domingo, 26 de octubre de 2008

Aves del paraíso




Tal vez el paraíso no tenga una imagen determinada sino que corresponde con lo que cada uno desea o imagina, pero hay lugares, sitios, con todo lo que les rodea o los compone, que se acercan a una imagen idílica y que coinciden con la mayoría imaginaria. Por supuesto que un paraíso sin banda sonora es menos paraíso, el sentido del oído se queda fuera y no se completa con rotundidad el espacio idílico paradisiaco de los sentidos, que al fin y al cabo no es otra cosa que desenfundarlos y sacarlos al aire, ponerlos a trabajar y que se regocijen.
A mi humilde parecer los sonidos emitidos por las aves, y el agua, son la ideal sonoridad para este jardín de las delicias ficticio, imaginario, donde se recrea el soñado paraíso. Sin duda es esa la idea de un hipotético paraíso, la de una vegetación frondosa, repleta de flores diversas y a cual más bella, donde el agua es actor protagonista y la fauna, sobre todo las aves, las moradoras naturales... nosotros, el ser humano, siempre quedaríamos relegados a segundo plano, a una invitación momentánea, pasajera, porque entre otras cosas dejaría de ser el paraíso, ya sabemos hasta donde podemos llegar en todo lo que tomamos la iniciativa o rubricamos con nuestra presencia continuada.
Desconozco muchos rincones del mundo, casi todos en comparación con lo visitado, pero puestos a escoger situaría muy cerca de los lagos y lagunas de Nicaragua este supuesto Paraíso. Quizás a las faldas de algún volcán, de alguna sierra, posiblemente en la sabana... al Pacifico o al Atlántico. También cabe la posibilidad de que sea imposible este lugar idílico, que su existencia sea improbable, por la coincidencia de que todos los sentidos se desarrollen en todo su penitencial a la misma vez. Ante esta hipótesis habría que buscar donde los cinco componentes se realicen en su máxima expresión y contar con la capacidad imaginativa de cada cual, condición que sería casi más importante que todo lo demás.

Así que puestos a elegir diré que tengo mucho ganado para encontrarme con el paraíso, creo que estoy muy cerca, un clima tropical, buena comida, gente amable, paisajes únicos y sonidos irrepetibles. Algunas mañanas he pensado que me encuentro muy cercano a ese lugar ideal, he llegado a pensar que es comparable a la felicidad, que se trata de un solo un momento, con la diferencia que se puede disfrutar en el presente, no hay que regresar al pasado en el recuerdo para identificar la felicidad en un instante determinado ya vivido. He llegado a la conclusión de que el paraíso es comparable, es el justo momento donde mejor nos encontramos, lo procesamos como una computadora y nuestra capacidad imaginativa se rinde a las condiciones que nos ofrece el entorno, es ahí cuando uno se siente como en el mismísimo paraíso, no puede existir otro enclave donde nos sintamos mejor.

Mucha culpa de que mis mañanas se acerquen a ese jardín de las delicias las tienen los pájaros, en concreto uno, aunque aprovecharé para destacar varias especies representativas de Nicaragua, por supuesto que la lista de aves es interminable y a cual más hermosa, pero no pretendo hacer un estudio ornitológico, solo destacar lo que estos animales representan en este hábitat natural, donde las especies, salvo algunos casos, no viven en estado permanente de peligro de extinción. Esto se debe al propio estado del país, de los países que componen el istmo centroamericano, sus recursos no son explotados indiscriminadamente y aún hay espacio para otros seres que no sean los de nuestra especie, el ser humano. Este razonamiento no quiere decir que no exista peligro, existe en cualquier lugar del planeta por muy recóndito que se encuentre, pero estas circunstancias ambientales no se disfrutan en el vanidoso y prepotente llamado nuestro primer mundo.
Del Cenzontle, o Sinsonte, dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: Pájaro americano de plumaje pardo y con las extremidades de las alas y de la cola, el pecho y el vientre blancos. Su canto es muy variado y melodioso.
Su nombre proviene del Náhuatl, Centzuntlí, y significa que tiene cuatrocientas voces. Es uno de los mejores imitadores que dio la naturaleza, capaz de reproducir el canto de otros animales, incluso el sonido de las maquinas. Los machos experimentados tienen un repertorio que llegan a contener de cincuenta a doscientos cantos diferentes. Es por la mañana cuando despliega su embriagador canto, hechicero, que adorna y acapara el espacio auditivo del entorno donde se encuentre, recordándonos que sin ellos, los animales, nuestro mundo sería diferente y no precisamente para mejor. Está muy extendido por toda América según la variedad. Les gustan las ciudades y raramente bajan de los arboles, de los arbustos o los postes de teléfono. Solo en la época en que pelechan abandonan su canto, a finales de verano, pero en el crepúsculo de la mañana, cuando el sol se encuentra en el horizonte, es el momento donde se escucha con más fuerza. Comen insectos y bayas, defienden agresivamente sus nidos de otras aves, de otros animales e incluso del ser humano. Cuando aprecian peligro de un depredador persistente avisan a los de su especie con una llamada distintiva y juntos se defienden atacando al intruso, a lo que acuden otras aves para ver como los sinsontes se unen en la defensa ante el agresor.

Pero los más representativos sean el Zanate y el Guardabarranco. Del primero diré que se ve por cada rincón de Nicaragua, como nuestros gorriones, pero con una imagen más grande, parecida al mirlo, una de las subfamilias americanas. De plumaje azabache, lustroso, con destellos metálicos verdes, purpura o bronce, y un carácter que intuyo más parecido a las gaviotas, pícaros y sinvergüenzas, con el oficio bien aprendido para sobrevivir en distintos ámbitos. Sus nidos los sitúa en lugares parecidos a los que eligen las palomas, tejados semiderruidos, huecos en edificios... y es fácil verlo bajo los chilamates buscando semillas y picoteando todo lo que se pone a su paso. Al contrario del Sinsonte su repertorio es más limitado, no por eso sus cuatro cantos dejan de ser agradables y armoniosos. Para los nicaragüenses lo prefieren pájaro nacional, en detrimento del oficial que se le conoce por Guardabarranco. Una rara ave por la poca frecuencia con que se la ve y por su hermoso plumaje. El símbolo nacional en cuestión de aves es sencillamente hermoso, un pájaro exótico del tamaño de la mano empuñada de una persona adulta. Su cola quizás sea su detalle más significativo, de la que sobresalen dos largas plumas en forma de raqueta, inadvertido y confianzudo, sobrecoge su confianza ante el ser humano y hechiza la belleza de su plumaje con colores alegres, muy en concordancia a los que los nicaragüenses eligen para sus fachadas de las casas. Los que predominan son diferentes tonalidades de verde, celeste tornasol, blanco, amarillo, anaranjado y negro, con la espalda y el vientre mayoritariamente verde y rojizo. Una raya azul pálida sobre el ojo a manera de un antifaz y una marca negra vertical con margen azul en la garganta, al igual que las plumas de vuelo y la superficie superior de la cola. También se le conoce por el nombre de "pájaro reloj", por los movimientos de su cola que se asemejan al péndulo. Su graznido nasal, "cwaw o cwaanh", se repite y con frecuencia se le puede oír a lo lejos, posados a la entrada de sus nidos, en las paredes de los barrancos, de ahí su nombre; comen insectos y mariposas.


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viernes, 24 de octubre de 2008

Masaya, lugar de venados





La cocina tradicional nicaragüense es rica, en sabrosa y en variedad de platos. Podría decir que al contrario que en otros países, en los que el frío obliga a tomar bastantes calorías, en este trozo de Centroamérica debería de existir una gastronomía más liviana, mas acorde con la temperatura que marca el termómetro durante todo el año, en las zonas costeras clima tropical de una media de 25´5ºC y en el interior entre 15ºC y 26ºC, pero no es así, hay para todos los gustos.
El plato nacional, o más conocido, es el gallopinto, que consiste en arroz y frijoles fritos con cebolla, acompañados de tajadas de plátano frito, queso frito, huevos revueltos o fritos y ensalada de repollo, normalmente. Pero existen variedades en el acompañamiento. Es un plato que se otorgan y atribuyen tanto Costa Rica como Nicaragua, pero lo cierto es que se extiende por todo el Caribe, Colombia, Venezuela... eso sí, cada uno con su toque original que los hace diferentes.

