domingo, 28 de diciembre de 2008

La 21, casa de los horrores

Como se suele decir, aquella tarde, "maté dos pájaros de un tiro". Fue en la segunda quincena del mes de octubre, en un agradable paseo por la ciudad de León, prolifera en descubrimientos culturales e históricos. Bien podría haber recogido todas las impresiones en un mismo escrito, pero dejaría atrás un buen puñado de inquietudes, de sensaciones que no cabrían en un solo comentario. En ocasiones, en muchas ocasiones, pasamos por delante de edificios, lugares, y no echamos en cuenta lo que atesoran, lo que encierran entre sus paredes, sobre sus suelos, y basta con ponerse al corriente de lo allí acontecido en otro tiempo para que los sentidos, los cinco, activen la guardia y sin dar tregua se sitúen en alerta para, como equipos de medición, ponernos en relieve ante nuestra imaginación sus luces y sus sombras, silencios y sonoridades, sus misterios y olvidos. Fue aquella tarde cuando descubrí "La 21", nombre extraño, inusual, fuera de lo común para identificar a una cárcel, una casa de los horrores que a la vez de presidio fue manicomio.

La historia contemporánea de Nicaragua ha necesitado y dispuesto de cárceles, como todos los pueblos. La historia de la humanidad está unida a estás instituciones que, lejos de suponer un centro de recuperación o entendimiento, se convirtieron en un lugar para la destrucción del ser humano. Quien entra inocente o ha cometido un solo error sale delincuente, y quien ingresa de esta condición se transforma en peligro social prácticamente irrecuperable. El pensamiento de cada individuo es único, pero dentro de esta manera especial de pensar de cada uno existen puntos en común, que con respecto a las cárceles, yo me sumo a los que opinan que una cárcel tiene que jugar el papel de transformar, de reciclar, de recuperar, y cambiar el concepto que la sociedad tenemos de los infractores de las leyes o reglas del juego, sobre las que nos regimos. Las sociedades democráticas, y en especial en las últimas décadas, han dado paso de gigantes en relación a la manera de pagar la deuda con la sociedad, lejos quedan aquellos espacios infrahumanos, donde los reos se amontonaban día tras día y noche tras noche, apiñados como escoria, como inmundicia, rodeados de alimañas, entre enfermedades, abusos y torturas. Los centros penitenciarios de hoy en los países democráticos, aunque de todo queda por esos mundos donde el respeto a la vida humana vale menos que un plato de comida, han cambiado sus posturas respecto al trato y a la manera de pagar la pena, no es lo mismo para un reo enfrentarse a un futuro oscuro e incierto que a la posibilidad de comenzar de nuevo, de sobreponerse al tropiezo que supuso un error, de lo que nadie es ajeno, e integrarse a la rueda de la vida con todas la opciones que los demás.

Digo dos pájaros... porque fue en la misma tarde en la que visité las ruinas de la iglesia de San Sebastián. Son dos espacios, dos lugares en común, uno frente al otro, viendo pasar ante sí los acontecimientos que siempre ocuparán un lugar en la historia de este país. No cabe controversia en aceptar los siglos por delante que la iglesia de San Sebastián se alzó ante los terrenos que ocuparon la cárcel, La 21, pero también se puede entender que lo vivido y sufrido en el antiguo manicomio no tiene comparación, no solo con el templo religioso, sino con otro edificio de cualquier característica del país. Tanto uno como otro forman parte del escenario real donde se desarrollaron los acontecimientos que sucedieron en los últimos días de la dictadura de los Somoza y tanto uno como otro, guardan la memoria de un pueblo que, como agarrado a sus cimientos, mantienen vivo el recuerdo y la situación, en forma de monumento, de símbolo, en el caso de San Sebastián y de museo en lo que fue la cruel casa de los horrores.

La cifra con la que se conoce a esta antigua cárcel, es la que dio fecha a su edificación, corría el año 1921 cuando se construyó y por tal año se le conoce, aunque ejerció como tal hasta el derrocamiento de la dictadura, símbolo e instrumento de represión, tortura y muerte. El recuerdo de mi paso por La 21 no me trae a la memoria celdas, barrotes, u otros símbolos relacionados con lo que fue, simplemente no existían, al contrario, mi primera impresión me situó en cualquier pueblo o rincón de Andalucía, un amplio patio, con arboles en su interior, arriates y un pozo en lugar privilegiado del patio, junto a lo que parecían piletas de lavar la ropa. Pero más allá de todo eso estaba lo pasado, en aquel remanso de paz se podía escuchar, en otro tiempo, a los presos torturándolos entre los gritos y quejidos de los enfermos mentales. Hoy forman parte de la memoria y del pasado las torturas que se llevaban a cabo, pero sin olvidar en que consistían, para que tales atrocidades no caigan en el olvido y no se repitan. En ocasiones las víctimas eran colgadas de los pies, desnudos y dentro del pozo, hasta el fondo, donde los dejaban por varias horas con los cuerpos apoyados sobre sus cabezas. Pero dentro del cinismo su limite no existía, les inyectaban drogas, estimulantes, para que las víctimas no se desmayaran y perdieran el conocimiento mientras los torturaban; les limaban los dientes con limas metálicas; y parece que el agua estaba dentro de sus prioridades en los reglamentos de tortura porque, en ocasiones, les hacían tragar grandes cantidades de agua salada y después los golpeaban en el estomago o los empapaban y los bañaban en agua con sal para a continuación dejarlos sobre cables eléctricos; sin embargo una de las que me parecen más crueles era cuando les hacían tragar un botón atado de un hilo y le obligaban a ingerir liquido hasta el limite, después iban tirando del hilo para sacar el botón mientras provocaban tremendos dolores y sangrientas heridas, desgarramientos, en el tubo digestivo.


Por fortuna todo aquello pasó a mejor vida y hoy, desde el 31 de octubre del 2000, es abierto como complejo cultural de León, donde se mezclan el pasado con documentos sobre el penal y figuras de pasacalles representativos de Nicaragua, entre leyendas, mitos y tradiciones de la ciudad universitaria. Hay varias versiones del por qué surgió La Carretanagua, por supuesto en todas representa a la muerte y son pocos los nicaragüenses que desconocen alguna historia o cuento donde La Carretanagua es la protagonista. La carreta es el instrumento de carga que más ha contribuido a la producción de Nicaragua y llegó para suplantar a las mulas y a los muleros en las largas y agotadoras jornadas de trabajo sacando las cosechas de las zonas montañosas a las ciudades. Aún hoy es un instrumento imprescindible de transporte en algunos lugares, en especial en regiones rurales.

La Carretanagua tiene una expresión mítica, es una carreta fantasma que sale por las noches provocando un ruido infernal. Representa a la muerte. Un esqueleto ataviado de túnica blanca agarrando las riendas de dos bueyes escuálidos, flacos y con las costillas marcadas, que tiran de la carreta. Nunca da vueltas en las esquinas, cuando llega a ellas desaparece y continua oyéndose caminar por otra calle, nadie quiere encontrársela por lo que significa, la próxima muerte de alguien. Cuando preguntan por alguien ya fallecido es normal encontrarse por respuesta que "se lo llevó La Carretanagua". Las versiones van desde la que dice que fue introducido por los españoles, cuando querían sacar el oro de Nicaragua estos lo hacían a medianoche haciendo el ruido característico y así los indios, por miedo, no salían, evitando que los asaltaran y robaran. Hasta la que cuenta que, en la colonia, los españoles obligaban a los indios a trabajar en largas jornadas en las minas que muchas veces le llevaban a la muerte, los indios huían hacia las montañas para esconderse y cuando los atrapaban, cazándolos acompañados por perros, los traían amarrados a las estacas de las carretas, por lo que los indios la identifican con la muerte cuando la escuchaban en la montaña.







