viernes, 18 de septiembre de 2009

El esperpéntico secuestro de doña Jacinta


Especialmente, hoy, no es un día de los que el calendario lo señala en color distinto a otro cualquiera, ni en mi agenda tiene una preferencia o marca que me recuerde que no debo de pasar por alto cualquier acontecimiento o celebración, todo normal. Como cualquier otra jornada me levanté temprano, a eso de las 7 de la mañana, me coloqué las zapatillas de deporte y la ropa adecuada, y salí con los auriculares enchufados a la radio del teléfono móvil a caminar varios kilómetros, casi una hora. A veces el trayecto, el mismo de cada día, lo hago sólo caminando y en ocasiones acelero el paso y cubro unos metros corriendo, despacio, hasta que me canso y pienso que correr es de cobardes, y continuó a paso ligero. No soy un deportista consumado, ni me gusta perder un minuto de sueño por levantarme temprano para hacer deporte, pero la glucemia y la presión arterial me aconsejan que no deje de ejercitarme cada día. Cuando regresé a casa hice lo de cada mañana, soy un animal de costumbres, encendí este trasto cibernético en donde escribo y, después de una ducha, desayuné leyendo las noticias de los diarios en Internet, y repasé el correo electrónico; el otro, el convencional, ya casi no se estila. Al buzón no llega otra cosa que no sea publicidad.

Lo normal es que después del desayuno me dirija al taller, el lugar donde cada día me gano mi sustento cumpliendo mi jornada laboral como cualquier currante, pero recordé que debía de pasar por la farmacia antes de nada, a por unos medicamentos para mis achaques, los antes mencionados, un día el medico me dijo que estaba demasiado dulce, casi empalagoso, y que debía de cuidarme un poco más, y como soy egoísta le hice caso, quiero vivir mucho y bien. De camino me tomé la presión, las pulsaciones, el peso corporal... un examen exhaustivo en una de esas maquinas que dan miedo, que introduces un euro y te canta la Traviata, si así lo deseas. Aunque la voz que te indica qué debes hacer en cada momento y qué botón pulsar para cada examen, no es tan relajante como las de las expendedoras de tabaco que dan las gracias al extraer una cajetilla, en este caso era la voz de Constantino Romero, grave, varonil, casi familiar, pero intimida tanto que las pulsaciones, mientras uno está subido a la "Súper-Machine", se disparan y los nervios se acrecientan ante tanta intimidación, por lo que no sé si será muy fiable el resultado del robot en cuestión. En fin, quiero pensar que sí, al menos eso me beneficia, el resultado era positivo, la maquinita "Súper-inteligente" me detalló que estaba como un roble.

El día se presentaba con buena cara, de regreso pasé por mi casa a dejar las medicinas, me pillaba de camino, y cuando fui a desconectar este trasto, que lo dejé encendido porque estaba descargando actualizaciones, vi que había llegado un correo de Amnistía Internacional. Ya lo he comentado en alguna ocasión, siempre que puedo colaboro con las iniciativas que me presentan, normalmente son apoyos a casos internacionales de injusticia, en los que la presión ciudadana de otros países juegan un papel especial, a veces son el único apoyo con el que cuentan las víctimas de estas injusticias en países donde los derechos humanos no tienen ningún valor, otras veces las injusticias también se cometen en países democráticos de igual manera y con sólo una firma de apoyo se consiguen resultados positivos para esas causas injustas o perdidas.

Cuando lo abrí me llevé una grata noticia, los correos de Amnistía Internacional siempre provocan dos sentimientos opuestos, unas veces impotencia por lo que sucede y otras es alegría, por lo resuelto o conseguido. En este caso era la noticia de la liberación de doña Jacinta Francisco Marcial, después de pasar más de tres años en la cárcel por un delito que no cometió. Fue falsamente acusada de secuestro por seis agentes federales en el mercado donde ella y su marido tienen un puesto de agua fría y nieve, o hielo. Fue condenada a 21 años de cárcel. El propio gobierno mexicano ha reconocido que nunca hubo evidencias para el juicio contra doña Jacinta, ni mucho menos la condena. Amnistía Internacional me recordaba en su correo que la liberación de Jacinta nunca hubiera sido posible sin el apoyo de organizaciones cívicas y en defensa de los derechos humanos, pero que el tiempo que ha estado separada de sus seis hijos no debe de quedar en sólo disculpas, si no que podemos y debemos exigir al gobierno mexicano que juzgue a los responsables y que ella reciba la reparación adecuada. Que a pesar de esta alegría no debemos de olvidar que son muchas las personas inocentes encarceladas en todo el mundo, tan sólo por ser pobres, o por no poder defender sus derechos. Como ha sido el caso de Doña Jacinta.

