martes, 28 de julio de 2009

Un lugar de la mejor novela del mundo


Hace algunos años visitó por primera vez España el actor estadounidense Danny Devito, fue en pleno verano, con un calor insoportable, y la capital española "patas arriba", con todos los pavimentos de las calles levantados, en obras. No recuerdo con precisión si fue por motivos laborales o simplemente turísticos. De todas maneras un personaje de su "talla" no pasaría desapercibido por ningún rincón del mundo. Resultó inevitable la entrevista, digamos que necesaria, la promoción de sus trabajos es una constante y tampoco evitó el protagonismo ante los micrófonos y flashes con el buen humor que le caracteriza y del que siempre hace gala. No recuerdo con exactitud cuales fueron las palabras en concreto pero, a la pregunta que le hicieron referente a Madrid, a la impresión que le había causado, dijo que era una ciudad muy bonita y que le había encantado y que esperaba que los madrileños encontraran pronto el tesoro que andaban buscando. Es de lógica pensar que son estos los más propicios para las obras municipales, los meses del estío, las ciudades se regeneran y las acometidas de restauración se llevan acabo en los meses que menos inconvenientes y problemas causan a los ciudadanos. En una ciudad como Córdoba, en la que parece desierta en determinadas horas y días veraniegos, por el éxodo vacacional, uno se pregunta al ver una obra en cada esquina, si aprovecharon las fechas estivales para las acometidas ante la poca afluencia de público, o fue al contrario, si los ciudadanos salieron huyendo despavoridos ante la invasión de vallas y carteles de "Cortado el paso" o "disculpen las molestias, estamos en obras".

A escasos cien metros de donde vivo hay una obra emblemática, lo digo en el doble sentido, en lo que se acomete y por el tiempo que lleva en destrucción, como dice un buen amigo, que no debería de llamarse construcción, si no lo contrario, por como lo dejan todo para cualquier insignificancia. Aquí no se podría pensar que la búsqueda del tesoro pronto tendrá que dar sus frutos, el tesoro está al aire libre, a la vista de cuantos deciden visitar estos lugares Patrimonio de la Humanidad. La Plaza del Potro es una pura obra en todo su conjunto, está manga por hombro, desde las grandes piedras de granito que cubren el suelo hasta la Posada del Potro al completo. Uno se termina por acostumbrar a caminar por entre vallas, herramientas de los operarios y las maquinas taladradoras que nos dejan atolondrados cada vez que se nos ocurre atravesar la plaza, motivo por el que algún obrero del lugar parece más un DJ de moda con sus cascos en las orejas que lo que realmente son. Sin embargo, todo este insufrible inconveniente de a diario quedará en el olvido cuando una mañana otoñal nos levantemos y descubramos que valió la pena tanta destrucción y tanta molestia.

El singular edificio de la posada pasará a convertirse en un Museo del Flamenco, frente a los ya existentes de Bellas Artes de Córdoba y el de Julio Romero de Torres, pero el propio enclave es un hermoso museo que recoge parte importante de la historia cordobesa, que en otro tiempo fue el centro de negocios de la ciudad, desde los tiempos inmediatamente posteriores a la conquista. La importancia de la posada se puede adivinar en aquellos días en los que Córdoba era paso obligado a Sevilla, desde la villa recién convertida en capital del reino al puerto más importante del sur. Al igual que también es fácil de adivinar e imaginar por cual de estas calles jugaba de niño el autor de la mejor novela del mundo. Muchos pensarán al leer estas líneas que tanto ruido de taladradoras me trastornó y me volvió majareta, pero, aunque quizás lleven algo de razón en la apreciación, no es ningún desvarío pensar que Miguel de Cervantes Saavedra fue otro insigne cordobés a sumar en la lista interminable que esta ciudad dio al mundo. Siempre se le atribuyó a Alcalá de Henares el honor de ser la cuna del Príncipe de los ingenios de España, aunque siempre fue suposición, nada existe que así lo asegure, sin embargo, son muchas las voces que a lo largo del tiempo sitúan en Córdoba el lugar de nacimiento del genio de las letras españolas, desde luego que ejemplos y datos son los que menos faltan, para creer que así podría haber sido.

Primero habría que comenzar por el mismísimo quijote, o por la mismísima Posada del Potro, en donde seguramente pernoctó en más de una ocasión el autor del segundo libro más traducido de la historia, después de la Biblia. No son pocos los referentes cordobeses encontrados en El Quijote y la ciudad lo recuerda con dos mosaicos en azulejos, en la Puerta Osario, donde se puede leer escuetamente que ese lugar es mencionado por Cervantes en El Quijote, y en la Plaza del Potro, donde no duda en afirmar que Córdoba fue citada en la mejor novela del mundo y el abolengo cordobés que le venía al escritor por parte de su padre. Y aunque son más los referentes sobre Córdoba que los recordados por los azulejos, no se quedan atrás cuando se lee la obra universal, la posada es citada varias veces en la novela, en el capitulo III menciona la posada entre las que un ventero había pasado por los años de su juventud, al igual que en el capitulo XVII y en parecida situación. Tampoco se puede pasar por alto la referencia que hace al Gran Capitán cuando habla de una serie de libros valiosos "renombre famoso y claro y dél solo merecido". De la misma manera que en el "donoso escrutinio", en el capitulo VI, en la criba que llevan acabo con la biblioteca del Quijote el cura y el barbero, donde se menciona un libro del cordobés Juan Rufo, "La Austriada", junto a otros dos de distintos autores, y del que afirma el sacerdote: "Todos estos libros son los mejores que en verso heroico en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España".

La supuesta biografía de Cervantes, siempre en un tira y afloja para hacerse con la universalidad del autor, se deduce más por sus obras que por los documentos que lo atesoren y lo que nos queda es lo que los historiadores e investigadores nos quieren o sugieren dejarnos para nuestro regocijo y disfrute. Por ejemplo Dámaso Alonso, investigador de los siglos de oro de la literatura española, afirma que los Cervantes estuvieron establecidos en Córdoba durante el siglo XV y que, con posterioridad a esta época, el licenciado Juan de Cervantes, abuelo del escritor, tras desempeñar algunos cargos por diversas ciudades, vivió durante algún tiempo en Alcalá de Henares, donde al partir él hacia otros destinos, quedaron esposa y varios hijos. De este hecho y de la opinión constante de investigadores se llegó a la deducción de que Cervantes nació en Alcalá. No obstante, y aunque se conoce muy poco de sus años de juventud, por sus obras, se cree que estudió en los jesuitas de Córdoba, y Sevilla, y probablemente también en la Universidad de Salamanca. Algunos de los libros existentes sobre Miguel de Cervantes en Córdoba son: Astrana Marin, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes; Gonzáles Auriloes, Cervantes en Córdoba; Rodríguez Marín, Cervantes y la ciudad de Córdoba y El Andalucismo y el cordobesismo de Miguel de Cervantes. Y aunque también los hubo, los investigadores que sostuvieron que Cervantes no nació en Córdoba, para otros el autor del Quijote sí nació en la ciudad de los califas (Sevilla, Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 1914, pág. 78. Discurso); A. Adamuz Montilla, ¿Córdoba, patria de Cervantes? Y Rafael Castejón y Martínez de Arizala.

