jueves, 21 de octubre de 2010

Entre Ticos y Nicas


Entre ticos y nicas, y para concretizar, entre josefinos y managuas, por ser los gentilicios de los ciudadanos capitalinos de los dos países, Costa Rica y Nicaragua, existe una rivalidad como en cualquier parte del mundo cuando se refieren a vecinos. Nicaragua y Costa Rica no se llevan mal, son dos naciones soberanas con identidad propia que, más que separarlos, son muchas razones y puntos en común los que los unen, los hermanan. Es evidente, cuando uno pasea por estas dos ciudades, que la diferencia apenas existe, en cuanto a rasgos raciales y costumbres o tradiciones cotidianas. Sin embargo, esta sana rivalidad que se evidencia cuando, desde cada lado de la frontera que los separa política y geográficamente, se inclinan por sacar al aire los trapos sucios de cada uno, se descalifican y catalogan siempre degradando la idiosincrasia de cada cual con sambenitos maliciosos, como en reunión de vecindonas que se sacan a espaldas de la otra defectos atribuidos que no siempre andan por la senda de la verdad, más bien caminando de puntillas como funámbulo inseguro por el alambre de los tópicos, pero que no son barreras suficientes como para que entre los ciudadanos de ambos países se formen uniones familiares en distintos territorios, con más frecuencia de lo que a primera vista pudiera parecer.

Entre el estado laboral y económico de Nicaragua y Costa Rica existe una diferencia clara, Costa Rica se sitúa un punto por encima de Nicaragua en lo que se refiere a la realidad social que disfrutan sus ciudadanos, los datos de emigración por parte de nicas hacia el país vecino lo ponen de relieve. Se estima que ronda los 800.000 ciudadanos los que viven y trabajan en Costa Rica, de los cuales entre 300.000 y 350.000 están legales, es decir que están nacionalizados o que residen legalmente.

El nivel social que se disfruta en Costa Rica se nota en las calles de San José, populosas y dinámicas, en sus fachadas coloristas y adornados escaparates de los comercios, que ofrecen a los consumidores una gran variedad de productos nacionales y de importación. En su estética se mezcla lo autóctono y lo foráneo, lo tradicional y lo importado por la globalización en un escenario de capital con un nivel discretamente desarrollado, si comparamos con otras ciudades de occidente, de Europa o América del norte. Por parte de Managua, en lo que pude deducir en relación con su homóloga, ofrece la misma dinámica popular, sus calles muestran el mismo colorido que las identifican con respecto a otras ciudades de latitudes alejadas. Sin embargo, la capital nicaragüense no ofrece la misma vistosidad en sus comercios y escaparates, aunque sí se mezclan, al igual que en San José, las mercancías del país y de otros mercados internacionales. Los productos que se pueden encontrar en sus comercios son los mismos que al otro lado de la frontera, no así la misma alegría por parte de sus ciudadanos a la hora de adquirir ciertos artículos comerciales.

Existe una relativa similitud en cuanto a transporte público, de un tiempo a esta parte los buses de Managua se van sustituyendo por otros más remozados, que daran a la ciudad otra percepción más renovada y más acorde con lo que sus ciudadanos demandan, lo que poco a poco los iran comparando a los de San José. Relativo a otros transportes como es el taxi, no hay mucha diferencia, en las dos ciudades se echan de menos los taxímetros, que marquen el importe real que tiene que pagar el usuario cuando realiza un recorrido por la ciudad, sin miedo a que lo engañen y sin tener que negociar el importe cada vez que se solicita el servicio. La picaresca es algo compartido, lo que pude comprobar en ambas ciudades.

Las calles de una y otra ciudad ofrecen distintos conceptos cuando se trata de pasear, un ejercicio casi obligado para la relajación y necesario para una buena calidad de vida. Las calles de San José muestran una mejor oferta para esta cuestión, en esto tiene mucho que ver el terremoto de 1972, que destruyó gran parte de esa Managua antigua, con un trazado más acorde a este apartado. Nada tendría que envidiarle la Managua de antaño a la San José de hoy, sus calles pensadas para el ciudadano, no como en el caso de Managua, que son grandes y amplias vías las que la cruzan, trazadas más para el futuro y menos para los ciudadanos de a pie. A esto hay que añadir la falta de semáforos en puntos específicos y en muchos casos simples pasos de cebra por donde el ciudadano pueda cruzar la calzada sin miedo a ser atropellado. Cruzar las calles de Managua es siempre una aventura arriesgada. También el estado de sus aceras y el piso rodado las diferencian de relativa manera. En San José es el alquitrán lo que impera y el cemento en sus aceras. Por parte de Managua, poca diferencia en la parte peatonal, en cambio, el alquitrán no se evidencia tanto y es el adoquín de cemento el que predomina en las calzadas.

