sábado, 30 de enero de 2010

La herencia emigrada


Lo ideal, lo justo, sería que ningún ser humano fuera considerado extranjero en cualquier país del mundo, y si me apuran, que no existieran las fronteras que limitan la libre circulación por este terreno giratorio en forma de esfera semi-aplastada, dividida en enormes parcelas de propiedad compartida por los nacidos en cada una de ellas. Es injusto catalogar de extranjero a los que vienen de otra parcela distinta a la nuestra, entre otras razones porque todos somos extranjeros, todos llegamos a este mundo desde afuera, no desde otro mundo si no desde otro estado, desde la no existencia, y si por esta regla de tres aceptamos la herencia natural como parte esencial del sistema en el que vivimos, entonces estamos cometiendo una enorme injusticia al llamar extranjeros a los nacidos lejos de un país determinado, porque, no podemos obviar que, todos provenimos de la misma bacteria que un día posiblemente llegó a este planeta a lomos de un meteorito, o vaya uste a saber cómo. Lo cierto es que aquí se quedaron nuestros antepasados, aquí evolucionaron, y aquí procrearon para hacer posible nuestra existencia.

Pero no voy a ser yo quien venga a cambiar las normas establecidas, aunque sí al menos a poner un granito de arena en la discordia, la que supone la injusticia de pertenecer, o no, a un país por haber nacido fuera de sus fronteras, o de disfrutar, o no, de unos derechos que por naturaleza deberían de ser heredados. A veces a uno le cuesta entender que si por ley un descendiente de españoles, o no, tiene el derecho legal de reclamar y hacer suya cualquier propiedad heredada por sucesión familiar directa, ¿como no va a poder ser considerado español un descendiente de españoles, aunque emigraran varias generaciones atrás? E aquí el dilema, el derecho a la herencia natural de los emigrantes. Por supuesto, para mi punto de vista la cuestión no tiene ninguna duda, el derecho a ser considerados ciudadanos de un país los descendientes de emigrantes, aunque hayan nacido fuera de él, está claro. Deberían de ser considerados herederos directos sus hijos, sus nietos, bisnietos, tataranietos y toda su estirpe, otra cosa es que quisieran, o no, hacer suya esa opción.

La historia reciente de nuestro país ha dejado a muchos de sus hijos en desamparo por distintas razones, desde la falta de empleo a la inexistencia de libertades y progreso. Son muchos los españoles que tuvieron que emigrar o huir al exilio y que no pudieron regresar nunca más a la tierra de sus antepasados por las razones que fueran, pocos fueron los que emigraron sin motivo y casi todos por el deseo o el derecho de prosperar y vivir en paz. Especialmente en la primera mitad del siglo pasado, primero obligados por las hambrunas que asolaban este nuestro país y seguidamente por el enfrentamiento bélico que partió en dos bandos a los españoles, para más tarde continuar con otra oleada por falta de oportunidades y empleos con los que subsistir. Precisamente ahora, por estos primeros meses del año, se cumple el 71 aniversario del éxodo que llevó al exilio a casi un millón de españoles, ante el final de la guerra que alimentaron los fascistas españoles, alemanes e italianos, contra la recién establecida democracia de la II República Española. Fue un viaje sin retorno para muchos de ellos, aunque nunca perdieron la esperanza de regresar algún día. Sin embargo, anteriormente, en las décadas que le precedían, la emigración fue talvez aún más significativa, por poner un ejemplo, en Cuba, en 1898 había 1.800.000 habitantes y se calcula que aproximadamente un millón de españoles emigró a la isla en el primer tercio del siglo XX, según el consulado español en la Habana.

Es evidente que quedan por corregir muchos errores, muchas deudas pendientes con la historia de estos españoles que tuvieron que salir un día ya lejano lejos de nuestras fronteras para sobrevivir, y algunas de esas deudas pendientes se han tratado de subsanar con la Ley de la Memoria Histórica, que pretende corregir en parte la injusticia considerando españoles a los nietos de los exiliados que tuvieron que renunciar o perdieron la nacionalidad como consecuencia del exilio y que huyeron principalmente a Argentina, Uruguay, Cuba, México, Chile, Venezuela y Francia. La "Ley de los nietos", como se le ha venido a llamar, ha tenido sus puntos de confusión e injusticia, por un lado porque se creía en un principio que a este nuevo procedimiento para ser nacionalizados, demostrando ser hijos o nietos de españoles, se podrían acoger incluidos los descendientes de emigrantes, pero parece ser que no, que sólo tendrán posibilidad los de exiliados, los que tuvieron que salir de España desde 1936 hasta 1954, lo que crea un agravio comparativo con los descendientes de los que tuvieron que emigrar por razones de subsistencia.

Pero aún hay más, porque si la injusticia se vuelca del lado de los que son considerados emigrantes y sólo se congratula la ley con los exiliados, doble injusticia si además de emigrante era mujer, porque, según el código Civil de 1889, al casarse con un ciudadano del país en el que residía perdía automáticamente la nacionalidad española para asumir la del marido. La ley se suavizó en 1954, pero siguió marginando a la mujer hasta 1975. Hace algunos meses la DGRN subsanó en parte esta injusticia al establecer que las abuelas que perdieron la nacionalidad por matrimonio durante su exilio sí pueden transmitir a sus nietos la ciudadanía, pero aún así la trampa existe y continúa la desigualdad, porque, siguiendo el ejemplo de Cuba, sólo el 5% de los expedientes que solicitan la nacionalidad corresponden a descendientes de exiliados, el otro 95% son de nietos de simples emigrantes.
El gobierno español ha calculado que serán alrededor de 1,5 millones en total, los nietos de exiliados que podrán optar a la ciudadanía española, pero la inmensa mayoría de herederos naturales se quedarán sin sus derechos, los que heredaron de sus abuelos por el sólo hecho de haber nacido españoles.

1 comentario:

  1. Desde luego, yo creo que la mayor tragedia es emigrar para buscarte la vida y un futuro para tus hijos. Dejar tu familia, tus amigos, tu entorno....es triste, muy triste.
    Y lo malo es que luego nos olvidamos y los que más protestan contra los inmigrantes son los nietos de aquellos que se fueron a America o Alemania o Francia a trabajar. Paradojas de la vida.
    Un saludo

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