domingo, 31 de mayo de 2009

De Matanzas y Esperanzas (El Salvador)


Parece que es necesario tener los extremismos muy marcados si no se quiere caer en la ambigüedad política. Para muchos, ser progresistas o de izquierdas no tiene camino alternativo si no es integrarse en las dictaduras o regímenes totalitarios, cuando estos abusos nada tienen que ver con la ideología. Para la derecha, liberales, capitalistas y conservadores, no hay tregua, ser socialista o socialdemócrata es tener cabida dentro del mismo cajón, no el siniestro y rectangular, si no en el de la ideología stalinista, sinónimo de dictadura y represión. Sin embargo, para los declarados comunistas no nos aceptan como seguidores del mismo concepto, al contrario, nos miran de reojo como "bichos raros", como de no fiar, y nos sitúan más cercanos a los liberales que a la doctrina de Marx. Es evidente que el concepto de política no es sinónimo de dialogo, de entendimiento o cooperación, más bien diría que se sitúa en las antípodas del significado, en las de la confrontación, en la acusación y el desprestigio. La política, nada nuevo por cierto, se ancló en el fanatismo de las personas para definirla bipolarmente, nada de moderación y entendimiento, respeto y trabajo por un bien común, todo lo contrario, polarizada en dos extremos estirados hasta el limite de lo permitido y más bien entrado en todo lo contrario a la ideología opuesta; no nos acercamos en posturas, buscamos alejarnos cada vez más en ellas.

Mi pensamiento de izquierdas, pero moderado y alejado de todos los totalitarismos, me ha jugado malas pasadas y he tenido que soportar en algunas ocasiones el rechazo ideológico de otros, que seguramente serían menos progresistas que yo, pero su totalitarismo los situaba en sitio privilegiado dentro de la izquierda, como si el progresismo tuviera algo que ver con los radicalismos y situaciones extremas. Desde luego que las diferencias de clases ponen a cada razonamiento en su lugar, y nos sitúa lejos a unos de los otros, pero en la democracia el entendimiento y respeto permiten que en ocasiones las ideologías vayan de la mano y no es ningún acto de prostitución, más bien de inteligencia, sólo en los regímenes dictatoriales las diferencias se acentúan hasta el punto del no entendimiento y el rechazo. Mis preferencias andan siempre por senderos democráticos, alejados de las imposiciones, la alternancia en el poder y un estado de derecho fuerte apoyado en una constitución equilibrada es el garante más eficaz, por supuesto que mis preferencias siempre estarían del lado de las políticas sociales, de la protección de los más desfavorecidos por parte del gobierno, del derecho a la sanidad, a la educación, a una vivienda digna... pero también con la libertad del individuo y con el derecho a prosperar. Por supuesto que soy contrario a los neoliberalismos, al capitalismo agresivo y salvaje que se adueña de todos los derechos de los ciudadanos y los someten a la crueldad casi esclavizadora de trabajar por el sustento y poco más. Como en El Salvador, donde la riqueza del país estaba en manos de 14 familias, mientras el pueblo se sumía en la miseria.

La guerra civil de El Salvador está sembrada de crímenes, de episodios ensangrentados, de abusos contra los indígenas, los más desfavorecidos de la sociedad, campesinos, y víctimas del capitalismo y liberalismo más agresivo. La derecha no ha sentido el mínimo rubor ante tantas injusticias y crímenes cometidos. Si hace varias semanas criticaba en el blog la actuaciones militares de derechas en otras naciones latinoamericanas, como lo fueron las del cono sur, las de Centroamérica no se quedan atrás, los mismos protagonistas, las mismas víctimas... aunque en la región del istmo hay un elemento diferente, la de los religiosos contra las injusticias, los de la Teología de la Liberación. Porque, al contrario que en otras dictaduras de derechas, en las centroamericanas tuvieron otro oponente añadido, los religiosos que alzaron la voz ante las injusticias sociales que siempre caían del lado de los más pobres. En El Salvador ocurrieron algunos de los episodios más crueles contra ellos, como el del arzobispo de San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdamez, asesinado mientras celebraba misa por un franco tirador, algunos días después de que en el púlpito criticara a los militares por las injusticias cometidas contra los campesinos. O el de los jesuitas de la UCA, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, cercana a la ciudad de San Salvador. Una matanza que dejó a seis intelectuales e integrantes del profesorado sin vida, cinco españoles y un salvadoreño, juntos a la ama de llaves y a su hija de 15 años, que tuvieron la mala suerte de estar en el sitio menos indicado aquella noche del 16 de noviembre de 1989, cuando un pelotón del batallón Atlacatl de las Fuerzas Armadas de El Salvador entraron en el recinto universitario con la idea concebida de eliminar a sus víctimas, principalmente a Ignacio Ellacurría, el rector de la UCA, filosofo de la Teología de la liberación y critico con el gobierno de la derecha. Los rostros de las ocho victimas fueron desfigurados a culatazos y disparos, para borrar supuestamente su identidad. Aquel acto de terror llevaba la marca de los escuadrones de la muerte, que habían regado el país con la sangre de los inocentes campesinos, y aunque trataron de confundir a los salvadoreños y atribuir con pintadas en un cartel que aludían la responsabilidad al FMLN, "El FMLN hizo un ajustamiento a los orejas contrarios. Vencer o morir... FMLN", no lo consiguieron, no contaban con un testigo que desenmascaró el asesino plan, Lucía Barrera Cerna, quien estaba escondida en la casa mientras todo sucedía. El testimonio de la mujer forzó a que el presidente Alfredo Cristiani creara una comisión de investigación. La participación de los militares en los hechos dio con un grupo de ellos detenidos y juzgados, pero sólo dos fueron culpables de la matanza, en 1992. Sin embargo, al año siguiente fueron beneficiados con una amnistía y quedaron en libertad.

Aquel sangriento suceso resultó contrario a los planes de la derecha, del presidente Cristiani, a quien van siempre todas las miradas dirigidas como máximo responsable de la matanza, la presión por parte de la indignada comunidad internacional forzó el dialogo entre gobierno y guerrilla para dar fin a la guerra civil en El Salvador. Desde aquella presión internacional nunca se ha olvidado que el juicio fue una burla, una pantomima que nada tuvo que ver con un juicio responsable. Las voces críticas, entre ellas las de los jesuitas, nunca dejaron de callar contra la resolución y a favor de un nuevo enjuiciamiento, pero el Partido ARENA, en el poder en estos 20 años pasados, nunca lo permitió. Sin embargo, la Audiencia Nacional Española ha reabierto el caso, al admitir a trámite una denuncia presentada por la Asociación Pro Derechos Humanos de España, para investigar a 14 militares de El Salvador en relación con el asesinato de los jesuitas y dos de sus empleadas. El juez ha tomado declaración al que fuera embajador de El Salvador por aquellos tiempos, y ex presidente del Congreso de los Diputados en España, Fernando Álvarez de Miranda, quien ha dicho que el asesinato de los seis jesuitas estuvo auspiciado por las altas esferas militares. Todo esto coincide con un nuevo y diferente contexto político de El Salvador, donde existe un mayoría de derechas, pero que desde el cruel asesinato la izquierda ha ido ganando posiciones con el FMLN como referencia. No obstante, la victoria de la izquierda en las últimas elecciones fue en parte gracias a la moderación, a la mesura en la izquierda reformista de Mauricio Funes, y los intelectuales que lo apoyan. El único candidato del FMLN que no fue guerrillero y que sus simpatías van dirigidas al socialismo de Lula, movimiento socialdemócrata en el que se incluyen a Bachelet o Zapatero, más democrático que el otro grupo izquierdista latinoamericano, populista y pro-soviético, como son Castro, Chávez, Ortega o Morales.

Esta moderación se reparte con las nuevas influencias emergentes en los Estados Unidos y después del fracaso económico capitalista que ha marcado al gobierno de George W. Bush. La llegada de Obama a la Casa Blanca ha contagiado a los salvadoreños de nuevas perspectivas y las esperanzas han sembrado los rancios campos que la derecha del Partido ARENA, donde sólo habita la pobreza, la injusticia y el recuerdo de una terrible guerra civil. A partir de este momento histórico, en el que un presidente de izquierdas ocupa la presidencia mediante las urnas, con los votos democráticos, surgen muchas preguntas y la primera de ellas es si mandará realmente Mauricio Funes o la presión del ala más dura del FMLN lo obligará a cambiar el rumbo, esto sólo el tiempo lo demostrará, mientras tanto, como socialdemócrata, le deseo las mejores de las venturas como presidente de los salvadoreños. La segunda pregunta también es obligada, saber si la oposición de derechas aceptará la derrota democráticamente y no contribuirá a crear un ambiente irrespirable en el país centroamericano, provocando un clima perjudicial para los intereses de El Salvador. Todo está por comprobar, mientras tanto la esperanza se ha adueñado de El Salvador y de sus ciudadanos.







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miércoles, 27 de mayo de 2009

Revolución y dictadura Bolchevique


Lo primero que se me viene a la memoria en asuntos políticos por los años en los que empezaba a darme cuenta de las cosas, aunque no entendía las razones que lo propiciaban, es el poco o nulo uso de la palabra rojo, a la que se había sustituido por colorado en su detrimento. No podría decir quien me aconsejó que usara la definición de colorado por rojo, pero es muy probable que fuera en mi casa, quizás mis padres, de todas maneras era de uso muy limitado, casi me atrevería a decir que esta palabra no se reflejaba en los libros de estudio. Decir rojo estaba maldito, era el color del demonio, del mal de España, de los republicanos, sinónimo de todos los males imaginados y que afectaban por igual al estado. Tengo que admitir que colorado me resultaba de poco estilo, demasiado popular y vulgar, en cambio rojo sonaba a elegante, lo que no entendía era el por qué no solo no se prefería usar la primera definición si no ignorar por completo a la segunda. Después, cuando entendí las razones sobraron explicaciones, el rojo era el color de la sangre, de la confrontación civil; para los fascistas significaba un peligro siempre latente y presente, era necesario eliminar cualquier resquicio, aunque sólo fuera la palabra rojo, sinónimo de comunismo; en cambio, para los derrotados republicanos, la mayoría de los españoles, significaba las dos vertientes, peligro y represión aunque también esperanza.

