jueves, 23 de abril de 2009

De Ofelia, Ibn Hazm y El Collar de la Paloma




Uno no sabe nunca por que derroteros nos va a llevar el destino. Hay momentos, situaciones o decisiones, que nos marcan para el futuro, pero nunca somos conscientes de lo que ese detalle puede significar, jamás hubiéramos pensado en la trascendencia que podría tener para el desarrollo de nuestras vidas y su influencia. Estos detalles, insignificantes en la mayoría de los casos, que pasan desapercibidos y que no valoramos hasta bien pasado el tiempo, cuando los determinamos como el punto de partida, o la raíz desde donde comenzó para derivar en lo que nunca hubiéramos imaginado, son tan importantes como la propia vida, son las minúsculas piezas de las que se componen nuestra existencia; es lo que a golpecitos nos lleva a construir lo que somos, en lo que nos transformamos, un incierto transcurrir por infinitas posibilidades.

Hay preguntas casi inevitables para un periodista que entrevista a cualquier personaje, muy trilladas, de acuerdo, pero que exponen y descubren con su respuesta cual es el carácter o la personalidad del entrevistado, siempre que éste sea sincero y no trate de dar una imagen de si mismo distorsionada de la realidad. ¿Que libro nos recomendaría? ¿Cual es su libro preferido? O ¿Que libro se llevaría a una isla desierta? Al fin y al cabo las tres preguntas tienen el mismo sentido y las tres servirían para hacernos la idea de como es el personaje que responde. Por supuesto que un libro no puede reunir todos los componentes que necesitaríamos para cubrir cada uno de los momentos de nuestra vida en una isla desierta, cada libro tiene su propio momento y a cada instante nos apetece leer un libro de distinto contenido, pero si hay que elegir uno sólo, entonces, se nos reducen las posibilidades y la elección saca a la luz nuestro yo más profundo.

En ocasiones la memoria nos da la espalda y se niega a continuar siendo nuestra aliada, se declara en rebeldía y por más que intentamos convencerla, para que nos proporcione el detalle esclarecedor del punto de partida o raíz que nos llevó a inclinarnos por un camino u otro, o por una afición en particular, no conseguimos que colabore como acostumbra. Sin embargo, no siempre se comporta de esta manera, las hay, la mayoría de las veces, que nos aporta clarividencia, una nitidez extrema para recordar los entresijos insignificantes que nos trajo por estos derroteros. Esto me suele suceder cada vez que trato de recordar algún detalle de mi vida que esté relacionado con El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm de Córdoba.

Con toda claridad recuerdo como llegó hasta mi conocimiento la existencia de esta obra literaria y su autor, como si de una película sonora se tratara, con sus protagonistas principales, secundarios, decorados, vestuario... así es, aunque parezca mentira, recuerdo cada detalle de aquel día de primavera, en 1980. Trabajaba en la cafetería Cronwell's, de Córdoba, y a la hora del aperitivo apareció por el local mi amiga Esperanza, como era costumbre, ese día la recuerdo con atuendo un tanto hippie, a lo años 70, pero nada extraño en ella, su fuerte personalidad destacaba siempre por encima de todos cuanto la rodeaban en cada momento; aquel mediodía lo hizo acompañada de la mayor de sus hijas, Eva, Riquelme, la que con el paso de los años se convirtió en una artista reconocida, primero como cantante del grupo musical "Corazones Estrangulados" y más tarde como escultora, entre sus obras está la que se encuentra en Canadá, una enorme imagen de Juan Pablo II en bronce, la más grande de todas las que al papa polaco le dedicaron en todo el mundo, y que su inauguración coincidió con la visita del religioso a ese país. La recuerdo entrar al local agarrada de la mano de su madre, con la mirada tímida pero llena de vida. Hay niños que, nada más mirarlos, uno se da cuenta de que hay algo especial en ellos, en su manera de ser, de mirar, de comportarse, y Eva ya mostraba por aquel entonces toda la sensibilidad de quien es especial.

Quería hacer un regalo y pensé en un libro, ya se sabe, cuando no encuentras que regalar un libro es lo más adecuado, a sabiendas de que lo más probable es que el obsequiado jamás muestre el mínimo interés por su contenido. Le pedí consejo a Esperanza y me recomendó dos títulos, El Jardinero, de Rabindranath Tagore y El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm; me incliné por este último por formar parte de la cultura arábigo-andaluza. Fue un acierto, sin saberlo me decidí por el libro que llevaría conmigo a una isla desierta, solo la primera ojeada ya me atrajo lo suficiente como para decidir que lo regalaría después de leerlo; pero aquella era mi intención, otra cosa fue lo que hice, quedarme con el libro ante la imposibilidad de desprenderme de él, me había conquistado. Desde entonces siempre lo he tenido muy cerca y puedo decir que es el ejemplar que más veces ha estado junto a mi mientras dormía. Siempre regresa a la actualidad después de un tiempo apoyado sobre otros en la estantería.

