lunes, 3 de noviembre de 2008

La tierra de dos cerros


Hablar del lago Cocibolca es hacerlo de un tesoro natural, pero si lo es, mucha culpa la tienen las joyas que alberga, no solo por el continente sino también por el contenido de este mar de agua dulce, como lo llamaron los colonizadores españoles cuando arribaron a su interior por el río San Juan. El gran lago es el más grande de todos cuantos existen en Latinoamérica, al igual que una de sus islas, la más importante y extensa que surgen de sus aguas cristalinas, ricas en fauna y en historia. Ometepe, que viene de Ometepetl, vocablo del Náhuatl y que significa Dos Cerros o Dos Montañas, es la isla más grande del mundo dentro de un lago, un milagro natural, postulada para ser elegida una de las ocho maravillas del mundo.
Su mitología, su historia, cuenta que hasta ella llegaron tribus, indígenas, del norte, tal vez de México, guiados por una profecía en la que mostraba una tierra con dos montañas en un lugar de agua. La tierra prometida para un pueblo sometido cruelmente por otras tribus, de las que huían. Primero los Chorotegas y poco tiempo después llegaron los Náhuatl, dos de las tribus, o culturas, más importantes de Nicaragua, junto a Mangues, Nicaraguas, Chibchas, Tiwanacos y otras. Los dos pueblos buscaban el mismo paraíso y con la misma descripción y, aunque el cronista Oviedo, generalizando, cuenta que los primeros comían carne humana con normalidad, para mi humilde entender era un pueblo más pacifico, más refinado en todos los ámbitos sociales y culturales que el segundo. Cuando los Náhuatl llegaron a estas tierras los Chorotegas ya estaban asentados, dejaron ver que sus intenciones eran la de cruzar los territorios y buscar asentamiento más al sur, al igual que Napoleón en España para llegar a África, pero de la misma manera que el francés a los españoles, rompieron la promesa y como mayoría que eran, y más poderosos, invadieron sus territorios y entraron en un enfrentamiento bélico. La diferencia entre unos y otros es que tras una guerra, la de la independencia a principios del siglo XIX, conseguimos expulsar a los galos de territorio español, mientras que los Chorotegas y los Náhuatl terminaron por desarrollar sus culturas dentro de este mismo territorio que hoy llamamos Nicaragua.

Los dos cerros, o las dos montañas, están unidas por un estrecho istmo y forman la isla. Dos volcanes, el Concepción y el Maderas, el primero presume de su elegante y perfecto cono, como sacado de un gigantesco molde, activo, y en el horizonte se deja entre ver como si ejerciera de guardián de su hermano menor. Es fácil de adivinar que su actual nombre tiene origen español, fueron los frailes franciscanos los que lo bautizaron así por la Inmaculada Concepción de la Virgen María... extraño nombre para un volcán activo y que me obliga a preguntarme: ¿en qué estarían pensando los franciscanos cuando lo rebautizaron? Su nombre originario era Omeyatecigua hasta la época de la conquista, o invasión. De sus 1610 metros sobre el nivel del mar solo la base se viste de amplias zonas boscosas y otras cultivadas; las paredes y cumbre se enseñan desnudas, maquilladas por la rojiza escoria y túmulos formados por la lava de sus anteriores erupciones. La última tuvo lugar en 1957. En esta parte de la isla se encuentra su principal entrada, una ciudad pequeña que recibe el nombre de Moyogalpa, "lugar de mosquitos" en Náhuatl, y que junto a Altagracia son los núcleos más importantes a la falda del Concepción.
Sin embargo, el Maderas, al contrario que su homologo mayor, duerme. Se le da por extinto, apagado, y aunque la diferencia a simple vista es evidente no deja de ser pequeño, sus 1394 metros no es cualquier cosa. A diferencia del Concepción el Maderas presume de una espesa vegetación que lo cubre como un frondoso atuendo de flora y fauna, coronado por una laguna en su cráter. Su actividad, completamente rural, la componen pequeños pueblos agrícolas y extensas fincas productivas de café orgánico.
También su historia se exhibe a diferencia del Concepción, son importantísimos los petroglifos que se encuentran, vestigios evidentes del pasado cultural y que gracias a la vigilancia que ahora las protegen dejaron de ser expoliadas, como a lo largo de los años que sufrieron de abandono. Es una incomparable aventura caminar por entre el bosque espeso de nebliselva, agasajado por los frondosos árboles, por entre las variadas colonias de orquídeas y otras coloridas flores, bañarse en la laguna del cráter mientras aullan los monos y las aves cantan o quedarse prendado con el espectáculo que ofrece la cascada de agua de San Ramón.

Dentro de la isla se encuentra la reserva natural de Chico Largo, una zona protegida entre los dos volcanes, que encierra una laguna, bosque y una playa paradisíaca. La Laguna Verde, nombre que recibe y que la separa del lago una estrecha franja de tierra, es un verdadero santuario para las aves que encuentran en este lugar el ideal para sobrevivir y procrear. La playa es una de las más bellas del continente rodeada por un frondoso bosque que se ofrece como una delicia para pasear.

Esta mítica isla también tiene entre sus riquezas varias leyendas que engrandecen su cultura, quizás las más conocidas sean las de Chico Largo y la de La Laguna Verde, las dos relacionadas entre sí. Pero buscando y rebuscando información sobre esta tierra maravillosa se ha trabado frente a mí, en mi pantalla del ordenador, una historia, una leyenda preciosa, imposible de ser real por su contenido fantasioso, pero en esta tierra de ensueño todo es fantasía y me resulta ideal para cerrar el articulo y describir al lago Cocibolca y todo lo que encierra. Una hermosa historia de amor que con el permiso del profesor Hamilton Silva Monge, quien considero una eminencia referente a la isla de Ometepe, la contaré.
La historia cuenta que al principio de los tiempos no existía el lago y por supuesto tampoco la isla de Ometepe, en su lugar crecía un bosque hermoso dentro de un valle donde los animales abundaban. El agua no se encontraba en el centro del valle por lo que las tribus vivían en los alrededores, los Chorotegas, Chontales, Nagrandanos, Niquiranos y otra tribu venida del sur.
En la tribu Niquiranos vivía una preciosa india llamada Ometepetl y en la Nagrandanos, tribu enemiga, un joven guerrero llamado Nagrando. Los dos jóvenes se enamoraron perdidamente y el padre de ella, cuando se enteró del noviazgo, comenzó una persecución contra ellos que duró varios días.
Cansados de tanto huir decidieron dar fin a la persecución que sufrían y perpetuar el amor que se profesaban, se besaron, oraron a los Teotes y luego se cortaron las venas uno al otro hasta morir. La leyenda cuenta que el cielo ennegreció, que hubo un gran diluvio que fue causa de la existencia del Cocibolca; que a la bella Ometepetl le crecieron los pechos hasta convertirse en los dos volcanes, el Concepción y el Maderas; y que Nagrando de la misma manera fue creciendo hasta transformarse en un enorme túmulo cerca de su tribu, la isla Zapatera.
Hoy la joven india es la bella isla de Ometepe; Nagrando es la Zapatera; el Cocibolca lo que fue el valle Caopol y los perseguidores de los amados, que se ahogaron por el diluvio, las isletas de Granada y Solentiname.


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