Mis costumbres andaluzas en el desayuno son muy diferentes, el aceite de oliva en una tostada de pan con no demasiada levadura y un tazón de café con leche me aportan energías para enfrentarme a la mañana con garantías de no desfallecer y aguantar hasta el mediodía, hora del almuerzo. Pero aquí todo es distinto, la primera vez traje conmigo una botellita de aceite para el desayuno pero al cuarto día me hice nicaragüense en cuanto a la primera comida del día. El gallopinto con dos huevos fritos me ponen a cien cada mañana, su aporte energético me permite conocer a pie Managua, es como mejor se conocen las ciudades, hasta el punto de que no hay zona de la ciudad que no haya pateado.

La ciudad de Masaya la visité el año pasado y guardo buenos recuerdos, por todo, por sus gentes, su alegría, su mercado de artesanía, el más amplio de Centroamérica. Así que, después del súper desayuno nica, me dispuse a tomar un microbus que me llevara hasta allí. No está lejos, algo más de media hora, 28 km, y con buen clima soleado el paseo fue placentero; tres días seguidos sin llover es un gustazo, todo se transforma y parece un país diferente cuando las nubes se esconden y el celeste ilumina el verde que brota por cualquier rincón.

El mañana de la ciudad, como todas las nicaragüenses, se perfuma de maíz, de tortillas recién hechas, a café, a jícaro, a fruta, a canela, a mil aromas que flotan entre los nicas, entre los niños que acuden a la escuela, entre los barrenderos, los que acuden a su trabajo, entre carros tirados por mulas, sobre los zanates que revolotean buscando semillas...
El despertar de Nicaragua es despertar a pueblo, a tiempo perdido que permitía a los rayos de sol introducirse por entre los plátanos, las piñas, el jocote, la papaya, la naranja, la pulpa del tamarindo y el cacao.
La ciudad de Masaya tiene algo que no posee Managua, por provinciana, su historia a flor de piel, sus casas antiguas, sus comercios rancios de edad pero alegres de renovados. Atrae su mezcla de antaño y la globalización, sus marcas y artículos gringos, de Asía, de Europa, que se cuelgan sobre estantes de otras épocas y el encanto embriaga al viajero que ve como los últimos modelos de telefonía móvil coquetean con los plátanos y las piñas o los cepillos de barrer hacen compañía a las yucas y los mangos.
El mercado de artesanía de Masaya es un disfrute para los sentidos. La pintura original nicaragüense se distingue desde lejos, no es solo la imagen colorista de Solantiname sino la de toda Nicaragua, sus paisajes alegres del archipiélago alegran el alma y ponen un sello de personalidad en los puestos enredados entre la vegetación ornamental del mercado, cerámica, cuero, madera tallada, guayaberas, cotonas, hamacas, sombreros...
Antes de hacer algunas compras decidí pasarme por la plaza de San Miguel, un remanso de paz sonoro, porque la paz no es sinónimo de silencio, pero si de tranquilidad, auspiciada por la algarabía de los niños que acudían al colegio, tomé asiento en uno de sus tenderetes, su terraza, y sorbo a sorbo fui paladeando el tiempo que pasaba por mi existencia como nunca antes, plácido y extrañado por lo que algunos rincones del planeta nos pueden ofrecer aún hoy en día.

Masaya es derivado del Náhuatl y viene de la palabra Mazalt, que significa venado, y la partícula Yan que denota lugar, es decir, "Lugar de Venados". Pero también es conocida por varios nombres más, originalmente era Villa fiel de San Fernando, o la Ciudad de las Flores por la diversidad de estilos y colores que se cultivan. También por La Cuna del Folclore nicaragüense porque casi todos los bailes folclóricos del país nacen de ella.
Masaya es la expresión máxima del mestizaje nicaragüense, pero uno de los barrios principales de la ciudad, Monimbó o Niquinohomo, conserva la identidad étnica a través de los tiempos. Fue el año pasado cuando pude comprobarlo, acompañado de mi amigo Silvio me dijo: Observa el rostro de estas gentes, son los autóctonos más puros de toda Nicaragua, los indígenas precolombinos. Realmente sus expresiones, sus rasgos denotaban pureza y sus facciones evidenciaban una raza apartada del mestizaje.
Monimbó quiere decir en español "cerca del agua", es un barrio situado cerca de la laguna Masaya y del volcán del mismo nombre, también llamado Popogatepe, en chorotega "montaña que arde", los cinco cráteres que forman el conjunto de la laguna y el volcán están constituidos en un parque natural y cuenta con un museo de vulcanología interesantisimo.

De la historia de esta ciudad se cree que fueron los nisquirianos los primeros pobladores de estas tierras, anterior a la colonización española. Fue aquí donde surgió el encuentro entre Francisco Hernández de Córdoba con el cacique Nicarao, un encuentro pacifico como el carácter de los masayenses, cuya tradición oral cuenta que lejos de enfrentarse al español, el cacique, le ofreció una de las muchas mujeres exquisitas de la tribu. El cacique lo amparó amistosamente, aceptando la fe católica y permitiendo que muchos de su tribu se bautizaran. Nacarao más tarde envió a los conquistadores al cacique Diriangen, pero este atacó a los soldados españoles y les obligó a recularse.

A diferencia de otras repúblicas donde la sangre corrió luchando, el nicaragüense es epítome de la integración pacifica de etnias y culturas hispánicas y amerindias. De esta tierra salen hermosas artesanías, rica gastronomía, su pinolillo, su tiste, su chicha y sus marimbas gloriosas en la percusión del folclore nicaragüense, que dice: ¡Al sonar de la marimba se desborda el Monimbó!







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miércoles, 22 de octubre de 2008

