miércoles, 13 de mayo de 2009

Alma mexicana (2ª parte)

Frida Kahlo fue una mujer que transformó su vida pintándose a si misma y a sus circunstancias, convirtiéndose en un mito, una leyenda, que rebasa con creces la imagen que creó de sí, en una de las obras más sorprendentes e importantes de su tiempo. Nunca se podrá alcanzar a saber con exactitud hasta que punto su obra habría tomado la resonancia que hoy disfruta, y si habría sido reconocida de no haber coincidido en tiempo con Diego Rivera, y como extremo, si no habría abandonado sus pinceles y lienzos en un rincón de la casa azul, para que el tiempo implacable los hubiera devorado, consumido, en la más ingrata de las posibilidades... por fortuna no fue así. Las suposiciones siempre andan en el filo de la navaja, de lo posible y de lo increíble, de lo asombroso y de lo inimaginable, como hubiera sucedido con la realidad, en caso de haber sido supuesto. Es difícil aceptar una realidad distinta a la que vivimos, quizás porque ésta nos obliga a no idear otra distinta. Es imposible separar su obra de su vida, porque forman una sola, pero aún así, ¿su pintura hubiese sido motivo suficiente para haber sido reconocida en todo el mundo? ¿Acaso la influencia de Diego Rivera fue más importante que su propia obra? Sin duda. No obstante, la obra de Frida Kahlo no deja indiferente a nadie, apoyándonos o no en lo que su biografía comparte con el maestro muralista, su pintura es interesante porque lo es su vida y esta no es sólo Rivera, fue su singularidad y su personalidad, lo que da luz y fuerza a sus pinturas.

Ya apuntaba en la primera parte de estas dos almas mexicanas, que quizás la figura de Frida era más llamativa que la de Diego Rivera, la luz que irradia la Kahlo, como personaje mítico, no la proyecta Diego, más estudioso, de otro nivel técnico, más inquieto en cuanto a la pintura como método artístico y mucho más discreto a los ojos de los demás; un visionario, uno de los famosos artistas de su época, su obra resta protagonismo al creador. Sin embargo, la capacidad de superación y de lucha de esta enérgica mujer opaca la genialidad de Rivera cuando comparamos sus biografías, o sólo las analizamos. Frida hace que nos olvidemos por un momento del genial muralista, nos atrae por encima de todo su manera de entender y aceptar las circunstancias y la forma de expresarlas, de mostrarlas a los demás por medio de sus pinceles, esas características y personalidad es lo que, como un imán, nos arrastra hacia ella sin distraernos con lo que rodeó su vida. Es muy probable que el mundo no hubiera tenido constancia de Frida y su obra de no haber influenciado el genio de Guanajuato en su vida, pero una vez que la mostró de su mano, nadie podrá negar su protagonismo.

Su creatividad e imaginación la llevaron a improvisar su propia libertad, como arma defensiva, tratando de esquivar y superar su ingrata realidad, una vida llena de dolor. El escritor Carlos Fuentes cuenta una anécdota vivida cuando una noche estaba en el Palacio de Bellas Artes de México y la obra que se interpretaba era la ópera Parfisal de Wagner: "Estaba sonando la obertura cuando de repente un ruido que sonó en el palco silenció a la orquesta, todos miramos hacia los palcos y vimos la magnifica entrada de Frida Kahlo, adornada con todas aquellas joyas, collares, anillos, brazaletes, tintineaban como si todas las campanas de la catedral se hubieran puesto a repicar a la vez, para minimizar la debilidad de su cuerpo, de hecho su cuerpo estaba tullido, un cuerpo casi siempre inmóvil, pero que ella le daba vida con sus joyas y vestidos. Ella era su propia obra y, aquella noche, en el palco, fue más fuerte que Wagner". Era su manera de luchar contra el desencanto y el dolor, no solo en su estética personal, que nos atrae y se nos muestra siempre de manera poco discreta, pero con elegancia propia, en ocasiones como una diosa o como una reina, pero siempre femenina, sensual, sin aparentar su parte masculina de su condición bisexual. Cuando era joven quería ser un chico, o al menos eso aparentaba cuando se vestía de hombre, con traje y corbata, lo que parecía original, pero al mismo tiempo un tanto traumático para una familia tradicional como la suya y en especial para su madre, tan conservadora. Un riesgo, una provocación la que mostraba con su actitud vistiendo de esa manera, pero a ella no le importaba, se mostraba como le apetecía y lo demostró a lo largo de su vida, que fue un riesgo y provocación constante para lo establecido.

