miércoles, 12 de noviembre de 2008

No se me raje mi compa


La larga lista de guerrilleros a lo largo de la historia es interminable, esto dice de los conflictos, surgidos de cuantos estados, países o naciones alimentaron y parieron a un tirano, dictadores, que como hijos indecentes se tornan alimañas a la postre y que ni siquiera respetan a quien lo alimentó, su pueblo. No solo los dictadores son la causa por la que se alzan las guerrillas, existen otros motivos, pero en el tema que me ocupa, un dictador fue la causa de que ante el mundo un religioso jesuita tomara el fusil junto a la cruz como herramienta necesaria, complementaria. Hasta el último momento fue en contra de la violencia, pero entendió que las armas eran el único camino para librarse de las ataduras, de la represión, de las injusticias del Dictador Somoza contra su pueblo.
El comandante Martín es un personaje excepcional en la historia de Nicaragua y de España, porque como bien saben cuantos de él algo conocen, era asturiano. Soy de los que piensan que cada uno nacemos con unas características diferentes, no todos servimos para el mismo fin ni desempeñamos las tareas de la misma manera. Tampoco quiero decir con esto que nadie sea superior al llegar al mundo, simplemente diferentes. Mucha culpa de las cualidades de cada uno radican en el entorno, familiar, social ... y el terreno por donde nació, creció y murió, siempre estuvo abonado para desarrollar su especial forma de ver la vida, su potencial humano. Que se decidiera por la religión no es sinónimo de que fuera buena persona, los hay con sotana que no son peores personas porque no pueden, porque su naturaleza no se lo permite, pero sí es verdad que la inocencia y la buena predisposición siempre ve en la iglesia un vehículo idóneo para sentirse útil hacia los más pobres, necesitados o represaliados. Lo digo por experiencia, de niño, adolescente, hasta bien entrado en la mayoría de edad, veía a la iglesia con muy buenos ojos, otra cosa es al pasar el tiempo y comprobar la realidad. No digo con esto que Gaspar García se arrepintiera de pertenecer a los jesuitas, todo lo contrario, su fe en dios y sus creencias continuaron intactas, diferente fue su manera de actuar ante la injusticia.

Como apuntaba anteriormente le tocó vivir en un contenido, entorno, donde la injusticia se había instalado para quedarse por muchos años y las condicionantes rodeadas de una posguerra civil, en la que la dictadura fascista de Franco aún luchaba contra los guerrilleros en los montes asturianos. Este fue el escenario de su niñez, hambre, miseria, represión e iglesia inquisitiva, el Nuevo Nacional Catolicismo era cruel, al estilo de la inquisición de Torquemada, el mismo que sufrieron a éste y al otro lado del Atlántico en el siglo XVI, solo que en vez de quemar a los ciudadanos en las calles los sacaban de sus casas en la noche, o en el día, y los fusilaban, ¿por qué? Por no compartir ideales, por antipático o simplemente como víctima obligada, esto es porque era la manera de arrebatarle las posesiones legalmente, los asesinaban y se quedaban con sus propiedades. Al estilo de mis antepasados en América, sin escrúpulos, sin sentimiento de ningún tipo, matar y robar, esa era la cuestión.
Los Maquis, o guerrilleros españoles, se les atragantaron a la dictadura franquista más de una década, por toda España, y por supuesto también en la provincia asturiana, de reconocida ideología progresista, de izquierdas. A penas tenían armas, municiones, comida... escondidos en cuevas y huyendo de un lado para otro de la montaña continuamente. Solo el apoyo de las gentes de los pueblos cercanos era su avituallamiento, la única ayuda y con el peligro de que expusieran sus vidas a cambio. Asturias es reconocida por su valor, por su lucha contra la dictadura y Gaspar creció en ese ambiente. Anterior a la guerra, y la república efímera, existían en España unas condiciones muy parecidas a las que Somoza tenía sometida a Nicaragua, analfabetismo, miseria, el campesino tratado como esclavo por los terratenientes y la tierra en manos de unos pocos, mientras el pueblo sufría y moría de hambre, miseria, fue por ese motivo por lo que surgió la república, el alzamiento del pueblo contra la opresión, pero no dejaron los poderosos que rompieran sus ataduras, comenzó una guerra cruel auspiciada y apadrinada por Hitler y Musolini.

