viernes, 2 de julio de 2010

De Boaco a la democracia


No sé si para comenzar tendría que hacerlo pediendo disculpas o reconociendo que en ocasiones uno se deja guiar por la primera imagen que se le cruza por delante de la retina. Ya lo dice el refrán: "Una imagen vale más que mil palabras". Sin embargo, es de honrado reconocer que me equivoqué, cuando en otra ocasión, después de visitar Nicaragua varios meses antes de las elecciones municipales del 2008, escribí sobre el candidato oficial del Frente Sandinista, que con mano de hierro dirige el que antaño también formó parte de mi galería de mitos, hasta que su pedestal se derrumbó. No sé si de hierro o de plomo, lo que sí está claro es que cualquiera de estos metales que utiliza Daniel Ortega está rodeado de sangre, de muertes violentas y de corrupción mafiosa gubernamental que acorrala en su historia reciente a este hermoso país centroamericano.

El concepto, la impronta, que me creó Alexis Argüello no me fue positivo en el primer impacto. Recuerdo aquellos carteles de la propaganda política que adornaban todos los rincones de Managua por aquellos días, en la que mostraba una postura risueña, con traje o saco gris en tono oscuro. A mis amigos nicaragüenses les hice llegar mi opinión, aquel candidato me resultaba la de otro corrupto más metido a político, descaradamente cínico, que no le importaba en demasía que los electores conocieran su historial impresentable, rodeado de drogas, alcohol y no se cuantos asuntos más no aptos para el curriculum de un futuro alcalde de la municipalidad más importante del país.

Al año de su llegada a la alcaldía como mandatario, desperté con la noticia en los diarios nicaragüenses sobre la repentina muerte del que fuera tres veces campeón del mundo de boxeo; todo parecía indicar que se trataba de un suicidio. Fácil de aceptar y entender si de antemano conocemos sus idas y venidas con el alcohol y las drogas, curas de adicción, caídas y recaídas. El resultado de un abuso constante que destrozó su estado anímico.

Esta es la manipulada versión oficial del gobernante partido sandinista, otra cosa son las pruebas evidentes de la autopsia que revelan otra manera diferente de despedirse de esta vida. La trágica muerte del tricampeón, no sé si acierto a llamarlo alcalde porque entiendo que nunca ejerció como tal, me hizo interesarme más en profundidad por el personaje que no me daba buena espina y, al contrario, encontré a un hombre distinto a como lo imaginé. Alexis Argüello fue sólo una víctima a lo largo de su vida, un hombre manipulado por casi todos los mandatarios, que interesadamente sacaron beneficio del cariño que los nicas le dispensaban. Ya en la anterior etapa de gobierno, Daniel Ortega y su frente de secuaces corruptos, lo dejaron en la miseria arrebatándole todas sus pertenencias, excusándose en que fueron fruto de la dictadura somocista. Tuvo que huir del país y refugiarse en Miami para regresar cuando las aguas volvieron a correr tranquilas por los causes políticos.

Del dirigente Ortega nada me sorprende, ni a mí ni a nadie en el mundo. La historia ha demostrado cómo se las gasta y hasta qué punto es capaz de llegar por tal de aferrarse al poder que es su máxima en la vida. No existen barreras para lo que se proponga el ex-revolucionario, que se alzó al poder gracias al generoso esfuerzo que ofrecieron tantos nicaragüenses con sus vidas, tantas víctimas de aquella revolución que él y un puñado de mafiosos corruptos le han usurpado al pueblo. Tanta desgracia y sangre derramada sólo para alimentar los sueños de un dictador delirante sin escrúpulos.

Los acontecimientos vividos esta semana pasada en Boaco, con la destitución del alcalde electo de ideología liberal, ha provocado un nuevo movimiento social, el enésimo, que se alzaba contra los mangoneos dictatoriales de Ortega, empeñado en conseguir la reelección de la manera que sea, usando todas las artimañas, todas las trampas que sean posibles, constitucionales o no, porque para un dictador nunca existe constitución que valga, él siempre estará por encima de todo eso. Tengo que confesar que también mi esperanza estaba con los manifestantes por las calles de la ciudad del departamento de Chontales. De Boaco a la recuperación de la democracia, pero no, otra vez quedó en saco roto y el dictador se salió con la suya, la de ir cambiando a su antojo los alcaldes de las ciudades que no son de su condición. Primero fue en las urnas, en las elecciones, cuando robó la mayoría de la voluntad del pueblo nica, para después usar las triquiñuelas que les permiten todos los poderes del estado, manipulados y controlados a sus órdenes, comprados con el dinero de los contribuyentes, como buen dictador.

Hay quienes opinan que Alexis fue el primero, la primera víctima, del fraude, de la manipulación que se reveló contra el tirano del Carmen. Ortega va a por un número determinado de alcaldías utilizando la sustitución anticonstitucional, todas gobernadas por la oposición y con la única intención que la de controlarlas para así acceder a la tercera reelección, la que no le permite la carta magna nicaragüense. Su estrategia no tiene límites y volverán a caer nuevas víctimas, trágicamente y envueltas en misterio, como ya lo hicieron todos aquellos políticos o personajes públicos honrados que le plantaron cara no aceptando sus actitudes mafiosas. Carlos Guadamuz, Herty Lewites, Alexis Argüello... Son algunos de ellos, que nos mostraron con sus actitudes que en Nicaragua también nacen personas honradas, con nobleza, que no se dejan intimidar ni comprar por un puñado de voluntades. Es la esperanza para seguir soñando que un cambio es posible en este país, que cualquier rincón de Nicaragua puede ser Boaco y, de ahí, de nuevo a la democracia.

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