domingo, 24 de enero de 2010

Vulnerables entre la tragedia


Uno piensa que ya pocas cosas o causas nos pueden inquietar o producir desazón, más allá de un par de noticieros o telediarios que nos sorprenden en la hora del almuerzo o la cena de cada día, quizás sea la hora escogida para evitar que apaguemos el aparato receptor y nos dediquemos a otra cosa, ignorando así la noticia y evadiéndonos de la realidad que nos incomoda. Pero lejos de lo que nosotros pensamos, de vez en cuando nos sorprende la vida y, sí, surgen situaciones que nos dejan sorprendidos, atónitos, durante un tiempo más amplio, dependiendo del tamaño o envergadura de lo acontecido. Entonces ya no sólo sentimos lastima, pena, por lo que sufren los protagonistas elegidos al azar por la desgracia, en la mayoría de las ocasiones los más pobres, hasta el punto de que llegamos a pensar si la propia vida es mucho más cruel y ruin de lo que en un principio imaginamos, demasiado en la mayor de las veces.

Esta semana que despedimos han pasado muchas cosas en el mundo, la inmensa mayoría del tipo que nos "incomoda" cuando aparecen en las noticias, talvez porque son inmensamente superiores en número a las agradables o simpáticas, claro que siempre nos queda la duda, por lo tanto la esperanza, de que sea al contrario y que se trate sólo de una estrategia para vendernos televisión con imágenes y sucesos impactantes, y que la vida en el planeta no está envuelta en tanta tragedia como nos muestran. Sin embargo, existen sucesos que superan todo lo imaginado y sí consiguen atraparnos en la angustia, en el dolor de los protagonistas que sufren lo acontecido, las víctimas del drama, por mucho más tiempo de lo acostumbrado. Es probable que poco a poco y con el paso de los días las portadas de los diarios y noticieros audiovisuales vayan dejando protagonismo y espacio a otras noticias de más actualidad, pero aun así es imposible que lo sucedido en Haití se nos olvide tan de repente, necesitará mucho tiempo el olvido para arrebatarnos tanta desdicha humana de nuestras mentes.

No obstante, si algo de bueno tiene la globalización, el acercamiento de los pueblos, es que lo que sucede en otro punto alejado del planeta nos parezca que está o sucedió al otro lado de las colinas que podemos ver en nuestro horizonte más cercano, afortunadamente las distancias se han reducido no sólo en términos comerciales si no también humanos. La actitud generosa y solidaria se puede comprobar en cualquier lugar del mundo, desde el país más desarrollado al más pobre, en todos se han movilizado para recaudar fondos que ayuden a paliar las necesidades básicas de los haitianos, ya que el dolor sólo lo podamos compartir. En España, en mi ciudad, por poner un ejemplo, las ONGs se han puesto el uniforme de trabajo y no existe un enclave ciudadano donde no aparezca una iniciativa solidaria, desde supermercados a niños que venden figuras de papel coloreadas por las calles para ayudar a los damnificados por el violento terremoto que destruyó la capital del país. Uno no puede quedarse al margen de la tragedia, aunque de repente dejaran de emitir noticias impactantes cada día, sería inútil, nuestra retina se ha adueñado de tal manera del sufrimiento que nuestra condición humana no nos permitiría mirar para otro lado sin el menor remordimiento.

Es un bombardeo constante de noticias relacionadas con el suceso, cada jornada nos despiertan con nuevos datos, que nos alegran y nos levantan el ánimo por momentos, y nos lo vuelven a derramar por los suelos, porque si nos dicen que los equipos de rescate internacionales consiguieron sacar de entre las ruinas a un número de personas indeterminado, seguidamente las cifras son las de muertos y heridos, personas sin hogar o niños huérfanos, que quedaron de la catástrofe, la realidad no nos deja respirar un momento de alivio, es tan cruel...

Pero de todo este conglomerado de víctimas son los niños huérfanos los que me parecen más vulnerables que cualquier otra, la indefensión en la que quedan los hacen no sólo víctimas si no también presa de los desalmados que, como alimañas, se mueven por entre la vulnerabilidad que sufren para convertirlos en especie, con la que comercializarán sin escrúpulos, son los primeros en movilizarse entre el desconcierto, mucho antes que cualquier organismo que les proteja o garantice una seguridad. Esta actitud de las mafias que trafican con seres humanos no es nueva, también se pudo comprobar cuando en 2004 Asia fue golpeada por el tsunami. Para estas redes, las catástrofes humanitarias, son un terreno propicio para llevar a cabo su deleznable plan, el que activan nada más ocurrir la desgracia, aprovechando la debilidad en coordinación de los responsables para secuestrar niños y sacarlos del país.

Desgraciadamente, es en todos los países pobres donde los traficantes de niños ponen sus puntos de mira, y en Haití ya existía la trata de niños antes del terremoto. Estas mafias también tienen sus vínculos con la adopción, además del tráfico de órganos, y las alarmas han saltado a los pocos días del seísmo ocurrido cuando Unicef ha denunciado la desaparición de 15 niños de los hospitales haitianos, son niños que se encuentran sin familiares, a los que se les supone desaparecidos o muertos bajo los escombros. Según declaró Jean-Luc Legrand, consejero regional del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, "hay un cierto número de pruebas sobre la existencia de redes de trata de niños, en particular a través de Santo Domingo", la capital de la vecina República Dominicana. También recordó que los países que acogen a niños de Haití deben respetar la Convención de La Haya, que protege a los niños y a sus familiares de riesgos de adopciones ilegales, por lo que tienen que asegurarse que estos niños no fueron robados o vendidos. La Unicef acoge cada día en 20 centros a unos 2.000 niños que no tienen noticias de sus familiares, desde que el 12 de enero la desgracia, si no era ya bastante con ser uno de los países más pobres del planeta, azotó a Haití.

1 comentario:

  1. uno piensa, que ...paises inmersos en las tragedias siempre son donde reina la pobreza...ayer hubo un sismo de 5 grados y pico en una provincia fronteriza jujuy,donde jamas la tierra se movio asi...viene bajando,entra las placas subterraneas,que unen cordilleras y demas,a todo el mundo, pero siempre el castigo es para la pobreza...
    gracias por tu comentario! se agradece amigo
    un abrazo
    lidia-la escriba
    http://www.deloquenosehabla.blogspot.com

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