sábado, 11 de septiembre de 2010

Un refugio en el infierno


A vueltas con la migración en América Latina y a su paso por México, por encima de otros dramas humanos que suceden en el mundo, éste me resulta uno de los más dolorosos, de los más crueles. Los derechos humanos en el mundo es una de las asignaturas pendientes que tenemos por solucionar la sociedad del siglo XXI, es el fruto del traumático desequilibrio existente entre un mundo a dos velocidades, la de los llamados países desarrollados y la de la otra parte, la que se da en la mayoría de las naciones del planeta, donde la pobreza es la situación a destacar, hambre, enfermedades, violencia... y un futuro nada halagüeño para sus pobladores, éste es el estado común de los ciudadanos de algunos países de Centroamérica. Lo más lógico, ante este panorama, quizás sea elegir la huida frente a la dolorosa disyuntiva que la vida les presenta. La de escoger quedarse de brazos cruzados, impotentes, viendo cómo los días pasan ante sí sin nuevas perspectivas o la opción de enfrentarse al destino cruel de la migración, a sabiendas que pudiera ser peor el remedio que la enfermedad, ante tal aventura.

Esta iniciativa, para muchos rumbo al fin de sus existencias, es un campo minado del que salir ileso y victorioso es un "grajo blanco", una extraña posibilidad que sólo consiguen los elegidos, los pocos que tienen la suerte de cara, los que poseen el boleto premiado con una oportunidad para poder luchar por un futuro más justo entre millones de papeletas de color negro, el de la desdicha. Cruzar la frontera de México a Estados Unidos se supone que sería el punto más álgido de esta carrera hacia la vida, hacia la dignidad, pero viendo cómo se presenta el trayecto y los peligros que esconde, conseguir llegar hasta esa valla que separa a los dos países se convierte en una toda una proeza, un triunfo meritorio después de sortear peligro tras peligro.

Cruzar México con destino hacia los Estados Unidos es para cualquier emigrante la etapa más difícil y arriesgada de todo el trayecto, los peligros que acechan a estas personas pobres en su mayoría, que sólo portan la esperanza de poder ayudar a sus familias desde el nuevo destino que sueñan, son innumerables y a cada cual más cruel. Aún así, decenas de miles de hombres, mujeres y niños cruzan México con la mirada puesta en el futuro. Este viaje es uno de los más peligrosos del mundo, y como digo, son muchas las vicisitudes que se presentan a lo largo del recorrido, ante la mirada de los traficantes de personas y presas de esas bandas delictivas, los migrantes son objeto de agresiones, robos y violaciones. Son arrojados de trenes en marcha y muchos quedan mutilados o desaparecen sin dejar rastro, enterrados en tumbas sin señales de identidad en los márgenes de las carreteras o de los cementerios, un problema que desconocen la mayoría de los ciudadanos mexicanos, que viven ajenos a sus vidas y también a sus muertes. La mayoría de estas personas hacen la ruta en situación ilegal, lo hacen en soledad y por parajes alejados de la sociedad, evitando de esta manera ser identificados por la policía y ser deportados a sus países de origen, lo que los convierte en víctimas vulnerables de las bandas criminales organizadas, especialmente las mujeres y los menores.

Existen violaciones, asesinatos... La violencia sexual se emplea para aterrorizar a las mujeres, y este estigma, junto al temor de ser deportadas, significa que habitualmente la violencia y los abusos ni se denuncian ni se castigan. Se estima que 6 de cada 10 mujeres migrantes que hacen la ruta son violadas o sufren abusos sexuales. Sin embargo, gracias a un puñado de personas, algo más de 20 voluntarios, muchos de estos migrantes que llegan en el tren de Arriaga, Chiapas, conocido como La Bestia y con 400 migrantes cada vez aproximadamente, no sucumben ante la fatiga, las enfermedades, el hambre o la sed.

Este refugio en el infierno tiene un responsable, un creador, el sacerdote católico José Alejandro Solalinde Guerra, que con grandes sacrificios ha construido el albergue "Hermanos en el Camino", en Ciudad Ixtepec, en el estado de Oaxaca, México. Y precisamente por esta actitud, altruista y generosa con los más vulnerables, estas personas son de igual manera perseguidas y agredidas por llevar a cabo su labor humanitaria. El padre Solalinde ha sido detenido y amenazado en distintas ocasiones tanto por las autoridades locales como por las bandas criminales, que consideran su actitud generosa un estorbo, para las autoridades por los problemas sociales que les acarrean y para los grupos delictivos porque entorpecen su negocio, el que hace de la dignidad humana su mercancía.

"El mayor desafío que tengo que superar es el de la intimidación, el acoso y la falta de respeto constantes de personas que no quieren que lleve a cabo mi labor de ayuda a los migrantes. Muchas autoridades locales, bandas de delincuentes y traficantes de droga quieren librarse de los defensores de los derechos humanos". Estas son palabras del padre Solalinde en octubre de 2009, las mismas que encabezaban el mensaje de Amnistía Internacional que llegó a mi correo hace unos días mostrándome el problema humanitario. El día 26 de febrero de 2007 creó el refugio para migrantes, cerca de las vías del tren por donde viajan las personas procedentes de Centroamérica, en la antigua estación de ferrocarril, a un lado del puente que atraviesa el río Los Perros. Más de 400 personas durmieron en el refugio la primera noche, y desde entonces, el flujo de personas ha sido constante, donde les ofrecen comida, bebida, medicinas, ropa, atención humanitaria de todo tipo.

Las autoridades locales de Ciudad Ixtepec culpan al padre Solalinde, y a la labor que lleva a cabo de dar cobijo a los migrantes, de entorpecer la lucha contra las maras, y como ejemplo del acoso y extorsión al que están sometidos por las propias autoridades sirve el episodio que ocurrió el 24 de junio de 2008, cuando un grupo de unos 50 residentes de Ciudad Ixtepec, encabezado por el alcalde y 14 policías municipales, irrumpieron en el albergue a la fuerza y amenazaron con prender fuego al edificio sino se cerraba en el plazo de 48 horas. Aún así, y en estas circunstancias, su labor continúa adelante, una labor que merece ser reconocida y digna de apoyo.

2 comentarios:

  1. Sabes podría hablar mil cosas sobre la migración, sobre su origen, sobre sus daños colaterales... pero de eso ya todo sabemos, hoy quiero aplaudir la labor de este padre, a el si le calza el ser llamado cristiano, si todo aquel que dice ser cristiano actuara un poco parecido a el nuestro mundo seria distinto, como te he dicho los verdaderos cristianos estamos para ponernos en la brecha entre el bien y el mal, y ayudar a los mas necesitados... a eso fuimos enviado a predicar nuestra FE con nuestras obras...

    es lamentable la situación que pasan mis hermanos latinos, de corazón espero que se pueda hacer algo por ellos, principalmente dentro de sus propios países...saludes a ti Antonio, una vez más tocando una realidad, que duele pero que no deja de serlo..

    por lo menos se que la esperanza de un mundo mejor sera algo que yo no perdere...

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  2. vaya, que interesante!maestro, a mi me resulta imposible,sostener un texto así...por eso lo de maestro....hacia mucho que no pasaba por acá,pero eran razones y siguen siendo,mas que valederas,mi ausencia,pero regresar es respirar!
    un abrazo inmenso
    lidia-la escriba PRESENTE compañero

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