viernes, 1 de enero de 2010

Economía delictiva


"El dinero honrado es el que mejor se gasta". Esto bien podría ser un proverbio chino, maltés o de la Cochinchina, vaya usted a saber, porque a lo mejor no es ni proverbio. De todos modos me resulta esta frase como ideal para describir cómo se siente uno cuando el dinero que se gana es legalmente, sin miedos al delito cometido, judicial o moral, que siempre deja un regusto a conciencia intranquila... al menos a los que tenemos conciencia de honradez. Otros, que también los hay, piensan que esto de ser honrados es de tontos, de torpes que no sirven para otra cosa que para trabajar jornada tras jornada por un misero sueldo al final de mes, que no nos lleva a ninguna parte más allá de sobrevivir cada día. Sin embargo, nosotros "los torpes", los que se supone que no servimos para otra cosa que para ser pobres, tenemos algo que esos "listos" que nos desvaloran no poseen, eso se llama honradez y es parte del respeto que se tiene a las pertenencias de otro, porque todo lo que no es de uno es de otro, y si no se consigue legalmente entonces estamos cometiendo un delito. Aunque en ocasiones no hace falta saltarse las reglas del juego para apropiarse de las pertenencias de otro dentro de la legalidad, claro que entonces se juega con el engaño y para no sentirse culpable por esta actitud hay que estar hecho de una pasta muy miserable y canalla.

Sin duda, existen muchas maneras de ganar el dinero fácil, eso no quiere decir que los que somos legales no tengamos esa inteligencia necesaria para conseguirlo, todos podríamos hacerlo... si no fuera por esa conciencia nuestra que no nos lo permite, porque en la balanza de la avaricia y la honradez siempre puede más esta última. En cambio, los otros, los listos o avariciosos, no tienen ese problema de conciencia, el respeto hacia los demás no tiene mucho sentido y si para conseguirlo es necesario mercadear con la libertad y vida de otras personas se mercadea y punto.

A veces, cuando uno piensa en la honradez, a la que siempre miro como a una cadena con candado que no me deja soltarme más allá de un pensamiento, mezcla de avaricia y rebeldía, acabo por sentirme atrapado por el miedo, el de perder la libertad por el delito que me permita ganar el dinero fácil. El temor termina por convencerme de que más vale se pobre y honrado que no pasarse un puñado de hermosos años de mi vida encerrado entre rejas y lamentándome por mi mala cabeza. Por supuesto, como cualquier ser humano, cuando me atrapa esa rebeldía avariciosa siempre lo hace a lo grande, el asalto a un banco o algo por el estilo, nunca caigo en la posibilidad de aprovecharme de un inocente, los caudales de un banco parecen como si no tuvieran dueño y, en el caso de tenerlos, siempre se me antojan buitres carroñeros, que nacen con el delirio de la usura añadido a sus genes. Pero como digo, no pasa de ser un pensamiento fugaz que se esfuma cuando la cadena enllavada de la honradez no me deja continuar valorando esa posibilidad.

No obstante, entre los valores que recibí en la educación que mis padres me inculcaron está el de no caer en esa tentación fácil, que a la larga sale más cara y costosa que ganarse el dinero honradamente, no merece la pena arriesgarse cuando el fruto de ese riesgo consiste en convertirse en un tramposo. Pero como digo, los hay que desconocen ese valor y se aprovechan de que otros valoremos la honradez, porque, ¿que pasaría si todos fuésemos tramposos y no respetásemos las reglas del sistema establecido? Posiblemente andaríamos constantemente entre la inseguridad y el caos.

También existen otros modos de ganar el dinero fácil, aparte de apropiarse de las propiedades o pertenencias de otro, es la de enriquecerse jugando con la libertad y poniendo en riesgo la salud o vida de otros inocentes, eso me resulta aún más lamentable, un acto deleznable del ser humano. Estas actitudes miserables se dan en escenarios distintos, tanto en países pobres como en desarrollados, en territorios donde la pobreza se convierte en el mejor aliado para cometer esos delitos. Y es en estos contextos, entre la pobreza y la marginación, donde surgen los delincuentes traficantes de los derechos y la salud, porque territorios marginados existen en todos los países y ciudades. Para ejemplos he escogido dos distintos, que aún teniendo el mismo fin, el de enriquecerse fácilmente, cada uno tiene como mercancía diferentes conceptos, el de los secuestros y el tráfico de drogas.