http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Una de filibusteros

Revisar el pasado de Nicaragua y mirar entre sus pagínas es encontrarnos, casi siempre para mal, con la presencia de los Estados Unidos, directa o indirectamente. La intromisión del imperio yanqui en los asuntos internos de este país no ha dejado fechas aisladas sin la presencia o influencia de la Casa Blanca o, como en el siglo XIX, por parte de la iniciativa privada, cuando los ojos de unos magnates se posaron en Centroamérica y apoyaban a aventureros, filibusteros, con aires invasionistas y a sabiendas de la poca resistencia militar que ofrecían algunos estados de la región. No cabe duda que este siglo, en el que se desenvuelven los acontecimientos a citar, estaban de moda los filibusteros, mercenarios llamados a luchar con fines políticos ajenos y resueltos por las armas, en un mundo donde nada era estable, los gobiernos se sucedían, en la mayoría de los casos, entre guerras y derrocamientos, entre enfrentamientos civiles e invasiones por parte de grandes o simplemente mayores potencias.
Como ahora en Irak o Afganistán, décadas atrás en Vietnam o hace un siglo en Filipinas, Cuba o Puerto Rico, los americanos del norte siempre invadieron las naciones soberanas con el pretexto de beneficiar a los países invadidos, con la misión civilizadora en pro de la justicia, la democracia y la libertad. Lo malo de esta "generosidad" es que detrás siempre existen ocultos intereses creados que desenmascaran las verdaderas intenciones y, además de un interminable reguero de sangre inocente, dejan tras de sí, en los "países asistidos", una desbastada realidad ausente de justicia y paz, cuando la nación despierta y comprueba que los marines se despidieron acarreando con su invasión el interés que llegaron buscando. El imperialismo yanqui pasa por momentos de baja credibilidad, es la misma de siempre solo que el mundo no es el mismo que un siglo atrás, o quizás tan solo unas décadas, la descarada actitud de los gobiernos estadounidenses, eternos beligerantes, provocan recelo en todos los rincones del planeta y son más los detractores que critican sus actitudes que los simpatizantes o afines que todavía ven con buenos ojos sus "desinteresadas ayudas como guardián de la paz mundial".
La injerencia o intromisión en los asuntos nicaragüenses no escaparon a las garras imperialistas de los vecinos del norte, pues la historia pinolera reúne un buen puñado de episodios donde los protagonistas alzaban la bandera de las barras y las estrellas, incluso antes de lucir la misma estética y a las puertas de la guerra civil entre los estados abolicionistas y los que apoyaban la esclavitud. Cuando la llamada fiebre del oro puso de moda la costa californiana y aventurándose llegaban de todo el mundo buscando fortuna en forma de pepitas. Lejos de lo que las clásicas películas del Oeste americano nos muestran, intrépidos aventureros que cruzaban el país de Este a Oeste, entre calamidades, desiertos, asaltantes de diligencias y salvajes indígenas a caballo mostrando su silueta en lo alto del cañón junto a un sol abrazador y un par de buitres anunciando el final del trayecto. Las rutas tradicionales marcaban otros recorridos que comenzaban por mar. Eran dos los trazados y principalmente la que empezaba en Nueva York hasta Greytown, el puerto nicaragüense de San Juan del Norte, luego se cruzaba el río San Juan, el lago de Nicaragua y el istmo por San Jorge, por último se navegaba por el Pacífico hasta San Francisco. La otra ruta marcaba en el mapa Panamá, por aquellas fechas perteneciente a Colombia, y de costa a costa se atravesaba por ferrocarril.

El expansionismo estadounidense ponía sus ojos en la región centroamericana por distintas razones aparte de la ya mencionada, la riqueza de esos países sin explotar inmersos en inestabilidad política los convertía en un apetitoso caramelo al alcance de la mano de los poderosos magnates y de otras mentes más descabelladas y sembradas de crueldad, seres miserables sin escrúpulos que hicieron fortuna entre otros negocios con el de la esclavitud. La historia del filibustero Walker tiene significativo interés no solo en Nicaragua, de igual modo en otros países de Centroamérica. Es un ejemplo de la realidad en siglos pasados y un mal trago, supongo, para quienes les tocó vivir los acontecimientos. Pero el del filibustero no es más que un capitulo en este drama que es la historia política de Nicaragua, siempre envuelta en ambiciones, corrupción y ansias de poder desmedido que por tal de conseguirlo se pone en riesgo el concepto de patria, involucrando a terceros, si es menester, con tal de conseguir el ansiado poder, aún con riesgo, como ocurrió en este caso, de perderlo todo en la apuesta.
Corría el año 1955 y otro enfrentamiento bélico tenía como escenario a Nicaragua, la guerra civil entre los legitimistas y los demócratas, se levantaban en armas y los primeros, los leoneses, solicitaron ayuda a un intermediario estadounidense, para luchar contra los segundos, los granadinos. Byron Cole les prometió a los legitimistas 300 hombres armados a cambio de tierras, contrató a Walker y éste consiguió mercenarios de California y Luisiana.
Willian Walker fue un medico, abogado, periodista, militar y aventurero que intentó conquistar algunos países centroamericanos. Nació el 8 de mayo de 1824 en Nashville, Tennessee. Este personaje, del que sus padres intentaron que se convirtiera en pastor de la iglesia de los Discípulos de Cristo, fue un ser siniestro, negativo para la humanidad, y su corta pero dilatada trayectoria lo demuestra. Ya en 1853 presentó sus cartas credenciales al mundo cuando intentó separar México invadiendo la baja California y Sonora, con la estratégica idea de unir y fortalecer a los estados esclavistas, pero fracasó, fue juzgado por violar las leyes de neutralidad aunque con resultado positivo para él, absuelto por un jurado complaciente. De igual modo su intentona tuvo gran acogida por la sociedad y lo saludaron como a un héroe.

Dos años más tarde fue cuando acudió a la llamada de los liberales nicaragüenses y consiguió derribar al gobierno conservador, pero decidió quedarse el gobierno para sí, esta actitud recibió el beneplácito y reconocimiento del estado norteamericano, sin embargo se encontró con algunos países que alzaron la voz en su contra, España, Francia, Brasil, Chile y Perú provocaron que el presidente Franklin Pierce diera marcha atrás y desaprobara las acciones del filibustero. Su comportamiento en el poder mostró su verdadera calidad humana, de la peor calaña y la de un tirano en toda regla, declaró el inglés como idioma oficial y restableció la esclavitud con la intención de unir Nicaragua a los Estados Unidos, como un esclavista más y, así, sumar en contra de los estados confederados. Creó un diario bilingüe para la causa que defendía, al que llamó "El Nicaragüense", diario que se editaba en los dos idiomas, pero con distinto rasero, en español se podía leer aliento y animo para el pueblo mientras que la parte destinada a Estados Unidos, en inglés, se despreciaba a los nativos y se hablaba de conquista y esclavitud. Su apoyo financiero vino de la mano de dos socios de su misma calaña, Cornelius Garrison y Charles Morgan, empleados de Accessory Transit Company y que buscaban hacerse con el control de la compañía propiedad del magnate Cornelius Vandervilt, el gran negocio del transporte de los miles de aventureros que tenían como destino la costa californiana en busca del oro soñado. Cuando llegó al poder expropió los bienes de la compañía de transporte por violación contractual y se los entregó a sus socios.

Entre los planes a llevar a cabo estaba la de conquistar Centroamérica y construir un canal que uniera los dos océanos, empresa que no gustó a los ingleses que tenían intereses contrapuestos a los Estados Unidos, esto hizo que se creara dos grandes enemigos que a la postre le pasaron factura. El primero fue el neoyorquino Vandervilt que comenzó una campaña anti Walker y sus pretensiones invasionistas entre los estados vecinos y apoyó la alianza liderada por Honduras, acorralado el filibustero tuvo que pedir ayuda y protección a la US Navy en mayo de 1857 y huir de Nicaragua, no sin antes prenderle fuego a la ciudad de Granada y convertirla en cenizas. Regresó a su país y fue recibido como un héroe, pero sus ansias de poder no le permitieron resignarse y aceptar ser derrotado por una alianza de pueblos a los que consideraba inferiores y, de nuevo, en 1860, desembarcó en Honduras a la reconquista del poder perdido, pero en esta ocasión no planeó bien su estrategia, abandonado por las deserciones de sus compañeros de iniquidades quedó en inferioridad y no le quedó más remedio que entregarse a los ingleses, a la Royal Navy. Estos lo entregaron a las autoridades Hondureñas al declararse presidente depuesto de Nicaragua, de lo contrario, de haberse declarado ciudadano estadounidense, le hubieran protegido, pero su arrogancia filibustera le llevó a una corte marcial que lo condenó a morir fusilado cuando contaba 36 años de edad. Pocos meses después estalló la guerra civil en Estados Unidos.








http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

domingo, 14 de diciembre de 2008

De la heroicidad usurpada


No hay patria que no proteja de los ácaros, del polvo, a sus héroes desgastados por el tiempo y por sus usurpadores, que siempre los tienen. Ya lo dice el refrán, "Unos llevan la fama y otros escardan la lana", los que escardan son los mártires, los héroes, y el fruto de su lucha lo disfrutan los que detrás vienen y se suben al carro de la fama como herederos de su legado, ilegítimos y aprovechados, de la lucha de esos nobles y generosos que dieron su vida por la libertad de los pueblos. Los heroicos personajes dejan un reguero de honestidad tras de sí que son como migajas de pan para los vividores, para los parásitos, para los que colocan en sus banderas los símbolos heroicos y que el pueblo los relaciona con lo mejor que la patria alumbró. Desde luego que no existe mejor propaganda que la de llevar en sus banderas los ideales puros, limpios, desinteresados, que arropan a los personajes de la patria, ni mejor escudo para protegerse que los que ofrecen sus sombrillas cuando se despliegan en la honorabilidad, bajo ellas se camuflan los intereses propios de los personajes oscuros que a la larga acaban por usurparlos y hacer suyos los valores.
Es casi imposible encontrar a dos personas en el mundo que compartan los mismos ingredientes heroicos, es por lo que se distinguen del resto de los mortales, sus condiciones humanas, ejemplares y generosas, no se dan más que en contadas ocasiones, razón por la que se convierten en héroes. Son tan puras sus actitudes que los llevan a dar la vida, a convertirse en mártires en momentos cruciales de la historia. Supongo que su honestidad nunca los puso en la disyuntiva de entregarse por los demás y dejarse utilizar para fines propios de usurpadores en el futuro, o pasar desapercibido en las paginas de las enciclopedias de personajes distinguidos, no creo que un héroe piense en esas cuestiones que con el devenir de los tiempos sin duda serán una realidad. Lo cierto es que bastante es la generosidad con la que ofrecen sus existencias como para discutir o poner en entredicho lo que un héroe tiene de egoísta o vanidoso. La heroicidad está reñida con el miedo o la precaución porque la vanidad no caben en los ideales del personaje, eso demuestra que la honradez es pilar fundamental del mártir que, generoso, no le importó su existencia más que el bienestar de su pueblo.