Víctimas para el fin de una dictadura

Las dictaduras se saben que comienzan cuando los dictadores llegan al poder pero el fin de estas es más difícil de adivinar. De dictadores los hubo y los hay para todas las ideologías, para todos los gustos, pero con la misma finalidad, la de adueñarse del país que gobiernan. Todos son crueles, todos son sanguinarios, todos corruptos, todos gobiernan con la injusticia. Los hay paternalistas que se creen el protector de su pueblo, que sin él estarían perdidos y en manos de los enemigos de la nación, también con el derecho adquirido por la gracia de Dios y por supuesto los hay que no se avergüenzan de su egoísmo, llegan a creerse poseedores legítimos de toda una nación sin ruborizarse, sin el mínimo respeto a sus ciudadanos, que les roban sus libertades para adueñarse de todo lo demás, hasta el punto de heredarse el poder de padres a hijos, como en el caso de los Somoza en Nicaragua.
En principio parecería que nuestras culturas están en las antípodas, lo más lejanas la una de la otra, pero en absoluto creo en esa posibilidad, nos unen tantas cosas...
Cuando hablamos políticamente de Latinoamérica siempre pensamos en dictaduras, en revoluciones que nunca llegan a nada y que es motivado por los mismos ciudadanos de estos países, que no piensan en su porvenir, que no son inteligentes, que están acostumbrados a vivir bajo el yugo dictatorial. Siempre se nos olvida que nuestra historia más reciente está escrita bajo dictaduras, la de Primo de Rivera y la de Franco, esta última por más de cuarenta años. Esto no fue motivado por nuestra poca inteligencia, ni por nosotros mismos, ni siquiera porque nos gustara vivir bajo el mandato del genocida dictador, cada país y cada tiempo tienen circunstancias diferentes en las que se desenvuelven.
Lo cierto es que todos son inteligentes, ningún dictador llaga al poder, se adueña de un país y se mantiene corrupto durante años, décadas, sino es por su capacidad para engañar, convencer a una parte de la población y mantenerla fiel a sus convicciones o intereses. Los seres humanos por naturaleza somos corruptos, todos tenemos un precio, en ocasiones mísero, por el que nos vendemos y con esa actitud permitimos que el dictador continúe ejerciendo como tal. Nuestro egoísmo es más fuerte que nuestra nobleza e inteligencia y al permitir que continúe respaldado el dictador nos estamos haciendo daño nosotros mismos, nuestro egoísmo es nuestro mayor enemigo, vendemos la libertad y la dignidad por un puñado de influencias que a la corta se revolverá contra nosotros como un boomerang. Los dictadores no entienden de fidelidad y el apoyo que se le da para mantenerlo en el sillón de mandatario es interés de poco valor para ellos.
En todas las etapas dictatoriales suceden acontecimientos que prenden mecha para que estalle la revolución, el alzamiento o levantamiento del pueblo, generalmente asqueado de tanta injusticia, porque ningún régimen dictatorial termina convenciendo a los ciudadanos y afianzándose perpetuamente, si acaso a sus seguidores incondicionales favorecidos a costa de otros por dichos regímenes. En el tramo final de la dictadura de los Somoza hubo dos asesinatos que bien podría decirse fueron las gotas que colmaron el vaso, el de Pedro Joaquín Chamorro y el del periodista americano de la cadena ABC Bill Stewart. Fue un año y medio de diferencia entre ambos asesinatos pero supusieron el fin de la hegemonía dictatorial de los Somoza.
En el caso de Chamorro fue el destape de la corrupción, de los abusos de poder y los "regalos de tierras" a los familiares del dictador. El diario La Prensa, el diario de la oposición, del que Pedro Joaquín era director, destapó con varios artículos no solo la apropiación indebida de tierras sino también el indigno trafico de sangre de los pobres nicaragüenses. Días antes de ser asesinado La Prensa publicó una serie periodística titulada "Crónicas del Vampiro", dedicada a la empresa del cubanoamericano Pedro Ramos, su nombre era Plasmaféresis y se dedicaba a traficar con la sangre de los pobres de Nicaragua, que había ganado la escandalosa cifra de nueve millones de Córdobas, la moneda nacional. Toda Nicaragua sabía que el dictador Anastasio Somoza Debayle, curiosamente compañero de estudio de Pedro Joaquín en el instituto Pedagógico La Salle, era socio de Pedro Ramos y de la empresa Plasmaféresis.
Esto quedó demostrado y los autores del asesinato están libres, se beneficiaron de un indulto que concedió la que fuera su esposa y más tarde presidenta de Nicaragua, Doña Violeta Barrios de Chamorro.
Cumplieron condena por asesinato y se delataron entre unos y otros, acusándose y amenazándose. Los asesinos llevaban varios días siguiéndole sin percatarse de este detalle y el día 10 de enero de 1978, cerca de las 8´30 de la mañana, uno de los vehículos chocó por detrás del Saab de Joaquín y otro lo interceptó, empujándolo hacia la acera, provocando que chocara contra un poste del tendido eléctrico, después los asesinos bajaron y le dispararon sobre el pecho de la víctima a quemarropa los perdigones de la escopeta calibre 30.
Este suceso colmó la paciencia de los nicaragüenses que de sobra sabían que el asesinato era orquestado por el dictador y sus secuaces.
El otro asesinato que conmocionó al mundo fue el de Bill Stewart, junto a su interprete Juan Espinoza, la crueldad fue grabada por sus propios compañeros de profesión y dio la vuelta al mundo. Las televisiones norteamericanas pasaban una y otra vez el vídeo prueba del asesinato. Era el 20 de junio de 1979 y Bill regresaba al hotel Intercontinental junto a su traductor, en una furgoneta con las palabras: Foreing Press; le seguían el técnico de sonido Jin Céfalo y el cámara Jack Clark por la avenida de los Mártires del Primero de Mayo. Una patrulla de la Guardia Nacional ordenó que se parasen y Stewart se bajó y dirigió al soldado junto con su interprete, mientras que Jin y Jack se escondían algunos metros atrás entre la maleza. Con la bandera blanca en una mano y los documentos que acreditaban su profesión del gobierno nicaragüense le dijo que no hablaba español y que era estadounidense. El soldado no consideró suficiente acreditación y lo encañonó con su M16, al tiempo que le insultaba: "Ponte de rodillas hijoeputa, ponte de rodillas". Bill se arrodilló y le dijo suplicando que no hablaba español, que era periodista. Seguidamente le ordenó que se tumbase en el suelo: "¡acuéstate, hijoeputa!", Stewart le obedeció y como premio recibió una patada en el costado. Continuó diciéndole que no hablaba español y que era periodista, a lo que encontró como respuesta, después de unos segundos en alto, apuntarle con su arma y pegarle un tiro en la nuca.
Cuentan que el asesino, llamado Álvarez de apellido y de 18 años, lloraba como una magdalena en el juicio sandinista que recibió, a buenas horas...
Este acontecimiento provocó que Reagan dejara de apoyar al dictador cuando la opinión pública norteamericana se le echó en cima. Cuatro semanas más tarde la dictadura de Somoza llegó a su fin y el gobierno gringo comenzó a financiar la contra, que continuó con el derramamiento de sangre.




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lunes, 20 de octubre de 2008

La ciudad resurgida





Solo de pensar en la historia de esta ciudad que me acoge provisionalmente me pongo a temblar... no es una broma, realmente es para tomárselo muy en serio. Los dos últimos terremotos de importancia que han sacudido a Managua han dejado una pagina en su historia que no se puede arrancar, sería como eliminar sus datos más importantes, sobre todo el último, el de 1972.

Es un disfrute, un lujo, tener al historiador Jaime Incer Barquero para empaparse de la historia y cultura nicaragüense, la primera vez que en mis manos cayó un libro suyo fue una agradable sorpresa y un encuentro determinante para conocer los entresijos de esta cultura, resultado del crisol donde fundieron otras tan importantes como la Náhuatl, la chorotega o la venida de España, sí, ya se que a muchos no les simpatiza en demasía cuando se habla de colonizadores, pero por experiencia propia, como andaluz, pondré como ejemplo nuestra realidad. Hemos aprendido a rentabilizar todo lo que dejaron cuantos invasores pasaron por nuestra tierra a lo largo de los siglos. Los fenicios, romanos, árabes, castellanos aragoneses... de todo hemos sacado lo más relevante y gracias a esto Córdoba, por ejemplo, tiene un turismo de calidad, nada de playa, sombrilla y bocadillo de tortilla de patatas. En mi ciudad nos sentimos de orgullosos de tantos restos de culturas diferentes, es como decir que en vez de quejarnos todo el tiempo utilicemos la inteligencia y saquemos partido a todo lo que en un principio nos hizo daño.

Pero volviendo a Nicaragua y a su capital diré que aquí no quedan ruinas de antaño, de los colonizadores, ni siquiera un puñado de casas destartaladas de la colonización, pensar en la Managua anterior al 23 de diciembre de 1972 es soñar, imaginar, recordar. Aquel triste día previo a la navidad se llevó consigo todo lo anterior, la ciudad capitalina quedó destruida y aparte de algunos edificios solo quedó su ubicación y los sobrevivientes.
Cuenta Incer Barquero que Managua, mana agua en español, parece corresponder a su toponimia aborigen Mana-ahuac, "junto al agua" o "rodeada de agua", según unos u otros. De todas maneras el nombre hace alusión a sus primitivos pobladores, los que hace 8000 años pescaban y cazaban en Acahualinca, a las orillas pantanosas del lago Xolotlán

El lago y el cortejo de sus lagunas volcánicas eran el sentido por el que vivir en la sabana seca, el agua abundaba para pescar y también aprovechaban la humedad para cultivar a lo largo del año. Cuando mi paisano Francisco Hernandez de Córdoba conquistó Managua en 1524 tuvo que enfrentarse a veinte mil flecheros que se defendieron del invasor, eso dice de lo poblada que estaba la ciudad en aquellos tiempos, distribuidos sobre el terreno junto al lago en una sucesión de chozas y huertos hasta Tipitapa, donde residía el cacique.