Y por último, unos datos y aportación por parte del académico Muñoz Vázquez, en la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Letras de Córdoba, en 1996, donde aseveró que Cervantes nació en Córdoba. Miguel Muñoz Vázquez explicó los cambios de fecha que realizó el autor del Quijote para librarse de una condena de prisión. Según el académico, el escritor y su padre, Rodrigo de Cervantes, hicieron una declaración en 1580 para evitar la prisión, por una condena impuesta después de participar en la batalla de Lepanto. Las deducciones sacadas de los documentos que Muñoz Vázquez posee son que Rodrigo Cervantes aseguraba que su hijo tenía 31 años cuando redactó la declaración, mientras que en realidad eran 32 los que tenía. Esto sugiere que el escritor pudo haber nacido en 1549 o 1548, años en los que sus padres vivían en Córdoba. La biografía oficial apunta que fue bautizado el 9 de octubre de 1547 y se presume que nació en septiembre, el 29, fiesta de San Miguel, ya que era frecuente por entonces dar el nombre del santo del día del nacimiento. Vázquez subrayó que el documento bautismal es falso, ya que no pudo bautizarse al autor ese año, el académico resaltó que Miguel de Cervantes aseguraba que nació en 1548 y su padre que lo hizo en 1549. También aseveró que su nombre lo tomó de la iglesia de San Miguel de Córdoba, a la que perteneció la feligresía del barrio de Las Azonaicas de Córdoba, donde vivieron los padres de Miguel de Cervantes. Además, y de la misma manera, sustentó que Miguel de Cervantes, por su mala administración y su afición al juego de naipes, ingresó en prisión en la localidad cordobesa de Castro del Río cuando contaba 32 0 33 años, donde empezó a escribir el primer capítulo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.













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martes, 21 de julio de 2009

La niña valerosa que se creía invulnerable

Así es como la describió Rafael Alberti, "La niña valerosa que se creía invulnerable". Irremediablemente unida a la de su compañero sentimental y profesional Robert Capa, su vida y obra no es tan conocida como la de él, injustamente, aunque también hay que decir que no quedó en el olvido ni tampoco en el anonimato. Su reconocido valor profesional está registrado en cualquiera de las listas donde se sitúen los mejores fotógrafos y reporteros gráficos del mundo. Digo injustamente porque, aún reconocida su labor, siempre quedó a la sombra de Capa, incluso existen voces críticas que le atribuyen a ella la famosa foto tomada en Cerro Muriano, Córdoba, en la contienda civil española, El miliciano abatido. Una foto cuestionada por muchos críticos y que piensan que no fue fruto de la casualidad, que ni siquiera fue la instantánea de la muerte del joven miliciano, si no que se trata de un montaje, con instrucciones minuciosas para influir en la opinión pública extranjera. Cierto es que aquella tarde, tanto Robert Capa como Gerda Taro estaban en el mismo lugar en ese preciso instante, delante del miliciano y con la cámara preparada para captar ese instante histórico y determinante. "La niña rubia" era un símbolo en la guerra española, antifascista y de arriesgado atrevimiento, siempre al borde del peligro, como si su deseo de inmortalidad por captar lo incaptable la volviera irresponsablemente atrevida e inconciente, pero ni una cosa ni la otra, sólo su juventud la ponía al limite de lo permitido y aconsejable, como buena alumna de Capa quizás tomó su premisa al pie de la letra, "si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente".

Ya en su momento, cuando el año pasado escribí sobre Robert Capa, Testigo único de la historia, me quedó un regusto a inacabado, no porque me pareciera corto el escrito si no porque su historia no se entiende sin la de Gerda Taro, el significado sentimental y profesional en la vida de él la hace necesaria en su biografía, y a la inversa. Este es el motivo, de injusticia, por lo que me parecía incompleto, así que no lo pensé dos veces, cuando leí un reportaje en el diario El País llamado ¡Te has cargado a la francesa! y que trata precisamente de la muerte de la joven reportera grafica. Ya conocía el trágico final de Taro pero también es verdad que mis conocimientos sobre ella eran más bien los que Capa permite conocer, es decir, conocía de ella lo que él no podía absorber, porque si es cierto que, cuando comenzaba a volar por sí sola, un desgraciado accidente le cortó las alas. En este reportaje no encontré otra cosa que los pormenores de su triste final, que no es poco, pero lo importante no lo recoge, sus 27 años anteriores, los que tenía cuando pasó a engrosar las listas de los desaparecidos. Sin embargo, no es difícil encontrar información sobre su vida y entre las fuentes que se vinieron a mi curiosidad elegí un escrito de la revista "Clio", firmada por la historiadora Ada Simón y el escritor Emilio Calle. Donde encontré algunos datos para sumarlos a mi conocimiento sobre Gerda Taro.

Ya era conocido cómo sucedió el triste y fatídico accidente, pero no los pormenores ni la identidad del tanquista, que sin darse cuenta le pasó por encima el armatoste metálico que la destripó literalmente, Aníbal Gonzáles ni se enteró que la mataba. Aquella tarde del 25 de julio de 1937 Gerda Taro se subió al estribo del automóvil del general Walter, voluntario polaco de las Brigadas Internacionales, agotada, cansada, y presa de la rabia por lo vivido, pero seguramente orgullosa y emocionada de su trabajo. Había conseguido lo pretendido, sus más arriesgadas fotografías bajo el inclemente fuego aéreo de la aviación alemana, lo que quería mostrar al mundo, que estaba dejando sin apoyo a la República a causa de los supuestos acuerdos de neutralidad mientras que los fascistas españoles contaban con la ayuda de los nazis. De pronto un nuevo ataque aéreo propició que cundiera el pánico y Gerda cayó del estribo del automóvil, con tan mala suerte que el tanque no le permitió levantarse. El tanque era un T-26 del ejercito republicano que venía de campo abierto hacia atrás, para entrar en la carretera, y le causó una terrible herida con sus cadenas, no murió en el acto pero con el vientre abierto y sujetándose los intestinos fue llevada al hospital inglés de El Goloso, donde murió en la madrugada del día siguiente, seis días antes de cumplir los 27 años.

