sábado, 15 de mayo de 2010

La falsa percepción de la bondad


Fue a principios de la década pasada cuando, en una visita que hice al centro de la Hermandad de la Cruz Blanca, descubrí, o al menos intuí, lo que se cocía entre los fogones de la perversidad humana tras aquella aparente bondad y altruismo hacia los demás, en este caso a uno de los colectivos más necesitados de ayuda y cariño, los discapacitados psíquicos, y por añadidura físicos. No es que uno tenga un don sobrenatural para ver lo que a simple vista no se ve, no, sólo que a veces la percepción de lo evidente no muestra el trasfondo negativo que lleva a cabo la cara oculta de los seres humanos, portadores todos de los dos polos opuestos, el bien y el mal.

Hace varios días, a raíz del escándalo que ha salido a la palestra de los abusos por parte de religiosos, me decía un compañero de trabajo que no entendía porqué existen mentes tan malvadas en este mundo, que se ceban con los más débiles, por ejemplo los abusos sexuales en la iglesia católica. Por supuesto que de filósofo tengo muy poco, al contrario, a veces me veo como una persona demasiado simple, y así, simple, también fue mi respuesta a lo que pensaba al respecto, que no creo en que existan personas más perversas que otras, ni más maliciosas, si no que la circunstancia y el entorno o contexto donde desarrollamos nuestra vida nos hace ser de una manera u otra. Lo de los abusos sexuales, la ira, el odio, la venganza, etc., son sentimientos que cualquier ser humano puede sacar a la luz el día menos pensado, el más noble, el más bondadoso de las personas puede convertirse en el más ruin de los mortales. Todos somos posibles asesinos en potencia, ladrones, maltratadores o violadores, la diferencia radica entre cruzar la línea roja o no cruzarla, es lo que nos sitúa en uno de esos dos polos opuestos que llevamos añadidos las personas en nuestros genes.

Sin tratar de rebuscar una respuesta filosófica en lo que respecta al comportamiento humano, le decía a mi compañero que, posiblemente, el padre Manolo, como tantos otros religiosos en tela de juicio por sus perversas actuaciones, sería una persona bondadosa, altruista y generosa hacia los demás, pero que el contexto donde desarrolla su vida no le permite sacar al aire sus necesidades íntimas y dejarlas en su entorno más reservado para poder dedicarse por entero a su labor social, sin que ésta se pueda ver contagiada por esas necesidades humanas que no entienden de contextos ni diferencian entre lo lúdico y lo laboral, lo íntimo y lo social. Seguramente, si la mayoría de estos inculpados, y por supuesto presuntos hasta que la justicia dicte sentencia, estuvieran casados o en pareja, o al menos no tuvieran la prohibición de desarrollar su sexualidad como cualquier persona, no habrían cometido estos actos criminales contra víctimas indefensas.

Bien poco me importa que la opción de cada religioso sea heterosexual, homosexual o bisexual, no creo que esta condición afecte a la actitud de abusar o no, porque de la misma manera también pienso que todos podemos ser homosexuales ocasionales en un momento determinado, influidos por ese contexto al que me refería, si no, porqué en las cárceles la práctica homosexual está tan generalizada, ¿acaso todos los reclusos son gay? No, pero la necesidad biológica nos hace irresponsables y rebeldes a nuestra verdadera condición en ese momento determinado. Es muy probable que la mayoría de los religiosos abusadores se sientan mal anímicamente y culpables del abuso que acaban de cometer, saben que existen unas líneas rojas en la convivencia y el respeto entre los seres humanos que nunca debemos traspasar, no importa el contexto en el que nos encontremos.

Es por lo que pienso que los religiosos deberían abandonar el celibato, eso sin duda les haría a muchos realizar su labor sin ese estigma al que están sometidos y que los convierte en monstruos, en criminales, descargando toda su perversidad entre los más débiles, que no son otros que de lo que viven y habitan el contexto en el que desarrollan sus vidas, niños, discapacitados, ancianos, en definitiva indefensas víctimas que los sitúa en el punto más visible de la vulnerabilidad.

Como apuntaba al principio, fue hace ya algunos años, eran malos tiempos para mí y el trabajo escaseaba. Un amigo me dijo un día que fuera a hablar con su padre, él estaba bien relacionado y seguramente me podría ayudar recomendándome para un puesto de trabajo. Así lo hice, al día siguiente acudí a su taller de platería y me acompañó a solicitar ese puesto laboral. Yo desconocía de qué se trataba en un principio, cruzamos la calle y, justo en la casa de enfrente, entramos en el zaguán, que dejaba ver un patio interior cerrado, con columnas y arcos a cuatro lados. No fue buena la primera impresión, encontré al padre Manolo rodeado de discapacitados entre carcajadas, hablaba con otro religioso y entre los dos mantenían un dialogo que los tenía a todos a risa limpia. Claro, esto no tiene nada anormal a simple vista, al contrario, una actitud saludable la de sonreír, sin embargo, no es así como lo percibí, el dialogo era el propio de dos "mariquitas arrabaleras", que me hizo sentir vergüenza ajena y sospechar que esa actitud no era la de personas responsables. El padre de mi amigo me presentó al religioso y tras solicitarle un puesto laboral me respondió que no era posible por aquellos días, no existían plazas bacantes para ocupar.

Esta fue la única ocasión en la que entré a esta casa familiar de la Hermandad de la Cruz Blanca, pero cuando leí la noticia de los abusos sexuales contra discapacitados no me sorprendió, al contrario, pensé que había tardado demasiado tiempo en salir a la luz. Esta semana, especialmente, ha sido noticia tras noticia referente al caso, las que han salido en las portadas de los diarios, al igual que los imputados, uno tras otro hasta cuatro. Todo comenzó con una denuncia anónima en octubre pasado, a los pocos días fue detenido un presunto abusador que se encuentra en prisión preventiva. Ante el alboroto, los familiares de los discapacitados pidieron explicaciones al responsable, al padre Manolo, y éste, sólo les dijo que se trataba de un colaborador externo, sin entrar en más explicaciones, negándose a ello. Pero las aclaraciones posteriores han demostrado que no se trataba de colaborador externo, si no de un novicio que había abusado de un discapacitado con un 86% de minusvalía, y no una vez, si no en tres ocasiones, en la ducha del dormitorio.

Nuevas denuncias contra el centro por un grupo de familiares ha llevado a nuevos interrogatorios por parte del juez y con tres imputados más, entre ellos el padre Manolo, a quien les han prohibido contacto alguno con trabajadores del centro y discapacitados. Hasta aquí todo es denigrante, sin embargo, parece que el hilo de la bobina que envuelve los abusos en la Hermandad de la Cruz Blanca no ha dejado al descubierto todo el entramado perverso, porque también en esta semana, otro centro de Sevilla y de la misma hermandad de franciscanos, ha sido denunciada por abusos, en esta ocasión parecen ser los malos tratos y castigos fuera de lógica. Quizás las instituciones gubernamentales deberían de plantearse si en lugar de beneficiar a estas víctimas con subvenciones públicas se está utilizando el dinero de los contribuyentes para convertir la vida de muchos de ellos en un verdadero suplicio.

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