Más tarde, en la época colonial, continuó siendo un lugar de pescadores y de transito entre León y Granada, donde se pernoctaba y se abastecía de víveres del pueblo. Morel de Santa Cruz, el obispo viajero, describía a la ciudad capitalina en el siglo XVIII, 1752, de esta manera: "Su situación es lo más alegre y deleitable que puede contemplarse; tiene a las orillas una laguna que a simple vista parece el mar. Los naturales de Managua tienen como regalía propia el ejercicio de la pesca en las riberas de su pueblo". Por ese tiempo la población de Managua rondaba los 4.000 habitantes, pero ascendió en importancia a partir de 1811, cuando fue nombrada de villa a pueblo y de pueblo a ciudad en 1846, y sobre todo en 1852 cuando fue declarada capital de la república. Este hecho, del que se benefició Managua, no fue por otro motivo que para dirimir salomonicamente la rivalidad que entre sí tenían las dos ciudades más importantes hasta entonces, León y Granada, rivalidad en la pretensión de ejercer la principal hegemonía política del país.

Pero si tenemos que buscar un responsable en el verdadero desarrollo de la ciudad este, sin duda, es el General José Santos Zelaya, natural de Managua, quien modernizó la ciudad y las instituciones del estado. Desde entonces la ciudad siguió creciendo junto al lago, sentido de la existencia de la ciudad, la pesca continuó y los managuas mantenían la costumbre de bañarse en sus aguas cristalinas y saludables, hasta que en 1927 se construyeron las primeras alcantarillas en dirección al lago, se aprovechó la pendiente natural para desembocar en él y el error lo acabó convirtiendo en una cloaca.

El primer terremoto no fue más que una antesala del que vendría años después, pero con su propio protagonismo, no quedaría en segundo plano sino fuera porque el siguiente lo superaría con creces. El martes Santo de 1931, el 31 de marzo a las 10 y 23 minutos, Managua fue sacudida por un temblor que destruyó casi toda de la ciudad, solo quedaron en pie la Casa Pellas, el Club Social, el Palacio del ayuntamiento, la Casa Presidencial de la Loma Tiscapa, el armazón de hierro de la Catedral, iniciada tres años antes y algunas casas particulares. El resto de la ciudad quedó destruida. Más de 1.000 personas murieron y otras tantas quedaron golpeadas o discapacitadas para el resto de sus vidas.

Parece que esta ciudad nació para destruirse y volver a levantarse, porque no solo fueron terremotos, también en 1876 se destruyó el centro de Managua, en esta ocasión fueron unos aluviones de agua los causantes de tal destrozo. En este tema no se acabó el peligro, la deforestación en la parte sur del lago Xolotlán, o Managua, mantiene expuesta a la ciudad al peligro que suponen los aluviones producidos por la lluvia. Pero volviendo a su vulnerabilidad más pronunciada, los sismos, hay que anotar que como el ave fénix se levantó de sus propias cenizas y de la nada se convirtió en la ciudad más dinámica de los 60, era la envidia de cualquier ciudad centroamericana, sus avenidas y calles importantes eran un hervidero de gentes que paseaban, compraban, y daban a Managua un aire de ciudad moderna, tanto de día como en la noche, donde sus salas de fiestas y teatros la convirtieron en única. Cada vez que oigo hablar de aquella ciudad me parece que se exagera, pero todos coinciden en el dinamismo y modernidad de entonces.

Pero como parece que la historia de Managua no se escribe sino con fechas tan importantes como fatídicas, el 23 de diciembre, vísperas de navidad, otra vez fecha cristiana importante, el suelo tembló de nuevo y en esta ocasión la crueldad de la naturaleza fue desmesurada. El sismo de magnitud 6.5 en la escala Richter, a las 12, 35 de la mañana, y seguido de otras dos replicas casi una hora después del primer temblor, dejó cerca de 10.000 muertos y 20.000 heridos. El 90% de las edificaciones se desmoronaron y el centro de la ciudad desapareció de un plumazo, las casas que no cayeron del todo tuvieron que ser derruidas por el peligro que suponían mantenerlas en pie y el fuego se adueñó de todo lo inflamable.
Familias enteras sucumbieron ante la tragedia y no hubo ninguna que escapara a las garras de la naturaleza que, como ofrenda obligada a la madre tierra, se cobró alguno de sus miembros.

El tiempo pasa y esta ciudad, que se acostumbró a vivir con el recuerdo, se volvió a levantar, a resurgir de nuevo, aunque el centro de la ciudad no se sabe muy bien donde se ubica, ni las calles tienen nombre propio, "dos cuadras arriba del Club Social", "tres cuadras al norte de la Casa Pellas", siempre una referencia de otros tiempos, a veces pienso que se trata de una manera de no perder el tiempo para que de nuevo la naturaleza destroce todo lo nombrado, resaltado o ubicado. Pero también pudiera ser que los managuas jugasen al despiste, como engañando, ocultando a la madre tierra donde se ubica su centro de la ciudad, quizás de esta manera, no conociendo el lugar exacto, la tierra no vuelva a temblar de nuevo bajo sus pies.





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viernes, 17 de octubre de 2008

De deseos cumplidos y alimentos artísticos


Esta mañana no lo pensé dos veces, aunque parecía ser el día menos indicado no quise dejar escapar la oportunidad, llovía a cantaros, hoy no quedaba un huequecito por donde penetrar un tímido rayo de sol. La tormenta Omar, la numero no se cuanto de la temporada de lluvias en el Caribe, se deja notar, no tanto como en la costa atlántica, donde los destrozos y damnificados se multiplican al paso de cada tormenta que en su mayoría derivan en huracán. Lo peor es que siempre son los más pobres los que sufren en mayor grado las inclemencias climatológicas.
Junto a la piscina del hotel, tomando el desayuno, un pájaro cantarín me hizo pensar que era un buen presagio y por más agua que cayera no debería ser causa suficiente para no cumplir mi deseo, el de ver los dos murales de Leoncio Sáenz, el pintor de Palxila, en el Supermercado La Colonia, en la plaza de España de Managua.
Pasaron unos minutos y autoconvenciendome, de que "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", coincidió con una tregua que la lluvia pactó con mis deseos, me ofreció las condiciones para cumplir mi propuesta dos meses atrás, paró de llover. Como un resorte abandoné el salón de desayuno casi al aire libre y fui a buscar a mi fiel acompañante en estos días, mi paraguas, nada es más importante que un paraguas en noviembre por tierras pinoleras. Ese razonamiento bien me vale adjudicármelo pero para los managuas no parece ser lo mismo. He visto más paraguas abiertos en días soleados de altas temperaturas que en días lluviosos, parece como si ya conocieran que son tormentas pasajeras, que nos mojamos un ratito y que a la nada ya vuelve a escampar, por lo que el paraguas se convierte en un estorbo, más que en un artilugio preciso y necesario.
No se encontraba cerca del hotel el mencionado supermercado, detalle que no me importó, algo más de dos kilómetros es un distancia magnifica para cubrirla paseando, es la mejor manera de conocer las ciudades y de cuidar de la salud, y si hace buen día mucho mejor. Pero parece que la tregua ofrecida por la lluvia no fue más que una pequeña tomadura de pelo, comenzó con brío renovado y el paseo caminando casi se torna en "los cien metros mariposa"... una autentica tomadura de pelo por parte de "san Pedro"que dejó el grifo abierto y caía agua como nunca antes había visto. Fueron varios minutos y regresó la normalidad. Llegué a la plaza de España y entré en el súper con la misma sensación que si lo hiciera en una galería de arte, como si fuera a encontrarme con obras únicas, el pulso casi me temblaba pensando que tras aquella puerta estaban, casi anónimos, dos murales maravillosos. Jamás entré en un supermercado de esa manera, ir a comprar la cesta para la semana no es lo mismo que ir a ver arte, hay que ir condicionado de otra predisposición, el arte no es ir a comprar frijoles, aunque haya quien lo acepte como arte contemporáneo o conceptual.