Su verdadero nombre no era Gerda Taro, si no Gerta Pohorylle, alemana judía de la región de Galítzia, había nacido en Stuttgar en 1910. Su llegada a París fue propiciada por la persecución a la que la policía de Hitler la tenía sometida, a causa de sus actividades pro comunistas. Eran los años en los que André Friedman luchaba contra el hambre, por salir adelante con su cámara, y el encuentro con aquella chica que cambiaría por completo su vida fue casual. Gerta fue a acompañar a una amiga que trabajaba de modelo para el fotógrafo y pronto surgió un compromiso, una amistad que los hizo inseparables. André le enseñó todo lo que sobre la fotografía conocía. Fue entonces y hartos de pasar necesidades, cuando a ella se le ocurrió que en vez de presentarse en las agencias como dos judíos inmigrantes, se harían pasar por el fotógrafo estadounidense Robert Capa, un artista con gran fama en su país, y su secretaria Gerda Taro, que ellos mismos se encargaron de difundir. Un seudónimo artístico que jugaba con el nombre de Greta Garbo, tan de moda por aquellas fechas. A partir de entonces su calidad fotográfica les propició ofertas de las mejores revistas ilustradas y, aunque siempre firmaban con Capa, las fotografías las realizaban indistintamente uno u otro. Así fue hasta bien entrado 1937, año en el que ella comenzó a desligarse de Robert, sólo a partir de esta fecha es cuando las fotografías se le pueden atribuir a él, hasta entonces es difícil saber quien de los dos la realizó.

Aquel contexto en el que André y Gerta llegaron a España no dejaba indiferente a nadie, la guerra española era el espejo donde todos se miraban, todos los que se sentían amenazados por el totalitarismo fascista, y la única manera de estar informados era por la radio, por los noticieros cinematográficos y sobre todo por la prensa, el fotorreportaje, fuente primordial de información gráfica. El objetivo concreto que los trajo a España era el de ofrecer al mundo las imágenes de lo que estaba ocurriendo, con un compromiso político claramente a favor del Gobierno de la República. Sin embargo, y a toro pasado, se podría interpretar como premonición, su entrada al país ya fue accidentada, ajeno a los avatares de la guerra el avión que los traía sufrió un percance y tuvo que aterrizar forzosamente a las afueras de Barcelona, y aunque nadie sufrió daño alguno, sí tuvieron que recorrer a pie el camino hasta la ciudad. Pasaron varias semanas desde la llegada y decidieron acercarse al frente, a finales de agosto del 36 partieron hacia Huesca y fue allí donde realizaron su primer fotorreportaje, el de los milicianos de Tardienta. Al mes siguiente fue Toledo, donde el Alcazar se encontraba sitiado por las fuerzas republicanas, la lentitud de los acontecimientos, que Capa y Taro esperaban que se produjeran, les hizo decidirse y marcharse antes de que llegaran las tropas franquistas. André tomó rumbo a París, después de pasar por Barcelona, para preparar un reportaje y Gerta se quedó en España, haciendo algunos trabajos para la revista Regards, en la que comenzó a firmar con el nombre de Taro y al amparo del Partido Comunista Francés, había dejado de trabajar para la revista Vu, que iniciaba una nueva etapa, con nuevo dueño, nueva dirección y nueva filiación partidaria. Aquellos meses significaron un distanciamiento claro entre Capa y Taro, a todos los niveles, físico, emocional y profesional, las idas y venidas a París para descansar y elaborar reportajes eran constantes y Gerda tomaba nuevos contactos con otras revistas, la estadounidense Life y la francesa Ce Soir.

Pero aquel tiempo no supuso una separación definitiva, volvieron a trabajar juntos en España, donde viajaron hasta Málaga para fotografiar la entrada de los nacionales fascistas en la ciudad, Un episodio de los más sangrientos y crueles de la contienda, cuando los habitantes huían hacia el este y fueron bombardeados por los fascistas en la carretera que los conducían a Almería. Unas imágenes llenas de dolor, de terror vivido por aquellos hombres, mujeres y niños en su éxodo. Las esperanzas de los republicanos quedaron puestas en la resistencia de Madrid y hacia esta provincia se dirigió la pareja, a El Jarama. En el hotel Florida se hospedaron, coincidieron con Hermingway y tomaron contacto con los periodistas internacionales en el café de la Gran Vía y en el edificio de Telefónica, donde estaban ubicadas las oficinas republicanas de control de prensa. Los acontecimientos se sucedían y allí donde surgiera la noticia iban dirigidos los objetivos fotográficos de Gerta y André. Al poco tiempo, el 26 de abril, se produjo el bombardeo de Guernica y Capa partió solo hacia Bilbao. Un mes más tarde volvieron a reunirse en Navacerrada y realizaron juntos el reportaje de la Granjuela y, en julio, regresaron a Madrid a fotografiar el laberinto de trincheras republicanas, en los alrededores del Hospital Clínico de la Ciudad universitaria. La relación con Alberti, con su compañera Teresa, el general Miaja, José Bergamín, Julían Benda y tantos otros intelectuales la dejó patente en sus retratos, en el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura que se celebró en julio en Madrid y Valencia. Aquel fatídico julio le llegaría su verdadera oportunidad en el frente de Brunete, su reportaje del triunfo republicano fue publicado en la revista Regards, era la primera vez en que los reporteros se acercaban lo suficientemente al frente para captar lo que sucedía en primera línea, en cierto modo gracias a la ligereza de los nuevos equipos fotográficos. Cuanta ironía acarrea la guerra, tanto riesgo para perder la vida en un absurdo accidente. Curiosamente y pocos días antes de morir, Gerda Taro dijo estas palabras: "Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva, tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal".









