miércoles, 27 de mayo de 2009

Revolución y dictadura Bolchevique


Lo primero que se me viene a la memoria en asuntos políticos por los años en los que empezaba a darme cuenta de las cosas, aunque no entendía las razones que lo propiciaban, es el poco o nulo uso de la palabra rojo, a la que se había sustituido por colorado en su detrimento. No podría decir quien me aconsejó que usara la definición de colorado por rojo, pero es muy probable que fuera en mi casa, quizás mis padres, de todas maneras era de uso muy limitado, casi me atrevería a decir que esta palabra no se reflejaba en los libros de estudio. Decir rojo estaba maldito, era el color del demonio, del mal de España, de los republicanos, sinónimo de todos los males imaginados y que afectaban por igual al estado. Tengo que admitir que colorado me resultaba de poco estilo, demasiado popular y vulgar, en cambio rojo sonaba a elegante, lo que no entendía era el por qué no solo no se prefería usar la primera definición si no ignorar por completo a la segunda. Después, cuando entendí las razones sobraron explicaciones, el rojo era el color de la sangre, de la confrontación civil; para los fascistas significaba un peligro siempre latente y presente, era necesario eliminar cualquier resquicio, aunque sólo fuera la palabra rojo, sinónimo de comunismo; en cambio, para los derrotados republicanos, la mayoría de los españoles, significaba las dos vertientes, peligro y represión aunque también esperanza.

Las noticias que llegaban con relación a la política que se vivía en el exterior del país lo hacían con cuenta gotas, el régimen se encargaba de no tolerar el contagio democrático, y mucho menos de las ideologías de los países del Este. Todo, o casi todo, llegaba por las ondas clandestinas que se emitían fuera de nuestras fronteras y que ponían al tanto de lo que sucedía y que se convertían en un soplo de esperanza, de ánimo, al comprobar que otro mundo era posible y que estaba cercano, al otro lado de la frontera. Todas estas experiencias, que me resultan haberlas escrito mil veces, no puedo ignorarlas, sería como cortarle un trozo de película a la historia de mi vida. En la niñez recuerdo a mi padre y a mis tíos, emigrantes en Cataluña que regresaban por el verano a ver a la familia, cuando se reunían en el patio de la casa, hablando en tono bajito, casi cuchicheando, pronunciando la palabra comunismo como si se tratara de lo divino y lo prohibido, con miedo y con respeto al mismo tiempo. Una palabra que no significaba nada especial si no es otra cosa que generosidad, compartir, colaborar, cooperar... eso al menos me parecía el significado de comunismo, no entendía por qué tanto miedo ni tanto secretismo. Más aún cuando mi padre me decía que: "no se te vaya a ocurrir contar nada de lo que hemos hablado los titos y yo", y después de haberme mandado a jugar con los primos varias veces, mientras ellos cuchicheaban. La indiscreción de un niño les podía costar muy caro. Luego fueron sucediendo las ocasiones en las que la definición de "Rojos" fue apareciendo de forma esporádica, eso sí, las veces que se pronunciaba era por parte de adolescentes irresponsables, los menos, y por los hijos de los franquistas que copaban los puestos más relevantes de la sociedad, tan represivos e intolerantes como sus propios progenitores. A mí me resultaba engañoso, falso, cuando tachaban a los comunistas de asesinos y gente mala, no podía ser, nunca discutí con aquellos niños franquistas porque infundían miedo, eran agresivos y la mayoría evitábamos el enfrentamiento por consejo de los padres. Pero yo sabía que mis tíos y mi padre eran comunistas, yo los había escuchado hablar en el patio en las tardes de verano y tenía claro que no era así, que no decía la verdad, mi padre era bueno y no como aseguraban los niños franquistas.

Cuando murió el dictador yo andaba por los 15 años, un adolescente inquieto y rebelde, aunque mi rebeldía nunca fue radical, más bien cívica, de lucha constructiva, de manifestaciones contrarias al régimen, demandando democracia y el fin de la dictadura. Unos años que recuerdo agitados políticamente, con Quilapayun, Victor Jara, Jarcha... muchos cantautores y grupos protesta sonando en las emisoras y casetes, y unidos en la complicidad y simpatía con los pueblos latinoamericanos que luchaban por la misma causa. No pasaba un día en el que no aconteciera algún suceso tratando de dinamitar aquel débil proyecto de democracia por parte de la ultraderecha, de los franquistas, que no se conformaban con los nuevos tiempos y que buscaban por todos los medios la confrontación civil, tratando de desprestigiar el nuevo sistema político en construcción, pero no pudieron con los demócratas, éramos más, más tolerantes que ellos y más convencidos de lo que pretendíamos, la libertad y la democracia. No fue fácil y, aunque la transición española fue un ejemplo para el mundo, siempre estuvimos al borde del precipicio político, eso sí, éramos poseedores de la herencia adquirida de nuestros padres y abuelos, éramos conscientes que lo último que pretendíamos era la confrontación civil, el último camino para alcanzar la democracia. Tuvimos suerte, los de un razonamiento no querían venganza por parte de los vencidos, los del otro tampoco querían revivir viejas heridas, aún sangrando todavía y sin cicatrizar por todo lo sufrido, pero el fin de la pesadilla franquista llegaba a su fin.