Al entrar al local lo hacían varios clientes a mi par, esa coincidencia hizo detenerme por segundos, los suficientes para pensar la diferencia en el sentido de cada cual, unos a comprar y otro, en mi caso, también a alimentar mi ansiedad artística. Tan necesario uno como el otro alimento, porque si preciso es comer también lo es consumir arte.
El aire acondicionado fue agradable, atento, y colmó mis atenciones en el recibimiento más que cualquier conserje o portero de sala de exposiciones, se agradece cuando el calor y la humedad se alían para incordiar y hacernos sentir la ropa pegada a la piel sudorosa. Dos pasos hacia adelante con el cuello estirado como soporte de telescopio, los ojos avizores, inquietos, en alerta, y el nerviosismo corriendo por mi espalda en forma de sudor; la dirección de mis pies al encuentro con el carrito y mi mirada en busca de los murales de Sáenz... allí estaba uno de ellos. Por entre las baldas de los pasillos, repletos de artículos de todo tipo, vi el colorido en forma de banda ancha que cruzaba el local de punta a punta, por encima de las cabezas y pegado al techo. Fui hacia él esquivando con la vista los cepillos de barrer, plumeros, cubos de plástico... todo se interponía entre una perspectiva completa imposible de recorrer de Este a Oeste y mi sentido ocular.
Sin apartar la mirada del mural saqué de mi bolsillo el Supermovil/cámara photos/cámara vídeo/calculadora/grabadora/reproductor de música/radio... y teléfono, me coloqué frente a él, casi hipnotizado y sin dar tregua me lancé a grabar y a fotografiar la obra de Leoncio Sáenz, perplejo, anonadado, patidifuso... encantado de estar allí y poder disfrutar de semejante espectáculo pictórico. Es injusto que los genios no se valoren en su justa medida, Leoncio es uno de los grandes, su aura recorre cada palmo de su escenografía indígena, sus dibujos planos no necesitan más dimensiones para darle el movimiento. Sus personajes se mueven ajenos a los clientes del súper que responden con trato idéntico hacia ellos, la representación de los pueblos indígenas de Nicaragua, de sus oficios, animales, flores, frutas, cerámica, símbolos... la vida en funcionamiento.

No había tenido tiempo en reparar donde estaría el otro mural cuando un vigilante me abordó, educadamente me dijo que no podía fotografiar, que debía pedir permiso primero a la dirección del establecimiento, me giré en la dirección indicada y ante mis ojos surgía como de los abismos el otro mural continuación del primero.
Cerré mi móvil y pedí disculpas por mi osadía, ya tenía conocimiento del permiso antes de fotografiar pero ¿y si me niegan el capricho? Pensé. Ante la duda no estaba dispuesto a irme solo con el recuerdo, solo grabé uno de ellos por no provocar revuelo y como un autómata continué al ritmo de los clientes, ajenos de lo que las paredes del súper muestran, llenando el carrito de alimento físico, del artístico iba repleto de buena gastronomía cocinada por el maestro de Palxila.

jueves, 16 de octubre de 2008

¡Y volver volver... a Managua otra vez!

Siempre es un placer regresar a este país, capital Managua. Quizás otro nombre no hubiera sido tan apropiado para llamar a la capital nicaragüense, sin duda Managua es sinónimo de agua para un servidor que escoge este mes para visitarla. El mismo mes donde las nubes descargan su histérica carga, esquizofrénica, porque si tengo que definirlas las haré como ataques de desahogo. Parece que el sol se instalará definitivamente con nosotros, con los habitantes capitalinos y, de repente, aparecen un puñado de nubes juguetonas y nos obligan a pulsar el botón que permite al paraguas desplegar sus varillas, se deja precipitar con toda la alegría del mundo y sin reparo, sin vergüenza, sin respeto alguno nos empapa de liquido elemento, después, como consumada la ingenua chiquillada, las nubes caprichosas se alejan jugando bajo el celeste nicaragüense entre rayos chispeantes y presumidos. Definitivamente Managua en noviembre lleva un suplemento añadido, el suplemento de la lluvia.

No por eso merma su hospitalidad, uno se olvida de la lluvia y aprende a vivir con ella, existen muchos más alicientes para encontrarse cómodamente en esta capital centroamericana. La idiosincrasia nicaragüense se mastica en cada detalle y se valora por quien mira a esta tierra con "buenos ojos", pero su original manera de ser, caótica, dinámica, alegre y acogedora, no esconde la depresiva situación por la que atraviesan. Esta decadente realidad no es nueva, pero tampoco eterna, se nota al tacto, a la primera mirada, el descontento y la desilusión que sus habitantes expresan en su manera de vivir cada día es el puro reflejo de la desidia, de la dejadez, del hartazgo, ya no creen en políticos, en promesas, en propuestas banales que morirán en saco roto como todas las anteriores. Podría decir que el futuro de Nicaragua es indiferente para sus ciudadanos, pero tampoco pretendo mostrar un país enfermo, en fase terminal, Nicaragua está más viva que nunca, pero experimentada, desencantada, no se deja engatusar por promesas huecas que no sirven nada más que para afianzar a los políticos en sus cargos, para protegerse de la corrupción y de las malas artes en el despropósito.

Es desesperante ver como el egoísmo se apoderó de los políticos nicaragüenses, no les importan lo más mínimo sus conciudadanos, solo sus electores, es lo mismo que decir que solo se acuerdan de sus necesidades cuando necesitan el voto, es entonces cuando se pasean por los barrios más deprimidos, por los mercados, por las deterioradas infraestructuras que las fuertes lluvias en época de huracanes, tormentas y depresiones atmosféricas, ponen al descubierto, por la mala salud de habitabilidad, por la pobreza... siento tanta pena como cariño por esta tierra y me gustaría que la realidad fuera otra diferente, más positiva, que abandonaran ese puesto tan bajo en el ranking de la necesidad en Latinoamérica.

El próximo mes de noviembre se celebran elecciones municipales y eso se respira, huele a publicidad política, a derroche en propaganda electoral, a gasto de dinero publico para decirle a los ciudadanos que fueron los que más hicieron por Nicaragua, aunque los nicaragüenses saben que nadie hizo nada por ellos. Unos porque no gobernaron como partido, ni tuvieron la oportunidad de llegar a estos comicios al apartarlos de la lucha política y otros porque no tuvieron tiempo para el pueblo, solo los intereses propios mantuvieron encendida la llama de los gobiernos anteriores marcados por la corrupción.
En este año que ha pasado desde mi última visita no parece que se haya hecho mucho por cambiar la realidad del país, más bien todo lo contrario. Mi primera impresión es que el desencanto se ha instalado en el país de Sandino, que no me imagino que pensaría si resucitara y viera como usan su imagen e historia para beneficio propio y contra lo que él luchó. Luchó por la libertad de su pueblo, contra las ataduras dictatoriales, por la dignidad de ser nicaragüense. El frente sandinista, el partido que preside Daniel Ortega, está llevando a un camino sin salida a esta nación, pero no voy a repetir parte de lo que reflejé en otro articulo anterior, "Para la revolución traicionada", pero lo que he leído, visto y oído, en los medios informativos durante estos meses pasados es pura evidencia. Solo hay que pasar por las rotondas de Managua y ver cada día al "grupo de oradores", que jornada tras jornada son traídos y llevados en autocares pagados por el gobierno. Los oradores, no rezan, solo mueven las banderas de Nicaragua que portan en sus manos, mientras unos descansan y duermen bajo una carpa provisional otro relevo trabaja agitando banderas por un plato de comida, son la imagen de la miseria, son los más pobres de la sociedad en la que viven, lo dicen sus rostros que muestran la expresión del desencanto, de la desilusión, que no dicen palabras algunas mientras mueven sus banderas nacionales al son de música revolucionaria a todo volumen. El partido en el poder, es decir Ortega, no solo recorta las libertades de su pueblo sino que se está adueñando de él, no aparece ni una sola bandera del FSLN, roja y negra, sino la azul y blanca, la del país. Todo esto sucede cada día, llueve o truene, los "chicos de las banderas" no tiene para comer y Daniel Ortega los compra con un plato mísero de arroz para que muevan las banderas, para que atosiguen a los que no opinan como él, que son la mayoría de nicaragüenses, con sus pancartas color rosado/morado, entre colores anda el fondo de los mensajes, de amor, de paz, de entendimiento entre hermanos, todo vestido de un cinismo como no se puede imaginar, hay que verlo para comprobar la maquinación del presidente compañero.
Pero no se queda ahí su desvergonzada actitud, toda Managua está sembrada de grandes letreros, anuncios publicitarios, con los mismos mensajes y color de fondo, en cada vía del país, en cada lado de la calzada. No puedo imaginar el costo de esta campaña, pero sí de donde provienen los fondos para financiarlos... no, de Chávez no, Chávez está en horas bajas con la bajada del precio del petróleo, salen de los impuestos del contribuyente, de los presupuestos para luchar contra las necesidades del país, del dinero que alegraría los estómagos de muchos nicaragüenses que no tienen que comer. A Daniel Ortega no le importan sus ciudadanos, eso ya lo ha demostrado, lo triste es que el pueblo se dejó engañar y ahora va a costar mucho esfuerzo que devuelva lo que sin duda, creo, ya se habrá podido llevar.... tal vez habría que preguntárselo a Álvaro Robelo y sus asuntos turbios para blanquear miles de millones de dólares, utilizando el papel de Embajador itinerante por Europa que Ortega le regaló. ¿Quien mueve en Nicaragua 10.ooo millones de dólares en pagarés falsos, que servirían para utilizarlos en paraísos fiscales, sino el propio gobierno?