Las noticias que llegaban con relación a la política que se vivía en el exterior del país lo hacían con cuenta gotas, el régimen se encargaba de no tolerar el contagio democrático, y mucho menos de las ideologías de los países del Este. Todo, o casi todo, llegaba por las ondas clandestinas que se emitían fuera de nuestras fronteras y que ponían al tanto de lo que sucedía y que se convertían en un soplo de esperanza, de ánimo, al comprobar que otro mundo era posible y que estaba cercano, al otro lado de la frontera. Todas estas experiencias, que me resultan haberlas escrito mil veces, no puedo ignorarlas, sería como cortarle un trozo de película a la historia de mi vida. En la niñez recuerdo a mi padre y a mis tíos, emigrantes en Cataluña que regresaban por el verano a ver a la familia, cuando se reunían en el patio de la casa, hablando en tono bajito, casi cuchicheando, pronunciando la palabra comunismo como si se tratara de lo divino y lo prohibido, con miedo y con respeto al mismo tiempo. Una palabra que no significaba nada especial si no es otra cosa que generosidad, compartir, colaborar, cooperar... eso al menos me parecía el significado de comunismo, no entendía por qué tanto miedo ni tanto secretismo. Más aún cuando mi padre me decía que: "no se te vaya a ocurrir contar nada de lo que hemos hablado los titos y yo", y después de haberme mandado a jugar con los primos varias veces, mientras ellos cuchicheaban. La indiscreción de un niño les podía costar muy caro. Luego fueron sucediendo las ocasiones en las que la definición de "Rojos" fue apareciendo de forma esporádica, eso sí, las veces que se pronunciaba era por parte de adolescentes irresponsables, los menos, y por los hijos de los franquistas que copaban los puestos más relevantes de la sociedad, tan represivos e intolerantes como sus propios progenitores. A mí me resultaba engañoso, falso, cuando tachaban a los comunistas de asesinos y gente mala, no podía ser, nunca discutí con aquellos niños franquistas porque infundían miedo, eran agresivos y la mayoría evitábamos el enfrentamiento por consejo de los padres. Pero yo sabía que mis tíos y mi padre eran comunistas, yo los había escuchado hablar en el patio en las tardes de verano y tenía claro que no era así, que no decía la verdad, mi padre era bueno y no como aseguraban los niños franquistas.

Cuando murió el dictador yo andaba por los 15 años, un adolescente inquieto y rebelde, aunque mi rebeldía nunca fue radical, más bien cívica, de lucha constructiva, de manifestaciones contrarias al régimen, demandando democracia y el fin de la dictadura. Unos años que recuerdo agitados políticamente, con Quilapayun, Victor Jara, Jarcha... muchos cantautores y grupos protesta sonando en las emisoras y casetes, y unidos en la complicidad y simpatía con los pueblos latinoamericanos que luchaban por la misma causa. No pasaba un día en el que no aconteciera algún suceso tratando de dinamitar aquel débil proyecto de democracia por parte de la ultraderecha, de los franquistas, que no se conformaban con los nuevos tiempos y que buscaban por todos los medios la confrontación civil, tratando de desprestigiar el nuevo sistema político en construcción, pero no pudieron con los demócratas, éramos más, más tolerantes que ellos y más convencidos de lo que pretendíamos, la libertad y la democracia. No fue fácil y, aunque la transición española fue un ejemplo para el mundo, siempre estuvimos al borde del precipicio político, eso sí, éramos poseedores de la herencia adquirida de nuestros padres y abuelos, éramos conscientes que lo último que pretendíamos era la confrontación civil, el último camino para alcanzar la democracia. Tuvimos suerte, los de un razonamiento no querían venganza por parte de los vencidos, los del otro tampoco querían revivir viejas heridas, aún sangrando todavía y sin cicatrizar por todo lo sufrido, pero el fin de la pesadilla franquista llegaba a su fin.

Las barreras se fueron superando y la libertad de expresión fue llegando con las nuevas libertades adquiridas, era como abrir los ojos a un escenario de ensueño, lo que antaño se vestía de grises, del negro al blanco, con la democracia los colores lucían chispeantes, la palabra colorado quedó para los vulgares y rojo tomaba un protagonismo como nunca antes. Pero la libertad también nos trajo una dura realidad, los sueños que se apoyaban tras el telón de acero se fueron disipando, evaporándose al no encontrar un fundamento que los sostuviera en pie. Mi padre siempre votó, hasta su muerte, al Partido Comunista de España, yo también hice lo propio durante muchos años, siempre convencido de que era lo mejor para las clases obreras, en las que me siento felizmente incluido, y aún después de un tiempo desencantado continué haciéndolo por la memoria de mi padre, tanto respeto me causó siempre que su pensamiento me servía de guía. Hasta que comprendí que posiblemente, si aún viviera, ya habría cambiado de idea respecto a su pensamiento político, al igual que yo, cuando se ama la libertad no se aceptan ideologías dictatoriales, de ningún extremo, y mi padre era un amante de la libertad.

El régimen franquista nos privó de estar al tanto de lo que acontecía en el mundo, además de otras privaciones, y cuando la dictadura nos permitió comprobar lo que se cocinaba al otro lado de las fronteras "se nos cayeron los palos del sombrajo", nuestras esperanzas obreras apoyadas en el comunismo que gobernaba las Repúblicas Socialistas Soviéticas se derrumbaron cuando el muro de Berlín dejó ver las miserias de la dictadura soviética. Siempre recuerdo a Picasso cuando pienso en la terrible desilusión que me dejó la prostituida revolución Bolchevique, cuando rompió el carnet de pertenencia al Partido Comunista, a la vuelta de su primera visita a la URSS dijo que aquello no era lo que él entendía por comunismo. ¿A donde fueron a parar tantos esfuerzos por un mundo más justo? Una vez más el abuso de los hombres y el ansia de poder dio al traste con las esperanzas de muchos. La URSS se convirtió en un imperio a costa de las miserias y la esclavitud de sus ciudadanos, el viejo sueño de Marx, Lenin, Trotsky, Engels, Hegel, Feuerbach y otros derivó en la más cruel y sanguinaria de todas las dictaduras que un tirano pudo nunca llevar a cabo. Stalin consiguió crear de un país tercermundista una de las potencias mundiales capaz de enfrentarse y derrotar a los nazis, y de enfrentarse sin complejos al imperio de los Estados Unidos. Pero el costo de este logro fue el mayor precio conocido por una nación.

Stalin era hijo de un zapatero, pobre y alcohólico, de Georgia, en el Cáucaso. Pero la influencia de su padre en él no parece que fuera de importancia, se quedó huérfano muy joven y lo enviaron a estudiar a un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado por sus ideas revolucionarias. Entonces comenzó su carrera política escindiéndose al Partido Socialdemócrata, y siguió a la facción bolchevique que lideraba Lenin, en su lucha contra el régimen zarista. Fue perseguido por su actividad como militante hasta el triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917, época de la que procede su sobrenombre, Stalin, hombre de acero. La burocracia del rebautizado Partido Comunista y la lealtad a Lenin le hicieron ascender hasta llegar a Secretario General en 1922, aún siendo un hombre sin ideas propias que añadir al partido. Antes de que Lenin muriera, en 1924, había indicado que Trotsky fuera su sucesor, pues a Stalin lo consideraba demasiado cruel y su preferido era un hombre mucho más inteligente y con otras miras democráticas, muy lejos de los pensamientos del georgiano hombre de acero. Sin embargo, su maldad se asemejaba a su crueldad, la que puso en práctica cuando mandó asesinar a Trotsky, después de mandarlo al exilio en 1929 y de alinearse con Zinoviev y Kamenev, al que se impuso maniobrando por el poder del partido que tenía. En su lucha por el poder se disfrazó de argumentos ideológicos, defendiendo a cada bando en una estrategia para consolidar su régimen comunista.

Lo esencial para Stalin era la ambición de poder, poco le importaban los argumentos de la revolución, porque no sólo se conformó con eliminar a Trotsky, en 1940, en México, sino que después de exiliarlo se deshizo del ala izquierda del partido, a los que utilizó para apartar a Trotsky de su camino, a Zinovev y Kamanev los ejecutó en 1936, y dos años más tarde al ala derecha, a Bujarin y Rikov. A partir de ahí instauró un sangrienta dictadura personal con las ideas que usurpó a sus rivales. El tirano Stalin gobernó la URSS hasta su muerte con un régimen totalitario como jamás existió, radicalizó las tendencias bolcheviques y acabó por eliminar del proyecto marxista-leninista todas las ideas democráticas y emancipadoras; negó el más mínimo pluralismo y anuló todas las libertades, y aterrorizó a la población con un instaurado régimen policial. Su disposición estaba clara y eliminó no sólo a los discrepantes y sospechosos, también a todos los que poseían prestigio o influencia propia, disposición que llevó a cabo con sucesivas purgas contra sus compañeros comunistas, lo que diezmó el partido y eliminó a la plana mayor de la Revolución. Colectivizó forzosamente la agricultura y exterminó o trasladó a pueblos enteros para solucionar problemas nacionalistas y sometió a todos a un sistema productivo de estricta disciplina y planificación central obligatoria. Es evidente que consiguió un crecimiento económico espectacular, pero ¿a qué precio? A cambio de inmensas perdidas humanas, del bienestar de la población y sometiéndolos a durísimas condiciones de trabajo y grandes privaciones.

Otra vez la ambición de un dictador usurpó el sueño de muchos, un ejemplo que les sirven a los nuevos dictadores populistas para auparse al poder, para que como antaño nos dejemos llevar por sus promesas y luego, cuando nos tiene sometidos, desencantarnos con la realidad.