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viernes, 17 de julio de 2009

El secreto del almirante



Sería fácil si tuviera que elegir a los dos personajes más enigmáticos de la historia, de todos cuantos nombres se pusieran sobre la mesa ninguno como los de Jesús de Nazaret y Cristóbal Colón causarían tanta relevancia y tanto misterio. Ya en mi niñez, y supongo que a muchos les sucedería casi lo mismo, mi concepto del almirante descubridor, aunque no esté de acuerdo con el término, estaba por encima de los niveles de aceptación; era una mezcla de Indiana Jones y Simbad el marino, claro que sin látigo ni alfombra voladora. Siempre respaldado por la cruz, que portaba el monje de turno en la escena apoteósica al pisar tierra en el nuevo mundo, y la espada, como armas devastadoras. Colón se me antojaba como un valiente iluminado que se aventuró a lo desconocido en busca de su sueño, aunque según la historia popular se tratara de un error lo que lo llevó a descubrir el nuevo continente, que dicho sea de paso, ni él descubrió continente alguno ni pretendía como dicen algunas teorías que buscaba una ruta hacia el Oeste para llegar a Cipango, el Japón actual. Se buscaba evitar a los turcos y es por eso que se dice que ésta era la intención primaria. Pero no, esa no era la intención, la prueba está en las capitulaciones, en el famoso documento se habla de los territorios conquistados cuando aún faltaban seis meses hasta el octubre descubridor, al tiempo que se le otorgan unos privilegios no otorgados a nadie hasta entonces.


Tanto a uno, Jesús de Nazaret, como a otro, Cristóbal Colón, los creía de un conocimiento privilegiado, ninguno de los dos serían tan insensatos como para adentrarse a lo loco en los empeños que los distinguieron, a no ser porque se guardaran una carta en la manga. De la misma manera que al mesías, pensaba que al navegante alguien le habría revelado la existencia de unas nuevas tierras inexploradas, una pitonisa, un ángel revelador, unos documentos encontrados... Muy seguro tendría que estar de lo que llevaba entre manos como para exponerse a los peligros que, según leyendas y al parecer fenicias, la mar tenebrosa terminaba en unas inacabables cataratas y en el mejor de los casos una terrible y terrorífica garra salía de las aguas y destrozaba a todos los barcos que se aventuraran y osaran pasar los límites de lo desconocido o permitido. Pues bien, ni ángel revelador ni pitonisa, parece que fue una casualidad tras otra la que llevó a Colón a llevarse la gloria a costa de otros, aunque él culminara la gesta. La historia fue injusta con el prenauta Alonso Sánchez de Huelva, el verdadero descubridor de la ruta, no de continente, a través del Atlántico, y que aún hoy se sigue utilizando. No podría decir que Colón fue un impostor, aunque son muchas las voces que así lo definen a lo largo de estos cinco siglos consumidos desde entonces, pero sí es verdad que la suerte se alió con el "descubridor".

El primero en dar a conocer su nombre fue el inca Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales, en 1609. En estos comentarios, Garcilaso cuenta que habría oído la historia cuando era niño de boca de viejos conquistadores. Sobre el prenauta escribió: "Este fue el primer principio, y origen del descubrimiento del Nuevo Mundo, de la cual grandeza, podrá loarse la pequeña villa de Huelva, que tal hijo crió, de cuya relación certificado Cristóbal Colón, insistió tanto en su demanda". No obstante, no fue el único. Otros cronistas también dieron fe de ello, como el padre Bartolomé de las Casas, que dijo al respecto: "Dijose que una carabela o navío que había salido de un puerto de España y que iba cargada para Flandes o Inglaterra, o para los tractos, la cual, corriendo terrible tormenta, y arrebatada de la violencia e ímpetu de ella, vino diz que, a parar a estas islas y que acuesta fue la primera que las descubrió". La historia del onubense Alonso Sánchez de Huelva fue debatida y puesta en cuestión durante siglos, incluso se llegó a decir que fue inventada para desprestigiar a Colón, pero en 1762, el Comendador del convento de los Mercedarios Descalzos de Sevilla, José Ceballos, da como cierta la historia, al considerar que la fuente de Garcilaso de la Vega era original e irrefutable, en la censura a una obra sobre la historia de Huelva.


Sin embargo, no todas las fuentes que Colón poseía sobre las nuevas tierras provenían del piloto anónimo, como también se le conoce, pues desde los antiguos griegos, por Eratóstenes, ya se conocía la medida de la circunferencia de la tierra, pero la hipótesis de Colón estaba basada en cálculos erróneos, creía que era más pequeña de lo que realmente es. De sobra es sabido que los siberianos llegaron al continente americano en el pleistoceno, al igual que son conocidos los documentos que hablan de posibles viajes realizados anteriormente a Colón por los cartagineses, también los vikingos, y los chinos... De igual modo que la biblioteca del papa en Roma contenía mapamundos muy certeros y fiables, y que posiblemente otro compañero de viaje, Martín Alonso Pinzón, tuvo acceso a ellos y los estudió cuando comercialmente visitó Roma, con las famosas sardinas prensadas. Además de su parte esotérica, no creo mucho en cantos de sirenas, aunque también es verdad que el almirante era muy amigo de estas ciencias ocultas, la prueba está en el libro que escribió, "El libro de las profecías". No cabe duda de que pocos personajes se prestan al enigma y al misterio como éste; entre tanto ocultismo cualquier hipótesis se nos antoja posible ante las fuentes en el conocimiento y secreto de Cristóbal Colón que lo llevó a la gloria de la historia.


Todo lo que se escribe o cuenta sobre estos personajes y acontecimientos siempre andan entre la realidad y la ficción, los datos son siempre supuestos y casi nunca están de acuerdo los historiadores en los detalles y pormenores que adornan los hechos. Pero en el caso de Alonso Sánchez de Huelva parece que coinciden, aunque bien cierto es que no existe más que una historia sin detallar y también con sus contradicciones. Las crónicas afirman que el prenauta se dedicaba al comercio de las maderas nobles y eran frecuentes los viajes entre Inglaterra, Madeira, Canarias y las costas africanas. Una noche sufrirían una tormenta que dejó inutilizada la embarcación y la corriente los arrastró hasta un destino desconocido, hasta las Antillas. Cuando los barcos iban hacia Huelva se adentraban en el mar para que los vientos de poniente los arrastrasen hasta el Cabo de San Vicente, al Puerto de Lagos, en Portugal, y de Lagos a Huelva. Pero una de esas veces la corriente los desvió del rumbo y los llevó al paraíso. Un paraíso al que ninguno se atrevía a poner rumbo, ni siquiera en el siglo quince, cuando la brújula y las carabelas ya hacían más seguro el intento.

