viernes, 25 de junio de 2010

Hijos robados


Mi único hermano es ocho años más joven que yo, nació en el último cuarto de la década de los 60, en plena dictadura franquista y cuando el país comenzaba tímidamente a abrir las puertas al exterior, a los turistas que acudían a ponerse como cangrejos en nuestras playas. Yo recuerdo cuando nació, sí, recuerdo con exactitud el alumbramiento de mi madre, aunque tengo que especificar que no tengo recuerdos de imágenes, sólo de sonido. Me explicaré. En el mismo dormitorio estaba la cama de mis padres y la mía, paralelas y opuestas en orientación, éramos pobres y todo nuestro universo se concentraba en aquella habitación. Me faltaban tres días para cumplir los ocho años y aquella noche de invierno sentí murmullo en la madrugada y a mi madre quejarse, abrí los ojos al despertarme y sólo vi la espalda de mi madrina que ayudaba a la partera o comadrona asistiendo a mi madre en el parto. De nuevo cerré los ojos rápidamente y no volví a abrirlos hasta que desperté por la mañana. Mi madre descansaba con mi hermano junto a ella y acudí a verlo cuando me dijo: -Mira Antoñin, el hermanito que te ha traído la cigüeña mientras dormías.

Como si no hubiera escuchado nada, yo me mostré ajeno e ignorante a lo acontecido, al tiempo que mi madre me decía que había entrado por la ventana con él envuelto en un trapo y colgando del pico. Como no lo vi continué creyéndola, incluso recuerdo cómo mi imaginación volaba hasta el momento en que la cigüeña se colaba por entre los barrotes horizontales de la ventana. Con el tiempo comprendí a qué se debía tanto alboroto aquella noche y se me desveló el misterio del ave entrando por entre la reja.

Pocos días después ingresaron a mi hermano en el hospital. Nació prematuro, débil, y a esto se le unió la complicación de problemas gástricos e intestinales. Los médicos le dijeron a mi madre que no tuviera muchas esperanzas de que pudiera seguir adelante y fue hasta pasada la celebración de Reyes Magos cuando por fin regresaron los dos a casa y él recuperado. Digo los dos porque durante todos esos días que estuvo internado en materno-infantil mi madre no se movió de su lado, siempre sin quitarle ojo a la cuna donde estuvo. Quizás podría haber descansado por la noche en la casa y durante el día ir al hospital, pero no, no se movió de su lado, por aquellos tiempos los robos de niños recién nacidos estaban a la orden del día y, aunque no había nada oficial, era un secreto a voces el que los niños desaparecían recién nacidos de los hospitales.

En el mismo escrito que el juez Baltasar Garzón justificó el abandono de la instrucción sobre el franquismo aprovechó para sacar a la luz uno de los capítulos más oscuros de la dictadura, el robo de los hijos de las presas republicanas encarceladas. Tanto los expertos como garzón exponen que sucedió como en Argentina pero aún peor. El magistrado reveló que en los prolegómenos de su fallida instrucción había encontrado documentos que permiten arrojar claridad a esos episodios, que durante 60 años no se han investigado y que ocurrieron a pesar de lo extraño que le pudiera parecer a algunos. Pero no sólo a las presas republicanas les robaron los hijos durante la dictadura franquista, también en los hospitales les robaban a sus madres los hijos para adoptarlos por otras familias supuestamente aliadas del régimen, donde la complicidad partía desde los mismos médicos y enfermeras que los atendían en el hospital.

Este asunto pudiera resultar rancio para algunos, que quizás piensen que ya pasaron muchos años para destapar tanta maldad oculta en aquellos tiempos y por parte de los dominantes, pero la realidad es que se trata de un tema vigente, tan actual como los propios familiares, padres y hermanos de esos niños robados que hoy serán personas mayores y que habrán vivido ajenos e ignorantes de quienes fueron realmente sus padres.

Sin embargo, como digo, no se trata de un asunto del pasado, hace unos días saltó la noticia de que un fiscal de Cádiz indaga si 12 bebés dados por muertos fueron robados de un hospital. Todo comenzó con la declaración pública realizada por dos hermanas residentes en Irún, en la que consideran que fueron unas circunstancias extrañas las que envolvieron la muerte de su hermano al poco de nacer en el Hospital de la Línea de la Concepción. Las hermanas García Carrasco aseguran que el día 5 de noviembre de 1965 algo raro ocurrió en el hospital cuando su madre fue anestesiada para dar a luz y nunca vio a su hijo. Cuando los médicos le comunicaron que había fallecido, su abuela quiso ver a su nieto difunto y le entregaron un bebé que no reflejaba señales de haberlo extraído con ventosas, tal como le habían dicho, además de ser demasiado grande para ser un niño recién nacido. Durante muchos años la familia siempre tuvo la sospecha de que a su hermano lo vendieron en adopción cuando nació. Pero las sospechas se tornaron rocambolescas cuando, al fallecer la madre, el hermano del niño supuestamente robado, quiso poner en la lápida de la tumba de su madre la fecha de defunción del niño y al preguntar en el registro se encontró con que en el registro del cementerio no contaba la muerte de ningún niño por esas fechas.

Otro caso es el ocurrido más cercano en el tiempo. El fotógrafo de 51 años, Antonio Reyes, se llevó una tremenda sorpresa cuando en el 2004 el ayuntamiento de Málaga ordenó vaciar una fila de nichos del cementerio por riesgo de derrumbe. Cuando rompieron la lápida con las iniciales de su hijo el ataúd tenía la tapa hundida por la humedad, pero dentro de él no habían restos humanos de ningún tipo. Sólo un paño quirúrgico y una toalla verde fue lo que encontraron dentro. Desde que descubrieron la inexistencia del cadáver no ha dejado de arrepentirse ni un solo día, de no haber levantado la tapa del ataúd para ver los restos de su hijo difunto porque no se encontraba con ánimos suficientes para hacerlo, mientras la madre se recuperaba en el Hospital de la Línea de la Concepción de una infección puerperal.

Sólo en la Línea de la Concepción se han denunciado seis casos similares y parten de una docena de familias afectadas, para lo que al fiscal Cisneros le resulta complicado, que las pesquisas lleguen a una conclusión final. Las investigaciones siguen su curso para conocer si existe algún registro de nacimientos y defunciones de los ya desaparecidos hospitales donde se produjeron las supuestas irregularidades. De los dos médicos responsables uno de ellos ya falleció, el otro declaró que no sabe nada al respecto. Mientras tanto, ¿cuantas madres vivieron el resto de sus vidas con la incertidumbre y la duda sobre el paradero de sus hijos robados?



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