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miércoles, 8 de octubre de 2008

¿Soy racista?


¿Quien no se ha preguntado alguna vez si somos racistas? Probablemente todos habremos querido indagar en nuestro subconsciente preguntándonos si ese mal que afecta a la humanidad también forma parte de nosotros, si esa actitud de desprecio hacia los otros es parte de nuestro comportamiento y si en nuestra manera de pensar entra esa posibilidad. Con toda seguridad habremos encontrado una respuesta a nuestro gusto pues nadie se considera racista, salvo algunos energúmenos que la toman como excusa pero que realmente solo son miserables personajes que sus complejos como personas les llevan a la violencia y a volcar su ira e inseguridad contra los más débiles. Es difícil encontrar atentados racistas contra personas cometidos por un solo sujeto, la mayoría de las ocasiones son grupos superiores a las víctimas que suelen normalmente ir en solitario o en minoría. Esta es la prueba de su cobardía, de su poca seguridad en sí y de la poca valía personal con que se auto valoran. No son capaces de enfrentarse a sus peligros con las mismas armas que sus elegidos para provocar dolor, necesitan una víctima que ofrezca poca o nula resistencia ante la ofensa y que obligatoriamente sea inferior en todos los sentidos, su finalidad es el sufrimiento a los demás, la marginación, necesitan sentirse superiores para cubrir sus complejos, para enmascarar sus frustraciones y el fracaso que representan como individuo, por lo tanto estos racistas y excluyentes no son más que enfermos sociales, víctimas de sus propias ideologías.

Volviendo a las "personas normales" y dejando a un lado a los racistas violentos, la respuesta a la cuestión de si somos racistas es simple y repetitiva, uno pensará que todos somos diferentes y que habrá personas más excluyentes que otras, es posible, pero mi opinión es casi general, todas las personas responderíamos de manera parecida. Como señalaba anteriormente pocos salvo los energúmenos se aceptan racistas, la respuesta generalizada es: ¡Yo no soy racista pero los gitanos no me gustan! Otros dirán: ¿racista yo? A mi me caen bien todas las razas... pero los moros...
Todos tenemos alguna etnia o colectivo que no son de nuestra simpatía, quizás eso no se le pueda llamar racista pero lo es. Estamos generalizando, señalando a una raza, otra cosa sería que no te cae bien el gitano cual o el moro tal, entonces iría dirigida tu antipatía a una persona en concreto.

Yo soy racista, no me enorgullezco de ello pero así me considero, no por una etnia en concreto, ni siquiera por tiempo indefinido, en ocasiones son una raza la que no ha sido de mi agrado, sin embargo puedo ser gran amigo de uno de sus componentes. Bien podría decir que no lo soy y que algunos individuos por su manera de comportarse no son de mi agrado, pero no es así, mi pensamiento es que todos, sin exclusión, somos racistas indistintamente del grado. Otra cosa sería aceptarse como tal, pues creo que lo que nos hace no ser racista es luchar contra eso, contra lo que la naturaleza humana ha puesto en nosotros, el sí y el no, el pro y el contra, el ser racista o no serlo, este es el dilema. El racismo como la xenofobia, la homofobia, o cualquier otra fobia indistintamente que vayan dirigidas a la aceptación del otro no es más que miedo, inseguridad, es parecido a los energúmenos violentos pero algo más civilizado, la exclusión al que viene de fuera no es más que el miedo a que nos quite los privilegios de los que disfrutamos, si se trata de otros colectivos es por la intolerancia a sus costumbres que pueden ser la mayoría de las veces contrarias a las nuestras, es el egoísmo, es el miedo, es la inseguridad lo que provoca esta injusticia social.

Sin embargo el racismo no es propio de una raza en concreto, no es propiedad de la raza blanca, aunque la historia la haya marcado como responsable de tanta injusticia, el racismo emerge en cada cultura y sociedad independientemente del color que tenga. Lo más llamativo quizás sea el cruel trato al que fueron sometidos los negros en Estados Unidos, pero antes fueron esclavos en Europa y en la propia África, lo que deja claro que no fue el color lo primero sino el respeto propio a sus congéneres, a los de su propia especie. La marginación no tiene color, ni cultura, es la condición humana y su necesidad de doblegar a otros con el fin de la superioridad, es el egoísmo lo que nos lleva al racismo y a las fobias por el camino de la intolerancia y la exclusión.

Son evidentes los problemas de integración de los gitanos en nuestra sociedad, por ejemplo, aunque cada vez sean menos, su lucha contra las barreras sociales se refleja como injusticia por parte de los payos o no gitanos que somos mayoría y que marcamos las reglas del juego social, sin embargo ellos mismos no permiten que los ajenos a sus costumbres se entrometan en ellas, son sus normas las que rigen y hay que acatarlas, por lo que eso deja entrever que existe otro tipo de exclusión, de racismo por ser diferente. También en la India existen castas que denigran y excluyen a otros por leyes sociales aún siendo de su propia raza o cultura. Entre religiones, entre países, entre sexos... el racismo solo es nombre determinado a un tipo de exclusión o marginación, no es la raza en sí lo que provoca esa intolerancia.

En España hemos tenido racismo de todos los colores y en todas las épocas, ni siquiera tenemos el derecho que se creen tener los italianos cuando se preguntan si son racistas, después de las evidentes pruebas antisociales que en estos días pone en entredicho al país trasalpino. El presidente Berlusconi y sus socios fascistas de la Liga Norte han instalado en la sociedad la xenofobia a los gitanos, a los rumanos, a cualquier tipo de emigración con normativas anti humanitarias, en todos los niveles sociales se levantan las voces a favor del fascismo y la ultra derecha se ha puesto no solo de moda sino que se ha convertido en una aceptación cotidiana. Algunos de los más afamados futbolistas de los primeros equipos se declaran simpatizantes del fascismo y los hay hasta que muestran sus consignas de tiempos de Musolini, esto es la imagen que dan a los menores, a la juventud que venera a estas figuras del deporte, son sus ídolos y en ellos se fijan, su actitud es la que tomarán como referencia para el futuro.