Luego, y después de que los acontecimientos pasan haciendo grande al héroe, revolotean como buitres los ladrones de la heroicidad, primero sumándose a las oleadas de reconocimientos para más tarde estampar su silueta en los logos de sus banderas, adornan las siglas con los colores de su sangre y por último se declaran herederos y defensores del ideal heroico por el que pereció el mártir en cuestión. Es lo que menos nos importa, lo que detrás esconde, el fundamento es lo que nos arrastra a aupar a los que llevan la fama que otros escardaron con sus vidas, paso a paso y sigilosamente el pueblo se une a su símbolo, ciego, sin pensar que las riendas las tomaron otros que jamás serán héroes, ni mártires, el egoísmo y la vanidad los crió miedosos y por lo tanto nada de generosos y sin un ápice de nobleza en sus actitudes. Se muestran ante el pueblo como clones del libertador, adueñándose de su heroísmo y nombrándose portadores del testigo, herederos de la lucha que los hizo libres y dignos ante la vida.

Pero no hay mal que cien años dure, dice otro refrán, como tampoco perduran para siempre las mentiras que, como un mal disfraz las caretas se desgastan, se desmaquillan y entre desgarro y desgarro del embaucador personaje se deja ver una realidad que los descubre ante los que los alzaron, viendo en ellos a los usurpadores de los ideales que cimentaron la nación que los ampara. Para entonces, en ocasiones, ya es demasiado tarde, la usurpación se consumó y el remedio de otro tiempo se tornó de nuevo enfermedad, los ladrones del idealismo libertador desviaron el cause de la libertad conquistada derivándola en opresora represión, como en un circuito sin salida, encerrada en un vicioso recorrido que otra vez la historia caprichosa los pone en el punto de partida a la espera de un nuevo héroe, un generoso mártir que se ofrezca a liberarlos. Sin embargo no necesariamente sucede siempre de esta manera, en ocasiones los usurpadores son tan hábiles que a golpe de traición y de hacer suyos los ideales, se apoderan definitivamente de ellos y los auténticos héroes pasan a convertirse en meras siluetas simbólicas, y, lo que en un principio eran una doctrina a seguir, pasan a desvirtuados personajes de leyenda entre la realidad y la ficción, acabando por sobreponerse la duda que como en el de la gallina, se termina por cuestionar qué fue primero, si ésta o el huevo.

El caso del Sandinismo es la prueba de lo que expongo, una de las muestras más generosas que ha dado la convulsa historia de Nicaragua, llena de dictadores, de dirigentes corruptos, de filibusteros, de piratas y políticos mercenarios sin escrúpulos, es por lo que cuando la patria pare un hijo como Sandino el pueblo lo pone en el pedestal más elevado de su galería honorable, una hermosa figura que no por esa elevada gratitud está fuera de peligro, su uso interesado, su mal uso, lo desprestigia, un desgaste causado por la usurpación de políticos sin escrúpulos que, a sabiendas del respeto y la confianza que infunde su héroe, no dudan en utilizarlo sin miramientos, derramando su honorabilidad y poniendo en entredicho su heroicidad. Las nuevas generaciones que conocen a Sandino por lo que significa el FSLN, Frente Sandinista de Liberación Nacional, son ciegos ante los verdaderos ideales del libertador de la patria, desconocen que los deseos del héroe nadan tienen que ver con las dictatoriales actitudes que gobiernan bajo su recuerdo. El Frente Sandinista usó las buenas intenciones de este héroe para sus propios intereses que con el paso del tiempo se ha desenmascarado lo que esconde tras las siglas.
El que es llamado "General de Hombres Libres", Augusto Nicolás Calderón Sandino, nació en 1895, el 18 de mayo, en la ciudad de Niquinohomo, en el departamento de Masaya. Desde luego que la suya fue una infancia nada fácil, como si la propia existencia lo preparara para lo que en el futuro le tenía guardado, forjándolo de un espíritu a prueba de adversidades y un orgullo digno de un héroe que nada lo hizo doblegar. Era hijo ilegitimo de un terrateniente que cultivaba café, Gregorio Sandino, y su madre una empleada de la plantación de su padre, Margarita Calderón. Cuando digo que sus primeros años fueron difíciles no solo me refiero a que fuera hijo ilegitimo sino que su madre parece que no aceptaba de buen agrado que su hijo compartiera su vida con ella, o tal vez fueron otras circunstancias, porque a los nueve años lo envió a vivir con su abuela, la madre de ella, pero el periplo de su ajetreada infancia dio pie a una adolescencia igual de alterada, y a los pocos años es enviado con la familia de su padre, no parece que su padre guardara para él las mejores intenciones porque fue forzado a trabajar en la plantación para ganar su hospedaje.
A los 17 años, en julio de 1912, fue testigo presencial de unos acontecimientos que marcaron su vida, el sangriento enfrentamiento entre las tropas norteamericanas que apoyaban al presidente Adolfo Díaz frente a una sublevación patriótica. La muerte del liberal y patriota general Benjamín Zeledón, defendiendo los cerros de El Coyotepe y La Barranca, el 4 de octubre de ese mismo año, le dejó impresionado al ver el cadáver que era llevado por los marines en una carreta para ser sepultado en Catarina. El hecho de que fuese hijo ilegitimo la causó algunos problemas que le obligó a huir del pueblo, fue cuando hirió de bala a Dagoberto Rivas, hijo de un destacado conservador, a causa de unos comentarios sobre su madre, este suceso le hizo temer una posible venganza y no dudó en viajar a la costa atlántica, después a Honduras trabajando en el procesamiento de la caña de azúcar, más tarde en Guatemala en la United Fruit Company, y finalmente en México, Veracruz, en empresas petroleras. En su estancia en México comienza a tomar contacto con grupos comunistas, anarquistas y anti-imperialistas, se convierte en un defensor del nacionalismo y en particular de la resistencia de la ocupación estadounidense en Nicaragua.
El 10 de junio de 1926 regresa a su pueblo tras el vencimiento de su crimen con la justicia, pero Dagoberto Rivas, entonces alcalde, frustra las intenciones de iniciar unos negocios, esto le fuerza a abandonar de nuevo Niquinohomo y emigra a "Las Segovias", como son llamados comúnmente los departamentos de Nueva Segovia, Madriz y Estelí. Mientras tanto los acontecimientos políticos en Nicaragua suceden entre liberales y conservadores, estos últimos apoyados por Estados Unidos, comienza la llamada guerra constitucionalista. En esta situación Sandino se incorpora a las tropas liberales y acude al jefe del ejército liberal, José María Moncada, pero desconfía de Sandino y le niega las armas. Entonces junto a sus hombres se va a Puerto Cabezas y ayudado por unas prostitutas recogen del agua armamento y municiones que los marines se limitaron a tirarlas al agua cuando se las quitaron a Sacasa, anterior presidente que era del Partido Liberal. Hecho esto se dirigen a Las Segovias y en el primer combate Sandino cae derrotado, pero a partir de ese momento sus tácticas se convierten guerrilleras y con ellas vienen las victorias, gracias a las cuales los liberales tomaron la iniciativa en la guerra y el avance general hacia el Pacifico.
La guerra continuó y las traiciones entre los liberales también, a lo que Sandino se negó y no aceptó los acuerdos y pactos entre Moncada y los Estados Unidos, que a cambio de rendirse, cuando la guerra la tenía ganada, dejaba continuar el gobierno conservador hasta las nuevas elecciones y se postulaba como candidato liberal a cambio de Sacasa, quien en teoría era su jefe. Por estos tiempos Sandino se casa con la telegrafista de San Juan del Norte, 14 años menor que él, Blanca Aráuz, de este matrimonio en 1932 nace la única hija y muere su madre por complicaciones del parto. La guerra toma un nuevo cariz y pasa de ser una civil a una patriota donde los invasores son los enemigos, los estadounidenses. Con un ejército de no más de 30 hombres y el apoyo de algunas campesinas se interna en el norte del país. Poco a poco se fueron sumando combatientes al grupo hasta llagar rondando los 6000, los que conformaron el llamado "Ejército Defensor de la Soberanía Nacional", esto era debido a los desmanes de los marines que violaban a las campesinas en los pueblos que ocupaban. Como no eran capaces de derrotar a los guerrilleros, los americanos del norte crearon la "Guardia Nacional de Nicaragua", para enfrentar a nativos contra nativos, pero esto tampoco fue significativo.
La llegada a la presidencia de Roosevelt y "La Gran Depresión", provocó la retirada del ejército en todo el Caribe, sin poder acabar con Sandino y su ejército, más aún, el radio de acción se amplió hasta llegar a Managua. La paz llegó con los acuerdos con el presidente Juan Bautista Sacasa y termina oficialmente la guerra. La Guardia Nacional, que aún no era autoridad militar reconocida en la Constitución, se hace cargo de todo el país y comienzan los abusos contra los antiguos sandinistas que habían abandonado las armas. Al frente de la Guardia Nacional estaba el que más tarde sería dictador, Anastasio Somoza García. Sandino acudió a Managua en varias ocasiones al encuentro con Sacasa y fue en uno de esos encuentros, a la vuelta de una cena en el Palacio Presidencial, cuando un mayor disfrazado de cabo de la Guardia Nacional detuvo el coche en el que lo acompañaban su padre Gregorio Sandino, el escritor Sofonías Salvatierra, ministro de agricultura y los generales Estrada y Umanzor, fueron detenidos y llevados los tres generales al Campo de larreynaga, donde fueron fusilados.
Dos años después, Anastasio Somoza García, afirmó que fue el embajador de los Estados Unidos, Arthur Bliss Lane, quien le ordenó que los asesinaran, más tarde derrocó al presidente Sacasa y se hizo con el país, comenzando la cruel dictadura que tanto daño causó en Nicaragua.

