sábado, 13 de junio de 2009

La fleur de l'élégance


Existen muchas frases hechas que utilizamos a menudo y que no expresan lo que realmente queremos decir, pero la costumbre de usarlas, como quien mete la mano con los ojos vendados en le cesto de las manzanas sabiendo que están mezcladas con las peras, nos hace pasar de largo en su significado, sin pararnos a pensar que puede ser una pera y no una manzana lo escogido, en este caso es lo dicho. Pero la fuerza de la costumbre hace que las demos por validas como bien dice una de estas frases hechas, "a buen entendedor con pocas palabras basta", así que lo importante en todo este rollo macabeo es que se entienda lo que realmente se quiere decir, aunque lo dicho nada tenga que ver con lo pretendido. Esto siempre es interesante, más aún cuando la mayoría de las veces no nos entendemos y ya no sólo escogiendo la frase poco adecuada si no con las palabras justas y precisas, por lo que las diferencias surgen con los malos entendidos, porque nos dejamos llevar por lo que queremos oír y no lo que realmente escuchamos... ¿?

En fin, parece que me fui por los cerros de Úbeda. Sinceramente, me podría haber ahorrado todas estas frases escritas hasta ahora, lo que pretendía era comenzar el artículo con una frase hecha y después de escribirla pensé que no era la más adecuada, y la borré. Esta frase es la que dice que: "sobre gustos no hay nada escrito" y por supuesto sí que lo hay y muy bien definidos. Desde luego los hay a quienes, como en el ejemplo puesto anteriormente, no les importa sacar una manzana o una pera cuando meten la mano en la cesta, con venda o sin ella, pero también existen quienes no se conforman con lo primero en encontrar, ni meten la mano en cesta alguna si no es sabiendo cuales y como son las frutas que la dichosa cesta reúne o cobija. Luego está la variedad de manzana, su punto de madurez, su volumen, contenido de azucares... no digamos ya en el caso de las peras. Lo que si está claro es que hay gustos para todos los gustos y cada uno tiene el suyo definido y que no siempre coinciden. Otra cosa o asunto son las modas, aunque estás están más generalizadas y marcadas.

Lo primero que a uno se le viene a la mente cuando se habla de modas son las vestimentas, vestidos y complementos, telas y colores, líneas y cortes, pero la moda no es sinónimo del vestir, por ella se rigen todos los diseños y cada decisión de la sociedad que, como la propia naturaleza, se renueva constantemente. La tendencia está encajada dentro de unos parámetros que serán sustituidos por otros casi totalmente opuestos, para que rompa lo anteriormente establecido, durante ese tiempo o temporada y que por lo general coinciden con las estaciones meteorológicas. Parece como si las modas ya vinieran de la mano con cada estación, turnándose y marcando tendencias por naturaleza, pero detrás de la implantación de las modas, de lo moderno o novedoso, hay muchas horas de trabajo, muchos estudios de marketing e inversiones, para que los ciudadanos del planeta y en cada rincón se entreguen con pasión desmesurada a esas novedades, no porque reúnan mejores cualidades o calidades que la moda actual o las anteriores, si no por el efecto novedad, lo que demuestra que el gusto del ser humano es superfluo, y de poca fidelidad, nos cansamos pronto de lo que nos rodea y nos entregamos apasionadamente a lo original o poco visto.

Pero... ¿y a lo que a nosotros se refiere? A nuestro cuerpo o soporte natural para dar movimiento y vida a esas modas, está claro que no todos tenemos las mismas hechuras, la misma percha, el mismo saber llevar. Pero una cosa es cómo vemos esas novedades vestidas por los demás, otra cómo nos vemos nosotros y otra muy distinta es cómo nos ven. Por descontado que la influencia de quienes diseñan esas tendencias ejerce con fuerza entre la mayoría, a la hora de cómo cultivar el cuerpo para no quedar fuera de la modernidad, sin contar que cada uno somos diferentes en todo, que no somos clones, cosa que sería peor. Esta búsqueda y deseo en la necesidad de sentirse un representante genuino de la moda lleva a muchas y muchos chicos a caer en la anorexia y la bulimia, buscando la perfección, pero esa perfección nunca se encuentra, jamás, porque lo buscado pertenece a modelos únicos y escogidos para vender esa mercancía; no tenemos que cambiar nuestro cuerpo para esas ropas, si no buscar las ropas que nos vayan bien y que nos hagan lucir más y mejor. Esto hará que nos sintamos más a gusto con nosotros mismos y que nos vean diferente, originales, llamaremos la atención por nosotros mismos y no por un envoltorio clonado que no siempre nos favorece.

Es difícil saber cuando las modas comenzaron a regir las costumbres sociales, supongo que aparecieron con el ser humano, por nuestra propia naturaleza presumida, proclive a aparentar más allá de lo que somos realmente y por el deseo de confundir a los demás, cosa absurda, porque si es verdad que "la primera impresión es la que vale", también es verdad que "aunque la mona se vista de seda mona se queda". Sin embargo, existieron personajes que marcaron no solo tendencias, de igual modo un antes y un después en el vestir. Sus influencias llegan a nuestros días y la mayoría de las creaciones actuales acaban por derivar en un exclusivo diseño que fue creado muchos años atrás, por muy novedoso que aparente. Sin duda alguna habría que situarse en Francia, en París, para desde sus torres mirar el paisaje donde se irguió el diseño de la moda y la elegancia en el vestir. Pudiera reunir un buen puñado de nombres propios que sustentan el significado de moda, pero de todos cuantos me vienen a la memoria ninguno como el de Chanel. No ya por su enorme talento, por su elegancia, si no por su propia vida. El ejemplo de lo que fue y consiguió es más fuerte que sus propios diseños, porque quizás muchos no sepan diferenciar entre sus creaciones pero pocos hay que no conozcan quien fue Coco Chanel.