En los años cincuenta y sesenta surgió en España, concretamente y con más fuerza en las grandes ciudades, el movimiento de los Curas Obreros, una nueva generación unidos a sacerdotes con un punto de vista más social que político y que fueron apoyo de los más débiles de la sociedad. Al contrario que sus compañeros, la mayoría, que se aprovechaban de sus hábitos para enriquecerse y relacionarse socialmente con las altas esferas sociales de cada pueblo o ciudad, alcaldes y concejales, policías y militares. El hambre y la miseria de otras provincias españolas provocaron una avalancha emigratoria como no se conocía hasta entonces, familias enteras dejaron sus pueblos y se marcharon a Madrid y Barcelona, entre otras ciudades importantes. Esto produjo de todo, desde la necesidad de barrios enteros donde acoger a tantos desplazados hasta la oferta de mano de obra. Nacieron ciudades enteras a la linde de las ya establecidas y con ellos también acudieron religiosos de otros puntos de España, que no solo ayudaban a los pobres que no encontraban alojamiento, comida, necesidades mínimas, sino que también algunas iglesias se convirtieron en cuarteles generales de luchas sociales.
Esto causó recelo por parte de la dictadura, de sus gobernantes, que comenzaron a incluir en sus listas de "rojos", comunistas, a estos curas obreros que lo hacían en la construcción de edificios, de fontaneros, carpinteros... como fue el caso de Gaspar García. No estaba bien visto que la iglesia, algunos curas, acogieran en sus iglesias reuniones de sindicalistas en la oposición, en la clandestinidad y llegara a representar un verdadero peligro social al estado, en unos tiempos en los que la sociedad se liberaba de ataduras, en cierto modo ayudada y por la obligada apertura política, muy suave, que exigían los turistas, ingresos importantísimos que no podía rechazar el dictador con malos modos, con la represión.

En 1969 se marchó a Tola, a los 32 años de edad, había nacido en Les Roces, en San Martín del Rey Aurelio, en el principado de Asturias. Allí se fue de misionero, voluntariamente, con los campesinos y con los más necesitados, sus contactos primarios comenzaron visitando a enfermos, contactando con la realidad social y poco apoco implicándose en la situación política. No era su actitud la de otro religioso más, sus intenciones frustradas de enseñar al campesino técnicas en la labranza y encontrarse con que de nada servían porque las tierras pertenecían a otros, por lo que sus intentos quedaban en saco roto, fue fraguando su inconformismo ante la injusticia. Alzó la voz crítica en muchas ocasiones y entre las primeras estaban la necesidad de médicos y medios para atender a los campesinos, y contra la práctica de secuestro, de muchachas jóvenes que terminaban en la prostitución y que el régimen de Somoza toleraba y amparaba por medio de sus militares.

Gaspar García Laviana era seguidor y compartía el significado de la Teología de la Liberación, con la que sentía identificado, hombre de una humanidad admirable, identificado con el pueblo, con los campesinos y que sufría las injusticias como en carne propia. Tras cuatro años viviendo esta realidad que encontró decidió ingresar en las filas del FSLN, Frente Sandinista de Liberación Nacional. Entre el contenido que leyó a sus feligreses en la carta-testamento explicando su decisión están estas palabras: "donde el hambre y la sed de justicia el pueblo oprimido reclama, más que el consuelo de las palabras, el consuelo de la acción". En el tiempo que vivió en San Juan del Sur, pudo comprobar la injusticia, la explotación de los campesinos, abusos que le llevaron a tomar el camino de la guerrilla: "he sido testigo del inmundo trafico carnal al que someten a las jóvenes humildes, entregadas a la prostitución por los poderosos; y he tocado con mis manos la vileza, el escarnio, el engaño, el latrocinio representado por el dominio de la familia Somoza en el poder".

Su sensibilidad le llevó a escribir algunos poemas y cuentos, que fueron publicados por el gobierno sandinista cuando subió al poder, en estos escritos se ve el potencial revolucionario que en adelante le llevarían a formar parte del FSLN: "Un día me di cuenta de que yo era un servidor más de la tiranía somocista". Fueron tres años en los que colaboró sin reservas en la clandestinidad y a finales de 1977 consigue escapar, pasar a Guatemala, de la Guardia Nacional. Regresa a España y aquí expone sus intenciones, sus ideas, a sus superiores de la Orden del Sagrado Corazón de Jesús. Nadie le contradijo ni nadie trató de persuadirle, de que volviera a la parroquia, fue tan fuerte su convicción que todos aceptaron sus propósitos, la de ingresar en la guerrilla, como soldado del Frente Sandinista, aunque alguno discrepó políticamente con él, lógico en un país gobernado por fascista, y también quien le propuso abandonar hábitos ante la nueva decisión.

En la navidad de 1977 ingresa en las filas de la guerrilla y eligió el nombre de Martín, su vida en la guerrilla estaba llena de buenos momentos y una vez dijo al respecto: "aquí he encontrado a los grandes amigos del alma". Gaspar consiguió ganarse el respeto y el cariño de todos sus compañeros y fue nombrado comandante, lo que dice mucho del adiestramiento y las condiciones militares para la guerrilla. Cuando contaba 37 años y al mando de una de las columnas que luchaba en la zona sur del país, "Benjamín Zeledón", la radio Sandinista anunció, el 11 de noviembre de 1978: Hermanos, les quiero comunicar una noticia dolorosa, el Comandante Martín, Gaspar García Laviana, el cura sandinista cayó en combate hace unas pocas horas, sin embargo no es el momento de llorar. Hoy más que nunca tenemos que seguir el ejemplo heroico de nuestros mártires. Adelante compañeros.

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http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

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