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domingo, 24 de mayo de 2009

De la emigración y el Valbanera


Bien podría catalogarme como un andaluz atípico, quizás sea de los pocos a los que no se le van los pies cuando suena un ritmo aflamencado, prefiero otras músicas, tampoco soy bebedor de alcohol, y si a esto le sumamos que no me siento cómodo cuando estoy rodeado de multitudes, son razones más que suficientes para entender que no pierdo la cabeza cuando se trata de hacer una visita al recinto ferial de Córdoba, mi ciudad. El viernes por la noche dio comienzo a una larga semana de festejos en honor a "Nuestra Señora de la Salud", se encendieron las bombillas de la portada, cientos de miles, tal vez millones de lámparas y, tras el impacto y exclamación general, comenzaron los fuegos artificiales, los cohetes pirotécnicos que sembraron el cielo de colorido y provocaron tortícolis a media ciudadanía, después de más de media hora mirando hacia arriba; yo no acudí a la inauguración de la feria, pero supongo que será una copia exacta a cualquier año. En verdad ya hace algunos años que no acudo a la celebración de la fiesta grande de Córdoba, a la que aconsejo visitar alguna vez, mis gustos no restan importancia al buen ambiente que se crea. Las ferias andaluzas, las mediterráneas, las españolas en general, se parecen mucho entre sí, sólo cambian las costumbres, la música y el vino del lugar, elementos suficientes para que tengan identidad propia. Sin embargo, los feriantes, los que llevan el espectáculo o atracción de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, son como otra ciudad flotante, como una marea humana que durante meses, primavera y verano, recorren la piel de toro montando y desmontando las montañas rusas, los circos, los trenes de la bruja, norias, restaurantes, tómbolas...

Las ferias, como todo, han cambiado mucho desde mi infancia. Por aquellos tiempos los trabajadores de las atracciones lo hacían por un misero sueldo y en ocasiones sólo por la comida y un catre que apenas llegaban a utilizar. La labor de feriante siempre fue muy dura , donde casi no existía ni tiempo para dormir; siempre se decía que los feriantes eran gente de mal vivir, marginales que no encontraban otra ocupación y a los que su fama los ponía en el más bajo de los escalafones laborales, y también sociales. Gitanos, excarcelados, desheredados, huérfanos... en este colectivo se aceptaba a quienes no encontraban oportunidad en otros ambientes sociales mejores considerados. Pero, como digo, los tiempos han cambiado, y con él se ha dignificado al feriante, aún así continúan siendo las capas sociales más desfavorecidas y los que no encuentran empleo en otros oficios los que se dedican a ir de pueblo en pueblo, de feria en feria. Ya no son sólo los marginales los que se dedican a esta nómada labor, familias enteras trabajan en sus negocios, de todas las razas habidas en suelo español. No obstante, continúa siendo una dura ocupación y esto ha dado paso a otros colectivos, como son los emigrantes. Desde hace varios días, desde que comenzaron a llegar los feriantes para montar sus atracciones, el centro comercial al que acudo casi a diario y que se encuentra cerca del recinto, ha visto como es frecuentado por una población flotante compuesta de un sin fin de foráneos de distintas culturas y procedencias, y a la mayoría se les nota en sus rostros la dureza de las inclemencias del tiempo, el calor, la lluvia, y las duras condiciones laborales. Casi todos ellos son emigrantes que un día dejaron atrás su país siguiendo un sueño que no acaba de cumplirse y que con el tiempo redujo las esperanzas hasta mínimos, soñadores que no tuvieron más remedio que encontrar cobijo en este mundo nómada.

Uno de estos colectivos de nuevos feriantes provienen de Ecuador, lo deduje por sus atuendos típicos y a los que se les ve en familias enteras, no sé a que ocupación se dedican ni tampoco me ha preocupado que sean de uno u otro país o raza, lo que me llamó la atención fue que tuvieran que venir desde tan lejos para trabajar tan duro y en esas condiciones. Los emigrantes nunca son justamente recompensados, en cualquier parte, siempre quedan para los peores empleos y peor remunerados, un agrio premio a la osadía de cambiar de país, de dejar atrás la familia, obligados por las circunstancias. Desgraciadamente la emigración es un mal social que no es ajeno a ningún pueblo, hoy los españoles nos sentimos con el privilegio de no tener que salir a otros países para poder subsistir, pero no siempre fue así, y cada vez que me refiero a la emigración lo hago también a la mala memoria, para que no se nos olvide que siempre fuimos un pueblo emigrante y que nuestra sangre corre por las venas de pobladores de otros países, descendientes de los españoles que un día tuvieron que abandonar su tierra para sobrevivir y que probablemente lo hicieron como los feriantes de hoy, trabajando duro, de sol a sol y bajo la lluvia... con su familia y su país siempre en el recuerdo.

Como hijo de emigrante que un día fui, no me queda otra opción que la de ser respetuoso y siempre a favor de los que tienen que abandonar su tierra obligados por la necesidad, simpatizante siempre de los emigrantes y de sus causas. Este es el tema que tenía en mente para este artículo, la feria y la emigración, pero en el último post referente a los guanches recibí un comentario de Lázaro Sarmiento, desde su blog Buena suerte viviendo, y en él me decía que le había hecho revivir el viaje que hizo el año pasado a Canarias, la tierra de sus antepasados, de su abuelo Manuel, que llegó a Cuba en 1919, en el famoso buque Valbanera, famoso por el siniestro naufragio sufrido en el puerto de La Habana. Este comentario también trajo a mi memoria todo lo referente a la emigración canaria, tema que me resulta familiar por las historias que me contaban en las islas y por el parentesco existente entre Canarias y toda la América Latina, especialmente con Cuba. Siempre fue un ir y venir de generaciones que no ha dejado a familia alguna fuera de este parentesco generacional, hasta el punto que no se entiende la historia de Canarias y Cuba sin tener en cuenta esta relación tan bienavenida, desde todas las épocas tras la conquista o la colonización.

La historia del Valbanera es un episodio más de esta relación entre islas, la realidad cruel de un tiempo de necesidades convertido casi en leyenda, en mito, que ha quedado como ejemplo de la injusticia que casi siempre tiene la emigración, por que si es verdad que algunos emigrantes encontraron fortuna en otras tierras, para la mayoría fue todo lo contrario, supuso sobrevivir lejos de sus familias. Por aquellos años en los que Cuba recién dejaba de formar parte del decadente imperio español, una de sus últimas colonias, la pobreza en España era generalizada, la miseria y el analfabetismo obligaba a muchos a salir a otros países para escapar, para sobrevivir, y los destinos más recurrentes no eran otros que los latinoamericanos, el idioma y la relación histórica nos hacía siempre mirar para el Atlántico. La historia del Valbanera está llena de misterio, supersticiones, casualidades, premoniciones, y debido a todo esto, entre otras razones, muchos de aquellos pasajeros emigrantes tuvieron la inmensa fortuna de sobrevivir al naufragio.

Las supersticiones que rodearon al buque de la familia Pinillos, propietaria del barco, comenzaron desde el principio, desde 1906. La devoción que sentían por la Virgen de Valvanera, venerada en Extremadura, fue motivo suficiente para bautizar con este nombre al nuevo buque de la compañía, pero un error de ortografía provocó que no fuese así y que acabara llamándose Valbanera. Esta curiosidad ya se había olvidado a los trece años de servicio, cuando naufragó, tal vez fue casualidad pero el detalle volvió al recuerdo cuando se fueron sumando distintas "casualidades". En estos años, trece, no tuvo problemas relevantes cruzando el Atlántico y el Mediterráneo, pero aquel 1919 fue un cúmulo de premoniciones que no tienen mayor importancia hasta que sucede el naufragio y se recuperan los pequeños detalles. El diez de agosto zarpó del puerto de Barcelona y en los archivos consta que no subieron pasajeros, solo mercancías, balas de tejidos; tres días más tarde fue de Málaga de donde zarpó y en esta ocasión fueron 34 los pasajeros que se registraron, junto a frutos secos, aceitunas y varias partidas de vino, a los que se unieron 521 pasajeros más un día después en el puerto de Cádiz. El 17 de agosto llegó a Las Palmas y allí embarcaron 259 personas; 212 lo hicieron en Tenerife un día después y el 21 del mismo mes 106 en La Palma, última escala hasta América.

Todo sucedía como era previsto, no así, ocurrieron varios detalles que fue motivo de alarma para los supersticiosos, en el puerto de Las Palmas una niña se negaba a embarcar, pataleando y gritando que el barco se iba a hundir, claro, esto no se recordaría si no hubiese naufragado, pero tras el suceso no sólo se recuerda el detalle si no también el nombre y apellidos de aquella niña, Ana Pérez Zumalave, que viajaba con su madre y 4 hermanos a Cuba, donde su padre les esperaba. En la isla de La Palma también ocurrió un contratiempo insignificante pero que para los marineros suponía suspicacias de malos augurios, una maniobra brusca del Valbanera provocó que una de sus anclas se soltara y quedara atrapada en el lodo. Otra curiosidad supersticiosa es la que algunos hayan en la carta que el capitán escribió a su esposa y que al parecer la dejó desconcertada: "... de no perder la vida en este primer viaje, a la vuelta tendré el placer de que mi hija me tire de la americana". Tras hacer escala en San Juan de Puerto Ríco, el Valbanera llegó a Santiago de Cuba, donde comienza todo el misterio que envuelve al trasatlántico, fueron 742 los pasajeros que abandonaron el barco de los 1.152, aunque la mayoría tenían billete hasta La Habana, por distintas razones, presagio o premonición, por motivos de trabajo, por cubrir la distancia que les quedaba por ferrocarril... lo cierto es que estos motivos les salvó la vida a muchos pasajeros, entre ellos a la familia de Pérez Zumulave, que decidieron quedarse en Santiago de Cuba ante la actitud de Anita durante todo el trayecto. Lo mismo que a Manuel, de Venegueras, Las Palmas, el abuelo de Lázaro, que por suerte no pereció en el naufragio y creó una familia en la nueva isla.

