sábado, 6 de febrero de 2010

Infancias mutiladas


"Aquella mañana bajábamos mi hermana y yo por las escaleras como cada día, nos habíamos retrasado tomando el desayuno y porque Cristina se entretuvo mirándose al espejo más de lo acostumbrado, últimamente se ha vuelto más presumida, quizás sea por Dani, yo sé que le gusta y trata de que él se sienta atraído por ella. Al llegar al rellano de la primera planta, donde viven Aisha y Samira, dos policías uniformados llegaban subiendo los escalones casi a la par de nosotras, nos sorprendió porque los agentes se adelantaron a llamar al timbre antes que mi hermana y yo. No quisimos esperar y decidimos continuar solas al colegio, era tarde y seguramente nuestras amigas del primero ya se habrían marchado ante nuestra tardanza. Cuando llegamos a clase ya estaban allí, les dijimos del encuentro con los agentes y no parece que ese detalle les preocupara demasiado, en más de una ocasión tuvieron visitas relacionadas con la documentación y la residencia, claro que ya hacía algunos años que residían en España y su padre, Hakeem, trabajaba dado de alta en una panificadora, asegurado y con empleo estable.

Pasaron varios meses del encuentro casual en el rellano y ya había quedado en el olvido, hasta que nos enteramos del motivo, de la razón por la que los dos agentes llamaron al domicilio de nuestros vecinos, aquel día llegaban a entregar una citación del juzgado, los servicios sociales habían denunciado a los padres de nuestras amigas por la ablación sufrida por ellas, Aisha y Samira nunca nos dijeron nada, pero el revuelo formado de periodistas y cámaras de televisión interesándose por el tema fue mayúsculo, por eso nos enteramos. Después de algunos días de ausencia a clases de nuevo comenzaron a asistir, cuando el juez archivó el caso por haber prescrito, así que todo quedó en nada, aunque desde entonces ya nadie las miraba igual, unos con lastima y otros con curiosidad, y todos cuchicheaban a su paso. Fue muy duro para ellas, porque además de haber padecido la mutilación ahora tenían que enfrentarse a la indiscreción de la gente, que les hacía sentirse como bichos raros.

El airear sus intimidades llevó a nuestras amigas a mostrarse más hurañas ante los vecinos, ya se mostraban un tanto retraídas en el contacto vecinal, pero desde entonces apenas salían por el barrio y cuando lo hacían era acompañadas por su madre, Lesha, a la que últimamente imitaban en el vestir, ataviadas con el tradicional pañuelo que llevan en su país de origen, Mauritania. En España está penalizado practicar la ablación y los servicios sociales no se olvidaron de su hermana menor, Jamila, ya conocían los antecedentes y pensaron que si se llevaban de vacaciones a la niña de siete años a su país probablemente harían con ella igual que con sus hermanas mayores, por lo que les retiraron el pasaporte y las autoridades le prohibieron a los padres salir del país con ella. Pero no sé por qué motivo les devolvieron el pasaporte al año de retirárselo y esta vez sí se fueron de vacaciones toda la familia, cuando regresaron lo hicieron los padres solos, nunca más volvimos a ver a Aisha, Samira y Jamila, aunque con el tiempo nos enteramos del motivo por el cual no regresaron, la noticia volvió a ocupar primeras páginas y en ellas se decía que el caso fue sobre-seguido interesadamente y, los periodistas, habían descubierto que a las dos hermanas mayores, de once y doce años, los padres las habían vendido en casamiento a dos hombres mayores empresarios de su pueblo, en Mauritania, la pequeña falleció, pocos días después de que le hicieran la ablación, murió desangrada y sin atención médica. Cuando de nuevo saltó a la palestra la noticia los padres abandonaron el barrio y nunca más supimos de ellos, desde entonces no he dejado de preguntarme ¿por qué las madres son partícipes y consienten esta aberración contra sus propias hijas?"

Este relato podría ser real, no lo es, pero si está basado en un caso que ocurrió hace algunos años en España, aunque con resultado final incierto. Precisamente que hoy se celebra el día mundial contra la ablación, me ha parecido oportuno recordar el sufrimiento que llevan a cabo contra 8.000 niñas cada día en todo el mundo, se estima que son 150 millones de mujeres y niñas en todo el mundo las afectadas por la ablación de clítoris o mutilación genital femenina, por razones culturales o religiosas. Aunque el origen es de procedencia incierta se cree que comenzó en el antiguo Egipto y a partir de ahí se extendió a África, donde parece estar más arraigada la costumbre, aunque también en Oriente Medio, Asia, América, Australia y Europa, a donde ha sido exportada por los emigrantes africanos. En muchos casos se practica como ritual de iniciación a la edad adulta, y aunque en muchas ocasiones se recurre a tradiciones religiosas como argumento a su favor, lo cierto es que tanto la religión musulmana como la cristiana prohíben esta práctica.

La principal consecuencia de esta aberrante costumbre, apoyada en el machismo, es la sensibilidad sexual, es la dote que la esposa entrega a su marido cuando se casa, los que tratan a las mujeres como simple mercancía. Siempre se juega con la ignorancia de las niñas a las que se les convencen e inculcan de que el rito es necesario para ser mujer en el futuro, por lo que muchas veces se celebra una fiesta después de la práctica. Sin embargo, en otras ocasiones cogen a la niña sin previo aviso ni explicación entre seis u ocho personas, de las muñecas y los tobillos, y las mutilan, a lo que le sigue el añadido trauma sicológico. Muchas niñas mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores por el riesgo asumido, al que se exponen por realizar la mutilación casi siempre de manera rudimentaria, con herramientas nada aconsejables, como cristales, cuchillos o cuchillas de afeitar, y por supuesto alejados de cualquier centro sanitario.

La mutilación genital a la que las someten tiene por sentido que la mujer deje de sentir placer sexual, y que de esta manera pueda llegar virgen al matrimonio, de lo contrario se corre el riesgo de que pueda ser rechazada por el futuro marido y también para evitar la supuesta promiscuidad del sexo femenino. La paradoja y contradictorio de este asunto de derechos humanos es que son las propias madres de las víctimas o las mujeres mayores de la familia las que lo practican, las que se convierten en guardianas de la tradición, con la menopausia ganan poder por primera vez en su vida y lo llevan a la práctica controlando a las generaciones más jóvenes, lo que agudiza el problema.
Solo en 14 de los 28 países donde se practica la ablación se ha prohibido por ley, pero en Europa, por ejemplo, existen países como Italia e Irlanda donde no está penalizada la intervención, un continente donde 500.000 niñas están en riesgo de padecerla.

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