Las barreras se fueron superando y la libertad de expresión fue llegando con las nuevas libertades adquiridas, era como abrir los ojos a un escenario de ensueño, lo que antaño se vestía de grises, del negro al blanco, con la democracia los colores lucían chispeantes, la palabra colorado quedó para los vulgares y rojo tomaba un protagonismo como nunca antes. Pero la libertad también nos trajo una dura realidad, los sueños que se apoyaban tras el telón de acero se fueron disipando, evaporándose al no encontrar un fundamento que los sostuviera en pie. Mi padre siempre votó, hasta su muerte, al Partido Comunista de España, yo también hice lo propio durante muchos años, siempre convencido de que era lo mejor para las clases obreras, en las que me siento felizmente incluido, y aún después de un tiempo desencantado continué haciéndolo por la memoria de mi padre, tanto respeto me causó siempre que su pensamiento me servía de guía. Hasta que comprendí que posiblemente, si aún viviera, ya habría cambiado de idea respecto a su pensamiento político, al igual que yo, cuando se ama la libertad no se aceptan ideologías dictatoriales, de ningún extremo, y mi padre era un amante de la libertad.

El régimen franquista nos privó de estar al tanto de lo que acontecía en el mundo, además de otras privaciones, y cuando la dictadura nos permitió comprobar lo que se cocinaba al otro lado de las fronteras "se nos cayeron los palos del sombrajo", nuestras esperanzas obreras apoyadas en el comunismo que gobernaba las Repúblicas Socialistas Soviéticas se derrumbaron cuando el muro de Berlín dejó ver las miserias de la dictadura soviética. Siempre recuerdo a Picasso cuando pienso en la terrible desilusión que me dejó la prostituida revolución Bolchevique, cuando rompió el carnet de pertenencia al Partido Comunista, a la vuelta de su primera visita a la URSS dijo que aquello no era lo que él entendía por comunismo. ¿A donde fueron a parar tantos esfuerzos por un mundo más justo? Una vez más el abuso de los hombres y el ansia de poder dio al traste con las esperanzas de muchos. La URSS se convirtió en un imperio a costa de las miserias y la esclavitud de sus ciudadanos, el viejo sueño de Marx, Lenin, Trotsky, Engels, Hegel, Feuerbach y otros derivó en la más cruel y sanguinaria de todas las dictaduras que un tirano pudo nunca llevar a cabo. Stalin consiguió crear de un país tercermundista una de las potencias mundiales capaz de enfrentarse y derrotar a los nazis, y de enfrentarse sin complejos al imperio de los Estados Unidos. Pero el costo de este logro fue el mayor precio conocido por una nación.

Stalin era hijo de un zapatero, pobre y alcohólico, de Georgia, en el Cáucaso. Pero la influencia de su padre en él no parece que fuera de importancia, se quedó huérfano muy joven y lo enviaron a estudiar a un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado por sus ideas revolucionarias. Entonces comenzó su carrera política escindiéndose al Partido Socialdemócrata, y siguió a la facción bolchevique que lideraba Lenin, en su lucha contra el régimen zarista. Fue perseguido por su actividad como militante hasta el triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917, época de la que procede su sobrenombre, Stalin, hombre de acero. La burocracia del rebautizado Partido Comunista y la lealtad a Lenin le hicieron ascender hasta llegar a Secretario General en 1922, aún siendo un hombre sin ideas propias que añadir al partido. Antes de que Lenin muriera, en 1924, había indicado que Trotsky fuera su sucesor, pues a Stalin lo consideraba demasiado cruel y su preferido era un hombre mucho más inteligente y con otras miras democráticas, muy lejos de los pensamientos del georgiano hombre de acero. Sin embargo, su maldad se asemejaba a su crueldad, la que puso en práctica cuando mandó asesinar a Trotsky, después de mandarlo al exilio en 1929 y de alinearse con Zinoviev y Kamenev, al que se impuso maniobrando por el poder del partido que tenía. En su lucha por el poder se disfrazó de argumentos ideológicos, defendiendo a cada bando en una estrategia para consolidar su régimen comunista.