En aquella nueva tierra donde el destino quiso dejarlos, la tripulación reparó el barco y al año regresaron, acertaron a tomar el camino de vuelta y ahí, en ese punto es donde la aliada de Colón, la providencia, lo pone frente a Alonso Sánchez. Existen distintas teorías. Unas lo sitúan en Cabo Verde, otras en Madeira y las más posibles en Porto Santo, también en el archipiélago portugués. Es ahí, en Porto Santo, donde vivía Colón en casa de su suegro, donde según algunos lo encuentra en la playa, naufrago, moribundo, y lo acoge en su casa, lo cuida y lo alimenta, no se sabe cuantos días, horas o meses, estuvo Sánchez de Huelva en casa de Colón, pero se supone que como agradecimiento le cuenta sobre la existencia de esa tierra hasta entonces desconocida. Muchos componentes de la tripulación murieron en la travesía de regreso y sólo uno consiguió salvarse de aquella extraña enfermedad y que hoy conocemos por sífilis.

Lo cierto es que Colón ya sabía de la existencia de aquellas tierras cuando fue en busca de patronazgo a los reyes de España, pero no sólo eso, las pruebas debieron de ser tan importantes que, como apunté anteriormente, antes de partir ya se daba por descubierto el nuevo mundo. Cuentan los historiadores que cuando Colón llegó a las Antillas, diez años después de Alonso Sánchez de Huelva, encontró nativos de piel tan clara que los supuso hijos de los náufragos con las nativas. También cuentan los cronistas que a partir de ver en el horizonte la silueta del Montecristis, Colón se situó, y a los ojos de la tripulación, que estuvieron a punto de tirarlo por la borda cuando se amotinaron, parecía como si los nuevos lugares los conociera de memoria.







Texto perteneciente al libro Miradas Impacientes II
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

viernes, 10 de julio de 2009

El repetir de facto



Con todo lo que ha estado cayendo durante estos días pasados referente al golpe de estado en Honduras, no se me había ocurrido escribir sobre estos acontecimientos históricos, no porque no creyera el tema de interés suficiente, suscita sentimientos encontrados de todo tipo, de amores y odio, pero sobre todo de repulsa, se puede estar a favor o en contra de Zelaya, pero nunca simpatizar con el golpe de estado militar. Ahora bien, así es como se le ha catalogado, se le ha puesto la etiqueta de facto y no hay sambenito que se la cambie, pero aunque hayan sido ellos, los militares, los que exiliaron a la fuerza al presidente electo a Costa Rica, en pijama y sin sombrero, fue la justicia, el poder civil, la que dio la orden de arrancarlo del poder y ponerlo más allá del río San Juan (Nicaragua). Mis amigos me dicen que algunos días parezco más de izquierdas que otros, y es porque estos, los menos, no comulgo con lo políticamente correcto, si se es de izquierdas hay que ir con Chávez y si se es de derechas hay que nadar a favor de la corriente, agarrado de la mano de Micheletti, pero en cuanto discrepo y me pongo contra el golpista venezolano, cosa habitual, ya me tachan de más moderado, con lo que eso significa. Decía, que no quería escribir sobre los lamentables acontecimientos hondureños por la razón de que ni Zelaya es santo de mi devoción y ni Micheletti me atrae lo más minimo, es decir, ninguno de los dos me merecen el minimo respeto. Uno por pretender eternizarse en el poder, al estilo de sus secuaces del ALBA, y el otro por hacer lo propio al estilo de los emperadores africanos de décadas pasadas.

Ninguno de los dos gana, con Zelaya o con Micheletti, aunque siempre perderá Honduras, si ya sufre los avatares de una economía maltrecha y una delincuencia por encima de todos los índices, ahora y para colmo comenzarán a cerrárcele las puertas internacionales de la ayuda, de la colaboración para el desarrollo, que siempre es un bocado importante de este sándwich que es el presupuesto nacional. Y digo perderá Honduras porque parece ser lo menos importante para estos dos monigotes, uno populista y el otro no tan popular, son las estampas que representan a las dos partes enfrentadas en el conflicto, los dictadorzuelos del ALBA y los oligarcas del otro lado del río Bravo. No nos confundamos, Zelaya no es un estadista único, ni siquiera es un político honrado con sus votantes, al igual que Daniel Ortega, siempre y para lo malo me sirve de referencia; engañó a los nicaragüenses con unidad nacional, con dires y diretes y salió por los cerros de Úbeda rellenando sus alforjas. Zelaya es un liberal, un terrateniente de pelo engominado al estilo de los señoritos andaluces, ricachones y con el corazón insensible, que sigue las normas impuestas por el ideólogo de las dictaduras bolivarianas. En cambio, Micheletti es un dictador nato, que tira de militares como el mejor de los golpistas, claro que los militares esta vez están de su lado, son de la Escuela de las Américas, al más puro estilo gringo, todo lo contrario pasa en Nicaragua, ahí estuvo listo el Bachi, no se dejó sorprender, cambió los mandos y puso a sus allegados y amigos en la dirección, así no hay quien le tosa, al igual que en la policía, reprimen a los manifestantes cívicos y protegen a los provocadores violentos de cara cubierta y machete en mano.

No cabe duda que Honduras no es Zelaya & Micheletti, es ALBA & TLC, y aunque no existen motivos ni evidencias sobre la superficie, sí se intuyen e imaginan por la claridad de las aguas que cubren el conflicto. Por un lado los chavistas pidiendo justicia a la OEA, cuando hasta hace pocos días Insulza era tratado poco más de servidor del imperio y con la punta del pie, que paradoja, cuando son los más represivos y dictatoriales. El ataque al ALBA por su punto más débil ha puesto en jaque a Obama, a la administración norteamericana le ha puesto Chávez contra las cuerdas en la crisis hondureña, la presión es tan fuerte que la Casa Blanca tiene que andar con pies de plomo para evitar un desliz que la ponga bajo sospecha y cargar con la posibilidad infundada de que la CIA vuelve por sus fueros, pero sea cierto o no se ha sacudido de polvo y paja y ha criticado el golpe como uno más, desde luego no le quedaba otra alternativa. Lo cierto es que la presión mediática en la que se ha visto envuelta Honduras no tiene precedente, si la comparamos con otros acontecimientos de esta índole. Ni la propia Nicaragua y su robo de las elecciones municipales por parte de Ortega, ni la represión en Irán con todas las muertes, ni siquiera el conflicto en China donde se cuentan por centenares los manifestantes muertos por la policía y el ejercito. Por supuesto que no critico la presión contra los golpistas hondureños, pero sí me indigna que se tengan distintas varas de medir y según de que país se trate así se actúa de cara a la galería. Como ejemplo pongo al ministro español de exteriores, Moratinos, tengo que decir que salió electo por mi ciudad y mi voto fue para su formación, pero en el conflicto iraní se limitó a decir que había que andar con cautela, en cambio, en la crisis hondureña, ha removido Roma con Santiago y planteado todo lo inimaginable para castigar al nuevo gobierno golpista de Micheletti. Yo estoy con Moratinos en este caso, no se confundan, pero ni entiendo ni comparto su actitud ante Irán, China o Nicaragua.

