sábado, 6 de diciembre de 2008

Cuatro mujeres para una dictadura

Son infinidad las de veces que habremos escuchado aquello de que "detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer" o "dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión". Dos refranes relacionados con la influencia de la mujer en el hombre o en las decisiones de estos. El papel de la mujer en este mundo diseñado para y por hombres siempre estuvo en segundo plano, aunque esto no es sinónimo de falta de decisión, las mujeres han estado a la sombra en muchas instantáneas de la historia pero su influencia fue la que propició ese momento y las que llevaron las riendas de muchos pueblos, fueron determinantes en el roll propiciado por sus parejas que aún siendo ellos la voz cantante de cara a la galería, en el fondo, como marionetas, se movían por los hilos de sus parejas.
Es por eso que para bien o para mal sus nombres siempre van unidos y, de la misma manera que ellos se llevan el protagonismo, ellas quedan a merced de la reputación o reconocimiento adquirido, o recompensado, por las sociedades y dependiendo del estatus. También y del mismo modo son ellas las que en ocasiones se aprovechan de la imagen masculina de sus compañeros para llevar a cabo lo que la sociedad no le permite realizar por si sola, por lo que la participación de la mujer en las sociedades machistas siempre tienen un hándicap, pocas veces son reconocidas sus aportaciones cuando el resultado es positivo, en cambio, cuando es negativo siempre quedan, aunque criticadas o censuradas, responsabilizadas en menor medida. Con este punto de vista no añado al papel de la mujer, en este juego, pros o contras, es la realidad a la que el género femenino se ha tenido que adaptar en el juego masculino. Claro que no siempre la mujer encuentra espacio para la participación, en muchas ocasiones quedan relegadas a un cero a la izquierda y por distintas circunstancias su aportación no influye, bien por su relativa capacidad para algunos menesteres o por el propio rechazo que reciben por parte de sus compañeros, que asume su responsabilidad con egoísmo desvalorando la propia capacidad femenina.