El mismo día 5 zarpa para La Habana el Valbanera, con 488 personas a bordo y es aquí donde las dudas acechan al capitán Cordero, si sabía que un huracán se estaba creando en el golfo, pero esto siempre son sospechas, la lógica dice que no, que los métodos para predecir la meteorología no eran como los actuales. Lo cierto es que el día 9 por la noche los vigías del Castillo del Morro lo distinguieron entre el viento huracanado que pedía práctico con las luces, con lámpara morse, pese a encontrarse encendida la señal de que el puerto de La Habana estaba cerrado los vigías encendieron una nueva señal y el capitán Cordero, mediante señales morse, indicó que intentaría capear el temporal hasta que amainara, pero estas fueron las últimas noticias que se tuvieron de Valbanera, del que se cree naufragó posiblemente sobre las 23.00 horas del día 9, que seguramente quedó sin gobierno tras la avería del timón y la maquina, la fuerza del viento y la mar lo embarrancaron en un bajo arenoso, en Bajos de la Media Luna, sobre el costado de estribor y cubierto por las olas. No quedaron supervivientes, ni cadáveres encontrados, sus restos fueron hallados 10 días más tarde por el guardacostas de la Marina de los Estados Unidos Uss C203. Sobre la superficie del agua asomaban los pescantes de babor de la toldilla de popa y el mástil de popa, a 12 metros de profundidad y y reposando sobre su costado de estribor. Aún hoy se pueden ver sus restos cuando baja la marea, mientras descansa rodeado de leyendas.












miércoles, 20 de mayo de 2009

Guanches



Siglos atrás, cuando todavía había tiempo y espacio para todo y todos en este planeta, los pueblos aparecían y desaparecían casi de la misma manera, sin hacer ruido, y en la mayoría de los casos su existencia cultural quedaba reducida a una romántica leyenda del pasado, que con el paso del tiempo se alejaba cada vez más de la realidad. Aún hoy descubrimos muy a menudo, y de maneras casi fortuitas, restos de lo que fueron asentamientos bien organizados y que por distintas razones desaparecieron para perderse centímetros, metros, bajo el suelo que pisamos. Muchas de estas existencias quedarán más para el recuerdo y la imaginación que para la historia, por la falta de datos que nos pongan al descubierto las verdaderas normas de convivencia y costumbres que aquellos pobladores mantenían siglos atrás. Sin embargo, la mayoría de las veces sólo aparecen los primitivos muros acompañados de utensilios primarios y, en limitadas ocasiones junto a viejos símbolos de adoración, que son los menos, quizás porque los dioses de antaño eran tan naturales que formaban parte de la misma naturaleza, los pobladores no desaparecen, se suceden, y lo que creemos desaparecido, aniquilado, por otras culturas o invasiones, sobrevive aún en sus descendientes adaptados a otro tiempo, ajenos a nuestra creencia.

Unos de estos pueblos "desaparecidos", y lo digo entre comillas por lo de la creencia, no así en realidad, son los guanches canarios. El romanticismo que provoca su, en parte, desconocimiento, nos lo hace siempre atractivo y presa fácil de la imaginación, por las supuestas posibilidades de cómo llegaron hasta el archipiélago los primeros pobladores, de las incógnitas, de las preguntas sin respuesta que nos van enredando, girando al rededor de un punto de partida dentro de un mundo reducido a siete islas, eternamente maravillosas. De lo poco que siempre queda, y en los casos que tratan de la edad de piedra mucho más, los investigadores dan por hecho que los primitivos pobladores canarios eran descendientes de los beréberes, de raza blanca y del norte de África. Hasta hace poco se desconocía cómo llegaron hasta las islas y dentro de las suposiciones estaban las más románticas, que si llegaron huyendo de un pueblo invasor, que si lo hicieron buscando nuevas tierras... siempre dentro del romanticismo. Pero las últimas creencias de los investigadores los ponen que llegaron en barco, aunque no se les cataloga como marineros, incluso hasta se cree desconocían las artes de navegación para comunicarse entre islas. Llevados allí tal vez para formar una colonia, quizás por los fenicios o púnicos, supuestamente con fines industriales o comerciales en la fabricación del garum, y que es muy probable fueran abandonados en el archipiélago tiempo después. Lo de la edad de piedra no es porque su existencia se extienda hasta la prehistoria, si no por que su forma de vida parecía estar anclada en esa época, se cree que los primeros pobladores llegaron a las islas no hace más de 20 siglos y el conocimiento del archipiélago y su situación geográfica se alarga en el tiempo sólo algunos siglos más, fueron los griegos los que las llamaron las Islas Afortunadas, tal y como se le conocen todavía en la actualidad.

Ésta no es la primera vez que escribo sobre los guanches, un tema siempre apasionante por lo cercano que me resulta, por los años vividos por aquellas islas y tan agradables para mis recuerdos. Así que, para no repetirme, en esta ocasión copiaré literalmente un extracto de un capitulo perteneciente a mi segunda novela, La Reina del Puerto, escrita en el 2006, y que como algunos de mis lectores conocen la ambienté en la isla de Tenerife. Este dialogo lo construyen dos personajes, Carmelo, el conserje de una pensión familiar que pasa las horas muertas de las madrugadas esperando "alguna presa" con quien compartir un rato de charla, y Román, "la víctima", un foráneo que llega a Garachico y se hospeda en la pensión Caracas. Dice así:

- El tema de los guanches es muy interesante, a mi me apasiona, claro, es la primitiva cultura de mi pueblo.
-¿Debe de ser sumamente interesante?- preguntó Román.
-¡Ya lo creo que sí!- exclamó Carmelo, con los primeros síntomas de estar dispuesto para contarle a Román la historia, o parte de ella, de los antiguos habitantes de las Islas Canarias.
-Pero según tengo entendido, desaparecieron con la colonización y no se conocen sus costumbres, ¿o no es así?- preguntó Román.
-¡Los guanches no desaparecieron! –exclamó Carmelo con rotundidad- Se perdió el idioma, la cultura, pero quedó la gente, eso sí, saber quien es más o menos guanche eso es otro cantar.
Los guanches eran los habitantes de todo el archipiélago, no como mucha gente creé que sólo eran de Tenerife, porque se denominaban así a los moradores de esta isla.


Al principio de la conquista y colonización de las islas eran denominados según de cual ínsula procedían, canarios de Gran Canaria, guanches de Tenerife, palmenses de la palma… aunque todos los nativos tenían un origen en común, con el tiempo se ha terminado por emplear el nombre guanche para definir a todos los aborígenes de Canarias.
Algunos cronistas cuentan que eran gente muy alta de estatura, pero creo, por los historiadores, que no era para tanto. Sí está claro que existían dos razas, la cromañoide y la mediterránea, la primera es de cara ancha y robusta, y de cráneo alargado y estrecho; y la mediterránea de cara alta y delicada, y el cráneo corto y ancho.
Los guanches eran gentes de palabra, compasibles, valientes y defensores de la libertad. Entre sus conocimientos, en contra de lo que pudiera parecer, no entraba la navegación a pesar de estar rodeados de agua por todas partes, y tampoco se comunicaban entre sí, entre isla e isla.
Los capellanes de Juan de Bethencourt escribieron refiriéndose a ellos: “Id por el mundo y no encontrareis en parte alguna gente más hermosa y mejor formada que la que se halla en estas islas, así hombres y mujeres siendo grande su entendimiento si tuvieran enseñanza”.


Román comenzaba a interesarse por la cultura guanche y, Carmelo había conseguido de nuevo atraparlo entre las garras de sus relatos, como en la anterior ocasión en la que le puso al día de toda la historia de Garachico, en ésta tampoco le permitió escapar cuando empezó con la de los guanches, pero ya era tarde, estaba encantado con la cultura de los aborígenes canarios y para nada pretendía cortar la atractiva narración con la que Carmelo le estaba agasajando.
-Era un pueblo bien organizado, según tengo entendido… ¿realmente era así?- preguntó Román.
-Sí- respondió Carmelo-, en lo político y social, se sabe que cada isla estaba gobernada por reyes o príncipes llamados de distinta manera, por ejemplo en Tenerife se le llamaba Mencey y en Gran Canaria Guanarteme, también se conoce que, en esta isla, existían tres capas sociales. Los Acbimenceyes eran de un rango por debajo del Mencey, los nobles Acbiciquitza, Acbicaxna a los villanos, y los consejeros o capitanes del Mencey eran conocidos como Sigoñe.

El Tagoror era una plaza construida en piedra y en forma de círculo donde se trataban los diferentes asuntos y se administraba justicia.
En ella se celebraban los acontecimientos más importantes, como el nombramiento de los nuevos menceyes. Durante la ceremonia, el que sería nombrado, pronunciaba unas palabras, un juramento que decía así: “Agoñe Yacoron Yñatsahaña Chacoñamet”, y que traducido quiere decir: “Juro por el hueso de aquél que me hizo grande”.
Todos los hombres podían llegar a ser nobles, pero se le exigía unos meritos personales indispensables. Durante el acto ceremonial de nombramiento se preguntaba si robó en tiempos de paz, si había cocinado con sus manos, si alguna vez fue deshonesto con las mujeres, si ordeñó cabras y si mató en alguna ocasión, para que el nombramiento se hiciera efectivo tendrían que dar negativo las respuestas, pero si era lo contrario, quedaría en villano para siempre además de hacerse merecedor del apodo “trasquilado”.

Con respecto a la justicia las leyes eran diferentes en cada isla, y pasaban desde, El Hierro, donde le sacaban un ojo al que robaba y el segundo si reincidía, en Gran Canaria mataban al asesino y encerraban al ladrón, en Fuerteventura le escachaban la cabeza con una piedra al criminal, o aquí, en Tenerife que no eran tan crueles, al menos la pena de muerte no existía, pero si castigaban fuertemente, severamente, al que faltaba el respeto a las mujeres y de igual manera al ladrón, al asesino le embargaban los bienes para indemnizar a la familia de la victima y lo exiliaban del menceyato de por vida. En cambio, en La Palma ser ladrón era motivo de admiración y no lo castigaban, lo consideraban un arte, el arte de robar.
-¡Que curioso! ¿Verdad? ¡Considerar un arte al hurto!- exclamó Román.
-Desde luego, tratar como a un artista al ladrón no es algo noble, ni digno, pero en el fondo para ser un buen usurpador hay que ser pícaro, y la picaresca en este país nuestro siempre se miró, depende donde, con simpatía y gracia- dijo Carmelo.
-En eso estamos de acuerdo, el pícaro siempre ha disfrutado del beneplácito del pueblo llano a lo largo de la historia y en casi todas las épocas, sin ir más lejos, hay palabras como artero, que significan mañoso, astuto, y que lo dicen todo- dijo Román.
-De todas maneras, hoy por hoy, llamar artista a un ladrón no es lo común en estos tiempos-decía Carmelo-, pero en aquellos de los que hablamos, con el hambre y las necesidades que existían, habría que mirarlo desde otra perspectiva, aunque no dejara de ser una apropiación indebida.

