sábado, 28 de noviembre de 2009

Perversa moralidad


Los pocos ausentes que quedaron vivos, de aquella matanza a machetazo limpio en su aldea, siempre pensaron que Adolphe tuvo toda la suerte que le faltó a su hermano Ignace. Aunque hasta ese momento sus vidas corrieron paralelas mientras crecían, cerca de la localidad congoleña de Bukavu, la providencia quiso que, en aquel preciso momento en que los guerrilleros hutus hicieron su terrorífica presencia, Adolphe se quedara solo jugando mientras su hermano se acercaba a su humilde casa de tablas de madera a pedirle agua a su querida madre. Él fue testigo directo del asesinato de sus padres, escondido tras la vegetación el miedo lo atenazó ante la macabra puesta en escena que llevaron a cabo los guerrilleros, asesinando a todos los pobladores que se encontraban allí en aquel justo momento, también vio cómo se llevaron a su hermano gemelo para convertirlo en niño-guerrillero y acabar sus días como tantos otros niños, blanco de un disparo certero en cualquier emboscada y sin tener aún conciencia real del significado de la vida.

Tenía tan sólo nueve años cuando lo hallaron llorando desconsoladamente de rodillas en el suelo y frente a los ensangrentados cuerpos sin vida de sus padres y demás vecinos, víctimas de la carnicería humana que protagonizaron los guerrilleros. Fue cuando aparecieron los soldados armados hasta los dientes, registrando cada casa y cada rincón de la aldea en busca de algún enemigo rezagado, pero ya era demasiado tarde, sólo los cuerpos inertes desparramados por el lugar y el niño, con su llanto rompiendo el silencio, quedaban en la escena. Era el único testigo de los asesinatos y se lo llevaron a las dependencias militares de Bukavu. Adolphe no tenía familiar alguno que lo acogiera y sin dudarlo se prestó a ello el padre Jean, una actitud que agradecieron quienes lo conocían y por lo que pensaron que la suerte que corrió en comparación con su hermano Ignace fue totalmente opuesta.

Pero detrás de aquella ficticia suerte se escondía la desdicha de un niño temeroso que no encontró en el religioso todo el altruismo desinteresado que suponían los vecinos de Bukavu. Adolphe aprendió a leer, a escribir, y su educación católica era la envidia de todas las familias que veían en los dos a una verdadero padre e hijo. Si embargo, no todo eran luces, las sombras de la perversión cubría los oscuros instintos del párroco y el padre no era tal, si no un miserable pervertido pederasta que saciaba sus deleznables deseos abusando de un inocente niño. Así fueron pasando los días, los meses y los años, hasta que Adolphe decidió huir de las garras del pederasta. Los tres años vividos bajo la malvada tutela del religioso le fueron suficientes como para no temer mal peor que el que hasta entonces le había atribuido la providencia y decidió huir a Kinshasa.

Pero jamás llegó a la capital del país, la mala suerte le perseguía y no escapó a ella, en su peregrinar huidizo fue raptado por los mismos guerrilleros que asesinaron a sus padres y se llevaron a su hermano. Su destino no sería distinto a su gemelo, y aunque al principio el terror se apoderó de él, con las horas pensó que quizás la fortuna le volvería a juntar con Ignace. Esa era su única ilusión, cuando otros niños guerrilleros le advirtieron cual sería su futuro inmediato, pero su desdicha no parecía tener límite, cuando descubrió que su hermano había muerto meses atrás en un enfrentamiento con el ejército. Nada parecía tener ya sentido para Adolphe, envuelto en una vorágine de desgracias, en una espiral de desdichas que le llevó al punto y final algunas semanas más adelante, cuando otra bala perdida dio fin a su existencia, en un mundo de violencia promovido con la doble y perversa moralidad religiosa.


