miércoles, 11 de febrero de 2009

De sueños rotos y progreso frustrado

Hace varios meses, cuando me propuse escribir una serie de artículos cuyos temas fueran siempre relativos a Nicaragua, se me antojaba una aventura incierta, con ilusión por recoger en un libro mis puntos de vista sobre este pueblo centroamericano pero con el recelo de no saber como y de que manera podrían aceptar los nicaragüenses mi manera de entender sus costumbres, su forma de vida, su manera de entenderla. Este recelo, que no es otra cosa que respeto, aún continúa latente, no así la incertidumbre que me atenazaba al enfrentarme a un país con muchos matices, con identidad propia y diferente a la nuestra, la española, pero con arraigos muy pronunciados, que tras ese biombo que muestra una cultura diferente se esconde un sin fin de afinidades. No sabría decir cuantos temas, miradas, podría continuar sumando a estos cuarenta artículos referentes a la tierra pinolera, de su historia, de su geografía, de sus costumbres, del arte, de la religión, de política, gastronomía... sin duda un buen puñado de miradas que darían no para uno, si no algunos libros más. Pero no pretendo crear una enciclopedia, mi intención era un recorrido ligero y sin entrar de lleno en todos los temas que en principio puedan interesar a quien solo desea volar sobre sus tejados, no adentrarme en cada rincón.
No obstante este trabajo literario debe mirarse siempre desde el prisma con el que fue creado, el de un no nicaragüense, aunque nunca me consideraré extranjero. Uno no es de donde nació, si no de donde se encuentra bien, de donde lo aceptan y de donde se identifica, y estos tres puntos hacen que, además de español, Nicaragua también ocupe un lugar privilegiado en mis sentimientos. Nicaragua no es nada nuevo para mi, en mis viajes a este país siempre me acompañan las maletas repletas de libros nicas al regreso y, cada mañana, en el desayuno, tomando una taza de café nicaragüense, leo los diarios de Pinolandia, la prensa escrita en la pantalla de mi ordenador; al igual que un emigrante que echa de menos su tierra desde la lejanía . Aún así, el respeto siempre va por delante, como un invitado, nunca como un anfitrión. Sin embargo esto no es motivo ni resta derecho a opinar, de igual manera en negativo, porque como decimos por mi tierra de nacimiento "en todos sitios cuecen habas", pero también es cierto que esta critica nunca iría dirigida al pueblo, a los nicaragüenses, en todo caso a sus dirigentes, los responsables de que sus ciudadanos muestren una imagen más allá de las fronteras.