Imagínese como vivían, las casas las construían de piedra y el techo con hierbas secas, o en cuevas, habitáculo muy recurrente debido a la orografía de las islas. También fabricaban vasijas y otros utensilios en cerámica, bien decorada y en distintos colores. Se dedicaban al pastoreo y a la agricultura, donde las mujeres desarrollaban su tarea ayudando a los hombres, mientras ellos labraban y cavaban la tierra con cuernos de cabra, como herramienta, ellas depositaban las semillas de trigo, cebada, habas…el agua, para ellos era un bien escaso, tenían conciencia de ello y lo mismo sabían aprovecharla y cuidarla.
Los tamarcos, los trajes que elaboraban y vestían, lo hacían con pieles de cabra u ovejas, y parece que bien confeccionados, siempre según los cronistas de la época y los historiadores que nos lo cuentan. El Padre Espinosa nos dice que estos trajes eran usados tanto por hombres como por mujeres, pero que ellas se colocaban debajo del tamarco una especie de saya de cuero gamuzado, porque llevar al descubierto los pies y los senos era deshonesto; y el calzado, llamado xercos o mabo, depende en que isla, lo mismo que el vestido se fabricaba en piel.
-¡Parece que no eran tan salvajes como se pudiera pensar!- dijo Román.
-No, a pesar de estar en la edad de piedra. Y sacaban provecho de lo que la naturaleza les proporcionaba.


Los alimentos provenían del ganado, de las cabras, ovejas, cerdos… eran los animales domésticos que poseían, de ellos sacaban la leche, queso, manteca y su carne, aunque sobre los cerdos muchos cronistas hablan que los consideraban animales sagrados. Pero no sólo de origen animal era su alimentación, también vegetal, del trigo, cebada y habas extraían el gofio, tostaban los cereales en recipientes de barro, para triturarlos después en molinos de piedra, además de recolectar fruta como los higos, dátiles, la miel de Mocán, harina de raíces de helecho, o frutos del mar como el marisco y pescados que cogían con redes hechas con hojas de palmera o juncos.
No solo de cerámica fabricaban los utensilios, lo mismo, de madera hacían los cuencos, peines, zurrones de piel de cabrito, bolsos de cuero, sacos de juncos, punzones para cocer el cuero, agujas de espina de pescado, cuchillos de piedra de obsidiana; para saltar los barrancos usaban una lanza muy larga y bien pulida, y como arma de guerra, en Tenerife, el banot, una especie de jabalina que en Gran Canaria tenía el nombre de el magado, también usaban las tabonas, piedras cortantes que eran las primeras en utilizar en la lucha cuando se enfrentaban. Pero no solo para la guerra vivían los guanches, de igual manera para el disfrute y la fiesta. ¿Sabe usted, Román, que hasta tenían una casa donde se juntaban para cantar y bailar?
-¡Sin duda, un pueblo inteligente!- exclamó Román.
-¡Ya lo creo! Sus cantos eran tristes, amorosos, dolorosos… y el nombre que recibía era endechas, que por cierto se hicieron famosos en Europa, y otra cosa curiosa es que cuando empezaban las fiestas, si estaban en guerra, era costumbre de hacer treguas de paz para celebrarlas y disfrutarlas.

Para unirse en matrimonio solo se necesitaba la conformidad de los dos consortes y para separarse, con que uno lo quisiera era suficiente, el único inconveniente es que los hijos del matrimonio desecho se consideraban ilegítimos frente a los del nuevo emparejamiento.
El idioma entre islas era de un origen común, aunque existían sus dialectos, pero todos hablaban con acento suave. Los templos o lugares sagrados los tenían todas las tribus y el ser supremo en el que creían, según donde, se llamaba Aborac, o Acoran, y también por supuesto sus demonios como Guayota, y que moraba en el volcán del Teide, echeide o infierno. En el archipiélago, al igual que en otras partes del mundo como Egipto o Perú, también embalsamaban a los difuntos, según Abreu Galindo y Espinosa lavaban a los muertos y le introducían durante quince días seguidos, mientras se secaba al sol, un liquido por la boca que consistía en manteca de ganado derretida, polvos de brezo y piedra tosca, cáscara de pino y otras yerbas, antes de envolverlo en cueros y dejarlo en la cueva funeraria sobre un tablón de tea. Otros los enterraban en cuevas, sin más, y también existía una tribu en Gran Canaria que lo hacía en túmulos.
-¿No se conoce el origen o procedencia de los guanches?- preguntó Román.
-Hasta no hace mucho tiempo existían diversas teorías, que si el origen era vikingo, que si griego, romanos, fenicios, cartagineses, egipcios, líbicos…como ve de casi todas las culturas existentes se llegó a pensar que procedían, pero ya parece que se va aclarando el origen. Según sus costumbres, por los enterramientos, se creé que los cromañones provenían del norte de África o de Francia, o simplemente eran dos pueblos hermanos, aún no se sabe como llegaron a las islas, pero se supone que debido a las corrientes marinas de África hasta las islas y que pudieron hacerlo en embarcaciones rudimentarias.
-¡Vaya! Que curioso, como los cayucos de hoy en día, los que utilizan los emigrantes- dijo Román.
-Sí, eso parece. Porque las tribus beréberes no son árabes, son rubios y morenos de raza blanca que llegaron al norte de África, y hace muchos siglos fueron invadidos por los árabes, aunque aún conservan sus costumbres e idioma, con los que tenían mucha similitud los antiguos guanches.

La conversación con el marido de Rosalinda lo había absorbido de tal manera, que ni el cansancio ni el reloj fueron merecedores de la mínima atención por parte de Román, que estaba encantado con lo que el bueno de Carmelo le estaba contando y que lo tenía entusiasmado.



domingo, 17 de mayo de 2009

Alma mexicana (3ª parte)

La fama que iba adquiriendo Diego Rivera con sus murales influyó de manera significativa y a la par como personaje político, sin duda por su pertenencia y compromiso con el Partido Comunista Mexicano, ideología que por aquellos años significaba una esperanza para las clases sociales más castigadas. Las corrientes marxistas, en concreto el comunismo, se vislumbraban como el futuro y el fin a tanto caudillismo e injusticias, aunque con el tiempo se encargaría de demostrar que tampoco era la panacea, al contrario, se transformó en otra endémica enfermedad social con los mismos tintes represivos, dictatoriales y oligarcas. Claro está que nunca se puede comprobar lo que de bueno o malo tienen las formulas bien-intencionadas hasta que no se llevan a la práctica, porque una cosa son las doctrinas y otra llevarlas a cabo; pero el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor y siempre hay que contar con ello. Sin embargo, el fracaso de las extinta URSS no mancha las buenas intenciones de quienes creían que la doctrina de Marx pudiera haber sido un bien para la humanidad y un comportamiento más justo de lucha contra lo establecido, sigo pensando que las soluciones siempre pasan por la moderación, y aún así, la actitud del hombre dice la última palabra, por encima de su pensamiento y la necesidad de justicia.

De Diego Rivera se me antoja que todo lo que tenía de grandullón, de obeso, lo repartía a partes iguales con su nobleza, su figura pícnica-atlética dice que se trataba de un hombre bonachón y presumido, aunque siempre existen excepciones. Por supuesto que me puedo equivocar, es probable, pero mi convencimiento me lleva a pensar que se trataba de un inconformista con lo establecido, que se inclinaba por las clases sociales más desfavorecidas, lo demuestra su mirada a los indígenas, a las raíces de su pueblo, a las costumbres cotidianas y, si ya era rebelde, mucha culpa de esta influencia comunista la tuvieron sus años por Europa, por París, donde la mayoría de artistas e intelectuales sucumbieron a las corrientes políticas que llegaban del Este, a las teorías de Carlos Marx; un ejemplo claro es el de Pablo Picasso, que también perteneció al partido comunista, hasta que en un viaje a una de las repúblicas socialistas soviéticas después de la segunda guerra mundial, y tras la comprobar la realidad, rompió dicho carnet de afiliación, alegando que lo que vio nada tenía que ver con lo que pensaba y su manera de entender el comunismo. No obstante mi percepción sobre la personalidad del ilustre mexicano no garantiza que compartiera punto de vista con su homologo malagueño, es más, un rumor aseguraba que los dos maestros de la pintura chocaron, que discreparon en la manera de entender algunos conceptos. Lo cierto es que, al contrario que Picasso, Rivera mantuvo sus buenas relaciones con la URSS hasta los últimos días de su existencia.

El tiempo transcurría y las vidas de Frida y Diego, discurrían por causes distintos, pero cercanos físicamente, ya se conocían y compartían escenario por aquellos días en la Escuela Nacional Preparatoria, el maestro trabajaba en sus obras más representativas y la joven y rebelde alumna continuaba con su aprendizaje en distintas técnicas, como la del grabado con Fernando Fernández Domínguez, en 1925. De la misma manera que 1922 marcó la carrera del maestro muralista, el de 1925 lo fue para Frida, el accidente que sufrió el 17 de septiembre de aquel fatídico año decidió su vida y su obra. La fortuna la eligió con lo mejor y lo peor, porque si la castigó con tanto sufrimiento por aquel ingrato accidente, como recompensa por su entereza y ejemplo para enfrentarse a las adversidades le regaló la inmortalidad. El choque del bus en el que viajaba con el tranvía la dejó con lesiones que le marcarían de por vida, su columna vertebral quedó fracturada, casi rota, al igual que su cuello, la pelvis y diversas costillas; se le dislocó el pie derecho, un hombro descoyuntado y un maldito pasamanos se le introdujo por el costado izquierdo y le atravesó el vientre. Pero la providencia tenía decidido que no eran en aquellas circunstancias en las que se despediría de este mundo, le tenía reservado un hermoso pedestal en la galería de las figuras ilustres. Fueron 32 operaciones quirúrgicas las que la torturaron a lo largo de su vida y diversos corsés de distintos tipos y variados mecanismos de estiramiento los que la martirizaron, a los que se entretenía en pintar de modos diferentes. Al año siguiente pintó su primer autorretrato, el aburrimiento en su postración le llevó a empezar a pintar y lo hizo expresando los eventos de su vida y las reacciones emocionales que surgían de ellos, estirada en su cama o en el baño, así fue como realizó la mayoría de sus pinturas. Me imagino que la influencia de su padre, en la recuperación cuando sufrió la polio en su niñez, tuvo que ver mucho en la forma y rapidez con la que se recuperó, apoyada en su gran fuerza y las ganas por vivir. Esa energía hizo que de nuevo recuperara la capacidad de caminar y de la mano de una amiga intima se introdujo en los ambientes artísticos de México, en los que conoció, entre otros, a Tina Modotti, la conocida artista, fotógrafa, y de ideales comunistas, y de nuevo la vida la vuelve a encontrar con Diego Rivera, pero en esta ocasión derivó en unión matrimonial, casi tres años después de su cruel accidente, el 21 de agosto de 1929, el mismo año que lo expulsan a él del Partido Comunista Mexicano.

