martes, 18 de noviembre de 2008

De Solentiname y Cardenal

Ante mí se presenta como un dilema a la hora de escoger un rincón nicaragüense cuando se trata de retratar lugares maravillosos, de los que esta tierra está llena. Repasar la geografía pinolera es parecido, o al menos a eso me recuerda, a las muñecas rusas, las matrioskas, cuya particularidad, originalidad, es que dentro de cada una esconden otra y así hasta un numero indeterminado. De la misma manera es Nicaragua, dentro de un tesoro esconde otro tesoro, artístico o natural, porque, sí es verdad que no es un país de grandes monumentos visibles, también es rico en pequeñas cosas de incalculable valor. Visitar Nicaragua es hacerlo despacio, a conciencia, mirando detrás de cada árbol, de cada piedra, de cada actitud, los tesoros nicaragüenses no se muestran como en un expositor, hay que buscarlos. Lo mejor de esta tierra sin duda está en sus ciudadanos, amables, generosos, pero también orgullosos, que aunque no escondan lo mejor de sí tampoco lo airean a los cuatro vientos.
Ya de por sí, cuando se ojea su mapa orográfico de este país, llama la atención su relieve, sus volcanes y sus grandes lagos, pero si uno se acerca descubre que al rededor de esos volcanes se sitúan otros atractivos que toman personalidad propia a la sombra de estos gigantes verdes, y del mismo modo ocurre cuando se plantea mirar el entorno de sus lagos. Dentro de ellos surgen archipiélagos, comunidades, que son un tesoro de por sí, natural y cultural, en sus orillas y en sus islas, donde existen muestras de culturas precolombinas, restos arqueológicos en su mayoría en forma de geoglifos y que reflejan animales, vegetales, figuras humanas... que demuestran la importancia que tuvieron estos lugares para los pueblos indígenas que se desarrollaron como culturas entre sus piedras. Pero dentro de cada espacio, de cada continente, existen sus personajes, sus contenidos, que se fusionan con el lugar hasta el punto de formar uno solo, es como si al andar se encontraran en el camino y para siempre continuaran de la mano a lo largo de la historia y para los confines en la memoria de los hombres.
Solentiname es uno de estos rincones maravillosos de los que Nicaragua se siente orgullosa, es un enclave único, virgen, como la propia naturaleza que lo viste, exuberante, un lugar paradisiaco como los que se imaginan cuando se cierran los ojos y se piensa en el paraíso. Solentiname es un grupo de islas que bañan el lago Cocibolca, situado en su extremo sureste, en el departamento de Río San Juan. Sus 36 islas, las que componen el archipiélago, fueron declaradas área protegida como Monumento Nacional, por su alto valor cultural, natural e histórico. De todo el archipiélago son cuatro las islas más conocidas, las más grandes, y entre ellas la Mancarrón, unida para siempre al nombre de Ernesto Cardenal, o viceversa. La agricultura y la pesca tradicional fueron siempre sus actividades económicas más relevantes, pero desde un tiempo a esta parte, desde que Ernesto Cardenal fundara en Mancarrón una comunidad cristiana casi monástica, la artesanía y la pintura primitivista se han afianzado en los lugares de más futuro para la población.

Ernesto Cardenal Martínez no es ningún desconocido, para casi nadie en el mundo. No solo por ser sacerdote católico, uno de los máximos y más destacados exponentes de la Teología de la Liberación, su imagen dio la vuelta al mundo cuando el "Papa de los dictadores", Juan Pablo II, trató de humillarlo en el aeropuerto de Managua, al ser recibido por el gobierno revolucionario del que formaba parte como ministro de cultura. Aquella actitud bochornosa por parte del "santo padre", engrandeció la figura de este hombre humilde, sensible, que se ofreció al mundo con todas sus cualidades que no son pocas, político, escritor, escultor y poeta, uno de los más grandes de este siglo en las letras hispanas, nominado al premio Nobel de literatura y admirado en todo el planeta, entre otras cosas por su calidad humana.

Cardenal nació en Granada, la "Sultana de América", el 20 de enero de 1925 y en el seno de una familia adinerada. Sus estudios comenzaron en su ciudad natal y después Managua, literatura en México, Nueva York, viaja por España, Italia, Suiza... eran sus años de juventud. A los 25 años vuelve a Nicaragua y participa en la "Revolución de Abril", 1954, contra la dictadura de Somoza García. El intento fallido para derrocar al tirano lleva a muchos de sus amigos y compañeros a la muerte y Ernesto toma la decisión de ingresar en el monasterio de Gethsemani, Kentucky, Estados Unidos, hasta 1959 que da un nuevo rumbo a su vida, comienza a estudiar teología en Cuernavaca, México. En 1965 se ordena sacerdote en Managua y es cuando funda en Solentiname la comunidad cristiana. En Carta al pueblo de Nicaragua, marzo-abril 1978, Ernesto Cardenal dice: "Llegué con otros dos compañeros hace doce años a Solentiname para fundar allí una pequeña comunidad contemplativa. Contemplación quiere decir unión con Dios. Pronto nos dimos cuenta que esa unión con Dios nos llevaba en primer lugar a la unión con los campesinos, muy pobres y abandonados, que vivían dispersos en las riberas del archipiélago. La contemplación también nos llevó después a un compromiso político, la contemplación nos llevó a la revolución; y así tenía que ser, si no, hubiera sido falsa. Mi antiguo maestro de novicios Thomas Merton, inspirador y director espiritual de la fundación, me había dicho que en América Latina el contemplativo no podía estar ajeno a las luchas políticas."

Fue en el archipiélago donde escribió su famoso libro El Evangelio de Solentiname, y a partir de ahí colabora estrechamente con el Frente Sandinista de Liberación Nacional, luchando contra el dictador Anastasio Somoza Debayle, hijo del también dictador Somoza García y que fuera el blanco del fallido golpe de estado en abril de 1954. El día de la victoria de la Revolución Nicaragüense, el 19 de julio de 1979, es nombrado ministro de cultura, cargo que desempeñó hasta 1987, en el que se cierra el ministerio por razones económicas. Pero antes, en 1980, recibe el premio de la Paz del comercio librero alemán, y tres años más tarde, en el 1983, fue víctima de la desvergonzada actitud de Juan Pablo II.

Pasados varios años de la desaparición del ministerio de cultura que él dirigía, en 1994, abandona la pertenencia al FSLN por discrepancias con Daniel Ortega, al que acusa de autoritario, y suma su apoyo al MRS, partido que fundarían algunos de sus compañeros como Dora María Téllez, Gioconda Belli y Sergio Ramírez Mercado, entre otros. En el 2005 es nominado al premio Nobel de literatura y dos años más tarde regresa a México, y entre otras actividades apoyó al Subcomandante Marcos y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Su reconocimiento mundial es mayor a cada paso que da y el respeto que se ha ganado a pulso también, tras una vida llena de entrega a los campesinos, a los pobres, en el campo de la política y a las artes en la literatura, lo sitúan en lo más alto entre los personajes celebres del mundo en este siglo.
Recientemente, como casi todos los intelectuales y figuras internacionales que se han revelado contra el autoritarismo de Daniel Ortega, ha sido perseguido judicialmente tratando de desprestigiar su figura, incluso intentar encarcelarlo y hasta embargarle todas sus cuentas bancarias, incluidas las que estaban destinadas a una fundación, por donantes, para niños con problemas de salud. Pero la comunidad internacional se ha unido en su apoyo y por todos los rincones del mundo han alzado la voz crítica contra el tirano presidente, defendiendo la calidad humana de este hombre sencillo, ejemplo de mucho y para todos.





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