video

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

martes, 9 de diciembre de 2008

¿Quien causa tanta alegría?


No hay que indagar mucho tratando de encontrar conexiones y puntos en común entre la religión latinoamericana y la española, y en concreto con la andaluza. Es fácil deducir que los colonizadores eran españoles y por lo tanto lo implantado eran las costumbres y religión que ellos profesaban. Esto es una lógica si a grandes rasgos nos dejamos llevar por lo que supone englobar la realidad del país invasor, no ya del invadido, pues lo anterior quedó suplantado por lo nuevo o como poco camuflado bajo un manto católico que con el tiempo ahogó las antiguas creencias. Los lazos que nos unen a los andaluces y a las nuevas tierras conquistadas es que nosotros, una gran parte del sur de España, también formamos parte de esas llamadas "tierras conquistadas", más cercanas a los invasores que el continente americano pero igual de invadidas, si es así como se le puede llamar a un pueblo que tiene que huir a la fuerza ante otras culturas, por la invasión de otros pueblos, o quedarse y sufrir el exterminio de sus creencias y forma de vida. No se puede olvidar que 1492 es el mismo año en que los Reyes católicos dan fin a la conquista, para mi punto de vista nunca reconquista, de los reinos musulmanes de la Península Ibérica y la llegada de Colón al continente americano. Es el principio y el final de dos empresas, dos capítulos de la historia de España que van unidas entre sí.

También es de lógica y entendimiento aceptar que hubo de ser más fácil la reconversión a la fe del cristianismo a los pobladores de los territorios peninsulares conquistados que a los pueblos allende los mares, entre otras cosas por el conocimiento debido a la cercanía y por ésta misma. En cambio para las culturas americanas se me antoja un mundo nuevo, radical, venido de muy lejos e intolerante. La similitud para imponer la religión en ambas tierras, la andaluza musulmana y la precolombina, tiene las mismas maneras de coacción, el terror fomentado por parte de un Dios perverso, vengativo, intolerante y casi mentalmente enfermo o mafioso, ahora te amo y al rato te castigo, o si crees en mí estás protegido y de lo contrario destinado al infierno guiado por la espada sanguinaria del conquistador. Nuestros antepasados sufrieron las mismas injusticias por parte de la iglesia inquisitiva de Torquemada, extendida hasta el último rincón hispano y, si la historia de la colonización americana es llamativa por lo inhumana, de la misma manera en los territorios ibéricos se cometieron injusticias hasta doblegar al invadido y someterlo al yugo opresor del catolicismo.

Cualquiera que lea estas palabras podría pensar que profeso el islam, o quizás el judaísmo, no, de sobra es conocida mi irreligiosidad, agnosticismo o ateísmo, como lo quieran llamar, pero mi creencia en la inexistencia de dioses no está reñida con el respeto a quien es creyente, en cualquiera de las divinidades, aunque también es verdad que la creencia obligada no la comparto, ni la acepto, creo en la libertad del ser humano hasta el extremo de elegir a sus dioses.


Pero como no se trata de lo que yo creo o lo que dejo de creer sino de lo que compartimos, expondré que de la misma manera llegaban las imágenes en Andalucía o en América. En los pueblos costeros siempre aparecía una imagen religiosa flotando en sus aguas para que los pobladores las recogieran, después, seguidamente, aparecían los religiosos confirmando el milagro y que el Cristo o la Virgen encontrada pedía que la adorasen. De la misma forma de actuar los caminos se llenaban de apariciones, en olivos, en encinas, en recodos del camino, en recovecos de las rocas... Cualquier lugar era propicio para la aparición de una imagen y sino se inventaban, y lo que comenzaba como una forma extraña en cualquier sitio acababa siendo un altar para la adoración de la supuesta figura imaginada.

Las creencias de los pueblos no es cosa que surge de la noche a la mañana, aunque sí es cierto que acontecimientos puntuales que coinciden sin explicación pueden atraer a los débiles de espíritu, a los ignorantes y, convertirse en un milagro que a la postre, a los años, aún con explicación científica, ya es difícil de desmontar o desacreditar ese hecho. Pero lo normal es ganarse la fe del no creyente o del infiel paso a paso, poco a poco, y son las generaciones las que dan seguridad a esa creencia establecida, es muy difícil, casi imposible, tratar de que un creyente deje de serlo de un día para otro, aunque si es más probable debido a que lo enseñado no corresponde con la realidad, pero para entonces, para cuando nos damos cuenta, ya es demasiado tarde para la mayoría, pues la creencia ya esta anclada en lo más profundo de nosotros y no nos imaginamos caminar sin esa guía.

Cierto es que en las sociedades desarrolladas es cada día más difícil encontrar fieles, seguidores de las religiones que andan de capa caída, son malos tiempos para la fe. Solo en países donde el hambre, la miseria o las enfermedades hacen estragos las religiones son poderosas en las mentes de las personas, eso no es debido a otra cosa que a la inseguridad, al miedo que infunden esas situaciones lamentables en el mundo. Las religiones son doctrinas que se fundamentan en las desgracias, necesidades y el control de los pueblos, las religiones son el arma más mortífera para el progreso de las sociedades y la libertad de sus componentes.

Esto puede llevar a malos entendidos y antes que esto suceda me apresuro a negar que Nicaragua u otro país latino, herederos de la religiosidad española que aún hoy tiene tanto peso en la sociedad, sean naciones subdesarrolladas, en absoluto, la fe no está negada con el desarrollo pero este último si va de la mano con la libertad en las creencias.

Volviendo atrás, a lo que nos une, alego la fe mariana de nuestros pueblos, la capital de nuestra comunidad andaluza, Sevilla, es conocida por "la tierra de María santísima" y la adoración por la madre de Jesús es una realidad extendida por entre las ocho provincias que componen Andalucía, la expresión popular se vuelca con la figura femenina, casi tan importante o más que el propio icono crucificado. Y así, de esta misma manera de profesar, Nicaragua se desvive por María Purísima, es la expresión del pueblo que tiene en la madre a su componente más idolatrado, nada es el hijo sin la madre, es la fuente de todo, de la misma vida.