En las dos ciudades se pueden encontrar calles limpias y también otras que demandan más limpieza, quizás en Managua se ven menos papeleras donde depositar los papeles y otros envoltorios que el consumo actual conlleva y, por añadidura, también entra dentro de la lógica que sus calles estén algo menos vistosas, más sucias, por culpa de esa falta de recipientes donde depositar la basura que genera el elevado consumo. Además, también habría que añadir a esta diferencia la costumbre nica de consumir más comida en la calle, sus puestos de fritanga se encuentran por cada esquina de la ciudad, sin contenedores donde depositar todos los platos, vasos de plástico y envases de bebidas que genera tanto consumo. Esta costumbre está menos extendida en San José, los puestos de comida y bebida se sitúan mayormente en locales adaptados para tal actividad, ofrecen mejores garantías de sanidad y calidad, más controlados por las autoridades y más garantías de higiene para los consumidores. Pero aparte de estas características particulares, en Managua, tiene en su contra la contaminación visual, los grandes carteles publicitarios se expanden por todo el territorio capitalino como un mal estético que afea esta ciudad junto con las pintadas en rojo y negro, colores del partido que gobierna el país. No existe una farola, tronco de palmera o poste del cableado eléctrico que no tenga dos metros de altura pintado en estos dos colores. Esta cuestión publicitaria está discretamente aceptable en San José, donde no llega a perturbar la imagen.

En cuanto a cultura e historia, las dos ciudades retienen mucho de su pasado, tanto Managua como San José tienen un peso histórico muy importante en Centroamérica. Sin embargo, es en la capital tica donde se evidencia en mayor grado, como ya expuse anteriormente por culpa del terremoto de 1972, que destruyó gran parte de la ciudad dejando sólo un puñado de edificios en pie. Pero independientemente de los edificios históricos en Managua, los pocos que pueden admirarse, como la catedral antigua, semi-derruida pero con su estructura exterior conservada en su totalidad, o el Palacio Nacional, hoy convertido en museo de historia y arte, los grandes carteles glorificando la supuesta y en entredicha heroicidad del gobernante de turno no permiten que puedan apreciarse en su totalidad. En Managua no existe mucha oferta cultural donde el viajero y los residentes puedan disfrutar. Además de lo citado anteriormente, algunos cines y contadas actuaciones musicales y teatrales, teniendo uno de los mejores teatros de Latinoamérica, el Teatro Nacional Rubén Darío. En este terreno también le supera San José, donde sí se evidencia una mayor oferta de actividades culturales, museísticas y de participación ciudadana. De igual manera los josefinos se enorgullesen de su Teatro Nacional, una joya arquitectónica que no se debe olvidar de visitar.

En cuanto al clima, los josefinos disfrutan de una temperatura templada que ronda los 25º durante todo el año. Los managuas, en cambio, viven en una de las capitales más cálidas de Centroamérica, por su altura fácilmente se alcanza los 35º. En cuanto a número de habitantes es una cifra prácticamente compartida, las dos rondan los 2,6 millones de personas en sus áreas metropolitanas.

La gastronomía de las dos ciudades es muy parecida. No obstante, en Managua se puede disfrutar de una cocina más tradicional, que aún conserva sus rasgos característicos, todo lo contrario que en San José, donde los platos internacionales han tomado posesión como ciudad más avanzada. Pero no todo está del lado tico, mientras estos acusan a los managuas de ser perezosos, entre otros calificativos, los de managua tachan a los josefinos de ser tacaños y poco sinceros. Cierto o no, supongo que no sería justo generalizar. Sin embargo, como visitante imparcial pondré a los managuas a favor de mi balanza, por el trato y atención al visitante. Mientras que en San José era necesario pedir a varios viandantes el favor para conseguir que me tomara solo uno de ellos una foto con mi cámara, en Managua a la primera petición estaban predispuestos con una sonrisa en los labios. En esta cuestión, la calidez y gentileza de los nicas superó a la de los ticos.

2 comentarios:

  1. pues me parece que managua necesita un empujon no unos 5 o 10 edificios de unos 20 a 25 pisos cambiarian el rostro dxe esta capital

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  2. Para nada los ticos nos parecemos racialmente a los nicas, si a vos te parecio eso es porque San Jose esta repleto de nicas. Mas los que venden chucherias en las calles y pasan apostados en los parque todo el día haciendo nada. Los ticos no nos parecemos a esos nicas acholados...

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