sábado, 11 de abril de 2009

Reina de los ilegítimos (2ª parte)


Uno no sabe nunca en que lugar o situación nos va a poner la vida, el caprichoso destino, que juega siempre con nosotros a la incertidumbre del minuto, de la hora, del día siguiente, cuanto más para suponer con un mínimo grado de fiabilidad por donde y por qué derroteros la ventura nos paseará en un futuro. Otro asunto es el sueño que uno persiga y que, como decía aquella frase tan manida, se nos puede llegar a cumplir. La perseverancia, el esfuerzo constante y la fe en una meta a conseguir puede ser el mejor de los aliados que podamos tener para llevar acabo nuestros deseos y que nuestros sueños se realicen. Sin embargo, todo queda en el aire, pendiente de un hilo, solo la esperanza de que un día se cumplan nuestros anhelos es lo que nos empuja a continuar, con más o menos peligro, pero sin red; como funámbulo que camina sobre el alambre sin nada que amortigüe la caída, en caso que suceda, no la hecha de menos ni la cree necesaria, otra cosa es a la altura que se encuentre del suelo.
Las dudas y los peligros que conllevan cualquier camino que elijamos no siempre coinciden con los que pensamos, la providencia no es una ciencia exacta, lo suficiente que seamos precavidos colocando la red como para que esa misma protección que colocamos para amortiguar la caída se convierta en el más peligroso de todos los elementos en repercutir. No obstante, como digo, el peligro tampoco es sinónimo de supuesto seguro, es un condicionante añadido a nuestras elecciones, por muy inofensivas o arriesgadas que se nos antojen, pero sin darlo por seguro. Pero lo que nos condiciona a pensar en los posibles riesgos son precisamente los peligros sufridos, la experiencia, de otra manera pasaríamos irresponsablemente por debajo de cualquier cornisa a punto de desprenderse sin sospechar que pudiéramos ser víctimas de la coincidencia, efecto que nosotros provocamos con nuestras acciones, para bien o para mal, y que nos convierte en responsables de nuestros actos, situándonos en el sitio justo y en el momento preciso.

Cualquiera diría que me fui por "los cerros de Úbeda", expresión andaluza para explicar que me desvié del tema, pero nada más lejos de la realidad, con este razonamiento trato de exponer que la casualidad no existe, que todo está sujeto a nuestras decisiones y éstas a nuestros sueños y deseos que nos empujan a decidir, envalentonándonos en su persecución y sin pensar en el arrepentimiento que provoca la frustración y el fracaso. No sé hasta que punto Eva Duarte podría prevenir o presentir el peligro, aunque me supongo que el riesgo estaba generalizado y presente en cada esquina y a cada paso en la época que le tocó vivir, cuanto más para una mujer luchadora, arriesgada, y con más coraje que temores. Lo cierto e incontestable fue su arrojo por la meta a conseguir y sin importarle la ausencia o no de red, por encima de todo estaban sus creencias y lo demostró con la fe que le puso a cada paso dado.
Imagino que la política vino a su vida de la mano de Juan Domingo Perón, su hacer fue continuar ante las masas, pero en esta ocasión el guión no fue otro que sus propias convicciones, de otra manera no se explica la tenacidad y el riesgo expuesto, sin duda el amor tuvo mucho que ver en su desinterés por hacerse con la vicepresidencia, el amor a Perón y a su pueblo. Sus dotes artísticas la auparon hasta ponerla en primera fila del gobierno argentino y estas cualidades no eran nuevas, pues como apuntaba en la primera parte de este texto, comenzaron a florecer en la escuela primaria. Por aquel entonces las matemáticas u otras asignaturas no eran su fuerte, pero en la interpretación y recitando poemas sobresalía por encima de todos los escolares de Junín. Allí participó por primera vez en una obra teatral en el colegio para recaudar fondos para una biblioteca; escuchó su voz saliendo de un altavoz y utilizó un micrófono, participando en un festival de nuevos valores locales en la Casa de Música de don Primo Arini, como no había radio en el pueblo, una vez a la semana, colocaba un altavoz en la puerta frente a su negocio y Eva recitaba poemas en "La Hora Selecta"; también por primera vez mostró sus condiciones de liderazgo cuando acudió a la escuela con un moño negro sobre el guardapolvo, acaudillando a uno de los grupos de su escuela, el día que murió el ex presidente Hipólito Yrigoyen, derrocado por un golpe de estado tres años antes.
Con 14 años a Evita, que pasaba de niña a convertirse en mujer, el peligro la acechó junto con una amiga, según la historiadora Lucía Gálvez sufrieron un intento de violación cuando fueron invitadas, en el auto de uno de ellos, a visitar el Mar de la Plata, pero no pudieron consumar su delito, ante la oposición optaron por dejarlas desnudas en las afueras de la ciudad y un camionero las llevó de regreso a sus casas. Un hecho que se presume tuvo profunda influencia en su vida. No obstante, la vida se abría de par en par ante ella y la necesidad de encontrar trabajo la llevó, aún sin terminar la escuela primaria, a aventurarse y viajar a Buenos Aires, pero tuvo que volver sin conseguir su propósito. Regresó a Junín y acabó los estudios, pasó en familia las fiestas navideñas y el segundo día del año 1935 emigró definitivamente a Buenos Aires.
Sus ansias y deseos por salir de su pueblo y establecerse en Buenos Aires estaban soportadas sobre la creencia de que las grandes ciudades eran lugares maravillosos, donde todo era lindo y extraordinario, incluso hasta imaginarse que las personas lo eran "más" que en su pueblo. Figuraciones construidas en base a lo que oía de quienes visitaron grandes ciudades y de la realidad que la rodeaba, muchos más pobres que ricos, imaginaciones forzadas por su deseo, el de existir otros lugares en el mundo donde la situación fuese al revés a lo que percibía en su entorno. Cuando llegó a la capital argentina, acompañada por su madre hasta que encontró trabajo, pudo comprobar que aquellas figuraciones no eran más que eso, fruto de su imaginación. La realidad era más cruda que lo figurado y comprobó que, al igual que ella, acudían con el mismo propósito los emigrantes de las zonas rurales a las grandes ciudades, forzados por la crisis económica de 1929, constituyendo la mano de obra que impulsó el desarrollo industrial de Argentina protagonizada por los llamados "cabecitas negras", un termino despectivo y racista utilizado por las clases media y alta para referirse a los emigrantes no europeos. La gran migración interna de la Argentina, en los años 30 y 40, fue la base social del peronismo a partir de 1943.