La Gritería o la fiesta de la Purísima Concepción de María, se ha extendido por todo el territorio nicaragüense como una algarabía, un júbilo, que el pueblo celebra en las casas y en las calles, en cualquier rincón se alzan altares donde La Purísima se venera con gran devoción, con un grito que todos conocen y que es pieza fundamental de la celebración. ¿Quien causa tanta alegría? A lo que todos responden a coro: ¡La Concepción de María! La gente acude a cada casa, a cada acera, a cada coche, donde se alce un altar para rezar, cantar y gritar. Se reparten caramelos, refrescos, juguetes, comida, regalos en general al sonido de los truenos producidos por los petardos, cohetes pirotécnicos, y el olor a pólvora quemada. Esta versión nicaragüense comenzó a celebrarse en la ciudad de León, en el año 1742, pero fue en 1857 y motivado por tanta aceptación de feligreses en la iglesia de San Francisco, en la que los frailes franciscanos regalaban dulces y caramelos a los asistentes, que monseñor Godiano Carranza animó a visitar casa por casa y a alzar en ellas altares, a la vez rezar, cantar y gritar a la virgen. De León se fue extendiendo a otras ciudades y hoy es una hermosa fiesta de alegría, participación y generosidad, única en Latinoamérica, y que su pueblo le dedica a la que es Patrona Nacional de Nicaragua.



http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

sábado, 6 de diciembre de 2008

Cuatro mujeres para una dictadura

Son infinidad las de veces que habremos escuchado aquello de que "detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer" o "dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión". Dos refranes relacionados con la influencia de la mujer en el hombre o en las decisiones de estos. El papel de la mujer en este mundo diseñado para y por hombres siempre estuvo en segundo plano, aunque esto no es sinónimo de falta de decisión, las mujeres han estado a la sombra en muchas instantáneas de la historia pero su influencia fue la que propició ese momento y las que llevaron las riendas de muchos pueblos, fueron determinantes en el roll propiciado por sus parejas que aún siendo ellos la voz cantante de cara a la galería, en el fondo, como marionetas, se movían por los hilos de sus parejas.
Es por eso que para bien o para mal sus nombres siempre van unidos y, de la misma manera que ellos se llevan el protagonismo, ellas quedan a merced de la reputación o reconocimiento adquirido, o recompensado, por las sociedades y dependiendo del estatus. También y del mismo modo son ellas las que en ocasiones se aprovechan de la imagen masculina de sus compañeros para llevar a cabo lo que la sociedad no le permite realizar por si sola, por lo que la participación de la mujer en las sociedades machistas siempre tienen un hándicap, pocas veces son reconocidas sus aportaciones cuando el resultado es positivo, en cambio, cuando es negativo siempre quedan, aunque criticadas o censuradas, responsabilizadas en menor medida. Con este punto de vista no añado al papel de la mujer, en este juego, pros o contras, es la realidad a la que el género femenino se ha tenido que adaptar en el juego masculino. Claro que no siempre la mujer encuentra espacio para la participación, en muchas ocasiones quedan relegadas a un cero a la izquierda y por distintas circunstancias su aportación no influye, bien por su relativa capacidad para algunos menesteres o por el propio rechazo que reciben por parte de sus compañeros, que asume su responsabilidad con egoísmo desvalorando la propia capacidad femenina.

No siempre se acierta cuando se mira de lejos a personajes de la historia, es fácil y común errar en la definición de quienes solo muestran una imagen protocolaria y como, casi siempre, la primera impresión es la que vale, la llevamos acarreando, arrastrando, toda la vida y salvo en contadas ocasiones que ésta nos da esa oportunidad para reparar la creencia o concepto de una persona determinada, le colgamos el sambenito injustamente y para la eternidad.
Los dictadores no son una especie especial en el ser humano, más de uno no ejerce como tal porque la providencia no le dio esa oportunidad, pero las cualidades son idénticas a los que la historia los mostró en todo su esplendor dictatorial, en toda su tiranía. Supongo que ni siquiera los sicólogos o psiquiatras, podrían explicar el por qué de esas actitudes, porque no existe una sola, los hubo prepotentes, endiosados, pero también sensibles en momentos determinados y casi todos acomplejados por alguna razón. Creo que los componentes esenciales para convertirse en dictador los llevamos añadidos, solo necesitamos que las condiciones propicien un terreno abonado y que se desarrollen. Nadie nace pensando en ser dictador, es más, muchos mueren pensando que no lo fueron, pero las circunstancias del día a día es lo que les hace tomar esas actitudes.
A todo esto no se escapa la pareja que siempre, o casi siempre, está envuelta en esa vorágine, claro que al aceptar el juego se pasa a ser cómplice directamente, y más a esos niveles donde la independencia personal requiere menos esfuerzo para comenzar de cero. Por supuesto que sí, que no todo es la parte económica, pero la dignidad de una persona es más fácil defenderla cuando se dispone para cubrir los gastos necesarios cada día.
Comienzo a meterme en un tema del que intentaba huir, la dependencia económica de la mujer respecto al hombre, pero a estos niveles no creo que sean barreras insalvables, entiendo que cuando la mujer forma parte del juego de su pareja es como firmar un contrato aceptando las condiciones y por lo tanto es pieza indiscutible en el tablero.
Oficialmente se dice que fueron dos las mujeres o esposas de los dictadores de la saga de los Somoza, pero hubo una tercera reconocida como amante y que jugó un papel relevante hasta el punto de influir en decisiones de estado. Estas son las referencias conocidas por casi todos y publicas, pero existe otra aportación que sitúa a otra mujer como la pieza que da fundamento a la creación de la dictadura hereditaria. Según Viktor Morales, en su libro "De Mrs. Hanna a la Dinorah", argumenta que fue la esposa del embajador estadounidense en Nicaragua, Mrs. Hanna, la que, enamorada, le ayudó a llegar al poder, una corrupción sexual dio pie a la creación de la dictadura de Anastasio Somoza García. Al igual que otra mujer fue la causante de la destitución del último Tirano, su hijo Anastasio Somoza Debayle, cuando se enamoró perdidamente de Dinorah Sampson. Ésta última es más conocida y de ella se saben que, además de regalarle un apartamento en Miami, y dejarle un futuro económico resuelto, cosa que ella parece no supo administrar, influía en decisiones respecto a la Guardia Nacional, o en las relaciones publicas ante los medios por sus contactos anteriores. Fue ella la que compartía su existencia cuando al ex-dictador lo asesinaron en Paraguay y posiblemente una de las causas de que Hope Portocarrero se divorciara y dejara de ser la primera dama del gobierno dictatorial.
Salvadora Debayle fue la primera dama de la primera dictadura de los Somoza, nació en León en 1895 y era hija del Doctor Luis Henry Debayle, el mismo que atendió al poeta Rubén Darío en sus últimos días de vida. Nieta, sobrina, esposa y madre de presidentes de Nicaragua, provenía de una de las familias más distinguidas a nivel político del país, y aunque sus padres no aceptaban de buen agrado al que fue su marido y dictador, terminaron por aceptarlo aún perteneciendo a la clase media. Fue una mujer popular en su tiempo a la que se tacha de carácter duro y enérgica, ejerció de gran influencia en el gobierno de la dictadura, hasta el punto de ser ella, la que ordenó desde León que se reuniera el congreso y que su hijo Luís se juramentara presidente de la República, cuando el poeta Rigoberto López Pérez disparó contra Somoza García, hiriéndolo de muerte en el baile de La Casa del Obrero de León. Murió en 1987 en Washington DC, Estados Unidos, en compañía de su hija Lillian. Las constantes confrontaciones entre sus otros dos hijos varones, Luis y Anastasio, fueron la causa de que decidiera instalarse permanentemente en casa de su única hija.
En lo que respecta a la esposa del heredero dictador, Anastasio Somoza Debayle, es un personaje llamativo para cualquier escritor, una personalidad atractiva, elegante, sensible y comparada con Jacqueline Kennedy por su belleza y refinamiento. Nació en Florida, Estados Unidos, en 1929, Y aunque siempre fue conocida por Hope, fue registrada con los nombres Blanca Esperanza, sus padres eran de origen español, alemán y francés, provenientes de Nicaragua y prima del que fuera su marido y dictador Anastasio Somoza Debayle. El matrimonio se realizó por conveniencia, acordado por los padres de ambos años atrás, no por eso su boda, celebrada en la antigua catedral de Managua, fue un acontecimiento internacional y acudieron la burguesía nicaragüense y extranjera. La suya fue la boda del siglo en Nicaragua y unió a las dos familias de más abolengo nicaragüense, que dio fruto a cinco hijos. Se marcharon a vivir a Nueva York hasta que el dictador los mandó llamar para que volvieran a residir en Nicaragua. En 1967 se convierte en primera dama del país y al mismo tiempo en un icono para la moda, la elegancia y el refinamiento de la alta sociedad. Todo fue bien en el matrimonio, o al menos eso se supone, hasta que apareció Dinorah Sampson y el dictador se enamoró perdidamente de ella, adquiriendo influencia sobre su marido y al mismo tiempo sobre las decisiones del país y es en ese tiempo cuando Hope Portocarrero se refugia en actividades de la alta sociedad y realiza eventos de beneficencia. El legado como gestión de primera dama deja la construcción del Hospital del Niño, el Centro de Huérfanos La Esperanza, defendió los derechos de los menores y en un emocionante discurso dijo que no permitiría en adelante que los menores de edad que cometieran delitos fueran encarcelados con los presos comunes. Se construyó la Clínica para Mujeres en la colonia Tenderí, el imponente Teatro Nacional Rubén Darío, del que el The New York Times dijo que era el mejor centro para las representaciones escénicas de toda Latinoamérica. Recibe del gobierno francés la condecoración Palmas Académicas, fue Presidenta de la Junta Nacional de Asistencia y Previsión Social, Presidenta del Instituto Pro-Arte, impulsa y bautiza el Centro Cultural Nacional: Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional, Conservatorio Nacional de Música, Escuela Nacional de Bellas Artes, el Museo Nacional y la Galería Plurar, y funda la Escuela para Niños Sordos.
Después del terremoto de 1972, realiza una admirable obra social para las victimas de una ciudad casi destruida en su totalidad, pero este esfuerzo quedó opaco, nublado, cuando su marido el dictador y colaboradores destinaron todo lo donado a un negocio de tratas de blancas. Esta actitud daña la sensibilidad de esta mujer que, según Viktor Morales, dijo: "Éste General no se compone, no le basta el dolor y el sufrimiento del pueblo. Quiere tener tiempo para fechorías y sodomías. Le odio... le odio...".
En 1978 se divorcia del dictador y se traslada a Londres, donde se casa con el multimillonario salvadoreño Archie Baldocchi. Murió a los 62 años en Miami, en 1991, víctima del cáncer. Poco antes de morir donó 100.000 dólares para ayuda a los nicaragüenses necesitados que llegaron a Miami después de la Revolución Sandinista.