Hace varios días me desperté con la noticia que varios diarios nacionales publicaban en sus portadas o primeras páginas, la conclusión de la investigación llevada a cabo por un panel de expertos de la ONU por encargo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con respecto a la financiación de la guerrilla por parte de ONG religiosas españolas en la guerra del Congo. Según El País, dos organizaciones no gubernamentales vinculadas a religiosos desviaban en los últimos años el dinero procedente de subvenciones públicas para la financiación de una de las milicias de la guerra que azota al país africano. En el informe encargado por la ONU se afirma que la milicia financiada por los religiosos españoles es el Frente Democrático para la Liberación de Ruanda (FDLR), la milicia hutu acusada de múltiples asesinatos contra la humanidad, entre los que se encuentran asesinatos contra la población civil, violaciones en masa y reclutamiento de niños-soldados, entre otros. Los guerrilleros hutus, junto con algunos de sus dirigentes a la cabeza, están considerados como los responsables del genocidio de Ruanda, en el que fueron asesinados a machetazos, por radicales hutus en 1994, 800.000 tutsis y hutus moderados.

Por supuesto los acusados niegan esas conclusiones y las tachan de ridículas, y en su defensa alegan que la ONU quiere tomar represalias contra ellos por la denuncia que han interpuesto en la Audiencia Nacional española, contra 40 dirigentes de Ruanda, país aliado de Estados Unidos y Reino Unido en la zona. Éste no es más que otro ejemplo de la doble moralidad en la que se desenvuelve la iglesia católica, que por un lado apedrea y por el otro ofrece consuelo, es la perversidad disfrazada de religiosidad que siempre anda por los caminos más siniestros que guían al ser humano, como en esta historia figurada que se parecerá a tantas ocurridas en el Congo y en otros países donde las guerras siembran el terror entre los inocentes civiles, mientras nosotros, los ciudadanos de países desarrollados y ajenos a lo que se trama, colaboramos aportando nuestras mejores intenciones en favor de los que sufren y son víctimas de la sinrazón humana.






sábado, 21 de noviembre de 2009

Un mundo diferente


La tarde comenzaba a despedirse y lo hacía de un color rojo algo más intenso a como estaban acostumbrados, ya no había matices y distintas tonalidades como en tiempos pasados. N'laco se recreaba en las rocas que dibujaban el paisaje monótono y plomizo, marcado por la intensa luz del sol que abrazaba en el exterior, mientras las voces metálicas que salían por los altavoces anunciaban, aconsejaban y ordenaban, a los habitantes del Satélite 27 las normas impuestas a seguir. No existía represión política ni social como en otras épocas de la humanidad, sólo las condiciones de habitabilidad exigían un comportamiento adecuado a las circunstancias. Hacía más de 20 minutos que aguardaba el regreso de Carna sentado en el banco de la plaza 15D, era el lugar preferido de N'laco para reflexionar, su bóveda acristalada era completamente abierta y la sensación de libertad también más fuerte que en las demás plazas del satélite.

De repente, unas manos femeninas aparecieron por su espalda y le cubrieron los ojos, su reacción fue tranquila, no se alteró, hacía generaciones pasadas en las que ya nadie sufría de estrés ni sentía temor ante amenazas violentas, además de saber que Carna estaba a punto de llegar. Puso sus manos sobre las de ella y le dijo: -Es imposible confundirte, no hay nadie en el mundo con una piel tan suave como la tuya.
-¿En qué piensas?- preguntó Carna mientras se sentaba a su lado.
-En otros tiempos, en el mundo que mi bisabuela me contaba. Ella tampoco los vivió pero, al igual que a mí, le contaban de pequeña cómo era aquel mundo en el exterior. Antes de que las ciudades se abandonaran por el cambio climático y tuvieran que refugiarse en los satélites.
-¡Un paraíso!-exclamaba Carna- Cómo me hubiera gustado haberlo vivido.
-Mientras reflexionaba mirando el horizonte imaginaba un paisaje distinto, vivo, con un cielo azul y el verde predominando sobre la tierra. Mi bisabuela me contaba que los pájaros eran unos animales de distintos tamaños y cubiertos de plumas, algunos de vivos colores y que emitían un canto armonioso como el sonido angelical. También los había que vivían en el agua, en los ríos que corrían por los causes y que se podía beber en ellos, sin miedo a morir.