Lo cierto, triste y penoso, es que a estas alturas aún se dan ruidos de sables en Latinoamérica, eso parecía que estaba destinado a los libros de historia y para el recuerdo de otra época menos deseable, quizás por eso tanta presión mediática, para luchar contra la posibilidad de que surjan otros Michelettis, ya tenemos bastante con los chavistas y sus "dictaduras democráticas". Puestos de pie y ante la historia nos sigue valiendo Honduras como ejemplo de golpes militares, casi calcados a los acontecimientos que vive estos días el país centroamericano. He buscado en el índice histórico hondureño y he encontrado un pasaje muy apropiado y deseoso para estos días, el ejemplo de Ramón Villeda Morales, cuya experiencia quizás sea la más importante, aunque corta, en la democracia hondureña. Desde el 15 de septiembre de 1821, fecha en la que se independizó de España, son casi 300 las rebeliones internas que han sacudido al país, entre guerras civiles y cambios de gobierno, y más de la mitad de ellos sucedieron durante el siglo XX. Honduras nunca disfrutó de un infraestructura económica, social y política, que le permitiera manejar su rumbo sin la injerencia de intereses comerciales por parte de las grandes compañías agrícolas norteamericanas, en las que estaban basadas la economía, las que establecieron enormes plantaciones de plátanos a lo largo de la costa del norte. Estas grandes compañías con su capital extranjero, la vida de las plantaciones y la política conservadora, fueron los factores dominantes entre el siglo XIX y hasta mediados del XX en Honduras, que estuvo controlado por el general autoritario Tiburcio Carias Andino, eso sí, siempre apoyado por estas compañías norteamericanas y por los dictadores de los países vecinos, lo que le valió para mantenerse en el poder hasta 1948; para ese tiempo los dos principales partidos políticos, Liberales y Nacionalistas, comenzaban a ser controlados por los principales lideres militares provinciales.

En la convención de su partido en 1953 Villeda Morales presenta la actualización del programa ideológico del Partido Liberal de Honduras y los nuevos estatutos, elaborados por su equipo de trabajo, y ese mismo año, su partido, obtuvo un rotundo éxito en las elecciones municipales. Este triunfo hizo que su partido lo proclamara candidato para las elecciones a la presidencia del país un año más tarde. De nuevo fue un exitoso triunfo para Villeda Morales, aunque quedó opaco y un tanto relativizado, el Congreso Nacional, que debía reconocer el resultado de dichas elecciones, no se instaló, por el fraude electoral, y el vicepresidente Julio Lozano Díaz asumió el poder, cuando los diputados partidarios del ex dictador Tiburcio Carias Andino rompieron el quórum constitucional. Ramón Villeda Morales fue expulsado del país, junto a otros políticos, y poco tiempo más tarde es el propio dictador Lozano Díaz el que es derrocado por el ejército, que instaló en el gobierno una junta militar bajo la jefatura del coronel de aviación Héctor Caraccioli. Fue como volver la página de la historia hacia atrás, los presos salieron de las cárceles y los políticos desterrados regresaron a Honduras, menos Villeda Morales, que aceptó el cargo de Embajador ante el Gobierno de los Estados Unidos, en Washington, y ante el Consejo de la Organización de Estados Americanos, donde permaneció hasta la fecha de la convocatoria a elecciones de la Junta Militar de Gobierno. El Partido Liberal gana de nuevo y la Asamblea Nacional Constituyente ratifica la victoria electoral de Villeda Morales en 1954 y es declarado presidente de Honduras.

El nuevo gobierno fue de integración y conciliación nacional, y fueron integrados de forma equitativa, tanto el poder legislativo como el judicial, en el ámbito de unas elecciones libres y honestas. Es evidente que Villeda Morales pensó en su país por encima de otros intereses particulares y, contra el reclamo de sus propios compañeros de partido, incluyó en el poder ejecutivo a miembros de la oposición que consideraba honorables y capaces. El fruto fueron los cambios en la constitución, que incorporó la inviolabilidad de la dignidad humana y el respeto a los derechos humanos; y por primera vez se garantizaba la alternabilidad en la presidencia. La ley de Reforma Agraria, Ley de Seguridad Social, Ley de Emisión de Pensamiento, Ley de Fomento Industrial, Infraestructura Vial, Electrificación y la primera Central Hidroeléctrica de Río Lindo, la prioridad en la educación y construcción de centros escolares, nuevos hospitales, centros de salud y la protección de la maternidad, todos estos fueron otros logros sociales del gobierno de Villeda Morales. Pero de nuevo el ruido de sables acabó con la esperanza y el futuro, y un cuartelazo dio fin al gobierno de conciliación nacional, a pocos días del fin de su mandato, cuando ya se preparaba la maquinaria electoral y los miembros de la misión técnica de la OEA se encontraban en el país para supervisar las elecciones. Villeda Morales fue desterrado de nuevo a Costa Rica y el día 21 de diciembre de 1963, en el que legalmente terminaba su mandato, hizo entrega simbólica del poder en la sede de la embajada de Venezuela. Villeda Morales murió en 1971 a los 63 años, en Nueva York, y fue llevado a Honduras por la Fuerza Aérea Hondureña. En reconocimiento a su labor democrática, el pueblo hondureño, desbordó las calles de Teguciagalpa el día de su entierro.










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domingo, 5 de julio de 2009

Girasoles desorientados


En ocasiones, en las que escribo sobre un tema o personajes que me apasionan, me invade la sensación de que todo lo que cuente está de más, que lo que escribo ya se contó por activa y por pasiva miles de veces, como si lo redactado ya se supiera y volverlo a contar fuera cansino y repetitivo. Es el motivo principal por lo que en muchas ocasiones rodeo al personaje y a sus circunstancias, tratando de evitarlos, son tan universales que casi me resulta ridículo volver a contar lo que ya hicieron muchos otros antes e infinidad de veces, aunque lo contaran de diferente manera. Sin embargo, se presenta como si fuera una obligación contar lo que se conoce al respecto, de figuras tan ilustres, para que nunca caigan en el olvido los episodios vividos, aunque parezca mentira que esta circunstancia pudiera ocurrir al estar tan difundidos y reconocidos. De todas maneras siempre queda el regocijo de saber que, como a mí, siempre existirán admiradores que al leer encuentren un detalle, una anécdota sobre sus vidas, que les enriquezca el conocimiento que se tiene respecto a estos personajes universales. Desde luego que no existe otro campo como el de las artes que contenga y aglutine tantos personajes carismaticos, y me atrevería a decir que pocos son los pintores que no desprenden más interés por sus vidas que por sus propias obras, no se concibe un pintor famoso o reconocido sin una vida desarrollada fuera de los causes "normales" de convivencia. Decir pintor es decir sinónimo de raro, excéntrico, paranoico, rebelde... o como poco incomprendido.

