jueves, 27 de noviembre de 2008

Garífunas


La invasión o colonización del continente americano trajo consigo una nueva realidad en casi todos sus sentidos, no hubo ni quedó rincón en la nueva tierra conquistada para los europeos que no sufriera cambios en sus cimientos sociales. Lo que hasta entonces eran etnias de indígenas donde a lo mucho surgían individuos especiales o pequeñas comunidades mestizas, fruto de la unión y proveniente de distintos pueblos autóctonos, pasó a ser un crisol, una mescolanza, de culturas, ritos, y por supuesto razas, que vinieron a traer de lo poco positivo que aportó aquella época. No todo fue negativo, porque si es cierto que muchas culturas o entresijos culturales desaparecieron con la colonización, de igual manera la mezcla de lo originario y lo foráneo engendró nuevas culturas, que aún siendo antagónicas, fusionaron en una necesidad armónica hasta acabar con el tiempo resplandeciendo como una sola. Este fruto no es propiedad de estas circunstancias condicionales que se dieron, es lo normal en la naturaleza, en lo social, en todos los campos se van regenerando, reciclando, los componentes como en una ensalada de ingredientes culturales cuyo resultado es el agridulce, multicolor y con identidad reconocible.
Es buena y positiva la fusión de los componentes, en todos los sentidos, la pureza es no avanzar, no se regenera ni se oxigena, acaban por atrofiarse en su propio rol y en su monótono circulo vicioso, que una y otra vez van eliminando y debilitándose parte de estos componentes hasta acabar reducidos a un puñado de identificaciones anclados en el tiempo y en menguadas clonaciones de un pasado quizás más fructífero y esperanzador. Si nos recreamos en la historia, en las culturas, en sus lenguajes, ritos y costumbres, las sociedades renovadas, mezcladas o fusionadas, contemplan una trayectoria más saludable, la mezcla nos hace más fuertes y frente al conservadurismo el mestizaje se presenta con energía renovada, esto significa que la evolución está en escoger lo mejor de cada fusión, es la trayectoria natural del ser humano.
Volviendo a lo que representó la invasión de Europa sobre América, no se puede limitar a la derrota de una cultura por otra, a la simple imposición de costumbres lejanas por las establecidas, las que se extendían por casi todo el continente, independientemente de los pueblos que la desarrollaban con distintas maneras de entender la vida, basada en ritos a dioses surgidos de la propia naturaleza, a otra que, superada esa manera de entender la existencia humana, se entregaba en cuerpo y alma a un ser superior sin imagen pero cuyo intermediario con el hombre era uno de la misma especie. ¿Quizás más egoísta la invasora, tal vez la cultura occidental le había perdido el respeto a las elementales leyes de la naturaleza para pasar a adorarnos más a nosotros mismos o a lo más parecido a nuestra especie? Decididamente el europeo ya se sentía superior a todo lo existente, posiblemente este haya sido el peor error de nuestra existencia, de la civilización occidental o el cristianismo, creernos superiores y mirar al mundo que nos rodea y donde vivimos por encima del hombro.

Pero la invasión colonizadora llevó añadidos otros ingredientes, la falta de respeto no solo a la naturaleza sino de la misma manera a todo lo que suponía una diferencia cultural o étnica. Esta actitud se imponía mucho antes de que Colón arribara a las costas del continente que le daba rotundidad a nuestro planeta y por lo tanto echaba por tierra las ideas cristianas de que el infinito era lo establecido por su Dios y los seres humanos, la raza blanca, los herederos de su reinado. No hay cosa que nos haga más ridículos que la ignorancia. Comprobar que la tierra era redonda y que el infinito no iba más allá de nuestras antípodas no puso fin a creencias altaneras y de supremacía, todo lo contrario, continuaron esparciendo la prepotencia hasta creerse dueños de los continentes y los contenidos, cosa que llevaban a cabo en el continente negro mucho tiempo atrás y de la que Asia se libraba por su lejanía. África era maltratada desde antes y de ella se arrancaron las vidas humanas que producirían los beneficios de sus esclavizadores, supongo que el exterminio de indígenas americanos no les dejó otra opción que consumar otro exterminio al otro lado del Atlántico para saciar sus ansias posesionistas y sacarle a la nueva tierra sus tesoros con el sudor y la sangre de anónimos esclavizados, para propio interés, sin escrúpulos, en el nombre del Dios poderoso que estaba por encima de todas las cosas... y de otras razas.