-Debió de ser un mundo maravilloso. Recuerdo que hace algunos años vi en la videoteca arqueológica una película recuperada, la encontraron en unas condiciones óptimas y pudieron restaurarla. En ella aparecían muchos niños jugando, gritando y corriendo en el exterior y sin ninguna protección, corrían y corrían con juguetes extraños en forma de esfera, y otros se montaban en artilugios de alegres colores y se deslizaban sobre ellos. Lastima que sólo fueran algunos minutos... demasiado pocos. Supongo que la natalidad no estaría restringida como en nuestro tiempo, e imagino que el espacio y la alimentación no sería un problema entonces... al menos nosotros tuvimos suerte, pudimos engendrar a Yiza, espero que nuestra hija y su marido también sean elegidos para procrear. ¡No hay nada más hermoso que ser madre!- exclamaba Carna mientras se dejaba la mirada perdida en el horizonte, acompañando a la de su marido que en silencio imaginaba un mundo diferente donde los niños corrían y jugaban alegremente.

Sentados sobre el banco, Carna y N'laco, miraban al exterior imaginando un escenario totalmente distinto, sus manos se buscaron y se entrelazaron cómplices, como compartiendo un sueño que existió en otros tiempos y que la irresponsabilidad egoísta de sus antepasados no permitieron que ellos pudieran haberlo disfrutado en el futuro. El sol se iba escondiendo por el horizonte y el primero de los tres avisos antes de cerrar los accesos públicos del satélite sonaba por los altavoces en forma de sirena. En silencio se levantaron y abandonaron el banco donde estaban sentados, él puso su brazo sobre los hombros de ella y ésta lo agarró por la cintura. Sin decir palabra caminaron hacia su departamento en la 15C, quizás pensando que otro mundo era posible.

Es muy posible que nuestra irresponsabilidad lleve a la humanidad, a nosotros mismos, a vivir en un mundo diferente al que vivimos, eso contando de que no nos auto destruyamos eliminando nuestro hábitat natural y el de los seres vivos que nos rodean. También es muy probable que se haga realidad más pronto de lo que imaginamos si no se toman medidas drásticas y urgentes para atenuar el cambio climático. En el informe que se presentó en el 2007 por científicos de Naciones Unidas, el IPCC, pecaron de conservadores y prudentes, si nos atenemos a lo que algunos expertos han expuesto, varios de ellos son miembros del IPCC, durante la celebración en Chicago en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. A la conclusión que han llegado es que las temperaturas pueden subir entre 2 y 11,5 grados centígrados de aquí a final de siglo, y no como indicaba en el anterior informe, entre 1,1 y 6,4. Los expertos dicen que ahora tienen datos más fiables respecto al efecto invernadero, que se ha incrementado mucho más rápido por los países en vías de desarrollo como China o la India, por el enorme crecimiento de la energía eléctrica basada en el carbón, según Chris Field, de la Universidad de Stanford, EEUU, uno de los responsables del próximo informe de IPCC que se emitirá en 2014.

El aumento de las temperaturas propiciará un alto riesgo de incendios en las selvas tropicales, emitiéndose así miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero que a su vez aumentará la temperatura global. Por otra parte, Anny Cazenave, del Centro Nacional de Estudios Espaciales, en Toulouse, Francia, aseguró recientemente que las medidas que se han tomado sobre el océano global desde satélites, indican que el nivel del mar está subiendo como media 3 milímetros por año, el doble que lo hacía el siglo pasado. No obstante, hay zonas como el Pacífico Occidental, el Océano Antártico y el Sur de Groenlandia, donde la subida registrada es ya tres veces superior, un centímetro al año.