Cuando uno ve la fotografía de esta mujer indígena de 1,50 de estatura y 80 kilos de peso, no se le ocurre pensar otra cosa que los que la acusaron realmente llevaban mala fe. Uno está cansado todos los días de leer en las portadas de los diarios, de escuchar y ver en los noticieros, los sucesos violentos y de injusticia en el querido país hermano mexicano, sinceramente, no me gustaría que fuera así, ni a mí ni a nadie medianamente honrado y de buenos propósitos. Cuando no es el narco-terrorismo es la corrupción policial y judicial, con macabros asesinatos de por medio, y si no son las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez las que ocupan esas portadas, entre otros casos. No se merecen esto los mexicanos.

Jacinta Francisco Marcial es madre de seis hijos, como resalté anteriormente, de una familia indígena ñháñhú, u otomíes, como también son conocidos. Junto a su esposo Guillermo trabaja vendiendo agua fresca y nieves (helados) en su puesto del mercado ambulante de la comunidad indígena de Santiago Mexquititlán. La tarde del domingo 26 de marzo del 2006, Jacinta, veía cómo otros comerciantes discutían y se enfrentaban a los seis AFI (Agencia Federal de Investigación) que pretendían requisar mercancía con el pretexto de que era piratería lo que estaban vendiendo. La buena mujer dejó por unos momentos el puesto de helados y se dirigió a la farmacia, a que le inyectaran un medicamento, y después, al regreso, se acercó al punto de discordia atraída por el revuelo formado. Los comerciantes, artos de que los policías corruptos le requisaran sus productos ilegalmente se enfrentaron a ellos y les pidieron que les enseñaran sus placas, pues iban sin uniforme y sin acreditación alguna, a lo que se negaron los agentes. Fue entonces cuando se revelaron los comerciantes y les rodearon, viendo que la situación se ponía fea, además de tensa, a uno de los jefes policiales se le ocurrió solucionar el entuerto, pagarían los destrozos causados a los vendedores y se olvidaría el asunto. Los comerciantes aceptaron pero pusieron una condición, uno se quedaría retenido en el lugar hasta que los demás compañeros regresaran con el dinero.

Fue en ese justo momento cuando Jacinta se acercó al barullo, al mismo tiempo que el fotógrafo del diario Noticias de Querétaro tomaba unas instantáneas de lo que estaba ocurriendo. La foto salió publicada y ella en tercera o cuarta fila tras lo que acontecía, en actitud pacífica, y sólo mirando. Y esa sola fotografía fue lo que la policía utilizó para acusarla y detenerla del secuestro de seis agentes de élite. La misma fotografía que le sirvió al fiscal para acusarla de secuestro y al juez para condenarla a 21 años sin siquiera escucharla, quizás porque Jacinta apenas hablaba español, sólo otomí, su lengua materna. Ahora, y después de haber pasado más de tres largos años encerrada entre rejas por ser pobre, mujer, indígena, y no poder defenderse, la justicia ha hecho honor a la inocencia de esta mujer, que después de aprender el español en el tiempo que ha estado recluida y la experiencia vivida, dice estar dispuesta a ayudar a los que como a ella, los privan de libertad siendo inocentes.








http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

1 comentario:

  1. amigo mio, te debo ese impulso neceario,la calidez de hacerlo,la maravilosa complicidad en tus comentarios, en fin solo gracias a ti por el primer empujon...el segundo salio de mi e ire paso a paso publicando,dando a conocer en estos sitios virtules mi laburo GRACIAS!-correccion en el primer libro "el ama pero no sabe amar etc. dice :un vidrio pescado y es yescado..." no se que puede haber pasado,mas de 10 veces controle la ortografia y me puse casiobsesiva con el tema...
    un abrazo y espero bajes el segundo...
    lidia-la escriba
    www.deloquenosehabla.blogspot.com

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