video

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

viernes, 5 de diciembre de 2008

Golpe de efecto


De todos los capítulos relacionados con la revolución nicaragüense, contra la dictadura somocista, el episodio del asalto al Palacio Nacional está entre los más atractivos, de los más atrayentes, entre los que más simpatías despiertan. Sin duda alguna fue un golpe de efecto que dejó boquiabierto al dictador y a cuantos en el país observaban, primero perplejos y después contagiados de patriotismo, al ver como un puñado de muchachos, la mayoría entre 17 y 20 años, ponían en jaque a la dictadura, al sanguinario régimen, que no esperaba aquella osadía rebelde en el propio salón del hogar dictatorial. Es muy probable que un ataque a las entrañas de la dictadura, al corazón gubernamental, no lo esperara nadie, ni el propio dictador inmerso en su confianzuda entronización, por esa razón quizás salió a pedir de boca para los valientes guerrilleros. Si se analiza bien la Operación Chanchera se puede llegar a la conclusión de que era una actitud kamikaze, nadie en su sano juicio pensaría escapar con vida de aquel infierno sin salida, de un numero importante de posibilidades solo una estaría a favor de un resultado positivo para los asaltantes. Eso dice que fueron muchos condicionantes los que se mezclaron para que el coctel revolucionario concluyera no solo en su justa composición si no que además dejara para el futuro, el más inmediato, el regusto, la necesidad de repetir aquella acción, el enfrentamiento, el alzamiento contra la injusticia y contra tantos años de opresión y crueldad.
Fue como decirles a los nicaragüenses que se podía, que no era imposible salir de aquel infierno, que valía la pena luchar y que la recompensa estaba al alcance de la mano. Fue una contagiosa animosidad que prendió mecha en todos los estamentos sociales y que estalló en una revolución popular hartos de aquella injusta situación. No se puede decir que fuera el acontecimiento esencial, no, hubo también otros de notable importancia, pero el golpe llevado a cabo por aquellos 25 combatientes, con Edén Pastora, el Comandante Cero al frente, jugó un papel significativo para que el alzamiento popular saliera exitoso en una de las aventuras heroicas que recoge Nicaragua en su historia. Tampoco se podría decir que la coincidencia de pensamiento llevó a los guerrilleros al éxito de su empeño, pues existían tres tendencias, los acontecimientos posteriores rompieron aquella unidad que les llevó a terminar con la dictadura, la mayoría de sus componentes acabaron en desacuerdo con el FSLN, o más bien con Daniel Ortega, que a la postre robó los sueños de una Nicaragua libre en pos del progreso, usándolos como una copia dictatorial del derrocado régimen y para sus propios intereses. Pero lo importante por encima de todo lo hizo la necesidad de unir fuerzas sin mirar el precio a pagar, el ejemplo de que el ser humano aparca sus ideales propios para unirse a otros en contra de quienes les oprimen.
En la única ocasión en la que pisé la gran sala rectangular, escenario del épico episodio, el silencio invadía su espacio vacío, roto por la presencia de un piano color negro en uno de los laterales cortos, único testigo de mi visita y que en otro articulo hablaré de él, junto a Otto Estrada que me guiaba por el edificio. La imaginación es una aliada generosa cuando se trata de fabricar el pasado y colocarlo ante nosotros como si de una película se tratara, cuarenta años después de los acontecimientos me permitía escuchar y ver, en mi imaginación, la incursión, cuando irrumpió vestido de militar y con el rifle Garand en mano el Comandante Cero en la sala repleta de políticos del régimen que se encontraban aquel día de asamblea. Más de tres mil personas estaban presentes en el Palacio Nacional en el momento de los hechos, entre trabajadores, periodistas y publico que acudió a gestionar algún documento, pues por entonces el edificio reunía distintas oficinas y ministerios.

No había pasado más de media hora desde el comienzo de la sesión en la cámara de los diputados, de la que era presidente el primo del dictador Anastasio Somoza Debayle, Luís Pallais Debayle, cuando los asaltantes se esparcían por todas las estancias del edificio y se escucharon gritos. Era el momento en que entraban en el salón de sesiones vestidos de militares, con uniforme copiado a los de la EEBI, Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, hasta el punto de que fueron confundidos con los militares de Somoza. El terror se apoderó de los rostros de los políticos cuando, tras unas ráfagas disparadas al aire, pudieron comprobar que se trataba de una operación del FSLN. Todos fueron obligados a tirarse al suelo, políticos, periodistas y publico en general, y pasados unos minutos de comprobación de identidades, varios diputados fueron atados de pies y manos. En ese momento los asaltantes, que provenían de distintas regiones del país y que hasta esos momentos no conocían detalles del operativo, se cubrieron el rostro con su particular pañuelo rojo y negro, el Comandante Cero se dirigió a Luis Pallais y le ordenó que llamara a su primo el dictador y le comunicara la situación, las condiciones que exigían y la puesta en marcha de las negociaciones. Entre las condiciones exigidas estaban la mediación del Arzobispo de Managua, Monseñor Miguel Obando y Bravo, y los Obispos de León y Granada, monseñores Manuel Salazar Espinoza y Leovigildo López Fitoria, además de varios embajadores.
El primer planteamiento que se exigió a la llegada de los representantes eclesiásticos fue el cese de las hostilidades desde el exterior, que suspendieran los disparos hacia el edificio. Eran al rededor de las tres de la tarde del martes 22 de agosto de 1978 cuando Dora María Téllez, comandante dos, inició la primera conversación con los intermediarios y les entregó varios documentos con las peticiones del comando. En los documentos se señalaban los nombres de la Dirección Nacional del FSLN, presididos por Daniel y Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López, los que se encontraban en Costa Rica y alejados del riesgo que suponía la operación; el nombre del comando "Rigoberto López Pérez", el justiciero del anterior dictador y padre del que ejercía como tal en aquellos momentos, y el del operativo "Muerte al Somocismo, Carlos Fonseca Amador". A continuación se exigía amnistía para todos los presos políticos que reflejaba la lista, la publicación de los documentos en una serie de cadenas de radio y televisión, medios escritos y diez millones de dólares; la mediación de varios embajadores y medios aéreos para salir del país.

Entre los días martes y miércoles los mediadores eclesiásticos acudieron en varias ocasiones del Palacio Nacional a la explanada de Tiscapa, donde el dictador Somoza tenía su despacho, se sumaron a la mediación los embajadores de Costa Rica y Panamá y se pusieron en conocimiento las víctimas por parte de los dos bandos, hubo muertos y heridos, entre los últimos un guerrillero del comando, Lorenzo Hernández, el numero 62. Existieron momentos de tensión en los que los asaltantes amenazaron con asesinar a un diputado si no ordenaba el alto el fuego, el cual llamó al dictador a petición propia y surgió efecto. Después fue el periodista de origen cubano el amenazado si no se retiraba la Guardia Nacional a más de 300 metros de distancia. Hubo muchos momentos de tensión que estuvieron a punto de provocar una masacre. Pero a las siete de la tarde los asaltantes permitieron que abandonaran el Palacio muchas personas, en especial mujeres, niños y enfermos. Fueron 45 horas interminables lo que duró el asedio y toma del edificio y al final del miércoles Somoza cedió.
Algunos de los nombres reclamados se confirmaron que fueron asesinados tiempo atrás, de los diez millones solicitados se quedaron en medio millón de dólares, Venezuela envía un avión, un Hércules de la Fuerza Aérea y Panamá otro avión Electra de COPA. El jueves 24 se inicia una sesión especial y en ella Edén Pastora pronuncia un discurso donde acusa al régimen somocista de solo entender el lenguaje de las armas y tomó la bandera del país que se situaba tras de sí, diciendo que se la llevaba y que solo la devolvería cuando Nicaragua fuera libre. A continuación Fue Dora María la que se refirió a las razones de la lucha armada por parte de los sandinistas; cerraron con unas palabras dos periodistas presentes en los acontecimientos. Cuando se preparaba el comando para la retirada y huida hacia el aeropuerto descubrieron a un sobrino del dictador escondido entre los retenidos en el edificio y lo sumaron a los rehenes que les acompañaron en dos autobuses camino del aeropuerto, el ministro de Gobernación y varios diputados, primero trasladaron al guerrillero herido y a continuación fueron ocupando los buses en medio de los aplausos de los presentes. La Carretera Norte se adornaba de una multitud al paso de los guerrilleros que entusiasmada aplaudían. Fue un golpe a la dictadura y una acción de cara al resto del mundo que habría una nueva realidad para la libertad.