Pero si este gremio, el de los artistas plásticos, es especial por sus características personales, por encima de todas estas listas de nombres sobresale el de Vincent Van Gogh, ningún otro de ninguna otra época causa tanta admiración, nunca otro desprendió o proyectó tanta curiosidad, no así por su obra como por su vida. No obstante, como ya dije en otras ocasiones, es imprescindible conocer al creador para entender su obra, es por eso que cuanto más nos familiarizamos con el personaje en cuestión más fácil nos resulta entender su trabajo y más cercano nos parece. Todo lo que muestra un cuadro es la propia personalidad de su creador, sus pinceladas, el color, el motivo... hasta la textura o cantidad de pintura empleada en el desarrollo de la obra dice del carácter y manera de ser, de sus inquietudes, de sus deseos, temores, anhelos, y si me apuran podrán encontrar entre sus pinceladas el estado anímico en el que se encontraba aquella tarde, o mañana, escogida para plasmar lo que tantos ojos y generaciones admiraron o admirarán colgado de una pared. La obra de Van Gogh es tan honesta, tan clara, que cuando se mira algunas de sus obras nos sobrecoge, transmite ternura, frescura, alegría, pero también inquietudes, mucha indecisión y una alocada o agitada personalidad, y fatal inseguridad, que lo llevó a los anaqueles de los elegidos sin proponérselo...¿o quizás sí? Habría que analizar si su empecinamiento en llamar la atención no era producto de su necesidad de gloria, no precisamente por su ego si no por generosidad hacia su hermano Theo, cuatro años menor que él, el principal responsable de que hoy podamos disfrutar de su obra, cerca de 9oo pinturas y 1600 dibujos en menos de 10 años, 27 de ellos autoretratos y 148 acuarelas.

Mi amiga Eva Cano me regaló un libro hace algunos años, "Cartas a Theo", que guardo como oro en paño. Éramos vecinos de taller hace algunos años en la Plaza de la Corredera, en Córdoba, y fueron muchas las horas que departíamos hablando de pintura, de arte en general, de creadores, de estilos, de técnicas. Había recién terminado Bellas Artes en Sevilla, y comenzaba a desarrollar todos los conocimientos durante años de aprendizaje, que no eran pocos; yo, en cambio, ya llevaba algunos años dedicándome a la pintura desde mi pasión autodidacta y tengo que reconocer lo mucho que aprendí de ella en técnicas y nuevos conceptos pictóricos. Su pintura tenía un cierto parentesco con Van Gogh, en su informal manera de desarrollarla, pero nada tenía en común con la personalidad del "loco del pelo rojo", era su admiración, la atracción que sentía hacia su obra Postimpresionista o Neoimpresionista. De las casi 800 cartas que Vincent le escribió a su hermano Theo se editó este libro que recoge parte de esas misivas, donde se puede apreciar la personalidad del genial pintor. Hace algunos años que lo leí y, aunque mi memoria no es un arma infalible, me quedo más con las sensaciones transmitidas que con los detalles que recogen sus páginas. Leyéndolo aprendí a entender su trabajo, a admirarlo, a apreciarlo como persona. Lo que en un principio pudiera aparentar ser un tipo problemático, casi peligroso y en cierto modo demente, en sus cartas se descubre a un ser sentimental, cariñoso y tremendamente humano.

Vincent Willen van Gogh era el mayor de seis hermanos y nació en GrootZundert, Holanda, el 30 de marzo de 1853. Hijo de un humilde pastor protestante, Theodorus, y Anna, perteneciente a una importante familia de encuadernadores. No fue buen estudiante y acudía a la escuela de manera discontinua e irregular, allí fue donde se aficionó a la pintura antes de abandonarla a los 15 años. Sus maestros parece que no acertaron en sus predicciones, algunos le dijeron que nunca llegaría a ser un buen pintor profesional porque, pese a su afición a los dibujos, no sabía pintar, pero por suerte sus pronósticos cayeron en saco roto y gracias a su tesón por superarse les quitó la razón. Con 16 años comenzó a trabajar en La Haya, en la galería Goupil & Co. y que más tarde pasaría a llamarse Boussod & Valadon, que fundó su tío. Vicent comienza interesarse por los paisajes de la escuela de La Haya. En 1873 se traslada a Londres a la sucursal de la misma compañía hasta 1875, fecha en la que cambia de ciudad y de país, no así de compañía, pero en París no fue duradera la estancia, su inadaptación al negocio y la interposición de sus gustos sobre las ventas ocasionó su despido y en 1876 regresó a Londres, donde su hermano Theo trabajaba en la misma galería y sucursal que él trabajó anteriormente, desde 1873. En esos dos años en Inglaterra quiso hacerse teólogo entusiasmado por la Biblia y decidió estudiar en la Universidad de Leiden. Su deseo en demostrar su profunda creencia en la religión cristiana le lleva a solicitar el envío de misionero en varias compañías, pero su desconocimiento del latín y del griego fue el principal motivo para su rechazo. Sin embargo, fue tan profundo el fervor que demostraba que encontró apoyo en su padre, que consiguió que lo enviaran como misionero a las minas de Borinage, en Bélgica, durante seis meses de prueba. En aquellos casi tres años que ejerció de misionero dio a los mineros todo lo que tenía, ropa, dinero, comida... rechazó todas sus pertenencias para vivir como sus fieles. Pero, debido a la abstracción por la religión, los mineros comenzaron a temerle, decía que para soportar tantas desgracias estaba obligado a creer en dios. También en ese tiempo comienza a pintar sus primeros cuadros.

