viernes, 30 de enero de 2009

Santuario Chorotega


En una hipotética lista de lugares obligados a visitar, en esta tierra tan diversa, la encabezaría con uno de los rincones que recoge todo lo que un aventurero pueda soñar, la Isla Zapatera. Desde su entorno "casi virgen", que aglutina biodiversidad en todo su esplendor, al misticismo y misterio que dejaron uno de los pueblos indígenas más interesantes de Mesoamérica, Los Chorotegas. Hablar de arqueología en la patria del cacique Nicarao es hacerlo poniendo por delante y por encima a esta isla que se alza orgullosa en el lago más grande de Latinoamérica, el Cocibolca o Nicaragua. De todas las islas que acoge este inmenso "mar de agua dulce", en sus tres archipiélagos y dos grandes islas, se presenta como la segunda en extensión, después de Ometepe, con sus 52 kilómetros cuadrados, 7 x 10 km, su origen volcánico, apagado desde hace mucho tiempo, ha dado paso a un exuberante bosque tropical adornado por lenguas rocosas, donde la fauna autóctona, monos, chocoyos, loros, ciervos o venados, jaguares, armadillos... vive ajena al mundo exterior más allá de las fronteras acuáticas que el gran lago marca para bien de la riqueza que atesora.

En un artículo anterior, al que titulé con el nombre de "La novia del Cocibolca", relataba mi encuentro con Ernesto Cardenal, con su obra, hijo de esta hermosa ciudad a orillas del gran lago, en un libro de su cosecha que me hizo pasar muy buenos ratos en la calurosa ciudad de Managua en mi primera visita al país. En este libro, "Los años de Granada", Ernesto nos cuenta sus vivencias en su época de estudiante, sus memorias, en el colegio de los jesuitas, y menciona las impresionantes esculturas, los ídolos de la Isla Zapatera que durante años fueron acogidos en el patio del colegio. Tengo que decir al respecto que su lectura me dejó un regusto exquisito e insuficiente, aunque su mención es pasajera. Pero caprichos del destino, y desconociendo la ubicación actual, la fortuna me llevó a encontrarme, en el convento de San Francisco, con la colección de más de una treintena que me llenó de satisfacción y regocijo, tenerlas frente a mi y pasar mi mano por donde sus autores pasaron tantos años antes las suyas, y sus herramientas, fue una experiencia única, al tiempo que mi imaginación me sugería los acontecimientos chorotegas que sucedieron ante su significado, su simbolismo.

Son mayoría los antropólogos que mantienen las creencias de que Zapatera fue un cementerio o lugar ceremonial para las tribus indígenas que poblaron la vecina y mayor isla del lago, Ometepe, los Chorotegas. Los ídolos quizás sean lo más llamativo que encontraron en varias de las excavaciones que se realizaron, también existen una gran cantidad de petroglifos interesantísimos y urnas, que son motivo por el que los turistas se desplazan hasta esos lugares donde se sitúan, los principales puntos arqueológicos son Zonzapote, Jiquilito y las Cañas. Toda esta riqueza arqueológica deja en evidencia que estos lugares ya estaban poblados como mínimo desde 800 hasta 1200 años después de Cristo y que su cultura estaba llena de matices, bien estructurada en creencias y desarrollada en todos sus vértices. Analizar estas estatuas esculpidas en piedra de basalto es recordar a otras culturas centroamericanas y suramericanas.

Lo más frecuente en estas esculturas son la representación de los jefes, dioses y chamanes, esculpidas en grandes rocas, pero no tan grandes como otras a las que se puedan comparar o vengan al recuerdo, estas bien pudieran ser las de San Agustín en Colombia, los atlantes de Tula, México, o las de la isla de Pascua, en Chile; pero no dejan de ser impresionantes con sus dimensiones entre 1´25 y 2´225 metros de altura y más de 60 cm de diámetro. Son la representación de figuras humanas cruzadas con animales, Jaguares, cocodrilos, águilas, los más comunes y con mayor poder entre los de la fauna autóctona. El descubrimiento de los ídolos de Isla Zapatera data de 1849, fue el diplomático norteamericano, Ephraim George Squier, quien halló en Jiquilito las quince primeras; pero tuvieron que pasar 34 años más, en 1883, para que se completara el numero que hoy conocemos, cuando Carl Bovallius, naturalista sueco, reveló la existencia de otras veinticinco en Zonzapote. Estaba claro el valor de estas esculturas como para dejarlas en su lugar de origen, sufriendo el desgaste por las inclemencias ambientales, por lo que en 1924 y 1942, fueron trasladadas al Colegio Centroamérica de Granada, donde Ernesto Cardenal las recordaba orgullosas, imponentes. Pero no sería esta su última morada, en 1970 se realizó otro traslado, hasta uno de los recintos del antiguo Instituto Nacional de Oriente.


La situación en la que se encontraron parecen relevar que se trataba de un anfiteatro ritual, ubicadas junto a montículos de tierra y piedra, con las espaldas al interior; otras, en cambio, al descubrirse se hallaban aisladas pero cercanas a ellos. Según el arqueólogo norteamericano Samuel Kirkland Lothrop, en 1926, los ídolos encontrados por el naturalista sueco bien podrían pertenecer a un templo consistente en varios edificios sagrados, con sus atrios, ídolos y montículos para el sacrificio, con una certeza, la de que las esculturas estaban cada una relacionada con los montículos. También los arqueólogos coinciden en que pertenecen a la misma época en que se dio la estatuaria de Chontales, al este del lago Cocibolca, pero que pertenecen a otro estilo. Las de Chontales no trascienden el bloque o columna donde fueron esculpidas, son cerradas, en cambio las de Zapatera son en tres dimensiones. Sobre las de Chontales escribió Lothrop: "Al este del lago, las estatuas son básicamente cilíndricas y representan hombre y deidades, algunas veces con detalles elaborados bajo relieve. Indican el tronco de árbol, que ha sido levemente modificado; pero no en el concepto ni en el simbolismo, hay alguna indicación de influencia mexicana o maya; sin embargo, pueden ser consideradas como vagamente sudamericanas". Pero también dijo sobre las de Zapatera: "Las estatuas de las islas del llamado istmo de Rivas hasta el oeste del lago Nicaragua son mejor conocidas: típicamente consisten en una columna redonda o cuadrada, coronada por una figura humana sentada o de pie, cuya cabeza y hombros a menudo se encuentran cubiertos por un animal. Este concepto, conocido como el motivo alter ego, se encuentra tanto en Mesoamérica como en Suramérica. La estatua, sin embargo, es de tres cuartos o de talla completa, con los miembros separados uno del otro y del cuerpo, con un intento hacia la exactitud anatómica".

Este concepto, descrito por el arqueólogo norteamericano, se encuentra en las estatuas de Mesoamérica y Sudamérica, cuando el animal es representado sobre las espaldas de la figura humana su origen es sudamericano y cuando es el animal el que parece atrapar dentro de sus quijadas al individuo revela un origen mesoamericano. Se podría decir que la procedencia de esos estilos están claros, pero hay algo importantísimo en el que parecen estar de acuerdo muchos arqueólogos, en que su centro de irradiación fueron las islas del lago Cocibolca y en especial la Zapatera, la que los Chorotegas eligieron como su santuario.












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