lunes, 1 de diciembre de 2008

Ciudad de ... y de iglesias

La ciudad universitaria, León, esconde mucho más de lo que enseña y, para admirar todo lo que muestra, sería necesario mucho más tiempo del que uno, lamentablemente, disfruta para el recreo de los sentidos. En mi primer encuentro con tierras pinoleras, cuyo cuartel general siempre lo levanto en Managua, tomé rumbo hacia el sur, quizá porque soy de sangre sureña, de sangre caliente, de temperamento latino, y me dirigí a los departamentos de Masaya y Granada, era casi necesario mi encuentro con la homologa americana de la ciudad sureña española. Es parte de mis raíces, la Granada andaluza comparte con mi ciudad natal, Córdoba, una responsabilidad histórica, la de llevar sobre los hombros el legado de la cultura arábiga que para bien de nuestras ciudades las hizo que fueran admiradas por todo el mundo y no solo en siglos pasados, también en lo heredado. Por otra parte mi abuelo paterno nació en la ciudad nazarí. Así que, como uno no puede estar en todos los sitios y al mismo tiempo, dejé para la siguiente ocasión, la que presentía en fecha cercana, una visita a León.
Había oído que, tomando como epicentro a Managua, Granada, al sur, tenía cierto aire arábigo, como la española. En cambio León, al norte, se señoreaba más castellana, tal vez porque los nombres las sitúan dentro de un concepto de ciudad, pero por más que he querido verlas dentro de ese concepto no les encuentro parecido alguno, me resultan hermosas, monumentales, pero genuinas. Si algo de españolas airean es su pasado colonial, pero ninguna referencia que me recuerde a las ciudades españolas de las que tomaron el nombre, conozco las cuatro, las dos de este lado y las de el otro, y ninguna se parecen, tan solo la hermosura las relacionan entre sí. Estas dos ciudades, atractivas como pocas, merecen una visita como mínimo, arribar a Nicaragua y pasar por alto de Granada y León es casi como no hacerlo, con el debido respeto hacia el resto de las ciudades nicaragüenses, pero es en estos dos municipios donde descansan la mayoría de los capítulos históricos del país. La competencia entre ambas a lo largo de la historia las sitúa en lugares privilegiados y esa competitividad a lo largo del tiempo las benefició, han luchado por superarse en todos los campos y hoy evidencian el resultado por cada esquina, en cada rincón, en cada capitulo de la historia.