Aquel matrimonio fue llamado como el de un elefante con una paloma, por lo voluminoso que Diego parecía al lado de Frida, de construcción pequeña y delgada. Nada significó en su unión las diferencias físicas entre la pareja, ni siquiera la infidelidad que ambos se dedicaron, porque si él era un mujeriego y no tuvo reparos en mantener relaciones con su hermana Cristina, por parte de ella no fue una actitud muy diferente a la de Diego, indistintamente de los sexos, pues le atraían tanto hombres como mujeres. De todas maneras y a pesar de las aventuras de Diego su ayuda fue decisiva en muchos aspectos, él fue quien le sugirió que vistiera el tradicional traje mexicano de vestidos largos y alegres colores y la joyería exótica que Frida lucía, fue la imagen de marca creada por Rivera, amante de la pintura de su esposa y su mayor admirador, a cambio, ella, se convirtió en su mayor crítica. La fama y reputación de Diego Rivera los llevó a viajar a los Estados Unidos un año después, donde fue invitado para la realización de varias obras, entre Nueva York y Detroit, pero su temática comunista, siempre controvertida, desató importantes contradicciones y críticas con los propietarios que encargaron sus obras, con el gobierno y la prensa de aquel país. Quizás el suceso más controvertido de toda su vida fue cuando John D. Rockefeller Jr. lo contrata para la realización de un mural en el vestíbulo del edificio RCA en Nueva York. En el edificio principal de un complejo que se denominaría "Rockefeller Center", el edificio se alzaba como uno de los emblemas del capitalismo y para aquella ocasión Rivera creó "El hombre en una encrucijada", pero cuando estaba a punto de concluirlo a Rivera se le ocurrió incluir un retrato de Lenin y la controversia fue inmediata. Rockefeller interpretó aquella osadía como un insulto personal y mandó cubrirlo, para más tarde destruirlo. Pero el maestro de Guanajuato no se dio por vencido y en 1934, a su vuelta a México, de nuevo recuperó el proyecto y pintó "el hombre en su encrucijada" en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes de México.

Dos años después de su regreso de los Estados Unidos, Diego solicita al presidente Cárdenas asilo político para el revolucionario ucraniano León Trotsky, que se concreta al año siguiente y es recibido en Coyoacán, en la Caza Azul de Frida Kahlo, junto a su esposa. Pero en esta ocasión es ella la que le paga con la infidelidad a Diego, cuando mantiene una relación con el ucraniano exiliado, y para 1939 el muralista se distancia de Trotsky y se separa de Frida, para volver a casarse un año más tarde. Tras el asesinato del líder comunista, a manos del estalinista Ramón Mercader, ella es acusada de asesinato, tanto Frida como Diego fueron arrestados y finalmente quedaron en libertad. Pero la carrera pictórica de la Kahlo comenzaba a fraguarse poco antes de aquel suceso, en 1938 el poeta y ensayista del surrealismo, André Bretón, califica su obra de surrealista, cuando escribe sobre la exposición que hizo en la galería Julien Levy de Nueva York. Un año más tarde, en 1939, expone en París en la galería Renón et Collea gracias a Bretón. En aquella visita a la capital francesa conoció a Picasso y fue portada de la revista Vogue, por entonces Frida ya era conocida en el mundo entero. Fueron tres las exposiciones de Frida, la tercera se realizó en México y fue apoteósica, su salud era ya muy delicada y los médicos le prohibieron asistir a la presentación pero, pasados unos minutos de que todos los invitados estuvieran presentes, un sonido de sirenas desde el exterior provocó que la muchedumbre enloquecida saliera para ver cómo escoltada por motocicletas Frida Kahlo fue llevada a su exposición en una cama de hospital. Todos quedaron impresionados, la colocaron en el centro de la galería y allí la multitud fue a saludarla, contó chistes, cantó y bebió durante toda la tarde.

Aquel mismo año, 1953, le amputaron una pierna por debajo de la rodilla debido a una infección de gangrena, que la sumió en una grave depresión y que la llevó a intentar el suicidio en dos ocasiones. Para entonces ya no tenía fuerzas, mucho más duro que las frustraciones padecidas tras todos los abortos que sufrió. Según la crítica de arte Raquel Tibol, en una ocasión Diego le confesó, cuando comían juntos en una mesita frente a la cocina de Coyoacán, con lagrimas en las mejillas, que había pensado que "si pudiera la mataría", para evitarle el sufrimiento. Murió en la Casa Azul, en Coyoacán, el 13 de julio de 1954. No se le realizó ninguna autopsia y las últimas palabras de su diario fueron: "Espero que la marcha sea feliz y espero no volver nunca más". Por su parte, Diego, se casó de nuevo al año siguiente de la muerte de Frida, con Emma Hurtado, y viajó a la Unión Soviética para ser operado quirúrgicamente. Falleció el 24 de noviembre de 1957, también en Coyoacán y sus restos fueron depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres, contradiciendo su última voluntad.













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miércoles, 13 de mayo de 2009

Alma mexicana (2ª parte)

Frida Kahlo fue una mujer que transformó su vida pintándose a si misma y a sus circunstancias, convirtiéndose en un mito, una leyenda, que rebasa con creces la imagen que creó de sí, en una de las obras más sorprendentes e importantes de su tiempo. Nunca se podrá alcanzar a saber con exactitud hasta que punto su obra habría tomado la resonancia que hoy disfruta, y si habría sido reconocida de no haber coincidido en tiempo con Diego Rivera, y como extremo, si no habría abandonado sus pinceles y lienzos en un rincón de la casa azul, para que el tiempo implacable los hubiera devorado, consumido, en la más ingrata de las posibilidades... por fortuna no fue así. Las suposiciones siempre andan en el filo de la navaja, de lo posible y de lo increíble, de lo asombroso y de lo inimaginable, como hubiera sucedido con la realidad, en caso de haber sido supuesto. Es difícil aceptar una realidad distinta a la que vivimos, quizás porque ésta nos obliga a no idear otra distinta. Es imposible separar su obra de su vida, porque forman una sola, pero aún así, ¿su pintura hubiese sido motivo suficiente para haber sido reconocida en todo el mundo? ¿Acaso la influencia de Diego Rivera fue más importante que su propia obra? Sin duda. No obstante, la obra de Frida Kahlo no deja indiferente a nadie, apoyándonos o no en lo que su biografía comparte con el maestro muralista, su pintura es interesante porque lo es su vida y esta no es sólo Rivera, fue su singularidad y su personalidad, lo que da luz y fuerza a sus pinturas.

Ya apuntaba en la primera parte de estas dos almas mexicanas, que quizás la figura de Frida era más llamativa que la de Diego Rivera, la luz que irradia la Kahlo, como personaje mítico, no la proyecta Diego, más estudioso, de otro nivel técnico, más inquieto en cuanto a la pintura como método artístico y mucho más discreto a los ojos de los demás; un visionario, uno de los famosos artistas de su época, su obra resta protagonismo al creador. Sin embargo, la capacidad de superación y de lucha de esta enérgica mujer opaca la genialidad de Rivera cuando comparamos sus biografías, o sólo las analizamos. Frida hace que nos olvidemos por un momento del genial muralista, nos atrae por encima de todo su manera de entender y aceptar las circunstancias y la forma de expresarlas, de mostrarlas a los demás por medio de sus pinceles, esas características y personalidad es lo que, como un imán, nos arrastra hacia ella sin distraernos con lo que rodeó su vida. Es muy probable que el mundo no hubiera tenido constancia de Frida y su obra de no haber influenciado el genio de Guanajuato en su vida, pero una vez que la mostró de su mano, nadie podrá negar su protagonismo.

Su creatividad e imaginación la llevaron a improvisar su propia libertad, como arma defensiva, tratando de esquivar y superar su ingrata realidad, una vida llena de dolor. El escritor Carlos Fuentes cuenta una anécdota vivida cuando una noche estaba en el Palacio de Bellas Artes de México y la obra que se interpretaba era la ópera Parfisal de Wagner: "Estaba sonando la obertura cuando de repente un ruido que sonó en el palco silenció a la orquesta, todos miramos hacia los palcos y vimos la magnifica entrada de Frida Kahlo, adornada con todas aquellas joyas, collares, anillos, brazaletes, tintineaban como si todas las campanas de la catedral se hubieran puesto a repicar a la vez, para minimizar la debilidad de su cuerpo, de hecho su cuerpo estaba tullido, un cuerpo casi siempre inmóvil, pero que ella le daba vida con sus joyas y vestidos. Ella era su propia obra y, aquella noche, en el palco, fue más fuerte que Wagner". Era su manera de luchar contra el desencanto y el dolor, no solo en su estética personal, que nos atrae y se nos muestra siempre de manera poco discreta, pero con elegancia propia, en ocasiones como una diosa o como una reina, pero siempre femenina, sensual, sin aparentar su parte masculina de su condición bisexual. Cuando era joven quería ser un chico, o al menos eso aparentaba cuando se vestía de hombre, con traje y corbata, lo que parecía original, pero al mismo tiempo un tanto traumático para una familia tradicional como la suya y en especial para su madre, tan conservadora. Un riesgo, una provocación la que mostraba con su actitud vistiendo de esa manera, pero a ella no le importaba, se mostraba como le apetecía y lo demostró a lo largo de su vida, que fue un riesgo y provocación constante para lo establecido.