martes, 2 de diciembre de 2008

Oyanka, la princesa montaña

La leyenda de El Dorado va unida a la conquista o invasión de los pueblos americanos por parte de los españoles y la iglesia católica, cuando Colón se confundió y sin pretenderlo se encontró de faces con todo un continente habitado por innumerables pueblos indígenas con su propia cultura y costumbres. Las costumbres son el reflejo de lo que una cultura es, la manera de ser, de pensar y de actuar. Nada tiene un valor definido para la humanidad más allá de lo que se valora por las necesidades propias de esa cultura, hoy generalizadas, globalizadas en su mayoría, y con unos parámetros de valores adaptados a esas necesidades que demanda la sociedad. Son muchos los objetos, sustancias o productos, que han representado la medida de valor a lo largo de la historia y en cada una de sus culturas, dependiendo de la demanda, desde la sal en época del Imperio Romano, de la que todavía hoy utilizamos su significado cuando nos referimos al sueldo por nuestro trabajo realizado, el salario, hasta el cacao en el nuevo continente.
Si nos ponemos a analizar fríamente cual era el sentido de aquella expedición que cambió el rumbo de la historia tropezaremos con que su finalidad no era otra que la de abaratar costes en el comercio, la inversión que supuso poner en marcha el descabellado proyecto que Colón capitaneara era comercial, más que de conquistar nuevas tierras, los reyes católicos ya habían conseguido su meta marcada, la de arrebatarle a los musulmanes las tierras ocupadas desde muchos siglos atrás, a lo que se empecinan en llamar reconquista algunos historiadores. Nunca antes en la historia de España fue constituida como tal, como nos lo intentan hacer ver. Los católicos nunca representaron a la sociedad española al completo hasta ese momento, eran comunidades independientes dentro del mismo territorio, ocupado por los romanos en la historia más cercana a los hechos. El punto de mira en la aventura de las carabelas fue la India, sus especias, la mercancía que traían a través de Asia, Oriente Medio y Europa, la idea de acercar esos productos por el Atlántico soportada en la teoría que el almirante descubridor defendía, que la tierra era redonda.

Pero sucedió lo inesperado, descubrieron que se interponía en su camino un continente entero, vivo, que latía en medio de la inmensidad oceánica, con su propia cultura, sus propios valores y desiguales necesidades. Una pepita de oro no tendría un valor superior a una piedra, un canto rodado, si el ser humano no tasara al metal amarillo con un valor determinado, al igual que un espejito no tenía el mismo valor para los dos continentes, en las nuevas tierras no se conocían esos objetos. La historia podría haber contado que hubo un comercio entre culturas si la actitud de los invasores hubiera sido diferente, que no hubo engaño, que no robaron, masacraron y arrasaron con todo lo que encontraron, pero irremediablemente la conquista fue acompañada de todos esos ingredientes mezquinos. La búsqueda de El Dorado no fue otra cosa que la ambición, la avaricia, lo que para los indígenas no suponía más que unos adornos brillantes, casi como los espejitos, para los invasores era la avaricia, el poder, era el valor que la cultura occidental había dado al oro, no lo que valía realmente.
Buscando información sobre Matagalpa, departamento de Nicaragua, he encontrado una leyenda que no he tardado en decidirme para hacerla mía y contarla, me sucedió como a Colón, buscaba otros temas y me encontré con lo inesperado. La he escogido para acompañar a esta reflexión, para hablar, escribir, de la cultura matagalpina, y porque he encontrado en ella unos puntos en común conmigo, con mi ciudad, con Córdoba. Lo cierto es que Córdoba y Nicaragua van unidas por muchos puntos en común, por el nombre de la moneda del país, por el apellido del fundador de Nicaragua, de León y Granada, por la procedencia del fundador, Francisco Hernández de Córdoba... son más detalles que quizá en otro momento enumeraré, pero en este caso es la relevancia en varios protagonistas de la leyenda lo que me ha empujado a relatarla.

El escenario se sitúa en el valle de Sébaco, municipio del departamento de Matagalpa, y según cuenta el historiador matagalpino, Eddy Kühl Arauz, en su libro Matagalpa y sus Gentes, esto que les empiezo a contar sucedió en este lugar por 1590, en Sébaco, que significa en Náhuatl "Cihua coatl", Mujer Serpiente. Bajo el liderazgo del cacique Yamboa y a orillas de la laguna Moyoá vivía un pueblo de indios matagalpas que se dedicaban a la agricultura y a la pesca que les proporcionaba la laguna, el cultivo del maíz, el cacao, yuca, el tamarindo y distintas frutas que eran la base de su dieta. Y entre los animales que cazaban se encontraban el pavón, la codorniz, guatusa, guardatinaja y el venado. De los metales solo trabajaban el oro por su ductilidad y por su brillante belleza, lo extraían de una cueva que encontraron al norte, en las montañas. Se cree que se comunica una cueva a orillas del Río Grande que actualmente pertenece a la finca El Tamarindo de Oro con otra cerca de la Trinidad, Estelí, pero cuando se dieron cuenta que la ambición era desmesurada guardaron el secreto para que los españoles no se apropiaran de ella. Al principio, cuando los soldados comenzaron a aparecer por aquellos lugares fueron bien recibidos por el cacique, pero cuando los soldados descubrieron que algunas indias relacionadas con Yamboa lucían collares con grandes pepitas de oro tan grandes como las semillas del tamarindo todo cambió.
Al mismo tiempo y al otro lado del Atlántico, en Córdoba, habitaba una familia cuyo padre Joseph López de Cantarero, teniente de la armada española, fue enviado a la entonces provincia de Nicaragua y reportado muerto en la región de Sébaco en un combate con los indígenas, ni que decir tiene que la noticia tardó algunos meses hasta que llegó a la ciudad andaluza. Por esos días su único hijo tenía apenas 13 años de edad y su viuda, María de Albuquerque, habló con Fray Domingo del convento de los padres franciscanos, cercano a su domicilio, para que admitieran a José, para estudiar y más tarde convertirse en sacerdote ante la falta de porvenir, pues el salario de su marido dejó de recibirlo. José resultó ser un muchacho listo y no perdió el tiempo, aprendió latín, geografía, historia, oratoria, cánones sagrados y teología. Pero cuando le faltaban varios meses para ordenarse descubrió que su vocación no era la de sacerdote. Entonces habló con su madre y le expuso su deseo de acudir a los lugares donde su padre había fallecido y realizar sus sueños aventureros por las nuevas tierras, la madre lloró desconsolada pero aceptó la decisión de su hijo que embarcó en Cádiz rumbo al nuevo continente. Llegó a León y en esta ciudad se quedó varios meses hasta que se alistó como escribiente para las guarniciones que fueran a Sébaco.
Una vez en su nuevo destino investigó sobre la muerte de su padre y pudo comprobar que el culpable fue un capitán, cuando a una indias les robaron unas piezas de oro y los indios reaccionaron dando muerte a unos soldados a los cuales el capitán había ordenado defender al ladrón militar. El susodicho capitán comprometió a su tropa que acabó con el teniente y varios soldados por ambicioso. Pero el capitán también murió cuando intento forzadamente encontrar la cueva donde se hallaba el yacimiento de oro. A José le atraía la hija del cacique, Oyanka, y la manera de acercarse a ella fue haciéndolo también hacia los más cercanos al cacique. Les propuso enseñarles el castellano al tiempo que él también se interesaba por la lengua de los matagalpas y la joven india terminó por enamorarse de José. Oyanka era una jovencita de 17 años, de piel morena y ojos cafés ámbar, de cuello largo y sensual, de facciones finas y cabello largo. José se enamoró de ella pero no perdió su propósito de enriquecerse, cosa que intentó convenciéndola y tras hacerle juramento de guardar el secreto tomaron el camino de la cueva donde su padre el cacique extraía los Tamarindos de Oro. Sin decírselo a nadie caminaron dos horas hacia las montañas, al poblado de La Trinidad, donde se encontraba la cueva secreta, encendieron una tea de ocote y penetraron en la cavidad, donde los murciélagos revolotearon asustados y las culebras se arrastraron buscando refugio.
El joven cordobés pudo apreciar como en una veta de cuarzo se notaban adheridos unos grandes granos del brillante metal, casi al alcance de la mano, con poco esfuerzo y un cuchillo consiguió arrancar siete pepitas del tamaño de las semillas del tamarindo y las guardó. De vuelta regresaron al poblado cuando oscurecía y el cacique se figuró donde fueron los dos jóvenes, cosa que le disgustó y mandó detener al novio y a su hija encerrarla. No podía eliminar a José por miedo a la reacción de los soldados pero conocía la incursión de unos indios caribe por el río Yagüare, les envió un mensaje y les propuso que si no atacaban a su pueblo le entregarían a un joven español de muy alta posición para que pidieran rescate por él, Y así fue, el cacique envió a una avanzada de indios e hicieron el trato. La joven princesita se deprimió tanto cuando conoció la noticia y con la privación de libertad, que dejó de comer y se negó hasta que su padre hiciera regresar a su joven amante. Nadie pudo evitarlo, se durmió para siempre recostada sobre su espalda y después de cuatrocientos años se convirtió en montaña, donde se la puede ver recostada frente a su pueblo de Metapa, Sébaco, El Guayabal, La Trinidad, Chagüitillo, Carreta Quebrada y por siempre en una eterna espera.