El tercero de los factores determinantes es la fusión del permafrost en la tundra ártica, que emitirá ingentes cantidades de CO2 almacenado en materia orgánica congelada allí desde hace miles de años. Las nuevas estimaciones del total de CO2 retenido en el permafrost es del orden de un billón de toneladas, en comparación, la cantidad total de CO2 emitida por la utilización de combustibles fósiles desde el inicio de la revolución industrial es de unos 350.000 millones de toneladas. Fields advirtió que si no se toman medidas urgentes y efectivas el cambio climático va a ser mayor y más difícil de afrontar de lo que pensábamos.






viernes, 13 de noviembre de 2009

La explotación globalizada


-Aquella tarde, cruzando el puente del lado oeste de la ciudad, comprendí que me estaba exponiendo a un serio peligro si no cambiaba mis hábitos y costumbres, la sociedad había perdido el sentido común y las personas habíamos dejado de serlo para convertirnos en un número consumista, como autómatas al servicio del mercado. Las grandes marcas comerciales se habían apropiado del mercado global y sus campañas publicitarias nos concienciaban que un nuevo orden mundial era necesario si no queríamos vivir otra extinción, la sexta, como les sucedió a otros seres vivos del planeta. No todo aquello parecía entrar dentro de la lógica, pero sus continuas campañas en pro de un sistema más justo, donde todos viviéramos y trabajáramos para todos y de todos, obligaba a nuestras conciencias a ser solidarios, aunque a primera vista el nuevo sistema no mostrara nada más que explotación y esclavitud, laboral y social, la libertad se quedaba en el camino y las grandes marcas se adueñaban de los seres humanos en todos sus conceptos.

Lejko le contaba a su nieto pasajes de la revolución vivida varias décadas atrás, que cambiaron el mundo y el sentido de la humanidad, derrocando un sistema capitalista que se estableció sin derramamiento de sangre ni golpes de estado con protagonismo militar, sólo a golpes de publicidad.

-Tuve que decidirme por guardar las ropas de más calidad para cuando llegara el invierno y usarlas debajo de las prendas establecidas por la junta gubernamental mundial, para combatir el frío; todo lo que me pudiera comprometer por falta de marca oficial y por no haberlas destruido en el plazo fijado por las autoridades lo fui sacando al atardecer cuando la luz del día se iba perdiendo y las depositaba en las trituradoras de los recolectores de basura. ¡Tuve mucha suerte! Nunca coincidí con nadie que me delatara y perder así la cedula del permiso de transeúnte, me hubiera costado mucho tiempo de prisión preventiva hasta que decidieran que hacer conmigo y a qué campo industrial de trabajo me destinarían.
Las últimas semanas fueron un acoso constante pidiendo a la población la colaboración para luchar contra los opositores al régimen. No se podía usar ninguna prenda de vestir que no llevara el código de seguridad incrustado en sus hilos, no nos podíamos escabullir de las normas establecidas cada vez que pasábamos junto a un detector instalado en cualquier lugar y cada día más numerosos. Si los hilos no eran los oficiales saltaba la alarma y en segundos aparecía una patrulla de agentes del nuevo orden para detenernos.

-Entonces abuelo, ¿no existían los gobiernos como ahora?
-No Tevri. Las marcas se habían ido absorviendo hasta quedar un puñado reducido de ellas y antes de iniciar una guerra comercial que las debilitara y perder así el control del comercio global decidieron unirse, de esta manera acumularon tanto poder que consiguieron derrocar a los gobiernos de los países libres. La alianza que hicieron junto a otras multinacionales de otros sectores industriales y con las asociaciones defensoras de los derechos de autor relacionados con la cultura, propiciaron el nuevo orden que nos esclavizó por unos años y que nos llegaron a parecer siglos.
Varios años antes había ocurrido igual con todo lo relacionado con la cultura, los autores creadores eran sólo los oficiales y propuestos por la junta gobernante, se quemaron libros y destruyeron copias musicales de cualquier tiempo y época pasada, fue la manera que eligieron para convertir la cultura en mera propaganda oficialista.