Sobre Granada ya escribí en otro artículo anterior, pero respecto a León, aunque en varias ocasiones estuve atraído por la idea, no llegué a decidirme, y no por falta de interés, ni mucho menos por temas relacionados con esta ciudad, simplemente porque siempre está presente y ofrece muchos y variados temas que se irán sumando a este puñado de miradas hacia Nicaragua. La ubicación del primitivo León no es la que hoy lo acoge, en un principio se fundó junto al lago Xolotlan y a la población indígena de Imabite, en 1524, pero por diversas causas y en 1610 fue abandonada para refundarse a 30 kilómetros al noroeste y entre dos ríos, cercano a la población indígena de Subtiava. La fecha en la que se procedió a ordenar el trazado de la nueva ciudad de León fue el 19 de enero de 1610, en cuadriculas y bajo el esquema de núcleo generadores, policéntricos jerárquicos. En cada núcleo se mandó construir una iglesia para la catequización de la población indígena según mandato de Felipe II y es por eso la cantidad de templos religiosos que ofrece la ciudad. Esta decisión del monarca español en tiempos de su fundación dejó un legado histórico, artístico y monumental de notable importancia para los leoneses de hoy.
Sin duda la catedral de León es el edificio más emblemático de Nicaragua, un tesoro arquitectónico de incalculable valor, pero aunque León ofrece otros atractivos de distinta índole, de interés histórico y artístico reconocidos no solo nacionalmente sino de igual modo fuera de sus fronteras, creo que para comenzar exponiendo mi relación con León lo haré con otro edificio, otra iglesia de la que apenas quedan en pie unas piedras, símbolo de la destrucción, de la tragedia, de lo que significó la dictadura de Somoza en sus últimos coletazos por erradicar la sublevación del pueblo nicaragüense, curtido en tantas batallas épicas, en tantos y tan importantes capítulos de la historia. Es muy probable que sino hubiera sido por mi amigo Silvio habría pasado desapercibida y, todo lo más, la iglesia de San Sebastián no hubiera significado para mi conocimiento otra cosa que unas ruinas que, de viejas, se desmoronaron como otras tantas. Sin embargo su compañía por las calles de la ciudad fue determinante para casi todo, él fue la voz amiga que me puso al corriente de cada rincón que pisamos, fue el cicerone ideal para instruirme en el conocimiento, en el descubrimiento, de lo que representa esta ciudad llena de atractivos.
Las primeras constancias que sobre San Sebastián se tienen escritas datan del 13 de febrero de 1610, algunos días posteriores a la propia fundación de la ciudad, es la asignación de tierras para la construcción de la iglesia, un acuerdo que aprobó el presidente de la Audiencia don Alonso Criado de Castilla, unas escrituras que también acordaban los terrenos para el convento de la Merced, San Francisco, Casas Reales, viviendas y plazas. Esto quiere decir que San Sebastian es la iglesia más antigua de la ciudad de león, que se edificó como capilla de la catedral y, casi con toda seguridad, una de las construcciones de mayor edad de todas las que se alzaron desde su fundación. Solo, y verbalmente, se tiene constancia de una restauración sufrida a finales de ese mismo siglo en que se construyó, el siglo XVII, pero con los mismos materiales de la época, similares a los primitivos, a diferencia de otros edificios que se sustituyeron con materiales más duraderos y cercanos a nuestros días. San Sebastián fue uno de esos núcleos de los que formaron parte el trazado de la ciudad, dio origen al barrio de la Españolita para más tarde dividirse en San Sebastian y Laborio. La situación dice que San Sebastián sería para los indios Yacacoyagua y la lógica que define la situación es que para que cuando los leoneses se trasladaban, después de haber cruzado el Río Chiquito, en otro tiempo San Pedro, y se detenían en el caserío de los indios Yacacoyagua, como a media legua de Subtiava, donde se alzaba San Sebastián, desde allí dieran gracias a Dios.

Estos detalles de la historia de San Sebastián no los conocí por parte de mi amigo Silvio que me acompañó aquel día, esto es fruto de la historia escrita en distintas enciclopedias y paginas de Internet oficiales. De lo que si me puso al corriente fue de la historia contemporánea, del declive, del ocaso, de la atrocidad cometida contra la historia, ni siquiera respetó la historia el dictador, poco le importó que sus soldados bombardearan el lugar, lo único importante para él era acabar con las vidas de los sublevados y a cualquier precio. El 27 de junio de 1979 es una fecha memorable para los habitantes del barrio de San Sebastián y para todos los leoneses, los tanques comenzaron a bombardear por el lado norte de la iglesia derrumbando la pared, los soldados del dictador pensaban aniquilar a los guerrilleros que habían tomado el cuartel de la 21, pero no fue suficiente para sus intenciones que acabaron por destruir la iglesia con bombas aéreas. Terminada la guerra fueron muchos, pero frustrados, los intentos por recuperarla, intentos que quedaron en nada porque aparte de las buenas voluntades poco más quedaba después de una guerra, para destinar a la recuperación de San Sebastián. En la plazoleta de la iglesia se alzaba un monumento al músico leonés José de la Cruz Mena, del que solo quedó la base, pero en mi visita, repuesto el busto, volvía a lucir frente a las ruinas, entre las cuales sentí el pasado de una tierra, de un pueblo, curtido en mil batallas por la libertad, la dignidad, y la defensa de sus valores más elementales.







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