Una muestra con resultado mediático como ninguno otro, en la sociedad española, es el caso de la dominicana Lucrecia Pérez, que murió asesinada por unos fascistas cuando se refugiaban del frío en una discoteca abandonada y viviendo de la mendicidad. Era el 13 de noviembre de 1992. Aquella fría noche Lucrecia y sus compañeros tomaban una sopa que otros compatriotas, con algo de más suerte y con trabajo, les habían llevado, entraron cuatro encapuchados y dispararon indiscriminadamente. El resultado de aquel atroz atentado racista fue una persona muerta y otro herido de gravedad. Una bala destrozó el corazón de la joven dominicana, 32 años, sin ver cumplido su sueño, el de poder encontrar un trabajo digno que le permitiera sacar adelante a su pobre familia. Hipotecó su vida para poder costearse el billete de avión, primero a Nueva york, parís, Bilbao y en tren hasta Madrid. No llevaba dos meses en España y su sueño se truncó por la ira de cuatro desalmados, tres menores de 16 años y un guardia civil de 25 que detuvieron cuando estaba de servicio días más tarde. La despidieron del primer trabajo que encontró por que no sabía lo que era un grifo, una lavadora, un ascensor... no vino a pedirle a España el oro que robaron en América, ni siquiera a pedirle explicaciones de por qué los trataron de esa manera tan vejatoria a lo largo de siglos, solo vino a buscar un digno puesto de trabajo que honradamente le ayudara a dar de comer a sus hijos y a su pobre marido campesino que recolectaba tomates cuando recibió la noticia. Los españoles no tenemos buena memoria, somos los hijos de un país emigrante, que tuvieron que salir de nuestra tierra para que las bocas de sus hijos comieran y nuestra vergüenza ni siquiera nos obliga a tratarlos con respeto, el mismo que un día desearon nuestros padres para ellos en otro país lejano.

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martes, 7 de octubre de 2008

La novia del Cocibolca


Llevaba solo dos días en Managua y paseaba por entre los pasillos de una librería, echaba de menos vestigios históricos, no es que Managua no tenga historia suficiente como para recrearse en ella e incluso para cansarse, pero el terremoto de 1972 fue cruel con todo, no solo con vidas humanas, acabó con todo lo que a golpe de siglos fue construyendo la capital nicaragüense, únicamente un puñado de edificios quedaron en pié y pocos de ellos históricos precisamente. Tal vez acostumbrado a vivir en una ciudad con un pasado pletórico de culturas y con un legado artístico que se muestra detrás de cada esquina, en cada rincón y a cada paso, la ciudad de Managua, aunque con suficiente ofertas culturales, necesitaba para mi gusto un aporte histórico que tenía pero no a la vista. Ya estaba entre mis planes visitar la ciudad de Granada, es más, le pedí a mi amigo Silvio que me acompañara, él había vivido en esta ciudad en la infancia y adolescencia y nadie mejor para enseñarme la ciudad más antigua de América fundada por los españoles.
De pronto, al doblar la esquina de uno de los pasillos de la librería, topé de frente con un libro significativo para este artículo o relato, el libro era Los años de Granada, del universal nicaragüense Ernesto Cardenal. No dudé en unirlo, sumarlo, a varios libros más de autores centroamericanos que escogí a lo largo del entretenido paseo por entre libros, tengo que reconocer que no se me puede dejar solo en una librería, todos los libros que veo me parecen pocos y si por mí fuera le compraría la librería al librero de turno.

Comencé a leerlo aquella misma tarde, salí del hotel y me dirigí al centro comercial cercano, Metrocentro, subí a la primera planta y entré en La Casa del Café. Café y del bueno se encuentra a cada paso por Managua, pero en esta cafetería es distinto, sabe distinto, la oferta de café es amplia y el lugar en sí muy agradable, recogido, nada especial, pero el ambiente tranquilo y las vidrieras a los pasillos comerciales del centro invitan a la relajación, por lo que lo elegí para mi rato de lectura a media tarde. Literalmente me enganchó Ernesto Cardenal con su libro, la sencillez de su escritura lo hace casi familiar, como sino estuviera leyendo, más bien sentía que él me contaba parte de sus años vividos en Granada entre aromas humeantes del café, canela y vainilla. En varios días di por terminado el contenido del libro y resultó como una comida incompleta, con la sensación de inacabado, de que algunos capítulos más eran necesarios para sentirse lleno, ese al menos fue mi parecer pero tratándose de Cardenal uno puede estar leyendo hasta sufrir una indigestión, hasta olvidarse de que tenemos vida propia y que también parando de leer un rato se puede continuar viviendo.
El encuentro con aquel libro y su contenido abrió aún más el apetito de mi curiosidad por conocer "La Sultana de América", es así como también se la conoce, en relación con su homónima andaluza, de donde provienen parte de mis antepasados. La cercanía en el tiempo de la mal llamada reconquista, para mi punto de vista, del reino de Granada, último territorio musulmán en la península ibérica por conquistar, influyó en el nombre para su fundación en 1524, 32 años más tarde de la expulsión de los árabes del territorio español y de la llegada de Colón al "Nuevo Mundo". Al contrario que León, otra ciudad hermana y artística, con la que rivaliza históricamente y con tendencias castellanistas, Granada tiene apariencia morisca y andaluza.
Al fin de semana siguiente nos fuimos a Granada y realmente era como esperaba, un inmenso y exquisito decorado colonial y neoclásico instalado en otro mundo, en otra época. La América profunda que siempre imaginé se esparcía ante mis ojos como si de un regalo se tratara, con su presumida y elegante arquitectura colonial conservada a lo largo de los años y sus colores cálidos, vivos, como las gentes de este rincón del mundo, alegrando la mirada.
Un ligero recorrido por la ciudad nos llevó al hotel, soltar las maletas y sin mediar palabra al respecto a cumplir con la visita obligada, un saludo al Cocibolca, o lago Nicaragua. El lago más grande de América latina se derramaba a los pies de Granada como un enamorado entregado a su novia, vestida hermosamente y complaciente por las suaves caricias de agua dulce que bañan sus orillas. El impresionante espectáculo panorámico mostraba la silueta de los dos volcanes que forman la isla de Ometepe, el Concepción y el Maderas, que se asemejan a los pechos de una mujer. La península de Asese ofrecía un recoleto trozo del paraíso adornado de pequeñas embarcaciones sobre el lago que invitaba a recorrerlo sin prisas y con el volcán Mombacho como testigo mudo, durmiente, a lo lejos y adueñándose del horizonte.

El lago Cocibolca es el único del mundo que alberga en sus aguas tiburones de agua dulce y peces sierra, el río San Juan le asiste de desaguadero y el Tipitapa lo comunica con el lago Managua, o Xolotlán. Los españoles le llamaban el mar dulce, por su inmensidad, nunca se divisa la otra orilla y, como en un mar, la vista se pierde en la línea de agua que dibuja el horizonte.
La historia de esta ciudad acumula episodios de todo tipo, sus calles han visto pasar los acontecimientos más significativos de Nicaragua e incluso llegó a sufrir la ira del filibustero Willian Walker, que la incendió en 1856. De igual modo salió damnificada la iglesia convento de San Francisco, una de las iglesias más antiguas del continente y que se restauró y recuperó en 1967. Dentro del perímetro se conservan expuestas las estatuas de la isla Zapatera, una colección de más de 30 piezas escultóricas chorotegas pertenecientes a la cultura mesoamericana precolombina.

Esta ciudad de ensueño también se le conoce por la Ciudad de los Poetas, Joaquín Pasos, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal, Carlos Martínez Rivas, son hijos de la novia del Cocibolca y hasta el mismísimo Rubén Darío vivió en el centro de la ciudad.
Como cualquier viajero quise guardar en mi cámara de vídeo todo lo que emergía a mí alrededor tratando de que nada se me escapara... pero eran tantos los rincones y tanta belleza acumulada que resultaba casi imposible agarrarlo todo. Mi retina, feliz, se recreaba en cada detalle y a la par que la suave brisa y los aromas a otros tiempos invadían mis sentidos, la sultana me enamoraba, me hechizaba, como en un cuento de las mil y una noches o como lo llamaría el propio Darío, con sus encantos miliunanochescos.
Después de dos jornadas en Granada regresé a Managua. Allí traté de guardar las imágenes en el ordenador pero con tan mala suerte que al intentarlo borré todo lo grabado, solo dos fotografías recuperé de mi paso por este lugar y una canica de cristal que encontré en el suelo en medio de la plaza de la Independencia y que llevo siempre en mi bolsillo del pantalón, lo demás quedó en mi retina, en mi memoria, como un hermoso recuerdo de una de las ciudades mas lindas que puedan existir.



