domingo, 1 de febrero de 2009

Santo Xolotl de Las Sierritas

A vueltas con la religiosidad siempre topamos con los dioses, o los santos, no puede ser de otra manera, si no ¿a quien se encomendarían los feligreses? Esto de la fe es debido a la fuerza de la costumbre porque de otra manera no se entendería, no cabe en la religiosidad cambiar de santo profesado, no se puede, o al menos no se debe. Aún así, todo es posible, debido a que los humanos somos muy veletas, a veces porque el viento nos obliga a mirar a la religión establecida, en otras porque no necesitamos viento para desembolsar nuestras creencias en la divinidad que se nos antoja, esas son las menos, y en circunstancias determinadas porque nos la quieren dar con queso, pero, como ratón bien curtido en mil batallas, no nos dejamos engatusar con el primer santo que se nos imponga. Sobre esta última posibilidad, la de cambiarnos de religión o divinidades, las sociedades no han quedado ajenas en cuanto una cultura invadía a otra en el pasado, hoy no se estila tanto como antaño, entre otros motivos, el principal, porque el mundo cada día más va perteneciendo a los pueblos, a sus gentes, no a los gobernantes de turno que mediante la fuerza se apoderaban de culturas enteras y las cambiaban por sus reglas a ejercer y tomar en cuenta.

En el caso de la invasión americana es muy frecuente ver como y de qué manera, se introducían los santos católicos para sustituirlos por los establecidos, en ocasiones por la fuerza y en otras, en las que ésta no conseguía el propósito pretendido, por la maña o el engaño. Estas malas artes de los religiosos, tratar de engañar cambiando la adorada divinidad autóctona por la foránea, es en el fondo perversa, cínica y falsa en lo relativo a la fe. A las religiones, a todas, lo que menos les importa es el sentimiento del individuo y su propia doctrina, lo esencial es la cantidad de feligreses, eso traducido a la propia esencia es poder, poder de todas las naturalezas, y si para ello es necesario actuar innoblemente o vilmente, se actúa y pelillos a la mar. Pero aunque se modifique el exterior, el envoltorio, el sentido de las celebraciones son las mismas, es como acudir a una boda obligado con distinto traje al escogido, pero es ir al fin y al cabo. No todas las divinidades que impusieron los católicos acabaron con las indígenas, no, como mucho las disfrazaron pero el pueblo mantiene sus tradiciones ancestrales. Ganan dos, los impositores que suman poder con los nuevos "conversos" y los obligados porque en el fondo su fe está en donde sus antepasados la depositaron. Un ejemplo de ello son las Fiestas Patronales de Managua, a Santo Domingo de Guzmán.

Gonzalo Hernández de Oviedo, por el que conocemos mucho de lo que sabemos de aquellas fechas, en su Historia General y Natural de las Indias, fue historiador, cronista de Indias y administrador español. Conoció a gente tan importante a la postre como Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, en 1497 se marchó a Italia desde su Madrid natal, 1478, desempeñó diferentes oficios y se distinguió como militar en diversas guerras. Se me antoja un aventurero, un hombre aguerrido, de los de su tiempo, porque tras una corta estancia en Madrid se embarca con la expedición de Pedrarias Dávila, en 1513, gobernador de Castilla del Oro. Los cargos que desempeñó en las nuevas tierras invadidas son conocidos por todos, veedor de las fundiciones de oro y escribano real. En principio, el nombre de Gonzalo Hernández de Oviedo, nos puede parecer un interesado por la cultura, las costumbres... la historia, y para muchos un personaje de agradecer, por lo que nos reveló y transmitió, pero no debemos olvidar que en sus memorandos se enseñó como un firme defensor de los conquistadores, invasores, y un encarnizado enemigo de los indígenas, por lo que sus crónicas bien pudieran estar contagiadas de esa óptica personal. Sin embargo, es lo que hay, pocas alternativas nos quedan para comparar.

Por él conocemos que, cuando llegaron a las nuevas tierras, los indígenas de esta región, donde se sitúa hoy la ciudad capitalina, Managua, celebraban una antigua tradición al dios Xolotl, el dios del maíz. Los indígenas que participaban en la recolección del maíz, entre los meses de Julio y los primeros días de Agosto, llevaban una vida llena de austeridad, en lo referente a placeres durante el tiempo que duraba la cosecha o tapizca. Cuando ésta terminaba, el cacique daba rienda suelta y hacía permisivas las prohibiciones, participando todo el pueblo en una masiva celebración, permitiendo a todos los hombres hacer lo que les viniera en gana, con las relaciones sexuales o el licor... Los pobladores bajaban al dios Xolotl de Las Sierritas, como se le llaman a las sierras de Managua, donde se sembraba el maíz y producían las cosechas, hasta la orilla del lago Xolotlán, o Managua, donde lo paseaban navegando sobre sus aguas.