Tengo que reconocer que antes de tener una idea hecha y de conocer a fondo la realidad del país, en cada momento que dirigía la mirada a América Latina me hacía la misma pregunta, la misma que ahora me hacen los ajenos y que desconocen esas realidades, por ejemplo mis amigos españoles. Es inevitable, sacar a relucir el tema de Nicaragua siempre se encuentra uno con la misma pregunta, ¿que pasa en esos países que no acaban de despegar económicamente, que no progresan? Desde mi humilde punto de vista uno tiene una idea global de lo que ocurre, cual es el posible problema, el cerrojo que no permite abrir la salida al progreso. Es lo que yo percibo desde fuera y sin sentirme afectado por sus males, que no son otros que los provocados por sus dirigentes, la corrupción, el desempleo, el hambre... pues, aún existiendo distintas capas sociales donde el poder económico también se deja ver, es la miseria la protagonista por estar más extendida, generalizada entre la población. Desde fuera del país la perspectiva es distinta a la que un nica puede encontrarse cada día al levantarse y no saber que va a llevarles a su familia, a sus hijos, para alimentarse, mientras las goteras de lluvia se cuelan por entre las chapas metálicas del techo. Estas circunstancias no son extrañas para los españoles de generaciones pasadas, cuando tenían que emigrar a otros países, europeos o latinoamericanos, en tiempos en los que la dictadura paseaba a su dirigente bajo palio, pero para los que no sufrieron la pobreza, el hambre y la falta de libertades, es difícil explicarlo y que se entienda con todo su significado.
Conocer la historia reciente de Nicaragua hace comprender la situación que vive el país, el segundo más pobre del continente americano, donde 46 de cada 100 nicaragüenses vive con menos de 2 dólares al día, pero dentro de estas cifras, de los 46, el 15% lo hace en la extrema pobreza, sin escuelas, sin salud, sin luz, sin agua corriente. Además, el 34% de los niños en edad escolar, el 47% de los menores de cinco años y el 40% de las mujeres en edad de gestación sufren anemia. Pero si hablamos de educación el futuro no se muestra esperanzador, donde la inversión por habitante es de 43 dólares al año, difícilmente se puede aprender con ese presupuesto y con el estomago vacío. La emigración es una realidad cruda, que deja a familias con muchos de sus miembros buscando un futuro mas halagüeño por otros países como Costa Rica, Estados Unidos, España... con unos índices altísimos en el desempleo que recuerda a los años ochenta, cuando la necesidad obligó a la población a salir del país en masa.
Pero esta deprimente situación no hace disminuir lo bueno que reúnen los nicaragüenses, nobles, cordiales, correctos y amables con el extranjero, que no pierden la esperanza de que el futuro les trate mejor. Sin embargo, el mal endémico, como antes apuntaba, son los dirigentes, la corrupción, que lejos de ruborizarse ante el país por sus descaros, se mofan y vuelven erre que erre con lo mejor que saben hacer, robar las pobres arcas de los ciudadanos. Uno tras otro, no importa el color, liberales, conservadores, sandinistas, todos se turnan y cada uno que entra sale con más propiedades y convirtiéndose en uno de los más ricos del país, engañando a la población con falsas promesas que se olvidan al día siguiente de ser elegidos en las votaciones. La corrupción es tal que todos los poderes del estado, todos, sin excepción, están motivados y actúan por los intereses propios, la justicia, la policía, los políticos que van de un partido a otro a la oferta del mejor postor, del que mejor pague su apoyo en la Asamblea Nacional. Roban elecciones, roban donaciones de otros países para el presupuesto del estado, compran a los más pobres con regalos inservibles, como sucedió con un número determinado de cocinas de gas para los más necesitados. Anunciaron a bombo y platillo la "generosidad" del gobernante y ante una multitud incontrolada, que dispersan con mangueras de agua a presión cuando se acaban las existencias, distribuyen un puñado de cocinas que no servirán para nada, porque el agraciado es tan pobre que no tiene para comprar el gas que está por las nubes, con unos precios desorbitados e inalcanzables para quien no tiene ni para comer. Predicando con el populismo más desvergonzado y rancio, proclamando a los cuatro vientos el "hambre Cero", "desempleo cero", "final de la oligarquía", cuando es todo lo contrario, los revolucionarios se transformaron en oligarcas y se adueñaron del país, dirigiendo a los ciudadanos como a ganado, pagando a las pandillas, a los delincuentes, para que atenten contra la población que se manifiesta pacíficamente, con machetes, con morteros, con palos, con camisetas de los oficialistas del gobierno que muestran su lema en rosa chicha "el amor es más fuerte que el odio" y frases por el estilo. Un cinismo que ha llevado al dictador, antes revolucionario, Daniel Ortega, ha convertirse en estos dos años en el poder en el más rico de Nicaragua, ha amasado una fortuna mayor aún que el dictador Somoza en todos sus años de dictadura.

Pero todo esto no lo ha hecho solo, su socio, ex-presidente, reo, ladrón, liberal, fue declarado culpable por malversación de fondos del estado y a pasar 20 años en prisión, pero los acuerdos con el gobernante, chantajeándolo, pasaron primero por cambiar prisión por ciudad, Managua, para después de varios años en su celda de oro quedar en libertad, a cambio de apoyar políticamente a la oposición en el gobierno, para controlar la Asamblea Nacional, el único poder que se le resistía. Esto son en las altas esferas, pero a otros niveles también está instalada la corrupción, en estos días en los que escribo este artículo, ha salido a la luz un escándalo, el administrador, el hombre de confianza del alcalde electo en las pasadas elecciones fraudulentas de noviembre, antiguo boxeador Argüello, no responde a las acusaciones periodísticas que lo hacen responsable de una donación por parte del ayuntamiento de Sevilla, la ciudad andaluza, de más de 200.000 euros para el Instituto de la Juventud, que dirigía hasta hace unos días. Lo acusan de edificarse una mansión en Estelí, su ciudad natal, de coches, empresas, y todo esto con su sueldo oficial. Pero no ocurrirá nada, continuará en su cargo, con su mansión y convertido en hombre de confianza de Argüello, alcohólico, drogadicto, y no son acusaciones falsas mías, en Miami estuvo preso por tenencia y distribución de cocaína, también acusado de prestamos sin devolver cuando ocupaba el segundo cargo en el ayuntamiento de Managua. Ante todo este despropósito uno se pregunta ¿por qué el pueblo, los ciudadanos, no se revelan y salen a las calles a protestar? Es fácil de entender, cuando te responden que no quieren más sangre inocente derramada, para que el próximo que le sustituya venga con la misma bandera de los dirigentes actuales y anteriores, la bandera de la corrupción.









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