Aún así, su vocación religiosa comenzó a mitigar y a florecer con más fuerza la pintura. Primero en Bruselas, donde comienza sus estudios de anatomía y perspectiva, y después en la Haya, donde convive con una prostituta madre de un hijo llamada Sien Hoornik. En esa época comienza a pintar como su admirada escuela de La Haya y en sus lienzos empiezan a florecer paisajes de tonos oscuros, la relación con Sien se agota y decide irse a vivir a la casa paterna, en Nuenen. En esos dos años Vincent pinta a los campesinos en sus labores y algunas naturalezas muertas, pero no olvida sus paisajes. Muere su padre y sufre un duro golpe y al poco tiempo pinta lo que se considera su primera gran obra, "Los Comedores de Patatas", un lienzo que da comienzo a la llamada pintura realista, la que muestra la miseria en la que viven los campesinos. En 1885 es Rubens el que consigue atraer su admiración por los retablos de la catedral de Amberes y un año más tarde se muda a París, para vivir junto a su hermano Theo, para continuar aprendiendo en sus aspiraciones artísticas y entra en contacto con los impresionistas, lo que produce en Vincent una paleta de colores más luminosa. Gracias a los contactos profesionales de Theo empieza a codearse con los artistas de la época, Émile Bernard, Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Seurat, Signac, Guillaumin, Pissarro, Cézanne...

En 1888 llegó a Arles, al sur de Francia, y sus primeros personajes que pinta son al cartero y a su familia, su mujer y sus tres hijos. En Arles alquila una casa donde tiene intención de crear un taller de artistas, la llamada casa amarilla, su color favorito, quizás por ese motivo la alquiló; cuentan que le atraía tanto el color amarillo que en sus últimos días llegó a comer pintura de dicho color. Vincent sentía admiración por Gauguin y este por Van Gogh, fue el motivo por el que el francés aceptó la invitación para irse a vivir a la casa amarilla, a petición de Theo y proposición de Vincent. Pasaron una temporada juntos y pintaban y discutían de arte, pero los trastornos mentales de Van Gogh, sus caracteres y el alcohol propició un empeoramiento en la relación. Un episodio muy conocido del loco del pelo rojo es aquél en que se corta la oreja, según los biógrafos aquel día tuvieron una fuerte discusión hasta el punto de que Vincent amenazó con una navaja de afeitar a Gauguin, arrepentido llegó a la casa amarilla y se cortó el lóbulo de la oreja izquierda y se lo llevó a Rachel, una prostituta de su burdel favorito, para que se lo diera a Gauguin en señal de arrepentimiento. Regresó a la casa amarilla y allí se desmayó, alertada la policía lo envió al hospital de Arles, al tiempo que Gauguin abandonó la casa amarilla y nunca más volvieron a tener contacto, exceptuando unas cartas posteriores. Hay otra versión que apunta que en realidad la pérdida del lóbulo fue debido a una disputa entre los dos y que fue Gauguin el que le produjo la herida, pero la versión oficial, ofrecida por Gauguin a la policía es la que se tiene por valida. No obstante, en un estudio forense practicado a Van Gogh en una reciente exhumación indica que la herida no pudo deberse a una automutilación, lo que echa más leña al fuego de la intriga.

Gauguin le envió un telegrama a Theo y fue a visitar a su hermano a Arles, donde se recuperaba, cuando lo hizo y volvió a la casa amarilla encontró sus cuadros cubiertos de moho y rasgados y continuó asistiendo al hospital para las curas de la herida. Al año siguiente Vincent sufrió una alucinación en la que creía que lo estaban envenenando y esta crisis le hizo ingresar 10 días más en el hospital, para más tarde regresar a su casa. Pero algunos días después los vecinos solicitaron a la policía que se lo llevaran de nuevo al hospital y esta vez fueron 6 semanas lo que allí permaneció. Finalmente fue él el que decidió internarse en un manicomio, en un ex monasterio a 30 kilómetros de Arles, al tiempo que su hermano se casaba con Johanna Bonger en Ámsterdam. Los últimos años de Van Gogh estuvieron marcados por sus constantes problemas mentales, problemas que lo llevaron, a petición propia a ser internado en sanatorios mentales, entre ellos el manicomio de Saint-Rémy, donde se le habilitó una habitación para que siguiera pintando, donde emprendió una frenética carrera artística inspirado en Rembrandt. En 1890, un doctor amigo de Theo, y coleccionista de arte, Paul Gachet, le invita a distintas consultas, pero la economía de Vincent no existe, y le ofrece pagarle a cambio de un retrato. Sobre este retrato sí existe una anécdota que no sé que de verídica tiene, pero cuentan que el cuadro se lo llevó el doctor a su madre, una anciana mujer, y cuando fue a visitarla en la siguiente ocasión le preguntó por el cuadro que no veía por la casa, le preguntó por su paradero y la madre le dijo que le había encontrado un lugar en el corral y, sorprendido, cuando fue a buscarlo lo encontró en el gallinero cubriendo un agujero para que no escaparan las gallinas.

Durante los últimos treinta meses de vida pintó al rededor de 500 obras y en sus últimos 69 días fueron 79 los cuadros que firmó. Su hermano Theo era el que lo sostenía económicamente, al que decía que se estaban vendiendo bien sus cuadros, tratando de animarle, hasta que un día, en una visita que le hizo a su casa, escuchó una conversación con su mujer, su cuñada, en la que discutían por su mala situación económica y laboral. Su cuñada le reprocha a su hermano que no le ayude más a Vincent, que no puede comprarle todos los cuadros y sin poder venderlos. Los cuadros de Vincent no se vendían pero su hermano lo tenía engañado. Pasados los días, durante la noche del 27 de julio de 1890, Van Gogh caminó hacia un campo y se pegó un tiro en el pecho, a pesar de la herida se arrastró hacia la posada Ravoux, donde se hospedaba, y murió dos días después a los 37 años, en brazos de su hermano Theo, con el que pasó los dos últimos días fumando en pipa y conversando. Mi amiga Eva me contaba que, en el museo Van Gogh, en Ámsterdam, le dijeron que cuando murió Vincent, su cuñada, que nunca mostró simpatía por él, le dijo a Theo que era el momento de vender los cuadros, cuando comenzaron a interesarse por ellos los coleccionistas, pero Theo se negó en rotundo, pese a su mala situación económica, decía que los cuadros de su hermano eran lo único que tenía, que eran su vida. Theo murió seis meses después que Vincent, su mala salud y el suicidio de su hermano le provocaron un colapso mental que lo llevaron a la sepultura, la que se encuentra junto a la de su hermano en el cementerio de Auvers-sur-Oise. Paradójicamente la cuñada fue la heredera de toda la obra de Vincent Van Gogh.









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