Nacer y morir en la misma casa, en México, se dice que es una bendición, y ella disfrutó de esa bendita posibilidad, quiso morir en la misma casa donde vivió y nació, 47 años antes, la Casa Azul, en Coyoacán, a las afueras y al sur de la ciudad de México. La misma que su padre construyó, un judío alemán refugiado, fotógrafo que trabajaba para el gobierno mexicano documentando la arquitectura colonial; decía que no le gustaba hacer retratos, que no le gustaba mostrar las cosas feas que había hecho dios. El matrimonio de Guillermo Kahlo con Matilde Calderón dio al mundo cuatro hijas y Frida, la más pequeña, era su favorita, a la que tenía por más inteligente que sus otras hermanas. Frida siempre lo acompañaba en su trabajo, cuidaba de él cuando le daban los ataques epilépticos que sufría, se caía al suelo y ella le metía unos algodones en la boca para que no se mordiera la lengua. Aquellos ataques que su padre sufría le enseñaron de niña lo vulnerables que somos, lo corta que podría ser la vida y lo peligrosa. Su madre, Matilde Calderón, fue una mestiza india de Oaxaca, de ascendencia española y de religión católica, era profundamente devota al igual que infeliz. Cuando era joven estaba enamorada de un chico que se suicidó y nunca pudo superar aquel trance, Frida decía que su madre estaba histérica por descontento, porque no estaba enamorada de su padre, y que la causa de su histerismo no era otra que la religión. Es evidente la relación de mestizaje en cuestión de religión y lo que tuvieron en común Kahlo y Rivera, porque si él era descendiente de judíos y educado en el catolicismo, que llegó a negar la existencia de dios; en el caso de ella bebió de las dos fuentes, para no agarrarse a ninguna, y del mismo modo ella se rebeló contra la religión católica, junto a su hermana Cristina, molestando a la familia con sus bromas cuando eran niñas.

Su vida parecía estar marcada por el dolor y con sólo seis años tuvo su primer contratiempo respecto a su salud, un fuerte dolor en la pierna izquierda fue el piloto encendido para el diagnostico que se evidenció con las pruebas medicas, que fue diagnosticado como polio. Fueron nueve meses encerrada en casa recuperándose, a causa de la enfermedad le quedó una secuela en el pie que disimulaba con naturalidad y sin problemas. Fue su padre quien le ayudó a superar aquella enfermedad y cómo enfrentarse a ella, a superar la pena y la soledad, de una manera que se consideraba poco digna para una dama, con coraje, peleando, boxeando y nadando.

En 1920 terminó la guerra que sufría México pero la revolución continuó transformando el país, y un nuevo y radical nacionalismo se alzó en contra de los viejos ideales europeos, que celebraban la herencia indígena de la nación. La vitalidad contagiosa de aquellos días también entró en las aulas, compartida con profesores y alumnados, por supuesto que de la misma manera los nuevos aires se colaron en el hervidero pos revolucionario de los intelectuales, la Escuela Nacional Preparatoria. Frida se convirtió, aupada por la historia, en una de las primeras mujeres que ingresó en la escuela, con 15 años se encontró envuelta en los rigores y pasiones de la mejor escuela secundaria de México, aprendió a leer en tres idiomas y conoció y se enamoró de Da Vinci y Wigman, a la par de sus primeros deseos y sueños de ser medico. Frida y sus amigos estudiantes, los que se hacían llamar los "Cachuchas", discutían sus argumentos sobre Marx y la religión en los pasillos de la escuela, no soportaban el aburrimiento y para luchar contra él una vez hasta llevaron un burro a la clase de una profesora conservadora, incluso le prendieron fuego a los andamios de los pintores que estaban decorando la escuela. El centro educativo había sido elegida para un ambicioso proyecto pos revolucionario en la educación pública, el plan era cubrir las paredes públicas con grandes murales que relataran la reciente y nueva historia del país, y allí conoció al que sería el gran amor de su vida.


















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domingo, 10 de mayo de 2009

Alma mexicana (1ª parte)


La mañana del día 21 de diciembre de 1969 la recuerdo fría, helada, el agua salía con dificultad por el grifo, el único que había en toda la casa, del patio de donde vivía mi amigo Salvador Valverde, caía sobre un barreño de zinc rebosante de espuma que soltaba la ropa enjabonada, esperando a ser aclarada por las manos de la madre de mi amigo. Yo aguardaba a que él se acabara de vestir para irnos a jugar a las huertas, entre frutales desnudos y batracios adormecidos, en el canal de riego, era invierno y no había pájaros anidando, ni lagartijas, ni avispas con las que jugar... estábamos en vacaciones navideñas. El caer constante del agua formaba parte de la sonoridad de la escena, aunque en segundo plano, como efecto especial, la banda sonora se escuchaba con menos intensidad y por la ventana del comedor que daba al patio, "El Gato, el que está triste y azul, de Roberto Carlos, se colaba por todas las rendijas aquel año en el que yo cumplía una decena, dos menos desde la muerte de Diego Rivera; mis manos cogieron un libro de Juan, hermano algo mayor de mi amigo, y mis ojos se recrearon en una ilustración, casual, abrí al azar y la página me mostraba la fotografía de una obra esplendida, El Tianguis de Tlatelolco, que Diego Rivera pintó en 1952, en el Palacio Nacional de la ciudad de México. Era la primera ocasión en la que el pintor mexicano se presentaba a mi curiosidad, casi una década antes de que el gusanillo de la pintura me conquistara sobremanera.

Por descontado, lo que me atrajo de la obra pictórica de Rivera fue su contenido colorista, los indígenas en el mercado no me enseñaban nada histórico, era demasiado joven para entenderlo, más bien me engatusó que se asemejaba a un "TBO de indios", cómic de aventuras, que desbordaba mi fantasía, la multitud en movimiento sobre un escenario cercano a la ciencia ficción.
Pasado el tiempo, me pierdo en él cuando trato de marcar una fecha más o menos certera, cercana, de cuando me interesé por el mexicano universal y por su obra, y dentro de esas dudas si fue antes o después, o a la par, de Frida Kahlo. Tengo que reconocer que en este país de pintores, e influido por la cercanía de los clásicos del renacimiento italiano y por los movimientos de vanguardia parisinos, flamencos, holandeses, simbolismo inglés... uno no acaba nunca de girar a sí mismo hasta que en un impulso salimos de esta espiral europea para tropezarnos con otros mundos, otras escuelas y otros genios, que tardamos más en encontrarnos con su obra pero que cuando lo hacemos es de la manera más grata y sorprendente, no por pensar que en cuestión de arte somos el ombligo del mundo, si no porque lo que nos rodea es la base, la fuente de donde beben y se nutren todas las corrientes y cualquier artista pictórico.

Es casi obligada la mención o presencia de uno u otro, de Rivera y Kahlo, cuando se trata de indagar en sus obras y trayectorias, vidas o biografías, van unidos siempre y, antes o después, uno acaba por discurrir por sendero alterno que nos introduce en otro mundo, otro estilo y otra vida, que terminan por encontrarse y enlazarse una y otra vez, como raíz al tronco, para fundirse en uno sólo. Los dos personajes, y las dos obras, son por sí merecedoras de acaparar con su protagonismo a cualquiera, ninguna le hace sombra a la otra, rara vez la historia nos muestra una pareja tan especial y genial como esta, porque si existieron otras interesantes fue por la aportación de uno al otro, pero como en este caso nunca. Quizás, y entre otras razones, porque la mujer en la pintura, salvo raras excepciones, no tuvo un protagonismo relevante en el pasado, hoy es diferente, como tampoco en otros apartados del arte, la ciencia, etc. Aún así, la trayectoria de Diego Rivera estuvo basada en la técnica, en el estudio durante años, su arte constituyó uno de los pilares donde se asentó uno de los más importantes movimientos en la pintura americana, el muralismo mexicano. Su obra lo sitúa en un sitio privilegiado dentro del arte latinoamericano, muralista, dibujante, ilustrador y escritor. En cambio, la trayectoria de Frida va más por el mensaje que por lo técnico, lo universal de Kahlo fue mostrar su singularidad, su discapacidad física y sus sentimientos, en una ocasión dijo que no era surrealista, como la hacían catalogar, porque ella nunca pintó sus sueños si no su realidad.

Por lo que corresponde a Rivera su biografía es diferente, no así menos atractiva. El tiempo que le tocó vivir sin duda marcó su compromiso con la revolución y con los más desfavorecidos, hasta el punto de ser uno de los fundadores del partido comunista mexicano, toda su vida estuvo marcada por la política y los movimientos sociales, comprometido y polémico. Aunque se crió con la educación católica, no conviene ignorar detalles que suman siempre a la hora de comprender la personalidad de cualquier personaje, su origen era el judaísmo, la de una familia conversa que tuvieron que convertirse obligados, algo de lo que era consciente. Su talento para la pintura fue algo prematuro y que fue desarrollándose en él a lo largo de sus años escolares en Guanajuato, donde nació el 8 de diciembre de 1886. Diez años más tarde su familia se traslada a la Ciudad de México y allí comienza a tomar clases nocturnas en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde conoció al célebre paisajista mexicano José María Velasco, hasta que fue expulsado en 1902, por participar en las revueltas estudiantiles de ese mismo año. En 1905 recibe una pensión por parte del Secretario de Educación Justo Sierra. En este tiempo sus influencias fueron decisivas para su posterior desarrollo artístico, desde las de su primer maestro que fue discípulo de Ingres, hasta la más importante, la del grabador José Guadalupe Posada, con quien trabajó en su taller. Pero dos años más tarde, en 1907, y después de su primera exposición, que fue un éxito, Rivera recibe otra beca por el entonces gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa Méndez, que le permite viajar a España y continuar con sus estudios.

En Madrid ingresó en la Escuela de San Fernando y en el taller de Eduardo Chinarro, pudo estudiar de cerca a Goya, El Greco y Brueghel, y también desde la capital española realizó viajes a otros países europeos entre 1908 y 1910, Bélgica, holanda, Gran Bretaña, Francia, donde se estableció finalmente en 1911, alternando su residencia con México. En la ciudad parisina tomó contactos con intelectuales y artistas españoles, Alfonso Reyes Ochoa, Pablo Picasso, Ramón María del Valle-Inclán, consiguiendo acercarse a las nuevas corrientes como el cubismo, al que abandonó poco tiempo después. De igual modo se relacionó con otros de distinta nacionalidad, como Paul Cézanne, de quien recibe la influencia del Postimpresionismo y se introduce en él, desde donde consigue captar la atención por sus vivos colores y acabados, a diferencia de otros muralistas de México. También en ese mismo año nace su primer hijo, que murió al año siguiente, fruto del matrimonio con la pintora rusa Angelina Beloff. En 1919 nace su hija Marika Rivera y Vorobieva, fruto de sus relaciones extramatrimoniales con Marievna Vorobieva, sin embargo nunca reconoció a la niña, aunque si la sostuvo económicamente. Al año siguiente emprendió un viaje a Italia, gracias al embajador de México en Francia, donde estudió el arte renacentista.