Nacer y morir en la misma casa, en México, se dice que es una bendición, y ella disfrutó de esa bendita posibilidad, quiso morir en la misma casa donde vivió y nació, 47 años antes, la Casa Azul, en Coyoacán, a las afueras y al sur de la ciudad de México. La misma que su padre construyó, un judío alemán refugiado, fotógrafo que trabajaba para el gobierno mexicano documentando la arquitectura colonial; decía que no le gustaba hacer retratos, que no le gustaba mostrar las cosas feas que había hecho dios. El matrimonio de Guillermo Kahlo con Matilde Calderón dio al mundo cuatro hijas y Frida, la más pequeña, era su favorita, a la que tenía por más inteligente que sus otras hermanas. Frida siempre lo acompañaba en su trabajo, cuidaba de él cuando le daban los ataques epilépticos que sufría, se caía al suelo y ella le metía unos algodones en la boca para que no se mordiera la lengua. Aquellos ataques que su padre sufría le enseñaron de niña lo vulnerables que somos, lo corta que podría ser la vida y lo peligrosa. Su madre, Matilde Calderón, fue una mestiza india de Oaxaca, de ascendencia española y de religión católica, era profundamente devota al igual que infeliz. Cuando era joven estaba enamorada de un chico que se suicidó y nunca pudo superar aquel trance, Frida decía que su madre estaba histérica por descontento, porque no estaba enamorada de su padre, y que la causa de su histerismo no era otra que la religión. Es evidente la relación de mestizaje en cuestión de religión y lo que tuvieron en común Kahlo y Rivera, porque si él era descendiente de judíos y educado en el catolicismo, que llegó a negar la existencia de dios; en el caso de ella bebió de las dos fuentes, para no agarrarse a ninguna, y del mismo modo ella se rebeló contra la religión católica, junto a su hermana Cristina, molestando a la familia con sus bromas cuando eran niñas.

Su vida parecía estar marcada por el dolor y con sólo seis años tuvo su primer contratiempo respecto a su salud, un fuerte dolor en la pierna izquierda fue el piloto encendido para el diagnostico que se evidenció con las pruebas medicas, que fue diagnosticado como polio. Fueron nueve meses encerrada en casa recuperándose, a causa de la enfermedad le quedó una secuela en el pie que disimulaba con naturalidad y sin problemas. Fue su padre quien le ayudó a superar aquella enfermedad y cómo enfrentarse a ella, a superar la pena y la soledad, de una manera que se consideraba poco digna para una dama, con coraje, peleando, boxeando y nadando.

En 1920 terminó la guerra que sufría México pero la revolución continuó transformando el país, y un nuevo y radical nacionalismo se alzó en contra de los viejos ideales europeos, que celebraban la herencia indígena de la nación. La vitalidad contagiosa de aquellos días también entró en las aulas, compartida con profesores y alumnados, por supuesto que de la misma manera los nuevos aires se colaron en el hervidero pos revolucionario de los intelectuales, la Escuela Nacional Preparatoria. Frida se convirtió, aupada por la historia, en una de las primeras mujeres que ingresó en la escuela, con 15 años se encontró envuelta en los rigores y pasiones de la mejor escuela secundaria de México, aprendió a leer en tres idiomas y conoció y se enamoró de Da Vinci y Wigman, a la par de sus primeros deseos y sueños de ser medico. Frida y sus amigos estudiantes, los que se hacían llamar los "Cachuchas", discutían sus argumentos sobre Marx y la religión en los pasillos de la escuela, no soportaban el aburrimiento y para luchar contra él una vez hasta llevaron un burro a la clase de una profesora conservadora, incluso le prendieron fuego a los andamios de los pintores que estaban decorando la escuela. El centro educativo había sido elegida para un ambicioso proyecto pos revolucionario en la educación pública, el plan era cubrir las paredes públicas con grandes murales que relataran la reciente y nueva historia del país, y allí conoció al que sería el gran amor de su vida.













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