lunes, 17 de agosto de 2009

De Zalamea, Fuente Obejuna, y los traficantes de derechos


A vueltas con la cultura y con lo que pertenece a lo popular, siempre existen las discordias respecto a los derechos de autor, si hace unos días publicaba en el blog un artículo sobre los especuladores del arte, hoy vuelvo a las andadas con la critica, a la defensa de la cultura que es derecho y propiedad del pueblo. La discrepancia sobre el tema siempre está servida, la línea que divide la creación entre los derechos de la propiedad intelectual y el derecho y disfrute de estas obras por el pueblo se dibuja en trazos suaves, tenues, hasta el punto que en ocasiones, en muchas, se confunden esos derechos de unos y de otros. Para mí siempre están más del lado del pueblo que de los autores, porque si es verdad que sin creadores la maquinaria de la cultura se ralentizaría, también es cierto que el pueblo es el generador de la cultura, los autores no son nada sin lo que le rodea, no somos nada, la inspiración viene de lo que vemos, de lo que se desarrolla ante nuestros ojos, ante nuestros sentidos, entonces lo plasmamos en soportes diferentes y en formatos adecuados a nuestro gusto, pero aquí no existe cuestión como el del huevo y la gallina, aquí se sabe que primero fue el pueblo y después el creador. Así que, ante esta disyuntiva, uno se pregunta: ¿A quien les corresponde los derechos de la cultura, a los que la generan o a los que la recogen y la dejan reflejada para que otros la disfruten?

Estoy seguro que un numero elevado de los que acaben de leer este razonamiento estarán pensando que se me fue la olla, pero no es así, aún no sufrí un golpe de calor que me dejara medio turumba, ni razoné a tontas y a locas, la cultura la crea el pueblo y al pueblo le pertenece, otro asunto es el reconocimiento a quien sacó partido de esas costumbres y supo plasmarlas de manera original, ese es el artista: por eso los derechos no se los debe de atribuir solo el creador, al menos en obras determinadas en las que estas reflejaron los hechos acontecidos en cualquier formato y que no son otros que la propia historia, sería como arrebatarle los derechos del pueblo a su historia y otorgárselos a quienes recogieron esos hechos para crear una obra original. En estos casos creo que el autor siempre tiene sus derechos adquiridos, salvo cuando quien los usa y disfruta es el pueblo, porque está haciendo uso de su propia historia. Son los casos de El alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca, y Fuenteovejuna, de Lope de Vega, las dos obras reflejan la historia de esos pueblos, hechos ocurridos en otro tiempo y que los dos autores supieron plasmar maravillosamente, hasta el punto de convertirse en dos tesoros literarios del barroco español.

De todas maneras, podrían estar pensando mientras me leen la reflexión, en estos dos casos ya no existe el problema legal por los derechos a autor, porque tanto el Alcalde de Zalamea como Fuenteovejuna pasaron a ser de dominio público hace muchos años, pues esto ocurre a los 70 años de la muerte de los autores y tanto Calderón de la Barca como Lope de Vega pasaron a mejor vida muchos más lustros atrás de los requeridos. Pero e aquí cuando los traficantes del arte, de la cultura, se apropian, se apoderan o se adueñan de unos derechos con lo que mal llamamos adaptaciones. Hay cosas que no se entienden por más vueltas que uno les de y esto me sucede cuando trato de comparar un plagio con las adaptaciones, porque, ¿que es una adaptación? Si no una copia con retoques. Resulta que copiar es ilegal pero si se retoca o se trabaja sobre esa obra deja de serlo para convertirse en adaptación, entonces adquiere derechos propios y lo que era patrimonio del pueblo unos avispados lo aprovechan para sacarle partido, claro, dirán algunos, como es derecho de todos yo hago mi derecho al uso, con lo que a uno se le queda cara de bobo y pensando que quien hizo la ley hizo la trampa. Así que dependiendo de cómo unos son plagiadores, usurpadores de lo creativo, y otros adaptadores de obras clásicas. Luego, y en medio de toda esta fauna devoradora de derechos, están los que trafican y viven de esos derechos, que son asociaciones privadas y por lo tanto andan lejos de lo estrictamente obligatorio, pero es tanto el abuso que diera la sensación que estamos ante una mafia descaradamente descarada y que, lejos de estar apoyando a la cultura, se manejan entre bufetes de abogados arrebatando los derechos del pueblo a la cultura, le hacen un mal favor a la cultura en general, el pueblo dejará de consumir arte y se empobrecerán los pueblos, mientras, los traficantes de derechos intelectuales, y en nombre de la cultura, llenan sus alforjas a costa del pueblo y sus costumbres.