En 1921 regresa a México y en 1922 comienza su primer mural en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Preparatoria Nacional y su pintura comienza a influir en el movimiento muralista mexicano y en Latinoamérica. Antes de acabar ese mismo año Diego Rivera contrae matrimonio por segunda vez, con Guadalupe Marín, una indígena mexicana de larga cabellera negra, piel morena y ojos verdes, la "Gata Marín", como era conocida la muchacha que limpiaba la casa donde vivía Rivera, mientras trabajaba en el mural de la Escuela Nacional Preparatoria. Con la que tendría dos hijas. También en 1922, en septiembre, comienza el fresco en la Secretaría de Educación Pública y participa en la fundación de la Unión de Pintores, Escultores y Artistas Gráficos Revolucionarios. Sin duda ese mismo año tuvo una fuerte influencia en su pintura y su vida personal, en él le otorgan los permisos para comenzar las pinturas y murales del Palacio de Cortés, en Cuernavaca; en la Escuela Nacional de Agricultura, en Chapingo; en el Palacio Nacional de la Ciudad de México; y un acontecimiento importantísimo, su anexión al Partido Comunista Mexicano.

También en 1922, y ajena a su actividad y su vida política, en la Escuela Nacional Preparatoria, ingresó una joven con la que compartiría su futuro. En ese año, la escuela, comenzaba a admitir chicas, hasta ese año un privilegio sólo para los chicos. Allí sus travesuras la convirtieron en cabecilla de un grupo, mayoritariamente formado por chicos rebeldes, que realizaron innumerables trastadas en la escuela. Aquella chica se llamaba Frida Kahlo y conoció a su futuro marido, mientras trabajaba en el mural encargado para el auditorio de la escuela.
En 1927 Diego Rivera es invitado a las celebraciones de los primeros diez años de la Revolución de Octubre, en la unión soviética. En 1928 se divorcia de Guadalupe Marín y un año más tarde se casa, en terceras nupcias, con Frida Kahlo.










miércoles, 6 de mayo de 2009

Dictaduras Bolivarianas y el Cóndor siniestro


Volver la vista atrás y repasar la historia latinoamericana más reciente, en concreto la de la última mitad del siglo XX, es toparse con los episodios más tristes y terroríficos que se pueda uno imaginar, donde el imperio estadounidense se ganó a pulso todos los peores calificativos posibles que se le puedan dedicar, a partir de asesino. Entre los años 60 y 80 casi todos los países latinoamericanos estuvieron bajo el yugo opresor de la C.I.A, que apoyó y auspició a todas las dictaduras militares que sembraron el terror en la totalidad del continente americano. Pero a partir de la última década del siglo pasado las luces de la democracia comenzaron a alumbrar en la mayoría de países hispano parlantes, entre la amargura de quienes buscaban todavía a sus seres queridos, desaparecidos por dichas dictaduras militares establecidas, y la lucha de todo el continente, a la conquista de la libertad y la justicia, por la democracia. Todos los países latinoamericanos sufrieron la opresión, las injusticias, de sus gobiernos corruptos y asesinos, por parte de la política norteamericana, que no solo los mantenían en el poder si no que además dictaban la manera de reprimir a todos los países, a todos los pueblos opositores y con miras de simpatía a otras ideologías marxistas, comunistas, socialistas... con las técnicas de torturas y de como hacer desaparecer a sus opositores, manuales y especialistas del terror que se doctoraron en la conocida Escuela de Las Américas.
Sin embargo, el fin de la guerra fría puso termino a tanta crueldad, las libertades y los derechos de los individuos se fueron convirtiendo en propiedad de cada uno y la esperanza en el progreso se fue afianzando entre los pueblos que, incluso sumergidos en la pobreza y necesidades básicas, recuperaban la dignidad como arma para combatir a las adversidades y con la vista siempre puesta en el futuro. No se puede olvidar tanto terror y tanta crueldad como la que sufrieron no sólo en el hemisferio sur, también Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Panamá, Venezuela... sería nombrarlos a todos prácticamente, y en todos ellos agarró el germen anti-norteamericano, serán necesarias algunas generaciones las que tengan que pasar para tener otro concepto diferente sobre los vecinos del norte. Pero ese sentimiento anti-yanki, que se respira por todos los rincones de Latinoamérica, se puede convertir en un revés hacia el mismo pueblo, cuando lo utilizan maliciosamente los que se proclaman salvadores de la patria, anti-imperialistas y no sé cuantas milongas más. Lo cierto es que la pobreza se estableció en la mayoría de los países y en otros convive con la opulencia de unos pocos, las diferencias sociales se hacen más pronunciadas y cuando los seres humanos vivimos en la precariedad nos hacemos más vulnerables, es ahí, cuando los avispados y desalmados nos convencen con poco, sólo proclamando lo que la mayoría queremos o necesitamos oír.

Es evidente que no existe receta ni formula infalible contra la pobreza, o al menos no la quieren poner en práctica, pero si hay una línea a seguir más resultante que cualquier otra esta es la de la honradez de los gobernantes en un escenario democrático, con la alternancia de los partidos políticos y con los poderes del estado siempre en posición del pueblo, de sus ciudadanos, todo lo demás son barreras para el desarrollo del progreso y la paz de las naciones.
Mi experiencia propia como niño en una dictadura fascista me pone en una posición privilegiada al respecto, no obstante tuve la suerte de ir creciendo en mi adolescencia con la democracia y de vivir en una de las épocas más fructíferas que se han conocido en mi país a lo largo de toda su historia. Quizás en otros tiempos España se mostraba ante el mundo como un imperio pero para los ciudadanos nunca antes fue mejor que ahora y esto ha sido gracias a estos pilares antes mencionados. Mil veces que hable de política mil veces defenderé mi anti-radicalismo, los extremismos son los peores consejeros, los peores enemigos que un pueblo puede tener, cuando se trata de avances para la sociedad, solamente cuando se comparte una meta en común se consiguen retos, por lo demás es retroceder, perder el tiempo en contra de nuestros propios intereses; cuando las sociedades conviven en armonía y respeto los frutos recompensan.
Ese auto-proclamado y defendido anti-radicalismo me lleva a estar en contra de las nuevas dictaduras mal llamadas socialistas del siglo XXI o Bolivarianas, no las comparto. Mi pensamiento o ideología está clara a estas alturas del partido, dicho en términos futboleros, pero mi sentimiento democrático me dice que para un entendimiento con el que piensa diferente tengo que ceder, negociar, nunca tratar de imponer mis ideales, esto sólo provocaría que trataran de imponerme sus planteamientos los de distinto parecer. La democracia comienza con el respeto hacia el que opina diferente. Por eso rechazo también a las nuevas dictaduras de izquierdas, porque el respeto hacia el contrario deja de existir, pero no sólo al que piensa de distinta manera, de igual modo termina por convertirse en un arma arrojadiza y cuando nos damos cuenta somos víctimas de nuestro propio ideal. Como en el caso de Cuba, su revolución tuvo sentido mientras la guerra fría existió, aunque desde el mismo momento en que Fulgencio Batista fue derrocado, su dictadura fue reemplazada por otra, en este caso contraria, pero al fin y al cabo otra dictadura. Son innumerables los cubanos que participaron en la revolución, para después encontrarse como pago la represión por parte de sus propios compañeros de lucha, en muchos casos pagaron con su propia vida la osadía de luchar contra una dictadura establecida, por orden de los nuevos lideres a los que apoyaron hacia el poder. Habría que preguntarse para qué sirvió tanto radicalismo, tanta lucha inútil... sólo vivieron plácidamente los que se instalaron en el poder y los afines o perros de presa de la represión, la totalidad del pueblo vive envuelto desde entonces entre el discurso gubernamental de un sueño utópico, épico, y las necesidades básicas para sobrevivir.
Pocos minutos antes de comenzar este escrito estuve dialogando, chateando, por Internet con mi estimado amigo Silvio, de Nicaragua. Lo hacemos muy a menudo desde que se marchó a su país, nos conocimos aquí, en Córdoba, mientras estudiaba y desde que retornó he ido dos veces a visitarlo. En esas dos oportunidades que he tenido de poder comprobar la realidad en la que viven los nicaragüenses he visto como se puede engañar a un país, víctima de tantos avatares bélicos, dictatoriales, de gobiernos corruptos, de luchas ideológicas constantes y con el mismo fin, de políticos desvergonzados que utilizan el transfuguismo para enriquecerse. De cómo el dictador Daniel Ortega, uno de los componentes de la nueva hornada de dictadores, se está convirtiendo en uno de los más adinerados de Latinoamérica a costa de su pueblo mientras éste se sume en la miseria, de cómo llegó al poder engañando al pueblo, del robo de elecciones y de la violencia desatada contra los manifestantes cívicos y pacíficos que pedían sus derechos por parte de furibundos pagados por el mismo gobierno para evitar manifestarse y un sin fin de injusticias que serían innumerables.
Hoy mi amigo Silvio, progresista y demócrata como yo, y sandinista que luchó en las montañas contra la "Contra", cuando era casi un niño todavía, me ha puesto al tanto de lo que acontece, ya en descarada dictadura. La persecución contra los opositores de Daniel Ortega, los que no comulgan con sus prácticas dictatoriales y que son cerca del 70% de los nicaragüenses; en todos los barrios se organizan reuniones por los C.P.C. (consejos del poder ciudadano) y los que no acuden a esas reuniones se toman por opositores al régimen sandinista y comienzan a ser perseguidos. Desde hace varios años, desde que llegó al poder Ortega, temí que la débil y joven democracia sufriera un serio revés, con la cantidad de sangre inocente que se derramó para conseguirla, pero hoy me he dado cuenta de que la democracia nicaragüense fue ya devorada hace tiempo por la actual dictadura. Lo que me lleva a recordar a las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado, donde como ahora, se unieron para perseguir a los opositores, a los que pensaban diferente y que se conoce por la Operación Cóndor, donde la C.I.A. sembró el terror. Ahora los protagonistas son otros, el contexto diferente, pero la sombra siniestra del "Cóndor Asesino" planea de nuevo, aunque en esta ocasión sobrevuela disfrazada de bolivariana.





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