http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

lunes, 1 de diciembre de 2008

Ciudad de ... y de iglesias

La ciudad universitaria, León, esconde mucho más de lo que enseña y, para admirar todo lo que muestra, sería necesario mucho más tiempo del que uno, lamentablemente, disfruta para el recreo de los sentidos. En mi primer encuentro con tierras pinoleras, cuyo cuartel general siempre lo levanto en Managua, tomé rumbo hacia el sur, quizá porque soy de sangre sureña, de sangre caliente, de temperamento latino, y me dirigí a los departamentos de Masaya y Granada, era casi necesario mi encuentro con la homologa americana de la ciudad sureña española. Es parte de mis raíces, la Granada andaluza comparte con mi ciudad natal, Córdoba, una responsabilidad histórica, la de llevar sobre los hombros el legado de la cultura arábiga que para bien de nuestras ciudades las hizo que fueran admiradas por todo el mundo y no solo en siglos pasados, también en lo heredado. Por otra parte mi abuelo paterno nació en la ciudad nazarí. Así que, como uno no puede estar en todos los sitios y al mismo tiempo, dejé para la siguiente ocasión, la que presentía en fecha cercana, una visita a León.
Había oído que, tomando como epicentro a Managua, Granada, al sur, tenía cierto aire arábigo, como la española. En cambio León, al norte, se señoreaba más castellana, tal vez porque los nombres las sitúan dentro de un concepto de ciudad, pero por más que he querido verlas dentro de ese concepto no les encuentro parecido alguno, me resultan hermosas, monumentales, pero genuinas. Si algo de españolas airean es su pasado colonial, pero ninguna referencia que me recuerde a las ciudades españolas de las que tomaron el nombre, conozco las cuatro, las dos de este lado y las de el otro, y ninguna se parecen, tan solo la hermosura las relacionan entre sí. Estas dos ciudades, atractivas como pocas, merecen una visita como mínimo, arribar a Nicaragua y pasar por alto de Granada y León es casi como no hacerlo, con el debido respeto hacia el resto de las ciudades nicaragüenses, pero es en estos dos municipios donde descansan la mayoría de los capítulos históricos del país. La competencia entre ambas a lo largo de la historia las sitúa en lugares privilegiados y esa competitividad a lo largo del tiempo las benefició, han luchado por superarse en todos los campos y hoy evidencian el resultado por cada esquina, en cada rincón, en cada capitulo de la historia.

Sobre Granada ya escribí en otro artículo anterior, pero respecto a León, aunque en varias ocasiones estuve atraído por la idea, no llegué a decidirme, y no por falta de interés, ni mucho menos por temas relacionados con esta ciudad, simplemente porque siempre está presente y ofrece muchos y variados temas que se irán sumando a este puñado de miradas hacia Nicaragua. La ubicación del primitivo León no es la que hoy lo acoge, en un principio se fundó junto al lago Xolotlan y a la población indígena de Imabite, en 1524, pero por diversas causas y en 1610 fue abandonada para refundarse a 30 kilómetros al noroeste y entre dos ríos, cercano a la población indígena de Subtiava. La fecha en la que se procedió a ordenar el trazado de la nueva ciudad de León fue el 19 de enero de 1610, en cuadriculas y bajo el esquema de núcleo generadores, policéntricos jerárquicos. En cada núcleo se mandó construir una iglesia para la catequización de la población indígena según mandato de Felipe II y es por eso la cantidad de templos religiosos que ofrece la ciudad. Esta decisión del monarca español en tiempos de su fundación dejó un legado histórico, artístico y monumental de notable importancia para los leoneses de hoy.
Sin duda la catedral de León es el edificio más emblemático de Nicaragua, un tesoro arquitectónico de incalculable valor, pero aunque León ofrece otros atractivos de distinta índole, de interés histórico y artístico reconocidos no solo nacionalmente sino de igual modo fuera de sus fronteras, creo que para comenzar exponiendo mi relación con León lo haré con otro edificio, otra iglesia de la que apenas quedan en pie unas piedras, símbolo de la destrucción, de la tragedia, de lo que significó la dictadura de Somoza en sus últimos coletazos por erradicar la sublevación del pueblo nicaragüense, curtido en tantas batallas épicas, en tantos y tan importantes capítulos de la historia. Es muy probable que sino hubiera sido por mi amigo Silvio habría pasado desapercibida y, todo lo más, la iglesia de San Sebastián no hubiera significado para mi conocimiento otra cosa que unas ruinas que, de viejas, se desmoronaron como otras tantas. Sin embargo su compañía por las calles de la ciudad fue determinante para casi todo, él fue la voz amiga que me puso al corriente de cada rincón que pisamos, fue el cicerone ideal para instruirme en el conocimiento, en el descubrimiento, de lo que representa esta ciudad llena de atractivos.
Las primeras constancias que sobre San Sebastián se tienen escritas datan del 13 de febrero de 1610, algunos días posteriores a la propia fundación de la ciudad, es la asignación de tierras para la construcción de la iglesia, un acuerdo que aprobó el presidente de la Audiencia don Alonso Criado de Castilla, unas escrituras que también acordaban los terrenos para el convento de la Merced, San Francisco, Casas Reales, viviendas y plazas. Esto quiere decir que San Sebastian es la iglesia más antigua de la ciudad de león, que se edificó como capilla de la catedral y, casi con toda seguridad, una de las construcciones de mayor edad de todas las que se alzaron desde su fundación. Solo, y verbalmente, se tiene constancia de una restauración sufrida a finales de ese mismo siglo en que se construyó, el siglo XVII, pero con los mismos materiales de la época, similares a los primitivos, a diferencia de otros edificios que se sustituyeron con materiales más duraderos y cercanos a nuestros días. San Sebastián fue uno de esos núcleos de los que formaron parte el trazado de la ciudad, dio origen al barrio de la Españolita para más tarde dividirse en San Sebastian y Laborio. La situación dice que San Sebastián sería para los indios Yacacoyagua y la lógica que define la situación es que para que cuando los leoneses se trasladaban, después de haber cruzado el Río Chiquito, en otro tiempo San Pedro, y se detenían en el caserío de los indios Yacacoyagua, como a media legua de Subtiava, donde se alzaba San Sebastián, desde allí dieran gracias a Dios.

Estos detalles de la historia de San Sebastián no los conocí por parte de mi amigo Silvio que me acompañó aquel día, esto es fruto de la historia escrita en distintas enciclopedias y paginas de Internet oficiales. De lo que si me puso al corriente fue de la historia contemporánea, del declive, del ocaso, de la atrocidad cometida contra la historia, ni siquiera respetó la historia el dictador, poco le importó que sus soldados bombardearan el lugar, lo único importante para él era acabar con las vidas de los sublevados y a cualquier precio. El 27 de junio de 1979 es una fecha memorable para los habitantes del barrio de San Sebastián y para todos los leoneses, los tanques comenzaron a bombardear por el lado norte de la iglesia derrumbando la pared, los soldados del dictador pensaban aniquilar a los guerrilleros que habían tomado el cuartel de la 21, pero no fue suficiente para sus intenciones que acabaron por destruir la iglesia con bombas aéreas. Terminada la guerra fueron muchos, pero frustrados, los intentos por recuperarla, intentos que quedaron en nada porque aparte de las buenas voluntades poco más quedaba después de una guerra, para destinar a la recuperación de San Sebastián. En la plazoleta de la iglesia se alzaba un monumento al músico leonés José de la Cruz Mena, del que solo quedó la base, pero en mi visita, repuesto el busto, volvía a lucir frente a las ruinas, entre las cuales sentí el pasado de una tierra, de un pueblo, curtido en mil batallas por la libertad, la dignidad, y la defensa de sus valores más elementales.







video

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/