-¿Cómo surgió la insurrección de los ciudadanos?-preguntaba Tevri.
-Nos sublevamos contra lo establecido porque era imposible vivir de aquella manera impuesta. La mayoría de la población del planeta no estaba de acuerdo con lo obligado y añorábamos otros tiempos donde la libertad era tan necesaria como el alimento, los mayores no querían que las nuevas generaciones crecieran sin conocer lo que ese sentimiento de libertad supone, así que se fueron creando grupos de guerrilleros urbanos que se encargaban de pintar mensajes alusivos a la revolución y contra la junta gobernante. Los mensajes duraban poco tiempo en las paredes, las pinturas eran con tintes naturales y si no era la lluvia la que los borraba eran las brigadas antiopositora las que las eliminaban al día siguiente. Después fueron los detectores públicos los elegidos a destruir, para que no detectaran las copias piratas ni lo creado fuera de su control, hasta que poco a poco el esfuerzo de los ciudadanos nos devolvió la libertad perdida y la forma de vida deseada y añorada. Las marcas se prohibieron y el derecho a elegir y a no ser explotados se recuperó.

Tevri se dormía mientras su abuelo le contaba sus "batallitas" y el niño ya parecía haberse arrojado a los brazos de Morfeo. Lejko le arropó hasta el cuello para que no sintiera frío y con mucho sigilo se levantó de la cama de su nieto, donde estaba sentado, y apagó la tenue luz de la lámpara. Abrió la puerta del dormitorio y cuando salía, a punto de cerrar la puerta, Tevri, que parecía dormido, le preguntó:
-¡Abuelo! ¿Me comprarás para la celebración del Día de la Revolución los zapatos color mercurio como los que llevan mis amigos?
-¡Claro que sí, Tevri! Pero eso será más adelante, ahora a dormir. Hasta mañana.
-¡Buenas noches!


No es descabellado pensar que una situación como la que expongo pudiera suceder, las grandes compañías multinacionales son un monstruo que devora cualquier tipo de dignidad del ser humano. No importa hasta dónde haya que llegar con tal de continuar subiendo enteros en las cotizaciones en bolsa y explotando si es necesario a los más pobres entre los pobres. Buscan como lobos hambrientos a sus víctimas y para ello recorren el mundo subdesarrollado en busca de mano de obra barata con lo que aumentar sus beneficios. La explotación humana y de los recursos del planeta es la más importante de sus tácticas comerciales, para vendérnoslo luego con papel celofán y con la mejor cara, sin mostrar el abuso, vejaciones y explotación que esconden detrás y que llevan a cabo en todos los rincones del mundo. Somos nosotros, los consumidores, los que tenemos que poner paro y remedio a estas prácticas indignas que llevan a niños que apenas comenzaron a caminar a encadenarlos a sus puestos de trabajo para que no huyan y se escapen de la esclavitud que sufren y a la que están sometidos. Sus sueldos son míseros cuando los hay, en otras ocasiones son explotados y esclavizados por el alimento y un rincón en el suelo para dormir.

Si lo que expongo en el relato de ficción puede parecer duro, para muchas personas hoy en día y en muchas partes del planeta este mundo ficticio les pudiera parecer el paraíso. Las situaciones actuales en las que viven muchas personas en muchos países subdesarrollados deberían de avergonzarnos y obligarnos a revelarnos contra este orden comercial establecido. Nosotros los consumidores somos tan culpables como las grandes compañías explotadoras, por nuestra complicidad consumiendo esos productos que son fruto del abuso y la explotación, tanto en potencial humano como en las materias naturales extraídas y usurpadas a sus legítimos dueños en los países pobres. No escondas tu crueldad tras una marca comercial que sólo alimenta tu ego y vanidad, no se puede presumir cuando lo que se consume es fruto de la explotación humana. La explotación laboral en el mundo mata cada año a 700 veces más personas que el atentado del 11s de las Torres Gemelas.