Al contrario que en la primera vez, en esta ocasión consiguió un trabajo al poco de llegar. Era un papel secundario para actuar en la compañía teatral de Eva Franco, una de las más importantes de la época. El 28 de marzo de 1935 debutaba profesionalmente en la obra La Señora de los Pérez, en el teatro Comedias. Al día siguiente de su debut el diario Crítica le dedicaba una breve reseña: "Muy correcta en sus breves intervenciones Eva Duarte", sin duda no era mal comienzo con 15 años de edad. Pero no fue un camino de rosas, durante los años siguientes atravesó un duro trayecto de humillaciones y escasez de trabajo, apoyada siempre en su hermano mayor, Juancito, que emigró a Buenos Aires pocos meses antes que ella. Después obtiene un contrato que la lleva a una gira de cuatro meses por Rosario, Mendoza y Córdoba, en la que cosechó un notable éxito de crítica. Todos los compañeros de trabajo, y quienes la conocieron por aquellos días, la recordaban como una jovencita flaca y débil, cuyo sueño era el de convertirse en una actriz importante, con fuerza y con gran sentido de la amistad y la justicia. Poco a poco iba logrando un cierto reconocimiento y participando en algunas películas como actriz de segunda línea, como modelo, en algunas revistas de espectáculos, pero el éxito relativo le vino como locutora y actriz de radioteatros. El salto importante en su carrera lo dio en Radio Belgrano, donde obtuvo su primer papel en la obra "Oro blanco", más tarde consiguió encabezar el elenco de la recién creada Compañía de Teatro del Aire, simultaneando papeles en películas, para seguir ascendiendo con otras compañías de radio, hasta que en 1942 logra dar el salto definitivo y su estabilidad económica deja atrás las penurias en pensiones y alojamientos de mala muerte para comprarse su propio apartamento en el exclusivo barrio de Recoleta.

En 1943 Eva comienza su andadura sindical y se convierte en una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), el primer sindicato de los trabajadores de la radio. Por aquel entonces la situación política y social del país estaba cambiando radicalmente, la migración había provocado cambios desconocidos hasta ese momento en Argentina, en ese mismo año la producción industrial superó a la producción agropecuaria por primera vez, los cambios se hacían más notables en las grandes ciudades con un amplio proceso de urbanización, empujado por el desarrollo industrial, a la par que las mujeres ingresaban en el nuevo mercado de trabajo asalariado. En todo este contexto social el país se sumergía en una profunda crisis política, los partidos políticos tradicionales estaban inmersos en un sistema corrupto y fraudulento en el voto y que derivó en un golpe de estado militar, donde el joven teniente coronel Juan D. Perón integraba la tercera fila del nuevo gobierno. El encuentro con Perón surgió en 1944, Eva contaba 24 años de edad y él llevaba viudo desde 1938, en un acto en Luna Park, realizado por la secretaría de trabajo y Previsión, de la que Perón era responsable, para homenajear a las actrices que más fondos habían recaudado para una colecta en ayuda de las víctimas del terremoto de San Juan. Parece que fue todo un flechazo porque al mes siguiente ya vivían juntos en el apartamento de Eva Duarte.















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