La SGAE, Sociedad General de Autores y Editores, no deja de sorprendernos cada día, se ha convertido en una asociación antipática por sus actuaciones impopulares y sus malas maneras, apoyados por el actual gobierno progresista han conseguido que la cultura deje de ser un derecho gratuito del pueblo a cobrar canon por todo lo que esté relacionado con la cultura, sí, relacionado, no solo por la cultura, desde el polémico y controvertido canon en los CD, hasta por la celebración de bodas o enlaces matrimoniales, en cualquier fiesta o celebración que se tercie aparecen los carroñeros mafiosos obligando el pago por el uso de la cultura, puede resultar dura la comparación con la mafia, pero es el mismo método, "te obligan a pagar para tener derecho a la cultura, para su protección", y con respecto al CD te obligan a pagar el canon, aunque el disco no lo uses para copias piratas si no para tus archivos personales, porque curiosamente el canon es obligatorio pero la copia es ilegal, una contradicción que no tiene vuelta de hoja. Todo esto sin olvidarnos de que la SGAE es sociedad privada y que todo lo recaudado no va en beneficio de la cultura, si no de sus asociados, que no son, o somos, todos los creadores. Entiendo que no siempre se puede contentar a todos y, aunque simpatice con el gobierno, este es uno de los temas en los que discrepo y que no comparto, más bien son maneras de gobierno conservador o de derechas, donde la privatización es su palabra favorita y los derechos de los ciudadanos van siempre de la mano, y sólo, con los que pueden costeárselos.

El contenido de esta crítica se dirige a las últimas apariciones que la SGAE ha hecho sobre la escena cultural española, como delincuentes, al menos así me lo parecen y a otros muchos, han entrado a saco, al popular, al que los pueblos de Zalamea de la Serena, Badajoz, y Fuente Obejuna, Córdoba, representan teatralmente en sus municipios, que son las obras de Calderón y de Lope, que las representan sus vecinos cada año sin ánimo de lucro, y que es una de las maneras, quizás de las más hermosas, de enseñar los encantos de sus pueblos al exterior, exhibiendo su historia a manera de interpretación. El chantaje cultural ha saltado a la palestra de nuestra piel de toro exigiendo al ayuntamiento de Zalamea, con una población cercana a los 4.000 habitantes, el pago de 24.075 euros pendientes desde 1998, en concepto de la representación que cada año se lleva a cabo y a verbenas y conciertos celebrados durante los últimos once años, de los cuales son 14.000 euros los que corresponden al teatro que representa el pueblo, que son los vecinos los propios actores, más de 600 personajes, que no cobran un céntimo por sus interminables horas dedicadas al ensayo y representación de la obra que Calderón escribió sobre hechos históricos que ocurrieron en el mismo lugar. Todos los gastos de la representación recaen sobre el ayuntamiento, las aportaciones privadas, venta de entradas, y de los mismos vecinos, que se vuelcan para que en sus fiestas de agosto, entre los días del 20 al 23, desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la madrugada, sirvan de reclamo y promoción al exterior. La exigencia de la SGAE se basa en que la representación se lleva a cabo sobre una adaptación de Francisco Brines.

Pero el asunto no quedó aquí, a los pocos días salió a relucir el pueblo cordobés de Fuente Obejuna, por el mismo asunto, la exigencia de 32.000 euros por lo que la SGAE cree que el ayuntamiento mellariense debe abonar a sus arcas privadas. En este caso, en el de la obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna, fue en 1935 cuando se representó por primera vez en el municipio y durante la mitad del siglo pasado hubo algunas representaciones más, hasta la década de los noventa, cuando se instauró la tradición por las mismas fechas que en Zalamea, del 19 al 23 de agosto. La cantidad reclamada por la sociedad de autores relativa al teatro asciende a 11.600 euros por las representaciones de 2004 y 2006, años en las que fueron adaptaciones de Javier Osorio y Emilio Goyanes, los actores son también los mismos vecinos, en este caso rondan los 300 y al igual que en Zalamea el pueblo lleva el peso y el esfuerzo sobre sus espaldas, y con la misma intención, la de promocionar su pueblo. El portavoz de la gestora dijo en unas declaraciones que la obra que se representa en Fuente Obejuna es una adaptación de Fernando Rojas, por lo que tiene derecho de autor, pero el propio Rojas dijo que rechaza el canon que exige la SGAE, por considerar que no es una adaptación, que lo que se representa es el texto integro de la obra de Lope y por lo tanto es de dominio público, y añadió que la sociedad no puede pedir emolumentos ya que él no pertenece a la sociedad por lo que no tiene necesidad de hacer una renuncia a esos posibles honorarios. El asunto promete nuevas entregas en los próximos días, nuevas declaraciones y nuevas exigencias, y todo con un único interés por parte de los traficantes de derechos, exigirles a los pueblos el canon por sus derechos, el de la cultura y el de su historia.







http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

1 comentario:

  1. Estoy bastante de acuerdo con tu razonamiento. Pienso que todo esto se ha escapado hace tiempo del sentido común. La actual sociedad general de autores, está haciendo un flaco favor a la difusión de la cultura y está sirviendo en bandeja a la caterva de detractores de la misma(esos que han negado sistemáticamente el acceso a la cultura a el pueblo)argumentos para el desprestigio y la mofa.
    Conozco a varios autores, que no se sienten representados por esta organización, ya que está proyectando una imagen muy alejada de la gente y de la cultura, que viene a ser lo mismo.
    Antonio, un abrazo.

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