Pero volviendo al principio y origen de mi artículo, los invasores religiosos no verían con buenos ojos tanta permisividad, tanto pagano suelto y borracho, por lo que hicieron como en tantos lugares del mundo, provocar el encuentro con el santo en cuestión que le vendría a sustituir. Santo Domingo de Guzmán, llamado cariñosamente por los managuas Mingo o Minguito. Me supongo que no sería coincidencia que fuera Santo Domingo el elegido, existe un punto de referencia que nos lo pone más fácil de entender y adivinar, al igual que la imagen del santo católico tiene en su base un perro como mascota, al dios del maíz también le acompañaba otro de diferentes características, el perro xulu, o pelón. Xoloitzcuintli, Perro Raro en Nahuatl, era pelón, no ladraba y su carne era un plato favorito en los rituales. Se supone que esta costumbre fue una de las causantes en la desaparición de esta especie de can nativo, que dejó de existir en el siglo XVII.
La nueva era de Xolotl comenzó en 1885, después de que un aluvión causara cientos de muertos en la capital de Nicaragua, el 4 de Octubre se desató un fuerte aguacero sobre la sierra que arrastró árboles y grandes peñascos, causando estragos en Managua. Estos hechos junto a una peste de fiebre amarilla que también asoló a la ciudad por aquellos años, fueron la oportunidad para que el dios Maíz se vistiera de Santo Domingo. Esto lo causó un "encuentro", en Las Sierritas, cuando un campesino de nombre Vicente Aburto, que derribaba un árbol quemado, encontró una pequeña figura de 20cm dentro del tronco hueco. La extraña aparición en insólitas circunstancias provocó la curiosidad de la familia y vecinos de Vicente, que decidieron bajar hasta la ciudad y preguntarle al sacerdote de una iglesia del centro viejo cual era el santo en cuestión. El religioso les puso en conocimiento y se quedó con la imagen encontrada, mientras que los campesinos regresaron a las Sierritas. Pero cual fue la sorpresa de éstos que, cuando llegaron al lugar del hallazgo, de nuevo estaba la figura de Santo Domingo en el mismo tronco del árbol. Bajaron de nuevo con la imagen a visitar al cura y éste les dijo que era imposible, que lo tenía guardado en la iglesia, pero cuando fue a buscarlo encontró que no estaba, por lo que la conclusión a la que llegó el párroco era la de que Santo Domingo pedía a "gritos" que le edificaran una ermita para venerarlo en el lugar en que fue encontrado.

Hoy en día la celebración es una mezcla, más relacionada con la pagana indígena que con las religiosas católicas, Xolotl ha pasado a llamarse Santo Domingo de Guzmán, los feligreses cumplen sus promesas de la manera que les viene a estipular y de igual modo caminan de rodillas todo el recorrido, que se visten de indio, de diablo, de mujer, o la cumple regalando bocadillos y golosinas a todos los asistentes. La manera de cumplir la promesa es predispuesta por el penitente y en ocasiones son heredadas esas promesas, de padres a hijos cumplen el mismo cometido en ofrenda a Mingo o Minguito. La pequeña imagen se venera y se baja de Las Sierritas, donde tiene su ermita, el día primero de Agosto se celebra la bajada a la ciudad en procesión, hasta el lago Managua, y el 10 del mismo mes se celebra la vuelta. Los porteadores de la imagen se turnan y lo llevan de manera poco lineal, respetando el recorrido pero de una manera informal, turnándose entre los mismos cofrades pertenecientes a la misma hermandad, en modo parecido de llevar a la procesión de la virgen del Rocío, en Huelva, España, pero con identidad propia. Es una fiesta multicolor, donde el licor corre sin control, los cohetes pirotécnicos inundan el aire a pólvora quemada y las milenarias marimbas marcan el ritmo de la fiesta.

Una vez más el pueblo continuó celebrando sus costumbres como lo hacían sus antepasados, no como obligaban las doctrinas visitantes, invasoras. Los tiempos han cambiado y las costumbres evolucionan, pero Xolotl no ha sido olvidado por su pueblo, si acaso le han cambiado el maquillaje, los hábitos, no han podido con su manera de entender la fe de los managuas, que a mitad de camino entre lo religioso y lo pagano venera a su santo, que bien podría llamarse Santo Xolotl de Las Sierritas.











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