando se vino a la residencia para ancianos de Regina, todas las mañanas iba a tomarse un café y si le invitaban una copita de anís detrás también se la tomaba. Siempre llevaba simpatía, agradable al trato y respetuoso con todos. Un hombre menudo, sencillo, que cuando estaba escribiendo mi primera novela, De Par en Par, me enseñó y descubrí que se trataba de un gran hombre, con unas vivencias duras, pero que lejos de haberle marcado una personalidad agria la vida lo forjó tolerante y rebosante de humanidad.

Recuerdo que fue él quien se ofreció a que contara su vida, comentaba con Placido el contenido de lo que estaba escribiendo y Curro me dijo -¿por qué no cuentas mi historia?- y cuando me dejó entrever lo que había vivido no lo dudé, la pena fue que no se merecía sólo parte del capítulo XI, como le dediqué, si no todo un libro. La infancia de Curro transcurrió en un orfanato, en el hospicio de Córdoba, huérfano de víctimas de la guerra civil española, y aunque nada tiene que ver con los abusos y casos de pederastia que hoy salen a la luz pública en un estallido y a borbotones de curas pedófilos, sí tiene relación con los abusos que él me contó, en este caso de monjas, incluidos las relaciones con una de ellas, perteneciente a las congregación de San Vicente de Paul, las que regentaban el internado. Los abusos sexuales con los menores internados no parecen que fueran casos aislados si no que en más de una ocasión las "hermanitas" se quedaron embarazadas de adolescentes que se quedaban internos hasta su marcha al servicio militar, para después tener que abortar y evitar el escándalo, el propio Curro me contó que tuvo relaciones sexuales con una de las monjas en su adolescencia.

Supongo que Dios debe de estar avergonzado, de tanta perversión como cubre a su iglesia, Ya sabemos que no es nada nuevo, pero de un tiempo a esta parte los casos con nombre y apellidos salen a las páginas de los periódicos por cientos, por todos los puntos cardinales. De curas y de monjas, desde los niños del coro del que es responsable el mismísimo hermano del Papa, hasta los abusos a menores en un colegio para discapacitados que regentaban las monjas de la Orden de las Hermanas de la Caridad, en Austria. En Irlanda, en Alemania, España, Estados Unidos, México, Chile... por todos los rincones y las instituciones de esta rancia secta religiosa los abusos son generalizados. La perversión no parece que sea un problema de unos pocos si no que se trata del condicionante principal de estos ministros de Dios. El propio Papa parece estar ahora contra las cuerdas, ya iba siendo hora de que no solo a Dios les rindieran cuentas, también las leyes de los hombres miden la honestidad y decencia de los abusadores contra los indefensos, en este caso los niños y niñas, que se preguntan si eso que le obligan a realizar no es pecado, dejándoles un problema psicológico como pago de sus acciones miserables. Tres ciudadanos estadounidenses están tramitando una denuncia, desde Kentucky, Estados Unidos, contra el santo padre, por ocultación y complicidad del delito, por callar y ocultar, por esconder a pederastas ante el escándalo cuando él era el responsable de estos asuntos. Los abogados del Vaticano se apresuran en preparar la defensa del sucesor de Pedro, alegando que el Papa es un jefe de estado de un país soberano y por tanto tiene inmunidad diplomática, y uno se pregunta, ¿y la dignidad, responsabilidad y complicidad de abusos sexuales a menores, acaso esto puede tener inmunidad? Acaso Dios no estaría avergonzado por mucha inmunidad política que se tenga en su nombre. A veces pienso que Andalucía somos un pueblo inteligente, por tomar la crucifixión de Cristo como nos la tomamos y de la manera que la expresamos, porque la iglesia no es más que un circo, donde las fieras quedan impunes atacando a sus víctimas en el nombre de Dios.