jueves, 14 de octubre de 2010

Malditos en el nombre de Dios (1ª parte)


Por estos días, que corren a una velocidad de vértigo por el calendario de octubre, disfruto del acogimiento que me brindan en Nicaragua, con un trato amable y cálido como nadie en ningún otro lugar de los que visité. No es que los demás lugares me merezcan desconsideración, no es así, no se trata de comparación. Los nicaragüenses tienen grabado a fuego en sus genes ser agradables y amables en el trato directo. No hace falta conocerse de nada para cruzarse caminando por la calle y recibir un saludo respetuoso con una sonrisa en los labios. Algunos nicaragüenses, managuas, me cuentan que su capital no tiene una personalidad propia, que no es precisamente una ciudad hermosa, que resulta caótica para muchos visitantes que se deciden por recorrer sus calle... Es posible que así sea, que tengan parte de razón sus propios pobladores. Sin embargo, Managua, Nicaragua en toda su totalidad, tiene un embrujo no identificado que hechiza al visitante, o al menos eso me sucede a mí cada vez que piso estas tierras después de cruzar el Atlántico que nos separa.

Como ya he contado en otras ocasiones, sigo a diario las noticias que acontecen en este país que me hace sentir bien cuando lo visito, lo hago a través de las ediciones digitales o electrónicas de sus dos diarios más conocidos. Así que cuando me encuentro entre estos lagos y volcanes que me rodean dejo a un lado la costumbre cotidiana y salgo temprano a la calle, a tomar un riquísimo café nica mientras leo las noticias del día en versión impresa. Un ritual pausado que llevo a cabo entre sorbo y artículo, y que me hace disfrutar de unos momentos placenteros cada mañana.

Por supuesto que no todo lo que reflejan sus páginas son noticias agradables, en eso existe poca diferencia con otras comparaciones, las noticias desagradables ocupan una parte importantísima en todos los diarios de todo el mundo. Una de estas noticias que hoy reportaba el Nuevo Diario nicaragüense titulaba con una frase que al principio me resultó relacionado con la delincuencia, "Amarran a jovencito por supuesta posesión". Lo primero que se me vino a la mente antes de leer lo que contenía la noticia fue que aquél jovencito portaba drogas o algo por el estilo, y que lo amarraron o detuvieron mientras se lo llevaba la policía o eran éstos los que ya lo habían detenido amarrándolo. Pero no era así, me traicionó la manera que tienen los periodistas en España de expresar las detenciones de la policía por posesión de drogas. El titular se refería a una posesión diabólica y la foto que acompañaba la noticia mostraba a un joven atado de manos y tumbado sobre un banco de madera con la cabeza girada hacia un lado.

Si confuso y desorientado me dejó en un principio el titular, más fuera de lugar me dejó el contenido periodístico que ofrecían las columnas. Uno no es falto de conocimiento para entender que los países pobres no tienen recursos suficientes para cubrir los gastos que generan todas las atenciones médicas que necesitan, no sólo los enfermos mentales si no todos los enfermos en general. Tampoco se cumplen todas las carencias respecto a los enfermos que sufren de estas dolencias psíquicas en otros países más desarrollados y que disfrutan de una atención médica más de acorde con las necesidades de la población, por mucha atención que se tuviera nunca sería suficiente para estas complicadas enfermedades de la mente que necesitan de tantas atenciones humanas y profesionales. No podemos olvidar que se trata del segundo país más pobre de toda América Latina, y este detalle no sólo se aprecia en las estadísticas oficiales, también en el día a día y con una simple mirada alrededor.

En todo Nicaragua solo existe un único hospital destinado para este tipo de enfermedades, el Hospital Psiquiátrico de Managua, insuficiente para atender a los más de 500 pacientes que requieren atención cada año, pues sólo dispone de 160 camas. Pero el problema no queda ahí, se agrava cuando nos ponemos a considerar el costo de los medicamentos, pues sólo existe un centro de salud en toda Managua, el "Pedro Altamirano", donde se brindan gratuitamente; cada tratamiento ronda entre los 1.000 o 3.000 córdobas cada mes, que al cambio en dólares serían aproximadamente entre los 50 y 150. A esto habría que sumarle el precio de cada consulta médica, que oscila entre los 500 o 600 córdobas (la moneda nacional), 25 0 30 dólares, demasiado para un país donde la mayoría de la población sobrevive con algo más de un dólar al día.

Esta es una radiografía sobre la atención médica real en el país, pero lo que más me impresionó de la noticia no fue precisamente este apartado de necesidad sanitaria, si no la parte espiritual, la emocional, la que aún hoy continúa considerando a estos enfermos como endiablados, como absorbidos por el diablo. La ignorancia de las personas, en cualquier parte del mundo, les lleva a cometer tales aberraciones que nos hacen sentirnos culpables de los padecimientos que sufren los enfermos mentales en sitios tan remotos y alejados de una educación real, más en consonancia y basada en perjuicios religiosos como si estuviéramos aún anclados en plena inquisición en el siglo XVI. Lo más doloroso y bochornoso, además de las necesidades económicas y de atención médica que padecen estas personas y por añadidura también sus familiares directos, es la influencia que ejercen los religiosos, en este caso la pastora de la Iglesia Evangélica de Dios de El Realejo, María Auxiliadora Castro, que dijo que, además de Christopher, su hermano Manuel de Jesús y la madre de ambos también están poseídos pero en menor intensidad.

Christopher tiene 19 años y hasta ahora parecía un chico normal que trabajaba en el campo, que no tiene ningún vicio a destacar ni tampoco ha sufrido enfermedades. Desde hace 15 días aproximadamente se ha vuelto violento, voltea los ojos y grita, un extraño comportamiento que ha llevado a que sus familiares le aten de pies y manos ante el temor de que pueda ser peligroso su comportamiento para con los demás familiares. La pastora evangélica en cuestión, que para mi punto de vista es la que no sólo tenía que estar amarrada, si no detenida por la autoridades civiles, por la influencia que ejerce sobre estas pobres e ignorantes personas, también dijo que cuando lo llevaron al templo el joven convulsionó, señal inequívoca de que se trata de un caso de posesión diabólica, es por lo que ha aconsejado a sus familiares que no le suministren alimento alguno, sólo refresco para la sed, porque la falta de alimento hará que la posesión disminuya y se torne débil.

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