Cuando escribí mi primera novela me acordé de él y decidí incluir parte de su contenido en un capitulo. De Par en Par, mi primera novela, trata de zapatos usados. En una tienda de segunda mano, de objetos usados, los zapatos tienen su espacio en medio del local, en una bandeja expositor, todos revueltos; ellos tienen su mundo propio y están marcados por los que los usaron en el pasado, los clientes los revuelven buscando un par que les agrade y, entre revolcón y revolcón, los zapatos se cuentan su vida, la de quienes los usaron. Son pequeñas historias, problemas sociales de hoy vistos desde nuestros pies. La historia en la que incluí una breve referencia del Collar de la Paloma y de su autor está dedicada a una barrendera que nunca se casó, aunque sí tuvo un amor, su único gran amor, pero hubo un condicionante que supuso una muralla infranqueable para realizar su deseo. Ofelia vivía con su anciana madre y al morir ésta entra en depresión, sus sobrinos le regalan un reproductor de CD para que le amenice sus horas de trabajo mientras barre y el encuentro con un disco compacto que halla en una papelera le lleva a descubrir una historia que cuenta un libro narrado y que está relacionada con el condicionante que truncó su casamiento. El corte que viene a continuación es una copia, un fragmento de mi primera novela que está inspirado en El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm de Córdoba, y dice así:

"Una de estas tardes, al vaciar la primera papelera de la calle Picasso, encontró un disco que había dentro, sin estuche, sin rotulo alguno que anunciara el contenido, la curiosidad le convenció para averiguar lo que escondía no sin antes dudar sobre su conveniencia, por si se pudiera estropear el regalo. No parecía de música, solo al principio se oyó una melodía arábiga y después continuó una voz narrando lo que parecía un libro. El Collar de La Paloma, tratado sobre el amor y los amantes de Ibn Hazm de Córdoba y traducido por D. Emilio García Gómez.

La grabación no tenía la calidad de estudio, más bien se diría que se grabó artesanalmente, con sus ruidos de fondo sus sirenas de ambulancia y sus campanadas, que afinando a finando nos llevarían a las de la catedral.
El prologo de D. José Ortega y Gasset le fue metiendo en sintonía, dudó, hubo un momento que vaciló en continuar con el CD hallado, pero no tuvo alternativa y sucumbió ante las palabras del entusiasmado prologuista de la obra e insigne caballero.
Barrió y vació papeleras por inercia, porque los sentidos se concentraron en uno, en el oído. Si interesante fue el prologo encantadora se veía venir la introducción con la vida del autor, que coincidió con los acontecimientos decisivos en la disolución del califato, las guerras civiles y la anarquía de los Taifa. Le tocó ser testigo del bestial corte histórico, convirtiéndole en la figura más representativa de las letras hispanoárabes, y en sus escritos jurídicos, teológicos e históricos, pueden rastrearse las huellas del tiempo en que existió.

El Collar de la Paloma es la mejor obra de Ibn Hazm y de toda la literatura arábigo-andaluza. No se saben muy bien cuales son los orígenes de su familia, pudieran ser de un vulgar linaje Muladí, indígena español recién convertido al Islam, procedían de la provincia de Huelva, del cortijo o poblado Mont Lisam, hoy llamado Montijar. Su abuelo se trasladó a Córdoba cuando ya era la capital del califato de occidente, las noticias que de aquí le llegaban y el ansia por mejorar su fortuna fueron razones suficientes para convencerles a cambiar de aires.

El padre de Ibn Hazm, Ahmad fue un hombre de letras, prudente, recto y hábil, que llamó la atención de Almanzor y éste lo aupó, haciéndolo su visir y confiándole su sello en la ausencia. El autor del Collar de la Paloma nació en la madrugada del miércoles treinta de ramadán del año trescientos ochenta y cuatro, correspondiente al siete de noviembre del novecientos noventa y cuatro de nuestra era. Su infancia fue la del hijo de un ministro que creció entre las celosías del harén espiando a las mujeres, las que le enseñaron el Corán, los primeros versos y también las que le revelaron pronto los misterios sexuales. Fue un niño enfermizo, nervioso e inteligente, a los ocho años y con suma precocidad se asomó al mundo de los primeros amoríos con las esclavas de su familia. Contando aproximadamente veintiocho años escribió El Collar de La Paloma, fechado en Játiva entre los años cuatrocientos doce y cuatrocientos trece, la obra de Ibn Hazm fue olvidada por judíos, cristianos, traductores medievales y han tenido que pasar muchos años para que se reconozcan sus valores, de la importancia de sus paisanos Averroes y Maimónides.

¡Ofelia no se lo podía creer! Ella, que no había cogido un libro desde que lo llevaba en su primera comunión, estaba enganchadísima en el contenido de éste, con el análisis y la fortuna de El Collar de la Paloma. La obra se repartía en treinta capítulos interesantísimos que la barrendera escuchaba con atención, imaginando los lugares de los que hablaba y que hoy son tan diferentes, de las costumbres de antaño y de lo vivido por los hombres y mujeres del califato. Uno a uno los fue disfrutando y prometiéndose que cuando acabara éste empezaría otro nuevo libro narrado, los episodios se sucedían sobre las señales del amor, sobre quien se enamora en sueños, sobre las señas echas con los ojos, la sumisión, la contradicción, ruptura, lealtad, traición, separación…. sobre la enfermedad. Al llegar a este capitulo y escuchar la historia que en él se resumía, se identificó con ella, comprobando que hay problemas que no cambian con el tiempo, no igual, pero casi lo mismo le ocurrió con su primer y único amor, el eterno asunto y tan de moda pregunta. ¿El tamaño importa? ¡Por supuesto! Y tanto que importa, porque su vida podría haber sido muy diferente compartiéndola con el hombre que amaba, todo fue cuestión de centímetros y aunque lo quería, tenía claro que sexualmente sería complicada la relación.

Ibn hazm dejó escrito que uno de sus maestros se enamoró y se casó con una hija de la encargada de una alhóndiga de Bagdad, después de quedarse solos se desnudó para una necesidad, la muchacha que era virgen lo miró y se asustó del tamaño de su miembro. Corrió a casa de su madre negándose a continuar con el marido, la familia le insistió obstinadamente pero la mujer se cerró en banda y de ahí no había quien la sacara, el maestro se divorció de ella y al tiempo se arrepintió, pero ya no le fue posible atraerla, al hombre se le fue la cabeza y estuvo tratándose en un manicomio hasta que se curó".


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