http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

viernes, 6 de noviembre de 2009

Comerciantes de vidas


A Martina la encontraron dos operarios municipales de la limpieza, estaba sentada en la marquesina de la parada del autobús y lo que les extrañó a los trabajadores fue que el último en pasar aquella noche lo había hecho un par de horas antes. Les resultó raro que una jovencita, casi niña, estuviera sola esperando la llegada del transporte que no llegaría hasta poco antes del alba. ¿Qué haría allí si no? Se acercaron a ella con la intención de averiguar si estaba bien, si tenía algún problema o simplemente para advertirle que estar de madrugada en un sitio casi en penumbra y tan solitario podría suponer un peligro para ella. Uno de los limpiadores le preguntó -¿Estás bien?-, Pero Martina no respondió, parecía ignorarlos, no se dio por aludida, fue entonces cuando se acercaron lo suficiente como para poder comprobar que aquella chica adolescente tenía problemas. La mirada ausente, sus ropas desgarradas y algunas heridas superficiales como los arañazos en el rostro, los brazos y las piernas, junto a su pelo alborotado, fueron pruebas suficientes para comprender que necesitaba ayuda.

Sus padres llevaban algo más de cuatro horas preocupados por ella, el mismo tiempo que hacía que sus amigos la dejaron en la parada del autobús, a las diez de la noche, pero no en aquella misma marquesina, si no en el lado opuesto de la ciudad. Ella no pensó que aquellos dos chicos que la invitaban a subir a su vehiculo para llevarla a su casa, y que los había conocido aquella misma tarde en una discoteca para menores, podría suponer un peligro, aceptó la invitación ignorando lo que le podía ocurrir. Cuando acudió la policía a la llamada de los operarios la llevaron al hospital y allí la examinaron mientras la autoridad se ponía en contacto con los padres de Martina, que continuaba sin decir nada, sin mover un solo músculo de su cara, traumatizada sicológicamente. Fue la cedula de identificación lo que a los agentes les marcó el camino para comunicarle a su familia las circunstancias en las que había sido encontrada su hija, violada y al parecer abandonada a las afueras de la ciudad.

La familia de Martina era de fuertes convicciones religiosas y muy conservadora, lo que no restó apoyo para que su hija se recuperara, una tarea ardua que les supuso varios meses de sicólogos y multitud de rosarios rezados. A la joven, aquella desgraciada experiencia le supuso un problema tras otro porque, si ya sufrió con la violación, el resultado le acarrearía más sufrimientos aún. No sólo tuvo que enfrentarse a la superación del abuso si no que en adelante tendría que luchar contra sus propios padres que la obligaban a dar a luz a la criatura que llevaba en su vientre. Ella no quería aquel hijo fruto de la agresión, luchaba por no tener un hijo no deseado, fruto y sangre de sus agresores. Sin embargo, ser menor de edad no le daba derecho a decidir por su propio cuerpo y la decisión de sus padres, aconsejados por el párroco, fue la que prevaleció.

El aborto no estaba bien a los ojos de Dios, el derecho a la vida del feto era lo que se debía de hacer en estos casos, y para eso la iglesia tenía sus centros ideados para madres solteras, donde sus pudientes padres las internaban y allí harían de ellas toda una vida al servicio de Cristo. Dar el paso al internado suponía decir adiós a la hija para que ésta se dedicara en cuerpo y alma a quienes la acogían. Por aquellos tiempos la iglesia no había perdido poder, al contrario, había ganado en cuestiones sociales apoyados en lo religioso. Los centros concertados, subvencionados por el gobierno, se extendían por todo el país y acaparaban todos los campos posibles, no sólo el de la educación, también el de las enfermedades o problemas sociales.

Martina quedó recluida en el centro, donde trabajaba cada jornada para la comunidad administrada por religiosas, la cuidaban y alimentaban a cambio de su trabajo. Cuando parió la apartaron de su hijo y pocas veces más pudo volver a verlo mientras crecía, de él se hacían cargo en la guardería y cada año pasaban evaluación, si sufrían enfermedades, discapacidad, y el nivel de inteligencia. Los primeros los llevaban a hospitales administrados por la iglesia y subvencionados por el gobierno, al igual que los discapacitados y sus centros especializados, los más inteligentes continuarían bajo control eclesiástico hasta que en el futuro pasaran a dedicarse por entero a las empresas que poseía la comunidad; los de bajo coeficiente intelectual serían expulsados al terminar la enseñanza primaria, al igual que a sus madres, sin ningún derecho por los servicios prestados, las madres debían de estar agradecidas por lo que por ellas y por sus hijos habían hecho en la comunidad religiosa.