Lo esencial para Stalin era la ambición de poder, poco le importaban los argumentos de la revolución, porque no sólo se conformó con eliminar a Trotsky, en 1940, en México, sino que después de exiliarlo se deshizo del ala izquierda del partido, a los que utilizó para apartar a Trotsky de su camino, a Zinovev y Kamanev los ejecutó en 1936, y dos años más tarde al ala derecha, a Bujarin y Rikov. A partir de ahí instauró un sangrienta dictadura personal con las ideas que usurpó a sus rivales. El tirano Stalin gobernó la URSS hasta su muerte con un régimen totalitario como jamás existió, radicalizó las tendencias bolcheviques y acabó por eliminar del proyecto marxista-leninista todas las ideas democráticas y emancipadoras; negó el más mínimo pluralismo y anuló todas las libertades, y aterrorizó a la población con un instaurado régimen policial. Su disposición estaba clara y eliminó no sólo a los discrepantes y sospechosos, también a todos los que poseían prestigio o influencia propia, disposición que llevó a cabo con sucesivas purgas contra sus compañeros comunistas, lo que diezmó el partido y eliminó a la plana mayor de la Revolución. Colectivizó forzosamente la agricultura y exterminó o trasladó a pueblos enteros para solucionar problemas nacionalistas y sometió a todos a un sistema productivo de estricta disciplina y planificación central obligatoria. Es evidente que consiguió un crecimiento económico espectacular, pero ¿a qué precio? A cambio de inmensas perdidas humanas, del bienestar de la población y sometiéndolos a durísimas condiciones de trabajo y grandes privaciones.

Otra vez la ambición de un dictador usurpó el sueño de muchos, un ejemplo que les sirven a los nuevos dictadores populistas para auparse al poder, para que como antaño nos dejemos llevar por sus promesas y luego, cuando nos tiene sometidos, desencantarnos con la realidad.




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3 comentarios:

  1. Hace unos años escribí el siguiente poema, lo hice después de salir de la casa de Trotsky en el barrio de Coyoacan en la ciudad de México, en la tumba del viejo comisario de guerra del regímen bolchevique ondeaba la bandera roja, me pareció uno de los pocos sitios donde la bandera roja es en efecto un símbolo de humanidad, el otro sería la tumba de de Gramsci:
    HIMNO A STALIN
    Stalin por tu nombre se construyeron
    las grandes catedrales del acero,
    los ríos fueron sacados de su curso,
    y las locomotoras avanzaban
    moviendo montañas, como terrones ciegos.
    Las masas arrojadas a la historia, la historia un precipicio.
    Stalin, la llanura sembrada de trigo,
    el trigo pudriéndose en las bodegas,
    el hombre hambriento abajo del crisol,
    mientras el acero líquido cae sobre los surcos de tierra muerta.
    Stalin lo sabe, su mirada abierta entre las sábanas
    y en los ductos oscuros del drenaje, todo lo ve y te ve.
    Hay una flor sobre el concreto de la enorme autopista vacía,
    abierta sólo al vehículo del Padre de Pueblos, la flor se llamaba Stalin.
    Stalin abrió la tierra a la ira y los delatores
    mejoraban la oferta de fusilamientos.
    Alguien vio la oscuridad era eterna como la mirada de Dios
    pero solo era el plomo de Stalin, Padre de pueblos.
    Stalin se llama el bosque Stalin, la piedra esculpida en la estepa sin fin,
    el stanjanovista incólume Stalin, el arco triunfal sobre la osamenta del Gulag,
    Stalin la infinita molécula y el universo todo Stalin,
    Stalin la carroña del alma, Stalin el soplón,
    Stalin la furia del ejército rojo
    en la Puerta de Branderburgo, liberando mundos,
    Stalin el militante comunista en la ergástula nazi,
    Stalin Ramón Mercader, Stalin las rojas lenguas
    de las Katiushas liberando la ciudad Stalin,
    Stalin esta ruina no amada,
    perdurable y siniestra en la historia
    que ya dije, es un precipicio.

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  2. Antonio un placer!en verdad mi "letania" salio de pronto...y lo unico que se es que yo,ya no puedo hacer nada por mi patria sometida,a los regimenes de los habitantes del norte de america,ni contra los discursos "fatales" del chavez venezolano,que es un EGOLATRA de primer nivel.Ni para detener la venta,lenta,progresiva, del territorio argentino a los benetton,a la sra.actriz jane fonda,ni a los empresarios canadienses...Es demasiado!
    Yo solo puedo hacer esto:recordar,analizar,pensar,y nada mas!Los jovenes,los de edad mediana,todos son de derechas,por la inseguridad-¡?-que hay por estas pampas,producto de la repeticion hasta el hartazgo dia a dia,de los medios masivos de comunicacion ,sobre asaltos y muertes por defender un auto!
    la vida no vale nada si 4 caen por minuto y al final por el abuso...
    Saludos imperiales para ti
    lidia

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