Los Garífunas son un ejemplo, el resultado de todos estos ingredientes que llevó consigo el "descubrimiento del nuevo mundo", expresión ésta que dice mucho de la imposición por parte de los que llegaron de fuera, América ya estaba descubierta, era una realidad cuando mis paisanos, y en el nombre de Dios, pisaron por vez primera sus costas, sin embargo aún hoy se sigue utilizando esta falsa expresión, muestra que el ombligo del mundo era el viejo continente para los invasores y sus creencias de supremacía. El pueblo Garífuna, que significa Profundo en su idioma, el Garif, se extiende por el Caribe y a través de varios países de la región centroamericana, es el único grupo de caribes negros que habitan en cuatro países del istmo, Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua. El asentamiento del pueblo Garífuna en Nicaragua, en la Región Autónoma del Atlántico Sur, se produjo a finales del siglo pasado, cuando algunas familias provenientes de Honduras fundaron las primeras aldeas en la Cuenca de Laguna de Perlas, San Vicente y Justo Point, al norte de Bluefields. Es fruto de pueblos africanos e indígenas Arahuacos que se fusionaron en las Antillas Menores durante la época colonial, a partir de 1797 fueron desterrados por los ingleses, después de continuas rebeliones armadas, hacia otras islas deshabitadas frente a la costa atlántica de Honduras, alejándolos de su procedencia, la Isla de San Vicente.

Más tarde pasaron al continente y desde Honduras se extendieron a Belice y Guatemala, y algunos pequeños grupos continuaron su expansión a Yucatán, Nicaragua y Costa Rica, pero fue en 1912 cuando el garífuna Joseph Sambola fundó el asentamiento más grande de la región, la Comunidad de Orinoco. La cultura Garífuna es la mezcla de tradiciones africanas, arahuacas y europeas, ejemplo de lo habido y lo que llegó, la regeneración de los componentes. Existen detalles evidentes de su herencia africana en sus danzas de punta y Wanaragua, Sus tambores sagrados, fabulas Anancy, culto a los antepasados y otras prácticas. Pero también evidencian otras costumbres amerindias, el cultivo de casaba, la preparación de casabe, los velorios, el uso de mascaras en danzas festivas, y su fe en el buyei como curandero o consejero. La lengua Garífuna de igual modo demuestra sus raíces arahuacos aunque influida por otras lenguas como Bantu Africano Occidental, miskito, español, inglés o francés. Sin embargo en las comunidades nicaragüenses se ha ido perdiendo su lengua original y se ha adoptado el inglés creole como idioma común para las dos etnias.

De todas sus danzas la punta quizás sea la más popular, de toques tamboriles electrizantes y movimientos de caderas, obedece al rito de la fertilidad y la practicaban los africanos en el cautiverio, pero se baila en distintas celebraciones como en la comuniones, días feriados, cumple años, pero la principal razón de la danza es bailarla cuando un anciano muere por causas naturales. Su nombre original es banguidy, que significa nueva vida, coincidiendo con las tradiciones africanas, que cuando el cuerpo muere el alma está en un medio estupor y no abandona el cuerpo de inmediato. Por esta razón los familiares y amigos festejan la última vez con el difunto. Banguidy es la transición de un ser humano a un antepasado, todo un ritual envuelto en un sonar de tambores que recuerda a las costumbres ancestrales del África negra. Para los Garífunas los tambores tienen un poder místico de convocación, poderes que se remontan a África y que se usaron para apartar a los nativos curiosos de sus pueblos y subirlos a los barcos de esclavos. Durante las largas travesías por mar esos tambores hacían que los esclavos remaran más rápido. Se dice que cuando los tamboristas se dormían, el remo también se paraba.

Como los Garífunas existen otros pueblos que son la herencia más positiva y rica que nos dejó la época colonial, es el resultado de varios mundos, el invasor, el invadido y el esclavo, es la muestra miserable y la dignidad del ser humano, cada uno en su rol, el que nos toca vivir, el que nos permite elegir la vida y el que permitimos desarrollar cuando somos nosotros los portadores y dueños del permiso o la permisividad hacia el otro diferente.

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http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

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