Martina y Julián, nombre otorgado por coincidir su nacimiento con el de la celebración del santo, salieron expulsados de la comunidad por la sospecha que provocaban sus amaneramientos, aún siendo un niño, la homosexualidad continuaba sin estar aceptada dentro de las normativas que regían y en el último control evaluativo decidieron que no continuaría los dos años de primaria que aún le quedaban y por supuesto su madre también sería víctima del veredicto, dejaban de ser útiles a la comunidad y pasaban a pertenecer a la sociedad indefensa. Los padres de Martina habían muerto varios años atrás en accidente automovilístico y toda su herencia fue entregada a la comunidad que cuidaban de su hija y nieto, por lo que cuando quedaron desligados de los religiosos lo hicieron en la pobreza más absoluta. Algunos años más tarde, Martina murió enferma y sin recursos, y Julián de igual modo que su madre, solo y a diferencia de la enfermedad que padecía la madre, la suya era provocada por un nuevo y extraño virus, que se contagiaba por la sangre y por el acto sexual, atribuido al colectivo homosexual como grupo de alto riesgo. Nadie le socorrió cuando fue a pedir ayuda a la comunidad religiosa donde nació y le habían criado, no les importó que muriera tirado en la calle, su vida ya no tenía interés para los que comercializaban con ellas.

Quizás les pudiera parecer extraña esta historia ficticia que les cuento pero tiene más relación con lo actual que con la ficción. Los comerciantes de vidas humanas se manifiestan en el cinismo más descarado y desvergonzado, mientras defienden las vidas de seres que aún no han nacido se despreocupan de las ya existentes, víctimas de las enfermedades o de la maldad humana. No entraré en criticar la pena de muerte, ni los muertos por hambrunas, ni de enfermedades como el sida en países subdesarrollados, por los que la comunidad conservadora y religiosa católica no se inmuta, lo haré criticando esa doble y falsa moralidad que pasean en defensa de la vida, en contra del aborto. La vida para la iglesia católica es un puro negocio, las vidas de las personas se cuentan como mercancías en sus libros de cuentas y el derecho de la mujer a decidir por su propio cuerpo no deja de ser una lucha a pecho descubierto que les lleva a manifestarse contra los derechos femeninos. En España, la controversia está servida, los conservadores se han tirado a la calle en defensa de la vida de los no nacidos y agarrados de la mano de la iglesia católica, y aunque son ya algunos años en los que el aborto está legalizado en este país, cualquier mínimo movimiento que el gobierno progresista haga por renovar las leyes en ese sentido es motivo de enfrentamiento y manifestaciones públicas. Los convocantes traen a los manifestantes de cualquier punto del país, en autobuses que pagan las asociaciones convocantes. La última sucedió hace varias semanas, en Madrid, y como siempre las cifras de asistencia según los organizadores superan varios millones de personas, sólo que en esta ocasión una empresa ha creado un programa que mediante fotografía aérea calcula con exactitud cual fue el número de asistentes en realidad. Esta vez fueron alrededor de 10.000 personas, algo menos de los varios millones que aseguraban los organizadores.

Pero no se trata de cuanto apoyo tiene o deja de tener, se trata de la nueva ley que entrará pronto en vigor, la que ofrecerá a decidir si quieren abortar sin permiso de sus padres las jóvenes adolescentes menores de edad, de 16 y 17 años. Esta proposición legislativa ha llevado a los conservadores a manifestarse en contra, y a las asociaciones a pelearse entre ellas por cuestiones de marketing, hasta el punto de llegar a proponerse la suspensión de la manifestación unas horas antes. El negocio que los mueve es lo que los une y casi lo que los separa, porque se ha comprobado que para ellos lo importante no es el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, ni si esta cuestión se puede llevar a cabo con uno o dos años menos de lo hasta ahora permitido y legal. Lo que los mueve son los caudales que generan gorras, banderitas, pañuelos, pins, pegatinas... todo un mundo de posibilidades reivindicativas que significan negocio.








http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/