No siempre se acierta cuando se mira de lejos a personajes de la historia, es fácil y común errar en la definición de quienes solo muestran una imagen protocolaria y como, casi siempre, la primera impresión es la que vale, la llevamos acarreando, arrastrando, toda la vida y salvo en contadas ocasiones que ésta nos da esa oportunidad para reparar la creencia o concepto de una persona determinada, le colgamos el sambenito injustamente y para la eternidad.
Los dictadores no son una especie especial en el ser humano, más de uno no ejerce como tal porque la providencia no le dio esa oportunidad, pero las cualidades son idénticas a los que la historia los mostró en todo su esplendor dictatorial, en toda su tiranía. Supongo que ni siquiera los sicólogos o psiquiatras, podrían explicar el por qué de esas actitudes, porque no existe una sola, los hubo prepotentes, endiosados, pero también sensibles en momentos determinados y casi todos acomplejados por alguna razón. Creo que los componentes esenciales para convertirse en dictador los llevamos añadidos, solo necesitamos que las condiciones propicien un terreno abonado y que se desarrollen. Nadie nace pensando en ser dictador, es más, muchos mueren pensando que no lo fueron, pero las circunstancias del día a día es lo que les hace tomar esas actitudes.
A todo esto no se escapa la pareja que siempre, o casi siempre, está envuelta en esa vorágine, claro que al aceptar el juego se pasa a ser cómplice directamente, y más a esos niveles donde la independencia personal requiere menos esfuerzo para comenzar de cero. Por supuesto que sí, que no todo es la parte económica, pero la dignidad de una persona es más fácil defenderla cuando se dispone para cubrir los gastos necesarios cada día.
Comienzo a meterme en un tema del que intentaba huir, la dependencia económica de la mujer respecto al hombre, pero a estos niveles no creo que sean barreras insalvables, entiendo que cuando la mujer forma parte del juego de su pareja es como firmar un contrato aceptando las condiciones y por lo tanto es pieza indiscutible en el tablero.
Oficialmente se dice que fueron dos las mujeres o esposas de los dictadores de la saga de los Somoza, pero hubo una tercera reconocida como amante y que jugó un papel relevante hasta el punto de influir en decisiones de estado. Estas son las referencias conocidas por casi todos y publicas, pero existe otra aportación que sitúa a otra mujer como la pieza que da fundamento a la creación de la dictadura hereditaria. Según Viktor Morales, en su libro "De Mrs. Hanna a la Dinorah", argumenta que fue la esposa del embajador estadounidense en Nicaragua, Mrs. Hanna, la que, enamorada, le ayudó a llegar al poder, una corrupción sexual dio pie a la creación de la dictadura de Anastasio Somoza García. Al igual que otra mujer fue la causante de la destitución del último Tirano, su hijo Anastasio Somoza Debayle, cuando se enamoró perdidamente de Dinorah Sampson. Ésta última es más conocida y de ella se saben que, además de regalarle un apartamento en Miami, y dejarle un futuro económico resuelto, cosa que ella parece no supo administrar, influía en decisiones respecto a la Guardia Nacional, o en las relaciones publicas ante los medios por sus contactos anteriores. Fue ella la que compartía su existencia cuando al ex-dictador lo asesinaron en Paraguay y posiblemente una de las causas de que Hope Portocarrero se divorciara y dejara de ser la primera dama del gobierno dictatorial.
Salvadora Debayle fue la primera dama de la primera dictadura de los Somoza, nació en León en 1895 y era hija del Doctor Luis Henry Debayle, el mismo que atendió al poeta Rubén Darío en sus últimos días de vida. Nieta, sobrina, esposa y madre de presidentes de Nicaragua, provenía de una de las familias más distinguidas a nivel político del país, y aunque sus padres no aceptaban de buen agrado al que fue su marido y dictador, terminaron por aceptarlo aún perteneciendo a la clase media. Fue una mujer popular en su tiempo a la que se tacha de carácter duro y enérgica, ejerció de gran influencia en el gobierno de la dictadura, hasta el punto de ser ella, la que ordenó desde León que se reuniera el congreso y que su hijo Luís se juramentara presidente de la República, cuando el poeta Rigoberto López Pérez disparó contra Somoza García, hiriéndolo de muerte en el baile de La Casa del Obrero de León. Murió en 1987 en Washington DC, Estados Unidos, en compañía de su hija Lillian. Las constantes confrontaciones entre sus otros dos hijos varones, Luis y Anastasio, fueron la causa de que decidiera instalarse permanentemente en casa de su única hija.
En lo que respecta a la esposa del heredero dictador, Anastasio Somoza Debayle, es un personaje llamativo para cualquier escritor, una personalidad atractiva, elegante, sensible y comparada con Jacqueline Kennedy por su belleza y refinamiento. Nació en Florida, Estados Unidos, en 1929, Y aunque siempre fue conocida por Hope, fue registrada con los nombres Blanca Esperanza, sus padres eran de origen español, alemán y francés, provenientes de Nicaragua y prima del que fuera su marido y dictador Anastasio Somoza Debayle. El matrimonio se realizó por conveniencia, acordado por los padres de ambos años atrás, no por eso su boda, celebrada en la antigua catedral de Managua, fue un acontecimiento internacional y acudieron la burguesía nicaragüense y extranjera. La suya fue la boda del siglo en Nicaragua y unió a las dos familias de más abolengo nicaragüense, que dio fruto a cinco hijos. Se marcharon a vivir a Nueva York hasta que el dictador los mandó llamar para que volvieran a residir en Nicaragua. En 1967 se convierte en primera dama del país y al mismo tiempo en un icono para la moda, la elegancia y el refinamiento de la alta sociedad. Todo fue bien en el matrimonio, o al menos eso se supone, hasta que apareció Dinorah Sampson y el dictador se enamoró perdidamente de ella, adquiriendo influencia sobre su marido y al mismo tiempo sobre las decisiones del país y es en ese tiempo cuando Hope Portocarrero se refugia en actividades de la alta sociedad y realiza eventos de beneficencia. El legado como gestión de primera dama deja la construcción del Hospital del Niño, el Centro de Huérfanos La Esperanza, defendió los derechos de los menores y en un emocionante discurso dijo que no permitiría en adelante que los menores de edad que cometieran delitos fueran encarcelados con los presos comunes. Se construyó la Clínica para Mujeres en la colonia Tenderí, el imponente Teatro Nacional Rubén Darío, del que el The New York Times dijo que era el mejor centro para las representaciones escénicas de toda Latinoamérica. Recibe del gobierno francés la condecoración Palmas Académicas, fue Presidenta de la Junta Nacional de Asistencia y Previsión Social, Presidenta del Instituto Pro-Arte, impulsa y bautiza el Centro Cultural Nacional: Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional, Conservatorio Nacional de Música, Escuela Nacional de Bellas Artes, el Museo Nacional y la Galería Plurar, y funda la Escuela para Niños Sordos.
Después del terremoto de 1972, realiza una admirable obra social para las victimas de una ciudad casi destruida en su totalidad, pero este esfuerzo quedó opaco, nublado, cuando su marido el dictador y colaboradores destinaron todo lo donado a un negocio de tratas de blancas. Esta actitud daña la sensibilidad de esta mujer que, según Viktor Morales, dijo: "Éste General no se compone, no le basta el dolor y el sufrimiento del pueblo. Quiere tener tiempo para fechorías y sodomías. Le odio... le odio...".
En 1978 se divorcia del dictador y se traslada a Londres, donde se casa con el multimillonario salvadoreño Archie Baldocchi. Murió a los 62 años en Miami, en 1991, víctima del cáncer. Poco antes de morir donó 100.000 dólares para ayuda a los nicaragüenses necesitados que llegaron a Miami después de la Revolución Sandinista.





http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

3 comentarios:

  1. muy buena recopilacion
    la señora Hope, fue un ejemplo de dama, esposa, madre y ser humano.

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  3. Estimado anónimo, me hubiese gustado publicar tu comentario, pero en este sitio no quedarán reflejadas las opiniones anónimas. Te animo a que lo hagas con tu nombre de usuario. Saludos.

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