Hace algunas semanas hemos vivido en España uno de estos episodios en que el secuestro del barco pesquero Alakrana mantuvo en vilo al país entero pendiente de las noticias durante muchos días, demasiados. Un secuestro emitido por entregas, como si de una telenovela se tratara, en la que los secuestradores se llevaron un botín y en el que tuvieron como aliados, así se puede llegar a comprender si entendemos que las declaraciones y presiones por parte de familiares, políticos de la oposición y medios de comunicación, fueron utilizados a sabiendas que los intereses de cada cual estaba por encima de los propios secuestrados. Por un lado el miedo de los familiares a que sufrieran un trágico final si no cedía el gobierno a los chantajes piratas, por parte de la oposición porque cuanto peor se resolviera el secuestro mejor para sus intereses, y para los medios de comunicación porque se trataba de un filón del que fueron sacando tajada minuto a minuto.

El premio por tanta irresponsabilidad de unos y otros fue de cuatro millones de dólares, que cayeron de golpe como un lujo en un pueblo somalí de 6.000 habitantes, Harardhere, a 40 kilómetros de la costa, donde viven en la más absoluta pobreza, con sus calles sin asfaltar y con todas las carencias imaginables. Hoy es la población más rica de Somalia, al menos en termino de dinero circulante, porque si los secuestradores repartiesen todo el dinero entre todos los habitantes tocarían a 600 dólares por cabeza, algo así como si a los habitantes de la comunidad de Madrid le dieran a cada uno 48.000 dólares de una tacada. Ni que decir tiene que la inflación en este pueblo de Somalia ha propiciado que los precios se hayan desorbitado hasta el 2.000%, como en el caso de las prostitutas, que son las que más están ganando, junto al prestamista que dio un crédito a los secuestradores antes de cometer el delito de piratería. Les prestó 1.700 dólares a un tipo de interés del 140%, eso quiere decir que el usurero prestamista se llevó 4.000 dólares sobre el dinero prestado.

Por otro lado está el de las "narcoaldeas", como el caso de Walpasiksa, una aldea perdida en la zona caribeña de Nicaragua. La costa atlántica nicaragüense se ha convertido en un paso privilegiado de la cocaína, una región olvidada por el gobierno donde la pobreza y falta de opciones para sobrevivir honradamente han creado ese caldo de cultivo que tanto beneficia a los narcotraficantes, a cambio de jugar con la salud y la vida de tantas personas no sólo en su destino final, también entre los mismos habitantes de Walpasiksa, que se enfrentaron con el ejército con el resultado de dos oficiales de la Fuerza Naval muertos y cinco gravemente heridos, por defender su único medio de vida mientras que los narcotraficantes huyeron sin dejar rastro, después de haber armado hasta los dientes a los nativos para que los defendieran.

En esta aldea, donde la pobreza es generalizada, así como la falta de agua corriente y luz eléctrica entre otros servicios básicos, son una realidad. El dólar había sustituido a la moneda nacional, el Córdoba, y los precios habían subido de tal manera que quienes no participaran del narcotráfico no podían subsistir en dicha aldea. La cerveza nacional, en lata, costaba 20 dólares y cuando ésta escaseaba se duplicaba el precio, el aceite para cocinar costaba por encima de los 25 dólares el litro, la libra de arroz costaba seis dólares al igual que la harina, la leche en polvo se vendía a 50 dólares, y hasta un simple calmante para el dolor de cabeza, que cuesta un córdoba, cinco céntimos de dólar, se vendía a 2 dólares.
El resultado es evidente, mientras los narcotraficantes del cártel se inflaron de ganar dinero fácil, los nativos sufrieron las consecuencias legales y físicas, víctimas junto a tantas personas adictas a las drogas en cualquier país del mundo.








2 comentarios:

  1. Antonio, que en el 2010, la salud y la suerte te acompañen y nos sigas deleitando con tus escritos. Un abrazo.....

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  2. venturoso regalo de palabras que cuentan y al mismo tiempo dicen y mucho!...como siempre maestro,
    un abrazo,estoy muriendo de calorrrrrrrrrrr
    lidia-la escriba
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    votarias mi blog en hispatop.com? ese enlace me costo ponerlo,inscribir mi blog por lo menos dos dias...si quieres hacerlo esta en mi blog

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