Habría que empezar por sus principios como persona, porque antes que la modista o diseñadora estaba la mujer, la niña que sobrevivió a duras penas junto a sus cuatro hermanos en situación de pobreza. Gabrielle Chanel nació en un hospicio de Saumur, el 19 de agosto de 1883. Pero la muerte de su madre, de tuberculosis, fue el detonante que marcó su vida, o al menos uno de los acontecimientos que marcaron su trayectoria. Su padre se desentendió de ellos y los envió al condado de Auvergene, a un orfanato que tenían dos tías suyas. De su infancia decía que sólo ansiaba ser amada y que todos los días pensaba en cómo quitarse la vida, pero que en el fondo ya estaba muerta. Fue el orgullo lo que la salvó. Mientras tanto aprendió a coser con especial habilidad, tanto que a los 17 años las monjas del orfanato de Aubazine le consiguieron un empleo como costurera. En 1905 decidió convertirse en cantante de cabaret y fueron tres años los que estuvo inmersa en este mundo de divertimento y relaciones sexuales pasajeras, de las que esperaba reunir el dinero necesario para realizar su gran sueño de ser una renombrada modista. Su belleza era sensualmente discreta, menuda y de gran personalidad. El sobre nombre con el que fue conocida tiene dos destinos, unos dicen que procedía de esa época cabaretera y otros lo situaban en su infancia y hacían cariñosamente responsables a sus tías que la cuidaron en el orfanato.

Tenía claro lo que pretendía y no perdió el tiempo, de la mano de uno de sus amantes adinerados se instaló en un apartamento de París y pronto abrió su primera tienda de sombreros a la que llamó Modas Chanel. Siempre estuvo apoyada en sus amantes, o más bien en sus dineros o caudales, y unos años más tarde se instaló en distintas ciudades, todas ellas frecuentadas por ricos: Deauville, Normandía, Biarritz... hasta que en 1920 abrió en París, en la Rue Cambon, su primera Casa Chanel. La ocultación de su humilde pasado y su esnobismo no le creó problemas de identidad, todo lo contrario, le sirvió para relacionarse con personalidades del cine y su libertario espíritu para acostarse con adinerados hombres de la sociedad europea. Y entre tantos amantes fue Etienne Balsan quien la colocó con su tienda de sombreros, aunque el amigo de éste, Arthur Capel, le posibilitó el despegue, se enamoró de él pero Capel decidió casarse con otra mujer de alto abolengo. Poco tiempo después murió en un accidente automovilístico y cuentan que Coco llegó al lugar del accidente y lloró amargamente por la muerte de su amante y el más importante de sus benefactores. Pasó un tiempo recluida en su apartamento y sin relacionarse con otro hombre, son muchas las malas lenguas las que decían que su tristeza era más que por amor por la frustración de no haber conseguido su fortuna.

Se convirtió en una gran dama de la moda y pretendida por muchos, como el Duque de Westminster, que quiso casarse con ella pero lo rechazó, no así sus relaciones de cama. Sobre él dijo: "Ha habido muchas mujeres de Westminster, Chanel hay una sola". Se codeó con grandes artistas, escritores... y fue la imagen, el icono del feminismo por aquellos tiempos. Su secreto no fue otro que el de liberar a la mujer de su época de los grandes sombreros recargados de pieles de animales y flores, así como de los corsés y de los recargados diseños. Cambiándolos por sus líneas rectas, prendas sencillas, cómodas y de alta distinción, una apuesta que rápidamente fue aceptada por el público parisino hasta convertirse en una de las grandes diseñadoras del siglo XX. "Todo lo que es moda pasa de moda", dijo en otra ocasión, al tiempo que invertía en nuevos mercados, como el de los perfúmenes, en el que tuvo un rotundo éxito que llega a nuestros días con Chanel nº5. Su enorme popularidad y fama, aún en tiempos de recesión, le aportaron más ganancias y mejores contratos, como el que firmó con Samuel Goldwin, por un millón de dólares, para que vistiera a sus grandes estrellas hollywoodenses, Katherine Hepburn, Grace Kelly, Elizabeth Taylor, Gloria Swanson... incluso también la acusaron de colaborar con los nazis, por un affair junto a un oficial de las SS, Walter Schellenberg, aunque ella siempre rechazó la acusación en su contra. Pero toda su fama y dinero no pudieron dar fin a su vida solitaria, marcada por la artrosis y la morfina. Murió de forma impredecible al igual que se desarrolló su vida, a los 87 años, el día 10 de enero de 1971, en su apartamento del hotel Ritz y junto a su sirvienta, a la que le dirigió sus últimas palabras: "Así es como se muere".






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4 comentarios:

  1. Vale!

    ...la vida es bella!...lo saberás!...

    salud!

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  2. eres imposible!o sea de todos sacas,casi como n ilusionista,palabras justas,e info mas justa,jugosa,interesante!
    mis saludos,maestro
    lidia
    con una tendinitis agda dedo pulgarizq.vendado...agggggg

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  3. hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi directorio y tambien tengo un blog relacionado a viajes .Estoy segura que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme almodhena099@gmail.com

    saludos
    almodhena

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  4. ...muchas gracias por la historia Antonio, de Chanel yo solo sabía que era francesa y que mi madre ha utilizado siempre el Chanel Nº5.

    Ha sido muy agradable saber más a fondo la historia de esta mujer, ícono de la moda mundial.

    Muy agradecido por el aporte a mi cultura general.

    Un abrazo.

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