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domingo, 5 de octubre de 2008

Testigo único de la historia

Casi con toda seguridad la vida de Federico Borrell no habría supuesto diferencia alguna a la de miles, millones, de jóvenes españoles que murieron en aquella cruel, como todas, guerra española del 36, a no ser porque el objetivo de la cámara de Robert Capa se interpuso en medio de los dos para inmortalizarlo, los dos salieron con la inmortalidad ganada de aquella instantánea. La manera fue distinta porque al miliciano le costó la vida para conseguirlo, a Capa, en cambio, que constaba con 23 años en aquel momento, solo le costó apretar el obturador de su cámara Leica.

 Aún así, El soldado caído, como es conocida la fotografía mundialmente, tuvo que pasar 60 años en el anonimato sin saber de quien se trataba, quien era el joven de 25 años que caía abatido en el momento en que Robert Capa lo retrató. La revelación vino por parte de un compañero que le acompañaba en la columna anarquista de Alcoy la misma tarde de su muerte y que también era vecino del mismo pueblo alicantino. Mario Brotons tenía 14 años por aquellos días y a la edad de 75 decidió escribir sus memorias anarquistas en un libro titulado "Retazos de una época de inquietudes", en él aseguraba que el soldado que caía derrumbado en la foto era su paisano y compañero Taino, como era conocido, cosa que corroboró la cuñada de Federico Borrell que aún vivía. A partir de ahí fueron muchos los historiadores que se interesaron por la figura, por el hombre que se convirtió en icono no solo de la guerra española sino también de todas las guerras mundiales, por su simbolismo impactante y por la tremenda fuerza en la expresión que recoge la instantánea.

 Federico Borrell no nació en Alcoy, pero sí en la misma provincia levantina, en Alicante, en un pueblo de la sierra llamado Benibolla. Su madre, María García, conocida por La Taña, decidió emigrar a Alcoy cuando quedó viuda de Vicente Borrell, de profesión labrador y de sobrenombre Batallón. Federico tenía seis años de edad por aquel entonces. El quinto de los seis hermanos que su madre sacó adelante con lo que ganaba de criada. Aprendió a leer y escribir y se hizo tejedor, y al igual que muchos de los jóvenes anarquistas de su edad y de su pueblo se alistó voluntario para ir al frente y dejó una novia, Marina, y el traje nuevo esperando para casarse. De la novia no se sabe cuál fue su paradero pero del traje sí, lo aprovechó su hermano menor Evaristo para casarse, que también estaba en la misma columna de voluntario cuando mataron a su hermano. Al siguiente día dejó el frente y regresó a Alcoy para informar a sus hermanas de la desdicha de Federico.

El joven miliciano era bravucón, de carácter alegre y un poco alocado, amigo de figurar y presumido, con un rasgo físico peculiar que compartía con su padre y hermano, los pómulos muy pronunciados. Ni que negar tiene que Federico pudiera ser conocedor de su futuro más inmediato o que intuyera el devenir de los momentos más cercanos aquella tarde del 5 de septiembre de 1936, mes y medio después de dar comienzo la guerra, cuando una bala certera acabó con su vida en el aire, mientras caía derrumbado hacia atrás y con el fusil en la derecha. El disparo le destrozó la cabeza y dudo de que se diera cuenta en aquel preciso instante de que su vida se esfumaba, y mucho menos de que comenzaba su inmortalidad como símbolo.

La providencia quiso que los dos jóvenes se cruzaran en el camino con distinto resultado para ambos, en el soleado páramo de la sierra cordobesa, en Cerro Muriano, a pocos kilómetros de la capital, en un cerrillo conocido por "El cerro la coja". Existen varias versiones de cómo sucedió el enfrentamiento con las tropas fascistas, unos cuentan que fueron sorprendidos y otros que fue el resultado de una irresponsable actitud. Federico y sus compañeros suben a la aldea de Cerro Muriano ese fatídico día, se despliegan por el terreno y ocupan trincheras. No se puede pensar en un ejército preparado y con experiencia, no, se trataba de un puñado de hombres jóvenes con escopeta en mano y ajenos a lo que realmente era el enfrentamiento directo. Cosa contraria ofrecía el bando fascista, compuesto en su mayoría por mercenarios de las guerras de África, curtidos en mil batallas y sin escrúpulos de ningún tipo.

Ese día el general Varela inicia una ofensiva sobre la sierra de Córdoba y los habitantes de Cerro Muriano huyen de sus hogares buscando un refugio más seguro. En la hora de la siesta, una columna fascista de mercenarios marroquíes al mando del coronel Sáenz de Buruaga avanza en silencio por el flanco izquierdo del frente y en esos momentos los milicianos de Alcoy reciben una visita inesperada. Al menos tres coches de periodistas llegaron aquella tarde a Cerro Muriano y en uno de ellos iba Robert Capa y su novia Gerda Taro, también fotógrafa de guerra

La tarde estaba tranquila y Capa aprovecha para captar algunas instantáneas, toma algunas fotografías de milicianos en las trincheras y en posiciones de combate. Robert le pide que posen para él y los milicianos se prestan en distintas posiciones. Parece ser que estas fingidas maniobras atraen a los enemigos y es cuando Federico Borrell cae abatido. Capa se esconde en la trinchera desde donde disparó su cámara y otro miliciano con bigote, del que se desconoce la identidad, se agacha y recoge a Taino, lo introduce en la trinchera para protegerlo y al volver a por su fusil también es alcanzado por el fuego enemigo y por la cámara de Capa un minuto más tarde, ya fallecido. Los dos murieron aquella tarde en el intervalo de varios segundos, se desconoce dónde pueden estar enterrados los cuerpos de los dos milicianos de Alcoy pero se cree que pudieran encontrarse en el cementerio de Villaharta, el pueblo más cercano, donde los enterraban en una fosa común. Robert Capa no era consciente de la importancia de la fotografía cuando sucedían aquellos acontecimientos, minutos fatídicos que en el futuro se convertirían en cotidianos para él, después de trabajar en tantas guerras, conflictos armados que conocimos mejor a través de su objetivo.

Su verdadero nombre era Ernest Andreii Friedmann y nació en Budapest, Hungría, el 22 de octubre de 1913. Su familia, judía, bien posicionada económica y socialmente, estaba compuesta de una madre diseñadora de modas y de un padre intelectual pensador con influencias democráticas. La depresión de 1929 hizo que la familia perdiera la casa y las circunstancias le obligaron a vagabundear por las calles en su adolescencia. En estas andanzas conocería a la mujer que más influyó en su dedicación a la fotografía, Eva Besnyo, es muy probable que si no hubiera sido por ella su dedicación habría sido otra muy diferente. Ella y su especial gusto por la fotografía motivaron en el joven Ernest el interés y primer contacto con este arte.

Cuando el fascismo invade Hungría abandona su país y se dirige a Alemania y París, después vendría la guerra de España, la invasión japonesa de China, la segunda guerra mundial viajando por Italia, Londres, el norte de África, el desembarco de Normandía, la liberación de París y su galardón, premiado por este conflicto con la Medalla de la Libertad. En 1947 creó junto a otros fotógrafos la agencia Magnun Photos, donde Robert Capa realizó un importante trabajo, con personajes del mundo artístico, la política... y en diferentes conflictos bélicos.

En 1954, en Japón, visitando a unos amigos antes de la guerra, le llamaron de la revista Life para cubrir a otro compañero fotógrafo en Vietnam, durante la Primera Guerra de Indochina. En la madrugada del 25 de mayo pisó una mina y murió, mientras acompañaba al ejército francés en una expedición por zona boscosa. Sin duda el mejor corresponsal gráfico de guerra que tuvo el siglo XX y autor de una frase que se hizo popular: "Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente".







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